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21 oct 2015

UN POCO DE CORDURA: PIDEN INDAGATORIA DEL CASADOR RIGGI






UN POCO DE CORDURA

La fiscal federal Paloma Ochoa solicitó la indagatoria del juez de la Cámara Federal de Casación Penal Eduardo Rafael Riggi en la causa de las coimas y por “haber tomado intervención en las conductas ilícitas que se desplegaron de común acuerdo para obtener ilícitamente de la Cámara Federal de Casación Penal un fallo favorable que revocara los procesamientos y denegatorias de las excarcelaciones de los entonces imputados”, por el asesinato de Mariano Ferreyra.

La fiscal Ochoa, con buen tino, descartó la hipótesis de las “dos etapas”, que consistía en: 1) manipular el sorteo para que cayera en la Sala III; y 2) recién en ese momento coimear a Riggi. Esta hipótesis —pensada a la medida del casador— suponía que primero se manejaría el sorteo para recién “convencer” a Riggi. Es muy poco creíble que los hechos sucedieran de ese modo. ¿A quién se le ocurriría organizar las cosas de esa manera? ¿Manejar el sorteo para que caiga ante jueces que aún no han sido “convencidos”?

Naaa...

De la página del Ministerio Público Fiscal:



La teoría de las dos etapas
A continuación, la fiscal federal recordó la “teoría de las dos etapas”, una estrategia introducida por el juzgado de instrucción que previno y luego ratificada por la Cámara del Crimen al confirmar los procesamientos de Aráoz de Lamadrid, Riquelme, Stafforini, Pedraza, Ameguino Escobar y Planas.
“Se afirmaba con ella que existió una primera etapa en la cual se manipuló el sorteo para que los recursos de Casación interpuestos en el marco de la investigación del crimen de Ferreyra quedaran radicados en la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal”, explicó Ochoa. A partir de esae movimiento, entraría en juego una “segunda etapa de ese plan criminal que consistía en ejercer una indebida influencia sobre el juez Riggi, integrante de la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal y directa o bien indirectamente, a través de él sobre los restantes miembros de ese Tribunal, esto es, los jueces Mitchell y Catucci, para que en el estadio procesal oportuno se revocaran los procesamientos dictados en la causa del Juzgado de Instrucción Nº38”, agregó.
Supuestamente, esta parte del plan iba a ser ejecutada a partir del día 2 de febrero de 2011. Por esa razón, en las distintas conversaciones telefónicas protagonizadas por los procesados se hacía constante referencia a la importancia del “día dos”.
La fiscal federal resaltó que el análisis integral de la prueba reunida “a lo largo de esta investigación permitió desterrar esta ‘teoría de las dos etapas’ que encauzó durante años el curso de la investigación, haciéndose hincapié en que en todo caso, lo que hubo fue una forma de organización de la maniobra, pero, en ningún caso hubo desconocimiento en los autores de cada uno de los pasos del hecho delictivo investigado”.
En efecto, lo que los imputados Aráoz y Riquelme afirmaron en las escuchas sobre los encuentros y charlas con los jueces de la Cámara Federal de Casación Penal - principalmente Riggi y Mitchell- fue real y concreto. La representante del Ministerio Público indicó que “el juez Riggi no sólo estaba al tanto de las maniobras ejecutadas por el resto de los imputados (ya procesados) sino que además formaba parte de un pacto previo que culminaría con la entrega del dinero prometido a contraprestación de la resolución judicial buscada por el grupo de los siete imputados”. Es decir, el sobreseimiento y consecuente libertad por el crimen de Mariano Ferreyra.
A partir de la investigación, surgió que Pedraza fue quien, de la mano de Stafforini, “se movilizó para conseguir el dinero que compraría su efectiva desvinculación, pues hasta la definición del sorteo de la Sala que entendería en los recursos interpuestos, nada le aseguraba a aquél que lograría torcer esos procesamientos”, señaló la representante del MPF.
De esta manera, Ochoa concluyó que el análisis integral de la prueba reunida “mostró un panorama más certero sobre la verdadera dimensión de la participación que le cupo al juez de Casación Eduardo Rafael Riggi en las maniobras delictivas objeto de investigación […] consistente en haber acordado con Aráoz y -a través de éste con el resto de los aquí imputados- una resolución favorable, previo pago de una suma de dinero aún no determinada”, para revocar “los procesamientos y las denegatorias de las excarcelaciones de los imputados [por el crimen de Mariano Ferreyra], que mediante el sorteo irregular practicado el 26 de enero de 2011 por parte del ex funcionario de la Sala de sorteos Ameguino Escobar, recayeron para su tratamiento en la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal, integrada en ese entonces por Eduardo Rafael Riggi, Wagner Gustavo Mitchell y Liliana Catucci”.




