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21 sept 2010

Cine Infantil - Los Backyardigans y el absurdo de la persecución penal pública.

Prohibido para mayores
Por Maxi Flammá

No cabe duda que la literatura infantil es un género como cualquier otro, acaparada por subsectores especializados dentro de la división del trabajo “cultural”. Otros se dedican a las novelas de cowboy, a las resvistas eróticas, a las de misterio, etc. Pero por lo menos estas últimas se dirigen a un público diversificado y sin rostro, que compra anárquicamente. En el caso del género infantil, por el contrario, el público ha sido adscrito de antemano, especidicado biológicamente. Esta narrativa, por lo tanto, es ejecutada por adultos, que justifican sus motivos, estructura y estilo en virtud de lo que ellos piensan que es o debe ser un niño. Llegan incluso a citar fuentes científicas o tradicones arcaicas (“Es la sabidurñia popular e inmemorial”). El adulto dificilmente podría proponer para su descendenia una ficción que pusiera en jaque el porvenir que él desea que ese pequeño construya y herede.


“Para Leer al Pato Donald – Comunicación de masa y colonialismo” – Ariel Dorfman – Armand Mattelart. Siglo xxi editores, s.a.






Luego de completo repaso que hicimos aquí sobre “cine y derecho” donde intentamos identificar algunas obras cinematográficas que, a nuestro juicio, ponen al desnudo el discurso jurídico práctico en general y, además, las diversas variables que la teoría jurídica que enseñamos en las facultades de derecho de los países de nuestra región, no queríamos dejar pasar por alto el mundo del entretenimiento infantil, tan propicio para la introducción de conceptos no siempre adecuados y muchas veces lejos de nuestra conciencia.
A veces la razón de ser de estas obras cinematográficas es la denuncia, la crítica dirigida a determinado modo de funcionamiento anómalo, disfuncional o ilegal, pero muchas veces éstas mismas expresiones artísticas lejos de representar un señalamiento crítico, se constituyen en un mecanismo ideo para vehiculizar y reproducir un discurso político-cultural que introyectado por la audiencia va moldeando una determinada visión del mundo, donde lo anómalo, disfuncional o ilegal se transforma en algo peligrosamente natural.
Quizás el entretenimiento infantil, más que ninguna otra genero, haya contribuido a construir y consolidar una visión del mundo dividido entre malos y buenos. Malos y buenos que siempre lo serán, donde la verdad y la justicia (como castigo), son establecidas como bienes supremos, y como tales susceptibles de ser alcanzadas bajo cualquier precio.
Uno de esos principios “naturalizados” culturalmente, y por ende carente de toda interpretación crítica, pero que muchas veces generan situaciones anómalas, lo constituye sin dudas el de la persecución penal pública; resabio del sistema inquisitorial que a nuestro entender, el fragmento del film infantil que hoy presentamos (quizás inocentemente) expone de modo magistral, dejando en evidencia el absurdo al que nos referimos.
Sobre el citado principio ha señalado el Prof. Bovino (1):
“…suele relacionarse la inquisición exclusivamente con la figura de un monje torturador. Pero la inquisición, como veremos, es mucho más que eso.-
Este particular modelo de procedimiento es el que reemplaza al sistema acusatorio que existió en la antigua Grecia, en la República romana y hasta el siglo XII entre los pueblos germánicos. Sus principales notas distintivas, la averiguación de la verdad y la persecución publica de los delitos, se conservan hasta nuestros días. A pesar de que como fruto de la Revolución Francesa se impone el sistema llamado mixto, las bases materiales de la inquisición siguen vigentes. Y aunque la tortura no esté formalmente admitida en los textos legales, la ideología inquisitiva continúa entre nosotros e informa nuestros ordenamientos procesales.
La inquisición es mucho más que un modelo de procedimiento, es un método de indagación, una forma de construcción de la verdad, una teoría del conocimiento que produce ciertas y determinadas consecuencias, provocadas por un conjunto de valores que sostiene determinada forma política. Entre estas consecuencias podemos destacar el rol que ha de cumplir el juzgador en la indagación, y el lugar en el que quedan colocados el imputado y la víctima.”
Cómo creemos que, no obstante su enorme popularidad, no todos se han detenido a mirar a Los Backyardigans, vayamos a los videos(2):
Los personajes y sus roles ya están presentados. Pablo, el pingüino azul, es el supuesto delincuente. Entendemos que no por casualidad se lo estigmatiza bajo la categoría de de monstro. Tyrone, el alce, es el detective, el representante de la ley, el oficial público llamado a intervenir en la resolución de aparente conflicto. Uniqua, la hormiga rosa, la supuesta víctima, en este caso, del supuesto robo cometido por Pablo.
En nuestro ejemplo, se ve claramente los vertices de esta relación triangular, y cuál es su funcionamiento. Es el Estado (Tyrone) quien define el delito y quien promueve la persecución penal, más allá de la opinión de la victima (Uniqua) que de hecho se muestra sorprendida ante semejante calificativo. Es también el Estado quien intenta impedir la participación de la víctima en ese aparente conflicto.- Voy contigo, dice Uniqua cuando Tyrone anuncia que irá a recuperar el balón,- De ninguna manera le contesta él, es muy peligroso, pero Uniqua desobedece y lo acompaña en la peligrosa tarea investigativa. El Estado definiendo lo delictual y procediendo de oficio, la victima relegada a un papel secundario.
Pero sigamos con la historia:
Creemos que este capitulo nos permite reflexionar sobre las consecuencias absurdas de la persecución penal pública y cómo a en razón de ella sistemáticamente se definen las categorías delito, delincuente, y cómo tales estereotipos derivan en construcciones sociales que muchas veces no se condicen con la realidad.
La decisión por la persecución de oficio de los delitos implica que ésta es promovida por órganos del estado. El interés público ante la gravedad del hecho y el temor a la venganza privada justifican esta intervención (3). La consideración del hecho punible como hecho que presenta algo más que el daño concreto ocasionado a la víctima, justifica la decisión de castigar y la necesidad de que será un órgano estatal quien lleve adelante la persecución penal. Un conflicto entre particulares se redefine como conflicto entre autor del hecho y sociedad o, dicho de otro modo, entre autor del hecho y estado. De este modo se expropia el conflicto que pertenece a la víctima (4).
La ley (Tyrone) cataloga al acto como “delito” y consecuentemente a Pablo como “delincuente”. La supuesta víctima Uniqua es arrastrada en esta obstinada “averiguación de la verdad” y al final, aún contra su voluntad, compelida a adoptar una visión disvaliosa de estado de cosas acaecido.
Uniqua logra vencer la resistencia de ese discurso y se solidariza con Pablo y su soledad al no tener con quien jugar, - Yo jugaré contigo le dice, - No, le advierte Tyrone, No lo hagas te convertiras en un mostro de soccer, -Si, pero talvez sea algo divertido, contesta Uniqua dejando en evidencia que se puede pensar distinto y que quizás ser un “mostro” en este caso no sea tan malo.
No hay delito para la victima, no hay conflicto que resolver. Sin embargo Tyrone -como una metáfora simbólica de la cultura jurídica derivada de la aplicación del principio de la persecución penal pública- insiste, debe cumplirse con la ley.
Tomada la decisión político-criminal por la persecución de oficio de los delitos, resta decidir si, además la persecución debe iniciarse frente a todo hecho que aparezca como delictivo. En aquellos países en que rige el principio de legalidad procesal, la balanza se inclina a favor de perseguir toda conducta que pueda considerarse como delito. Este es el caso de Argentina, en cuyo Código Penal se establece que "deberán iniciarse de oficio todas las acciones penales", con excepción de aquellas que dependieran a instancia privada y de las acciones privadas (art.71). De todos modos, estas excepciones no alteran, por el número y por el tipo de figuras que incluyen, la base de la persecución oficial.
El principio de legalidad procesal trae consigo el deber de promover la persecución ante la noticia de un hecho punible. De allí que una vez promovida la persecución penal, no se pueda suspender, interrumpir o hacer cesar. Ningún criterio utilitario o relacionado con la escasa gravedad del hecho puede ser utilizado para no iniciar o continuar la persecución (5). Este criterio es, sencillamente, absurdo. El programa polìtico-criminal de nuestros estados es, simplemente, irrealizable. Cualquier investigación sobre la "cifra negra" de la criminalidad es una buena prueba de ello (6).
Como hemos visto, el encuentro entre víctima y victimario echa por tierra cualquier hipótesis de conflicto que legitime la intervención pública. Pero el discurso representado por Tyrone, es claro “Hay que cerrar el caso” canta a viva voz, cual si hubiera un caso que cerrar.
Reflexiona y regresa, vuelve para hacer cumplir la ley a como dé lugar, y así le ordena a Pablo devolver el balón a su "dueña". Pablo accede sin la menor oposición y entonces víctima y victimarios vuelven a disfrutar del juego.
Finalmente Tyrone, vencido por la evidencia de una realidad en la que claramente su discurso no tiene lugar, renuncia a su “función pública” y se suma al entretenimiento. Patea, cabecea y anota!
No sé si los creadores del episodio “Detective de monstros” de los Backyardigans habrán pensado en algo de todo esto, pero a mi juicio, representa una excelente visión crítica, para reflexionar y advertir sobre alguno de los problemas que la Persecución Penal Pública genera.
Y ahora con su permiso, me voy a ver el que sigue.