11 sept 2015

CASO FERREYRA: UN PROCESO COLECTIVO CONTRA LA IMPUNIDAD




Por Maximiliano Medina, Marcos Kotlik, Ezequiel Pachu María y Alberto Bovino


Han transcurrido casi cinco años desde la trágica e incomprensible muerte de Mariano Ferreyra, joven militante de una organización política que reclamaba junto a compañeros y trabajadores tercerizados por la precaria situación laboral que se padecía en el Ferrocarril Roca.

Mariano falleció mientras hacía un cordón humano con el resto de sus compañeros. Él intentaba hacer lo que no hacía la policía, proteger a las mujeres y personas mayores del ataque de la Unión Ferroviaria. Allí, un disparo entró en el buen corazón de Mariano. Un pibe excepcional según sus amigos, desordenado y tímido, que tocaba la guitarra, que le gustaba la música y el cine. Un pibe que nosotros conocimos cuando le arrancaron la vida.

Casi cinco años después, la familia finalmente puede estar orgullosa del camino recorrido en el proceso de justicia. Hablamos del proceso de justicia en su totalidad porque abarcó tres momentos diferentes, con matices, pero con una misma premisa: celeridad y seriedad en la determinación de las responsabilidades penales.

En noviembre de 2010, en el transcurso de un mes, la justicia logró establecer la dinámica de los hechos e identificar a los agresores. Fueron los primeros siete procesamientos, tras una labor sin descanso de la jueza Wilma López y la fiscal Cristina Caamaño y sus colaboradores, dispuestos a tomar las medidas necesarias y urgentes para lograr eficacia en la persecución penal. 

Luego decidieron profundizar la investigación para establecer el motivo del ataque producido en Barracas. José Ángel Pedraza, histórico caudillo de la Unión Ferroviaria fue investigado por la muerte de un militante popular. Se logró avanzar en esos motivos y en darle sentido a otros indicios que avalaban la hipótesis de la participación criminal de Pedraza y Juan Carlos Fernández.

La fiscal Caamaño fue luego reemplazada por Fernando Fiszer, quien culminó esta etapa de investigación con idéntica responsabilidad. Tras cuatro meses de investigación desde la muerte de Mariano, se logró establecer entonces que Pedraza y Fernández debían ser considerados provisoriamente como partícipes en el crimen.

Luego de las apelaciones, llegó el turno de los funcionarios policiales, aquellos que debían proteger a los manifestantes y que hicieron todo lo contrario, permitiendo el ataque, liberando el lugar para que los agresores tuvieran la posibilidad de matar. También fue firme la determinación de los investigadores en desnudar la responsabilidad de los jefes del operativo tanto en el lugar como en la sala de situación de la Dirección General de Operaciones. En menos de un año había diecisiete procesados, entre sindicalistas y policías. Algo pocas veces visto.

Se llegó a la etapa del debate oral luego de las sucesivas apelaciones de las defensas y de diversos intentos de entorpecer y obstruir la búsqueda de la verdad. Entre ellos, el escandaloso intento de sobornar a algunos integrantes de la Cámara Federal de Casación Penal, hecho que también se encuentra ahora en etapa de investigación. A la vez, existieron amenazas a testigos y hasta el intento de un perito, famoso por sus absurdas apariciones televisivas como experto en criminalística, Roberto Locles, de alterar la bala que mató a Mariano Ferreyra, hecho por el cual ha sido condenado con sentencia firme.

Se llegó al juicio oral con un caso sólido, donde también fue determinante la lucha constante de la familia de Mariano, el acompañamiento de los amigos, las organizaciones políticas y sociales, y de la sociedad en su conjunto que se conmovió ante tan terrible muerte política.

El CELS, que representó a la familia, aportó su capacidad de trabajo en distintas áreas, tanto a nivel jurídico como político, como en el apoyo a los familiares de Mariano, con el objeto de transitar el camino de la justicia con la firmeza que se requería. Estamos orgullosos de haber sido un engranaje más en el proceso colectivo contra la impunidad.

El Tribunal Oral 21 condujo prolija y firmemente el juicio. Iniciado el juicio, el equipo del ministerio público se fortaleció con la intervención del Fiscal Gamallo. Nueve meses de debate y catorce condenas, en un fallo que como hecho judicial marcó un antes y un después, no solo por las condenas, sino también por el modo en que se explicó el veredicto. Más de dos años más tarde, la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal dio su última palabra en un fallo que, a pesar de la disidencia parcial de Catucci, ha sido ejemplar.

A pesar del trámite procesal del caso en el marco de un modelo de procedimiento napoleónico, solo “eficiente” en delitos no complejos contra la propiedad, la voluntad de investigar, perseguir y sancionar a los responsables pudo vencer los obstáculos que ese modelo procesal establece regularmente en los casos complejos.

El caso constituye un gran avance en el proceso de verdad, justicia y reparación para la familia. La condena social a quienes lo asesinaron, el rol de las autoridades judiciales, el apoyo de los organismos de derechos humanos y la sociedad en su conjunto y la determinación política en avanzar hacia todos los responsables hicieron posible este logro.