Notas:

(1) En “LA VICTIMA COMO SUJETO PUBLICO Y EL ESTADO COMO SUJETO SIN DERECHO”. Ponencia presentada al V CONGRESO LATINOAMERICANO UNIVERSITARIO DE DERECHO PENAL Y CRIMINOLOGIA realizado en Santiago, Chile, del 12 al 15 de mayo de 1993.

(2) The Backyardigans – Episodio: “Monster Detectives”. Agradecemos a Lorenzo Flammá el material suministrado para la realización del presente análisis y a su madre Astrid Goyeneche, entre otras muchas cosas, por el haberlo contenido para que dejara de arrojarse frente al televisor al grito de “soccerrrrrr” cada vez que intentaba gravarlo para la realización del presente.

(3) Cf. Baumann, J., Derecho Procesal penal. Conceptos fundamentales y principios procesales, trad. de Finzi, C. A., Depalma, Buenos Aires, 1986, pp. 42-48. Opinión citada en el trabajo indicado en la Nota (1)

(4) Cf. Christie, N., Los conflictos como pertenencia,trad. de Bovino, A. y Guariglia, F. en AA.VV. De los Delitos y de las víctimas, de. a cargo de Maier, J. B. J., Ad-Hoc, buenos Aires, 1992. Este autor desarrolla diversas consideraciones sobre el proceso de exclusión de la víctima que genera el derecho penal. Opinión citada en el trabajo indicado en la Nota (1)

(5) Cf. Maier, J. B. J., op. cit., t. 1b, p.548. Opinión citada en el trabajo indicado en la Nota (1)

(6) Cf. Baratta, A., Criminología crítica y crítica del derecho pen (7) al, trad. de Búnster, A., Siglo XXI, México, 1986, p. 101 y siguientes. Opinión citada en el trabajo indicado en la Nota (1)

20 sept 2010

Adjunta prueba documental, ofrece testigos






Estimadísimo V.S.

Alberto Bovino ofrece prueba en el expediente "Bovino contra Flammá por injurias". Además de la prueba documental que adjuntamos, citamos a declarar como testigos a las personas presentes en esa noche que pudieron percibir los hechos objetos del proceso.

Por las razones expuestas, solicItamos se haga lugar a los solicitado por esta parte ut supra.



/// Aires,

Por recibido, téngase presente y hágase saber al solicitante que deberá aclarar la identidad de la/s persona/s cuyo testimonio solicita. Ello así, toda vez que el único en ésta foto (por motivos que este tribunal intuye, pero no expresará en punto a evitar ser recusado tan rápido) mira al piso, meditabundo, como diciendo “no lo puedo creer” y buscando una respuesta a “¿quien le dijo que era el rey del chamamé?” lo cual en esta instancia, no hace más que confirmar la verosimilitud de los dichos del denunciado Flammá.






Recusa. Interpone nulidad

Señor Juez:

Solicitamos se declare la nulidad absoluta de todas las actuaciones por las siguientes razones:

1) Los autos y demás resoluciones individuales deben ser fundados;

2) Los actos procesales se realizan en idioma castellano (y /// Aires no es castellano)

3) La solicitud del tribunal para que mencionemos la identidad de los testigos no solo debe provocar el apartamiento del juez, sino que además, debe generar la nulidad de todas las actuaciones, por la manifiesta parcialidad del juzgador.

4) Además, ya ha resuelto lo que él cree que piensa mi maestro piensa, sin haberlo escuchado, lo que demuestra un claro adelanto de opinión favorable al acusado.

5) Más allá de ello, está claro que cuando dijimos en nuestro escrito anterior que se cite a las personas presentes en esa noche nos referimos, al menos claramente al Prof. Julio Maier y a su Señora esposa María Inés, pues eso surge de la documental que adjuntamos. De sus declaraciones, por otra parte, surgirá que también estaban presentes otros testigos que serán citados oportunamente.

Por todos estos motivos, solicito que se aparte al juez y se ordene al acusado escribir 100 veces en un pizarrónde la Facultad:

"Bovino es el rey del chamame maceta"

Dios guarde a Vuestra Señoría,

ABovino



7 ago 2010

DÍA DEL NIÑO

Hágase un enorme regalo
Por Maxi Flammá.

I. Cuando llegamos a la vida, este mundo nos recibe con una estructura social modelada por varios miles de años de historia, en los que las preferencia morales, religiosas, políticas y culturales de otros, han forjando los contornos y acotado nuestras posibilidades de elección. Alguien por nosotros ha hecho finito un número infinito de planes de vida que podemos legítimamente adoptar.

Irrumpimos como miembros de una gran convención en la que todo o casi todo ya está pactado, reconocido, aceptado o rechazado. Desde el idioma hasta el valor del dinero, la organización política y geográfica, etc… etc… Claro que estas cosas son útiles y necesarias para el desarrollo de la sociedad en la forma en que la conocemos, pero también veda la posibilidad de conocer otras formas.

Pero esta convención no solo acota nuestras posibilidades sino que influye sobre nuestra percepción del mundo y muchas veces es la fuente de nuestra propia valoración. Lo que nos gusta o no, no es producto de una decisión autónoma y libre de nuestro intelecto, sino el resultado de esa influencia cultural en la que estamos inmersos y que ha determinado nuestra sensibilidad frente a determinados sucesos.

Nuestro espíritu muchas veces acepta sin discusión esto que otros han valorado como “normal”, como “correcto” y “deseable” y algunas otras se torna crítico y se atreve a preguntar: ¿Por qué?

Gracias a estos espíritus críticos la sociedad se va transformando y ampliando el abanico de posibles planes de vida, permitiendo un mayor reconocimiento y aceptación de las diferentes individualidades. Quizás a nuestros bisnietos les resulte asombroso pensar, por ejemplo, que en algún momento dos personas del mismo sexo no se podían casar.

Pero para que nuestro espíritu pueda inquirir a esa realidad que lo rodea, es necesario que pueda hablar, expresarse, manifestarse y generalmente esto es posible cundo esa “normalidad” reinante, ya ha hecho sobre nosotros gran parte de su trabajo. Cuando pasada nuestra infancia ya hemos hecho “nuestras” sus premisas y valoraciones. De hecho la palabra “infancia” viene del latín “infans” que significa “el que no habla” basado en el verbo “for” (hablar, decir).



II. “Porque lo digo yo, que soy tu madre y punto!!!”

Debemos recordar que la infancia como hoy la consideramos es una categoría de reciente invención en términos históricos.

Los altísimos índices de mortandad infantil previos al Siglo XVIII impidieron la existencia de un vínculo afectivo y un reconocimiento de los niños como el actualmente conocemos.

Señala Carmen Iglesias que “…en alguna isla indonesia no se daba ningún nombre a los recién nacidos hasta cumplidos al menos seis meses, a fin de asegurarse al menos esa corta supervivencia y no sufrir el desgarro emocional por una tan breve vida. Pues, en una sociedad con una alta mortalidad infantil, si el bebé muere sin nombre, es más una categoría que un individuo. Esa era también una práctica occidental durante los largos siglos en los que la mortalidad infantil rondaba entre el 30% y el 50% de media…” “…de esa media de niños, un 75% aproximadamente no llegaba al primer año, un 60% alcanzaba los 10, y sólo un 50% superaba los 15 años. Demasiada carga para ser soportada por unos adultos que, por su parte, tenían una media de vida entre los 32 y 40 años.”

Seguramente estas pocas probabilidades de sobrevivir hicieron que los niños como tales no existieran hasta, paradójicamente, alcanzar la edad en que habían dejado de serlo.
A partir de ello el camino no fue sencillo. A poco de existir, el niño se constituyó en objeto de intervención institucional, sobre el cual, bajo el pretexto de protección, se intentó modelar su conducta a fuerza de castigo, sin el reconocimiento de los derechos y garantías, dignas de su humana condición.
Para profundizar sobre algunos problemas del Derecho Penal Juvenil, podemos leer aquí el excelente análisis de Mary Ana Beloff.

En el plano normativo el derrotero iniciado con la Declaración de Ginebra de 1924 finalizó con la Convención sobre los Derechos del Niño 1989 donde expresamente se reconoce su condición de sujetos de derecho. Pero bien sabemos que la sola existencia de una ley no modifica automáticamente la realidad.

Muestra de ello es la persistencia del trabajo infantil, del maltrato y abuso, de la imposibilidad de acceder a servicios de educación, salud y vivienda que mínimamente garantices un desarrollo física y psíquicamente saludable.

Salvando las enormes distancias con estas problemáticas - yo que nací en diciembre de 1973 - recuerdo bien haber sido castigado por “contestar”, si. Haber sido recriminado y a veces castigado, no solo por haber hecho algo “indebido”, o dejado de hacer algo “debido”, sino también por el simple hecho de poner en tela de juicio, qué merecía ser considerado debido o indebido.

Claro, seguramente es más cómodo hacer honor a la etimología y mantener al infante mudo.
Hoy se festeja en Argentina el Día del Niño. Aprovechemos la ocasión para hacernos un gran regalo. Si tiene algún niño cerca, pregúntele, escúchelo, atrévase a reflexionar con él, a entrar en su lógica, a ver el mundo desde un lugar seguramente menos contaminado de “normalidad”.


Quizá, quien le dice, empecemos a descubrir que puede haber otras realidades, posiblemente mejores.

2 ago 2010

Asistencia Social Pro.

Por Maxi Flammá


I. Más Contras que PROs.

Según dan cuenta las últimas noticias, funcionario porteños del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, de la Subsecretaría de Fortalecimiento Familiar y Comunitario y de la Dirección General de Asistencia Inmediata denunciaron penalmente por el delito de abandono de personas a padres de ocho familias en situación de calle, por exponer a sus hijos menores al frío polar y negarse a que los socorrieran.

La historia habría comenzado la madrugada del 19 de julio pasado, cuando un letrado en representación del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad, denunció en una comisaría a los padres de dos menores que viven con ambos en la calle, debajo de la Autopista 25 de Mayo. Media hora después, lo imitaba el subsecretario de Fortalecimiento Familiar y Comunitario, José Luis Acevedo, acusaba a la misma pareja integrada por un cartonero y una mujer indocumentada, de 51 y 40 años, respectivamente, instando a la acción penal contra ellos. Sus hijos tienen 10 años y 10 meses.

Por suerte parece haber primado la coherencia, ya que la fiscal que intervino, Claudia Barcia, no dio curso a la denuncia porque el hecho no constituía delito ya que, “las personas sindicadas como autoras se encontraban en situación de extrema vulnerabilidad”.

Por su parte los diputados nacionales Liliana Parada y Claudio Lozano denunciaron a Mauricio Macri, a su ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal y también a integrantes del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, al responsabilizarlos de los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad.

Tomados a la ligera los hechos pueden confundirnos y por un momento hacernos dudar de cuál sería el camino mas acertado. Y ya que por estos días venimos aquí recordando al maestro Nils Christie, que mejor que un poquito de su obra para aclararnos.


II. “El hombre en el parque” (Nils, Christie. Fragmento de “Una sensata cantidad de delito” 1° ed. Buenos Aires: Editores del Puerto, 2004. Pág. 10.)

El ámbito donde tiene lugar el siguiente relato es un pequeño parque rodeado por edificios de departamentos. Es junio, el mes de la celebración de la luz, el sol, y el comienzo del verano en el norte. Es domingo antes del mediodía, "hora de ir a misa", según el viejo modo de referirse a las horas más tranquilas de la semana.
En algunos balcones que dan al parque, la gente disfruta de desayunos tardíos, o está leyendo o descansando.
Un hombre llega al parque. Arrastra bolsas de plástico y se sienta entre ellas. Las bolsas contienen botellas de cerveza. El hombre abre una botella, dos, varias, habla un rato solo, luego con algunos niños que juegan a su alrededor. Habla y canta, para disfrute de su audiencia.
Después de un tiempo, el hombre se levanta, camina hacia unos arbustos y se desabrocha la bragueta del pantalón. Varios niños lo siguen. Aquí necesitamos dos edificios de departamentos, no uno, para desarrollar este punto. Los dos edificios que dan al parque son exactamente ¡guales, construidos en base al mismo plan. Pero sus historias no son las mismas. Uno de los edificios fue construido de manera moderna, por una empresa constructora profesional. Todo estaba listo cuando los ocupantes se mudaron, totalmente terminado, con llave en mano, y con un eficiente ascensor desde el garaje hasta el último piso. Llamemos a este edificio la casa de la perfección.
El otro edificio tiene una historia más turbulenta. El constructor había quebrado, no quedaba más dinero. Sin ascensor que funcionara, sin puertas de entrada en los pasillos, sin cocinas instaladas; en conjunto una situación desesperante.
Los futuros propietarios -que habían pagado antes de la quiebra- se vieron forzados a remediar los peores defectos; se realizaron acciones conjuntas para reparar puertas, techos, pisos defectuosos,
y asfaltar el camino de entrada. Se creó un comité de crisis para demandar al constructor. Fue un trabajo pesado y requirió de sociabilidad. Llamemos a este edificio la casa de la turbulencia.
Volvamos ahora al hombre del parque.
El hombre, medio oculto entre los arbustos, rodeado de niños, desabrochando los botones de su pantalón, es una situación abierta a interpretaciones sumamente divergentes. En la casa de la turbulencia la situación es clara. El hombre en los arbustos es Pedro, el hijo de Ana. Tuvo un accidente cuando niño, su comportamiento es algo extraño, pero es tan amable como los días de verano son largos en el norte. Cuando bebe demasiado, simplemente, hay que llamar a su familia y alguien viene para llevarlo a su casa. En la casa de la perfección la situación es diferente. Nadie lo conoce. Un hombre extraño rodeado de niños expone su pene. Los decentes espectadores de los balcones corren al teléfono para llamar a la policía.
Un caso de exhibiciones obscenas fue denunciado, un serio hecho de abuso sexual probablemente prevenido.
¿Qué más podían hacer los buenos vecinos de la casa de la perfección, disminuidos como estaban por la modernidad? Su constructor no había quebrado. Ellos no se habían visto obligados a
cooperar entre vecinos. No se vieron en la necesidad de prestarse herramientas, de cuidar de los niños de los vecinos mientras otros asfaltaban el camino de entrada, ni de encontrarse en interminables sesiones para ver cómo no perder todavía más con la quiebra.
No se vieron obligados a conocerse, a crear un sistema de cooperación y de información compartida. De esta forma, Pedro y Ana no eran conocidos en este edificio como sí lo eran en el otro. Sus habitantes, como ciudadanos precavidos, tenían una sola alternativa, llamar a la policía. Pedro se volvió un delincuente potencial debido a la ausencia de bancarrota en la casa de la perfección mientras en la casa de la turbulencia hubiera sido devuelto a casa de su madre. O dicho de modo general: en casos como éste, una cantidad limitada de conocimiento dentro de un sistema social nos lleva a la posibilidad de darle a un acto el significado de delito.
Esto tiene consecuencias para la percepción sobre qué es delito y quiénes delincuentes. En sistemas sociales con mucha comunicación interna obtendríamos más información sobre la gente que nos rodea. Entre gente desconocida, los funcionarios oficiales se convierten en la única alternativa de control. Pero algunas categorías de tales funcionarios generan delito por su mera existencia. La institución penal está en una situación análoga a la del rey Midas.
Todo lo que él tocaba se convertía en oro, y, como todos sabemos, murió de hambre. Mucho de lo que la policía toca y todo lo que la prisión toca, se convierte en delitos y delincuentes, y se desvanecen las interpretaciones alternativas de actos y actores.
En este tipo de sociedad, nuestras propias actividades tendientes a la supervivencia pueden estar ligeramente fuera de la zona legalmente aceptada. Una amplia red también aumentará las posibilidades que de vez en cuando nos crucemos con personas definidas por las autoridades como delincuentes.
Con esto volvemos a mi tema principal: los actos no son, se construyen; la gente no es, se hace. Una amplia red social con lazos en todas direcciones crea por lo menos incerteza sobre qué es delito y también sobre quiénes son delincuentes.
Los vecinos de la casa de la perfección vivían una vida moderna, en casas donde estaban aislados de sus vecinos. Eso significaba que también estaban aislados de la información sobre cuestiones locales. Esta falta de información los forzaba a llamar a la policía.
El caso se transformó en un caso criminal porque estos vecinos conocían demasiado poco.

III. Si no puedes contra ellos, denúncialos!

¿Qué solución imaginaron encontrar estos funcionarios a través de la denuncia penal?

¿Quizás con sus padres privados de su libertad esos niños verían mejorada su situación actual?

Conforme señala la nota periodística Parada y Lozano argumentaron en su denuncia que los paradores, “son espacios en los que es difícil obtener una cama, donde muchas veces se hacen largas colas para entrar y donde es común en invierno que no haya plazas disponibles y que, salvo uno de ellos donde no es fácil el ingreso, las familias son separadas porque no son mixtos. Además, para ingresar deben abandonar el lugar que obtuvieron en la calle y las pertenencias, con el riesgo de perderlo todo”.

Según el propio gobierno de la Ciudad Autónoma informa, los paradores son lugares de estadía provisoria para pernoctar en casos de emergencia. Salir de un refugio debajo de una Autopista quizás represente perder para siempre un techo, algunas chapas que improvisan una pared, un colchón y algunas mantas. Nada, o todo según desde donde se lo mire.

Apelar al derecho penal como forma de solucionar determinados conflictos sociales, no es nuevo. Quizás lo novedoso aquí, y al mismo tiempo alarmante sea que quienes recurran a este poco efectivo remedio sean funcionarios públicos cuya misión es justamente implementar políticas alternativas, distintas a la simple criminalización, no solo poco efectiva, repetimos, sino intensificadora de eso conflictos.

Como nos muestra Christie en este fragmento que acabamos de citar, nuestra percepción de una conducta como delito o no, dependerá de la información con que contemos, del conocimiento que tengamos de las circunstancias concomitantes que la rodean.

Marginados, excluidos definitivamente de un lugar en la sociedad que lo rodea, sin más contención que la del hormigón, el tiempo pasa lento, adormecido, aunque el zumbido de los neumáticos marque el ritmo de otra vida, que pasa por arriba.

Pero abajo frío mata, y por eso un día desde esa otra vida llegan al rescate, como en el “Caso de los Exploradores de Cavernas” de Fuller, a imponer su ley, para la cual permanecer en ese lugar (el mejor lugar conseguido) para conservarlo, tratando de sobrevivir junto a la familia, y retener las escasas pertenencias, se llama “abandono de persona”.

Agrega Nils Christie en otro pasaje de su libro:

El delito es un recurso ilimitado. Los actos con la potencialidad de ser vistos como delictivos son como un recurso natural ilimitado. Podemos tomar una pequeña porción de ellos para calificarlos
como delito, o una grande. Los actos no son, se construyen, sus significados son creados al tiempo que suceden. Clasificar y evaluar son actividades centrales para los seres humanos. El mundo viene a nosotros al tiempo que lo constituimos. El delito es por lo tanto un producto cultural, social y mental. Para todos los actos, incluidos aquellos vistos como no deseados, hay docenas de posibles alternativas de comprensión: maldad, locura, perversión, deshonra, desborde juvenil, heroísmo político, o delito. Los "mismos" actos pueden por lo tanto encontrarse dentro de varios sistemas paralelos como el judicial, el psiquiátrico, el pedagógico y el teológico.


Aguardamos esperanzados que estos funcionarios algún día se muden a "la casa de la turbulencia". Quizás desde allí puedan ver menos delitos, y más situacaiones de las que tienen la obligación de hacerse cargo.

6 jul 2010

Lo Mismo y lo Otro

Una respuesta probable, al improbable mundo de Mariano Grondona.

Por Maxi Flammá.

Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude, al
leerlo, todo lo familiar al pensamiento —al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía—, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo Mismo y lo Otro. Este texto cita "cierta enciclopedia china" donde está escrito que "los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas". En el asombro de esta taxinomia, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto.
“Las palabras y las cosas” - Michel Foucault.



I. En su habitual columna de opinión en el diario La Nación, el jueves 3 de junio el Prof. Mariano Grondona, parece invitarnos a reflexionar sobre algunos interrogantes.
Uno desde título mismo, para plantear el tema:


¿Si o no al matrimonio gay?

En medio, un derrotero de eruditas citas y más interrogantes retóricos para dar solapadas respuestas del siguiente tenor:

“Desde el momento en que ya nadie discute el derecho de los homosexuales a formar libremente sus parejas con consecuencias legales comparables a las de las parejas heterosexuales, el dilema que enfrentan nuestros senadores podría reducirse a esta pregunta: la palabra "matrimonio",¿debe aludir también a la unión entre los homosexuales o ha de seguir reservándose, como hasta ahora, a la unión entre los heterosexuales, buscándose en tal caso otra palabra para aludir a las parejas del mismo sexo?”
“¿es "justo" que la palabra "matrimonio" cubra por igual a la unión entre los heterosexuales y a la unión entre los homosexuales? ….Cuando definió a la justicia, Aristóteles señaló que ella no es idéntica a la igualdad porque, en tanto es justo tratar como iguales a los hombres en la medida en que son iguales, no lo es tratar como desiguales a los que son iguales ni, tampoco, tratar como iguales a los que son desiguales…” “Pero también sería injusto otorgarles la misma nota a quienes no han exhibido el mismo mérito en un examen, porque en tal caso caeríamos en la famosa denuncia de Santos Discépolo: "Lo mismo un burro que un gran profesor".

Y también un interrogante final, para concluir con su opinión, en la apariencia de que se había permitido dudar:


“Quienes se oponen al matrimonio gay hacen notar empero que aquellos que pretenden equipararlo al matrimonio tradicional se están apropiando indebidamente de un concepto que viene del fondo de la historia… Si le reconocemos a la unión entre homosexuales la misma dignidad que a la unión tradicional ¿esto exige acaso sostener además que "son lo mismo"?”
II. La circunstancia de proponer un juicio basado en los conceptos de deber o justicia para considerar el acierto o no de la utilización de un término, es decir hablar de un uso “debido” o “justo” del lenguaje o de determinada palabra, da cuenta que para el autor -como para Platón- existiría una relación esencial entre la palabra y la cosa nombrada a través de ella.

En aquella posición se inscriben quienes no piensan que el lenguaje sea una mera convención, nacida del más arbitrario capricho humano, sino el producto de la chispa que permite a nuestras almas recabar de la memoria algo de aquel concepto que habita en el mundo de ideas universales.

Para ellos, el niño que se admira - por ejemplo - de cómo los astrónomos siempre saben el nombre de la nueva estrella que acaban de descubren en el universo, no estaría equivocado.

En ese dualismo ontológico, tenemos un mundo sensible y otro inteligible o mundo de las Ideas. En el sensible, en la realidad que todos percibimos a través de nuestros sentidos, están los particulares, allí se da la diversidad, la multiplicidad, la transformación, el nacimiento y la muerte; es decir la materia en un tiempo y espacio determinado.

En cambio en el otro mundo, el Inteligible, solo se da la unidad de las Ideas puras y absolutas, que no están sometidas a cambio alguno, son eternas, invisibles, inmateriales, sin tiempo ni espacio. Pero esta realidad platónica está más allá de la mente y del hombre. En ese mundo ideal, aunque Platón no lo diga así, deben habitar las ideas de todas las palabras, la idea de “justicia” junto a la de “perro”, justo al costado de la de “mandioca”, atrás de la “bien” que se esconde debajo de “zooplancton”.

Entonces los términos no hacen más que intentar encerrar esas ideas de las cuales nuestros sentidos solo descubren la conexión natural que existiría entre la burda imitación que representan las cosas particulares que integran nuestro mundo con el concepto inmaterial y eterno que habita en el otro. Por eso no estaría a nuestro arbitrio convenir en llamar a determinada cosa de determinada forma.


III. Parece que es desde ese ideal supremo de los conceptos, desde donde el Dr. Grondona nos invita a contestar su pregunta, que de hecho retórica, esconde la trampa de su falso silogismo.

“Si le reconocemos a la unión entre homosexuales la misma dignidad que a la unión tradicional ¿esto exige acaso sostener además que "son lo mismo"?”

Claro que no son lo mismo, Grondona esto bien lo sabe, lo que en realidad quiere que contestemos es otra pregunta que él no formula directamente, pero se infiere de su postulado:

Y entonces, si no son lo mismo ¿debemos llamar de la misma manera a las uniones homosexuales que a las heterosexuales?

Bien sabemos que las palabras son signos convencionales, etiquetas, y que en principio no hay término alguno que pueda considerarse esencialmente correcto o incorrecto. No sabemos por qué se eligió llamar “murciélago” (Del Latín: “muris”: ratón y “caecŭlus”: ciego) al mamífero volador, con alas membranosas y hábitos nocturnos, pero bien podría haberse llamado “murvolatis” (“volatilis”: volador) o como lo decía yo de niño: “murciégalo”. Yo no utilizaba entonces un término en sí incorrecto para referirme a dicho animal, sino que mi error estaba en no cumplir con la regla que el uso común había establecido en la convención que determina qué significan las palabras en castellano.

Cualquiera puede usar el sonido que le dé la gana para referirse a lo que se le antoje, en la medida que aclare a su interlocutor a qué se está refiriendo cuando utiliza ese sonido, si se va a apartar del uso común, es decir de la convención.
Las palabras son solo una herramienta para comunicarnos y muestra de ello es que recientemente la Real Academia Española aprobó el uso de la palabra “murciégalo” para referirse a los murciélagos. Yo no estaba equivocado, solo me adelanté en el tiempo.

Ahora bien qué elementos colocamos dentro de la “caja” conceptual a la que rotulamos con esa palabra, qué características serán o no definitorias, también es una convención, y por ende nada impide que en el mundo real, con el tiempo se transformen, varíen, permitiendo la inclusión o exclusión de determinados individuos.

Volviendo al tema central sobre el que nos invita a reflexionar Don Mariano, la pregunta que debemos hacernos es si la diversidad de sexos debe ser o no una característica definitoria de la institución jurídica “matrimonio”, y no si el estado de cosas caracterizado por la unión afectiva de dos personas del mismo sexo es lo mismo que la de distinto sexo.

El matrimonio como toda institución social y jurídica fue creada por el hombre, quien también determinó sus alcances y características definitorias con el fin de mantener determinado orden social, tan arbitrariamente como la palabra que eligió para designarla.

Es decir que dicha institución es una convención más, por medio de la cual el Estado reconoce, asienta, registra, formaliza, instituye un vínculo entre dos personas a las cuales le aplica determinadas reglas jurídicas.

Justamente lo que hoy se discute es si corresponde o no mantener la diversidad de sexos como característica definitoria e la institución “matrimonio”.

Es darle a la unión homosexual el mismo reconocimiento social y jurídico a la relación afectiva de dos personas del mismo sexo, con iguales requisitos y efectos que los existentes para las relaciones entre personas de distinto sexo.

Preguntarse por la corrección o no del uso del término matrimonio, bajo la aparente contradicción de que no son lo mismo encierra la falacia de la existencia de un mundo inmaterial y absoluto, donde todo se conserva, pétreo, inmutable.

IV. Por último debemos señalar que en el mundo de Grondona, no solo no son lo mismo, sino que una situación merece una valoración superior a la otra. No es casual el uso del ejemplo pedagógico: “pero también sería injusto otorgarles la misma nota a quienes no han exhibido el mismo mérito en un examen…” y la poco deseable sentencia discepolina: "Lo mismo un burro que un gran profesor".

Mientras una situación se presenta merecedora de nuestro respeto, máxima consideración y estima (“gran profesor”) la otra se ve descalificada, menosprecia, (“burro”).

Pero el problema no reside tanto aquí, sino en el malestar que genera el posible trato igualitario, la equiparación. Es decir, el no reconocimiento del supuesto mérito o sacrificio. El del alumno que ha estudiado más que otro y recibe la misma nota siente que su esfuerzo careció de sentido, lo mismo que el gran profesor al que nada lo diferencia del “burro”.

Y la pregunta es entonces:

¿Qué sacrificio, merito, dignidad o reconocimiento verían perdido algunos heterosexuales en función de la asimilación que otorgaría el matrimonio homosexual?

¿El sacrificio de no haber caído en la tentación de dar rienda suelta a sus deseos homosexuales?

¿El sacrificio de haber reprimido sus deseos en cumplimiento de un precepto moral que les fue impuesto?

V. La importancia del lenguaje y la comunicación es inescindible del conocimiento, del saber y del poder que a través de él ser ejerce y replica a través de la historia. Ese uso que viene desde el “fondo de la historia” es el que Grondona ve vulnerado.

Darle el mismo nombre, asimilarlo, incluirlo dentro de la misma categoría, borra las diferencias y los revuelve en una olla donde por más que podamos identificar sus ingredientes los hace a todos parte del mismo caldo, en el que el calor deshacen los valores que los distinguen y que hasta ahora les permitía reafirmar su distinguida pertenencia en al universo de lo digno.

No es un inocente problema semántico, sino la necesidad de rescatara esa categoría ideal, de mantener fragmentado el discurso para que exista un espacio, un abismo, entre lo Uno y lo Otro, y de ese modo no sean lo Mismo, reteniendo para sí la “palabra” como un estandarte de su moral que permita reafirmar su condición de “gran profesor”.

Y como cada uno puede pensar lo que quiera, todo esto podrá parecer superfluo, salvo para darnos cuenta de que Grondona no nos está preguntando nada.

18 may 2010

¿Inconstitucionalidad del matrimonio homosexual?

¿Pero cómo no nos dimos cuenta antes?
Por M.F.
El hecho que la mayoría de las religiones se opongan abiertamente a las relaciones homosexuales y por ende aún más enfáticamente a su legitimación jurídica, no es nuevo. Muestra de coherencia con sus principios; judíos, católicos y evangélicos, entre otros, entienden que la unión de personas del mismo sexo, rompe con la constitución familiar en la que se sustenta la organización de nuestras sociedades.

Los argumentos han sido de lo más variados, desde el agorero fin de la raza humana, hasta la sutil trampa de una prohibición etimológica. (ver aquí excelente análisis sobre este último punto)

Pero en estos días asistimos con asombro a un novedoso argumento, muestra de que hurgar fuera del ámbito en el que esos principios se conciben, en busca de sostener una posición insostenible fuera de ellos, puede hacernos derrapar y caer en nuestras propias trampas.

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, pidió que el Senado nacional no avance en la aprobación de la ley que permite el casamiento entre dos personas del mismo sexo, al considerar que se trata de una cuestión "inicua”, es decir contraria a la equidad, "que altera el ordenamiento jurídico" del país.

Agregando que "la sanción de la Cámara de Diputados ha producido una alteración del ordenamiento jurídico de la sociedad porque la cuestión clave es que la convivencia de dos personas del mismo sexo es un hecho privado y, según nuestra Constitución nacional, las acciones privadas de los ciudadanos están reservadas a Dios".

Por eso, opinó que las uniones homosexuales "tendrán que ver con la conciencia, exentas de la intrusión de los magistrados".

Si. Usted ha leído bien.

El arzobispo apela a la garantía consagrada en el art. 19 de nuestra Constitución Nacional, para sostener que la aprobación del matrimonio homosexual, representaría una injerencia indebida por parte del Estado, y que dicho ámbito solo le estaría reservado a Dios - es decir - a su representado, cuya opinión lamentablemente no podemos escuchar directamente.

¿Pero qué nos está diciendo Aguer?

La norma constitucional establece un límite a la potestad estatal, impidiendo que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, sean objeto de restricciones reglamentarias y por ende de su juzgamiento por parte de los magistrados.

Si desarrollamos este principio a la luz de la opinión del eclesiástico frente al matrimonio homosexual, debemos concluir inexorablemente que para el arzobispo la convivencia entre personas del mismo sexo, es un acto privado que de ningún modo ofende al orden y la moral pública ni perjudica a terceros, mientras que la convivencia de personas del distinto sexo, sí es un acto capaz de ofender al orden y la moral pública o perjudicar a terceros.


La inadecuada apelación a este principio resulta evidente, salvo que estemos ante un reformador revolucionario. Cosa que no parece.

El art. 19 de la C. N. consagra espacios de libertad en los que le Estado no puede penetrar recortando esa libertad, impidiendo su desarrollo en la medida y alcance en que cada individuos lo considere pertinente.

Por el contrario, posibilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo es ampliar esa libertad, no restringirla más allá de los límites que impone la Constitución Nacional, permitiendo que quienes elijan formalizar esa unión gocen de los mismos derechos que poseen las parejas heterosexuales.

La convivencia de dos personas del mismo sexo es un acto tan privado e inocuo como la convivencia de dos personas de distinto sexo.

Inicua, es la realidad de nuestro sistema legal y no la reforma que se propone, como la calificó Aguer.

Quizás el terreno constitucional no sea un lugar amigable para frenar el proyecto, sino más bien un campo minado para quienes pretendan seguir transitando el camino de la arbitrariedad.


Hay que mirar donde uno pisa.

20 abr 2010

TEST DE INTELIGENCIA URBANA - Secuencias Lógicas

¿USTED CREE QUE ES INTELIGENTE?

Por Maxi Flammá


¡¡¡Bienvenido!!!

Lo invitamos a realizar en este momento y en forma absolutamente gratuita nuestro nuevo test de Inteligencia Urbana.


Disponga de solo 2 minutos de su tiempo, conteste estas 6 preguntita y obtenga inmediatamente y en forma confidencial una aproximación de su cociente intelectual.

Vamos, anímese y no hay nada que temer, para las más difíciles lo ayudaremos con algunas imágenes.


Puedes utilizar papel y lápiz para tomar notas.

Usted sabe que es inteligente, ¿no? Pero cuánto, puede descubrirlo ahora mismo...

Premisa:


(Si su escaso coeficiente intelectual le impide reconocer el valor de verdad de esta premisa, haga un clic sobre ella. Caso contrario usted está en condiciones de comenzar con la resolución del test).

¿Qué calificación merecen las siguientes situaciones?

1.- Dos en un auto = ………….. – chorros.








2.- Dos en una bicicleta =…….. –chorros.





Pusimos tres para ver si lo engañamos.



3. Dos en una tabla de surf = ………- choros.








4.- Dos en un parapente = ……….chorros.








5.- Dos en un caballo = equino-chorros. (ups… se la dijimos nosotros)











6.- Dos “a cococho” = ………….-chorros.








¡¡¡Gracias por participar!!!

16 abr 2010

TRATAMIENTO LUDOVICO

MÁS FASCISMO SALUDABLE

Por Maxi Flammá




Francia anunció que en un año todas las cajas de cigarrillo deberán incluir imágenes sobre los efectos nocivos del tabaco, como ya lo hizo Rumanía, Bélgica y Reino Unido y Brasil.


La ministra francesa de Sanidad Roselyne Bachelot seleccionó 14 imágenes del catálogo de ilustraciones aprobado por la Comisión Europea en 2006 entre ellas, se incluyen fotos de tumores de laringe o pulmón, dentaduras dañadas y situaciones críticas de pacientes afectados por el consumo del tabaco.

En España la titular de Sanidad Trinidad Jiménez anunció que en mayo de este año podría estar listo el real decreto que regule el etiquetado de las cajas.


Para ello, ya ha seleccionado las ilustraciones incluyendo también la imagen de un cigarro simulando la disfunción eréctil de un pene para explicar la adicción del tabaco o sus efectos en la "reducción del flujo sanguíneo y la impotencia"; mientras que imágenes de fetos o niños inhalando el humo de un cigarro servirán para explicar los efectos perjudiciales del tabaquismo pasivo en la salud de los más pequeños o el riesgo de fumar durante el embarazo.

Además, estas ilustraciones, van acompañadas de textos que explican cómo fumar "acorta la vida", "obstruye las arterias y provoca cardiopatías y accidentes cardiovasculares", "provoca cáncer mortal de pulmón", "puede ser causa de una muerte lenta y dolorosa" o "el humo contiene benceno, nitrosaminas, formaldehído y cianuro de hidrógeno".


Si lo viéramos ingenuamente podríamos pensar que simplemente están haciendo honor al viejo refrán que dice que una imagen vale más que mil palabras, pero las imágenes son francamente desagradables. Causan repulsión.


Y entonces nos asalta una pregunta:


¿Puede el Estado a obligarnos a verlas?


Bajo la excusa de una obligación de informar en pos de proteger la salud de las personas, los Estados una vez más sobrepasan el umbral de nuestra autonomía individual para darnos un golpe bajo, muy bajo, en las pelotas.


Esta determinación por que seamos “sanos”, puede ser un objetivo loable en la medida en que cada uno de nosotros pueda definir en forma autónoma qué significa sentirse sano, y en razón de ello asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos. Hasta aquí es necesaria y legítima la función de informar.


Pero hoy por hoy todos, fumadores y no fumadores, estamos harto informados del daño que el tabaco puede generar en nuestra salud. Es un producto nocivo, no hay dudas. Pero el hecho que lo sea, no legitima a las autoridades gubernamentales a recortar de forma arbitraria e imperativa nuestro campo de decisión.




¿Que subyace en esta decisión de exponer al público consumidor de tabaco a la desagradable experiencia de estas imágenes?


Evidentemente esta medida sobrepasa la mera función informativa y también el excesivo afán prohibitivo, para adquirir ribetes sancionatorios.


Solo bajo la premisa, consciente o inconsciente, de que los fumadores son sujetos en falta, pecadores que no han logrado comprender que el cigarrillo es el demonio que acabará con sus vidas, se puede comprender que el Estado se sienta legitimado para la adopción de esta medida punitiva.


¿Ustedes quieren fumar?


Bueno, ahí tienen, miren lo que les va a pasar.


¿No les gusta?


¡¡Jódanse!! ustedes eligieron fumar.



La culpa, el reproche y el desprecio por los destinatarios, justifica la actitud.


Como al ultra-violento sicópata Alex DeLarge, protagonista de “A Clockwork Orange” (La naranja mecánica) dedicado a violar, robar y matar, se nos somete a una "adaptación" del método o tratamiento Ludovico, intentando generar una aversión psicológica, frente a nuestro impulso, en este caso de fumar.




Y digo "adaptación", porque así y todo a Alex, le dieron la oportunidad de elegir.





14 abr 2010

HEMOS RECIBIDO UN "PREMIO" EXTRAORDINARIO DE EDUARDO GALEANO

NO HAY DERECHO,
PROTECTOR DE GORDOS,
BORRACHOS
Y FUMADORES






Ayer nos llegó desde Montevideo, enviado por la querida amiga Itatí Schvartzman, este libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano:





Recibir ese libro ya nos había dado una gran alegría. Pero eso no fue nada. Debido a esta página que hemos creado los tres irresponsables a cargo de este blog en el Feisbuc:





Eduardo Galeano nos había autografiado el libro, con la mejor dedicatoria que jamás hayamos leído:






Galeano escribió:


para Alberto,
protector de los gordos,
los fumantes, los
borrachos y los impresentables
como yo.

[firma]

2010, desde Montevideo.

1 abr 2010

EL NUEVO STAFF DE "NO HAY DERECHO"

¿AHORA SOMOS TRES?





No, lo que somos es inimputables...



En realidad somos 6,
pero parece que Cuatri4 se manducó a los tres Cuatri-hermanitos.

26 mar 2010

GARANTÍAS PARA FRANCISCO

Por Maxi Flammá.












“Las prácticas judiciales —la manera en que, entre los hombres, se arbitran los
daños y las responsabilidades, el modo en que, en la historia de Occidente, se
concibió y definió la manera en que podían ser juzgados los hombres en función
de los errores que habían cometido, la manera en que se impone a
determinados individuos la reparación de algunas de sus acciones y el castigo
de otras, todas esas reglas o, si se quiere, todas esas prácticas regulares
modificadas sin cesar a lo largo de la historia— creo que son algunas de las
formas empleadas por nuestra sociedad para definir tipos de subjetividad,
formas de saber y, en consecuencia, relaciones entre el hombre y la verdad que merecen ser estudiadas"
Foucault Michel, La verdad y las formas jurídicas.




- Papá, ¿qué son las garantías de los delincuentes?

- ¿Las garantías de los delincuentes? ¿Por qué me preguntas?

- Porque la abuela dice que por culpa de las garantías está lleno de criminales sueltos.

- Bueno, veamos. Imagínate que un día el Preceptor de tu Colegio encuentra uno de los cristales de tu aula roto. Imagínate que en el aula estás tú con tres compañeritos más, jugando en ella durante el recreo. Imagínate entonces que al ver el cristal destrozado el Preceptor los acusa a ustedes de haberlo hecho y los lleva a la Dirección para sancionarlos. Imagínate también que dicha sanción implica la expulsión del colegio.

- Pero papá, ¿yo fui el que lo rompió?

- Y… según parece para el Preceptor, sí.

- Sí, para el Preceptor sí, ya sé, ¿pero en realidad yo o alguno de mis amigos fuimos los que lo rompimos?

- Eso no importa Francisco, lo importante es lo que dice el Preceptor. Si él piensa que fueron ustedes, ésa es la realidad.

- ¡¡Pero no!! Imagínate ahora tú que el cristal ya estaba roto cuando llegamos al aula por la mañana, o que fueron otros niños quienes lo rompieron, ¿por qué habrían de castigarnos a nosotros?

- Ahhh… ¿quiere decir entonces que para vos puede haber otra realidad? Está muy bien, ¿qué harías entonces?

- Y sí, por eso primero quisiera que me digas si yo o mis amigos fuimos o no quienes rompimos el cristal.

- Bueno imaginemos que no. Que ustedes no fueron.

- Entonces le diría eso, que nosotros no fuimos y que no corresponde seamos castigados.

- Bien, ¿y que te parece si el Preceptor se niega a escucharte y dice que tu opinión no vale? Que la realidad es la que él determina que sea.

- Le diría que es injusto, que debe escucharme, que su realidad no es “la realidad”.

- Bien, pero se lo ve muy convencido de ello, parece que para él las cosas fueron como él dice.

- Si es así, iría a hablar con la Directora y le explicaría cuál es la realidad.

- Tu realidad, querrás decir.

- No, la mía no, la “realidad real”, ¿o acaso no me dijiste que nosotros no habíamos sido?

- Sí, pero eso te lo dije yo, mientras que el Preceptor piensa lo contrario.

- Bueno, que el Preceptor diga lo que quiera entonces. Yo le digo a la Directora lo que pasó y que ella decida a quién le cree.

- Bueno, me parece bien, pero imagina que la Directora tras reunirse con el Preceptor y tomar conocimiento de las razones por las cuales él los acusa acepta escucharte, ¿que le dirías?

- Que nosotros no fuimos, ya te lo dije.

- Pero ella por ahora le cree al Preceptor, quien aparentemente le dio pruebas.

- ¿Y cuáles son esas pruebas?

- No lo sabemos, ella accedió a escucharte para que tú le demuestres que no has sido.

- ¿Pero cómo le demuestro que no fui, papá? No sé. No tengo más que decirle que no fui, si ni siquiera sé lo que le dijo el Preceptor…. También expulsarnos del Colegio por un vidrio me parece mucho.

- ¿Por qué te parece mucho?

- Porque romper un vidrio es algo…. eehhh, no sé…., normal…. no le cuesta nada cambiarlo, y en todo caso me podrían pedir que lo pague… bueno…., que lo pagues vos quiero decir…. ahora si nos echan perdemos el año de estudio.

- Bien, pensemos que el Preceptor modifica la sanción que propuso, siendo ahora la prohibición de salir al recreo durante todo lo que resta del año, debiendo quedarse en la dirección. ¿Está mejor ahí?

- Y… sí.

- Bueno volvamos, la Directora entonces acepta tu planteo exigiéndole pruebas, pero hasta tanto él las encuentre ordena que tú y tus amigos permanezcan todos los recreos en la Dirección. ¿Qué harías?

- Me opondría. Si ése es ahora el castigo por haber roto el vidrio, y aún el Preceptor no ha demostrado que nosotros lo hemos rotos, ¿cómo va a castigarnos de ante mano?

- Pensemos que la Directora no hace lugar a tu oposición y ordena al preceptor que cada recreo vaya por ustedes y los lleve a la dirección, hasta tanto encuentre las pruebas que necesita. Pensemos que faltaban 3 meses para el final de clases y la directiva es cumplida sin excepción todos los días. Pensemos que al regresar de las vacaciones el año siguiente, al sonar la campana del primer recreo, te encuentras en la puerta del aula con el preceptor quien te dice que en cumplimiento de una orden de la Directora debes pasar el recreo en la dirección.

- ¡¡¡Pero si ya terminó el año y empezó uno nuevo!!! ¿Cómo vamos a seguir en la dirección? ¿Hasta cuándo? Uffff…. No te entiendo papá, terminala…. No sé para qué te pregunto, siempre me haces lo mismo….por qué n
o me contestas y listo….

- Una última pregunta más y te contesto, ¿sí?

- Dale…

- Si te hubiese dicho que en realidad ustedes sí habían sido quienes rompieron el vidrio, ¿hubieses aceptado la sanción sin discutir?

- Creo que sí.

- Bien, y si mañana se los acusa de incendiar un cesto de basura y ustedes no fueron, ¿volverías a discutir?

- Me dijiste una… Bueno… Sí, claro que volvería a discutir.

- Si entonces a veces discutirías y a veces no, y eso dependiera de si has sido o no tú el responsable; y si has sido o no tú el responsable es una “realidad” que solo tú sabes y no la directora, ¿no crees que a la directora, como encargada de impartir castigos debería exigírsele en todos los casos atender a esos planteos para estar segura que cuando castiga lo hace correctamente y sobre la “realidad real”, como dices tú?

- Sí…. Porque no puede hacer lo quiera. Pero bueno, me dijiste una y ya van tres…no sé qué tiene que ver el colegio, la directora, el vidrio con lo que yo te pregunté. Me vas a contestar ¿si o no?

- No hace falta Francisco, ya lo has contestado tú.