A menos de cinco años, un caso complejo ya tiene sentencia condenatoria confirmada por el máximo tribunal penal de la jurisdicción nacional. Una sentencia que más allá de los tecnicismos jurídicos, más allá de las discusiones sobre el dolo o sobre la prueba indiciaria, ha establecido en sus 262 páginas que a Mariano lo mató la violencia sindical e institucional.

Se confirmó la responsabilidad penal de Pedraza y del resto de los ferroviarios. También se confirmó la responsabilidad policial tal como lo había establecido la sentencia del juicio. Por primera vez, dos jefes policiales a cargo de un operativo son condenados por homicidio por no proteger a los manifestantes. Se trata de un caso que se traduce en una grave violación a los derechos humanos y que obliga a repensar muchas cosas que como sociedad no podemos seguir tolerando.

Un caso que a la vez mostró un impecable proceso de justicia, que reflejó que cuando existe voluntad hay avances. Cuando hay vocación en el servicio de justicia no hay impunidad. Un proceso que muestra que cuando la sociedad en su conjunto no mira hacia otro lado y acompaña, las cosas más impensadas pueden suceder.

Por haber formado parte del equipo de trabajo en el CELS y por representar a la familia de Mariano en este caso, por todo el apoyo, decimos gracias.


En especial, el agradecimiento va para Beatriz Rial, Pablo, Paula, Rocío y Ricardo Ferreyra, quienes dignificaron su dolor y lo transformaron en lucha tenaz contra la impunidad, sin perder la ternura jamás.


SENTENCIA DE CASACIÓN EN EL CASO DE MARIANO FERREYRA





I. La espera

Ayer llegamos con Maxi Medina a Comodoro 3,14 un  buen rato antes de las 10 de la mañana. Habíamos sido convocados por la Sala III como apoderados de la Sra. Beatriz Rial —madre de Mariano— para la audiencia de lectura de la sentencia de casación en el caso del asesinato del joven militante.

Cuando entramos, inmediatamente vimos a Pablo Ferreyra y nos acercamos a él. Ya nos habíamos enterado de que no habría audiencia y se limitarían a darnos copia digital de la sentencia. Tuvimos que pedir expresamente que nos hicieran el “favor” de imprimir la parte dispositiva del fallo. A los pocos minutos llegó Beatriz.

Nos habíamos dirigido al pasillo del primer piso —hogar de los casadores—. A las 10 de la mañana ya estábamos las querellas, junto con la madre, las hermanas y el hermano de Mariano, todos los defensores y hasta un par de imputados. Ya éramos demasiados.

Pasaba el tiempo y, todos muy ansiosos, nos enterábamos por la Secretaria de la sala —la única funcionaria que dio la cara— que tenía a los tres casadores revisando que se hubieran pasado las últimas correcciones al texto del fallo, antes de firmarlo. Las 10 de la mañana ya habían pasado hace casi una hora. Seguíamos esperando.

Alrededor de las 11:30, finalmente, sale la Secretaria con varias copias de los puntos resolutivos y nos las reparte. Para las copias digitales de toda la sentencia deberíamos esperar unos 45 minutos más.

La Sra. Beatriz Rial debió esperar de pie en un pasillo donde promiscuamente nos habíamos mezclado sus abogados, los abogados defensores de todos los imputados, la fiscal Gabriela Baigún, los abogados de la otra querella y hasta algunos imputados. Entre ellos, los defensores que durante el juicio insultaron la memoria de Mariano diciendo que formaba parte de una horda criminal, y aquél que dijo que a Beatriz la movían intereses puramente económicos.

¿Por qué? ¿Por qué los casadores ni siquiera se dignan a dar la cara, encerrados en sus lujosos despachos, mientras los usuarios del servicio de justicia esperábamos en el pasillo amontonados como ganado[1]? ¿Por qué nos convocan a las 10 si el fallo no estará listo a la hora convenida? ¿Por qué creen tener derecho a maltratarnos, a no respetar los horarios, pero sobre todo, a ignorar el lugar en que dejan a la madre y hermanos de la víctima? ¿Qué costaba, por ejemplo, ceder uno de sus despachos para permitir que el grupo familiar se sentara, pudieran tomar algún vaso de agua, o acceder al baño? Pero no, los civiles de a pie no “pertenecen”, ¿cómo se nos ocurre que se pueden sentar en sillas o sillones judiciales?

Cuando nos dan la copia impresa de los puntos resolutivos, me dirigí al grupo de familiares y comencé a leer, nervioso. Entre el lenguaje críptico de los fallos judiciales, el idioma en que están escritos, y mi pésima dicción, creo que nadie entendió nada. Cuando terminé de leer, la abracé a Beatriz y le dije “¡Ganamos!”. Entonces sobrevino la emoción, y todos comenzamos a abrazarnos.


II. La lectura del fallo

Después de que Beatriz partiera, fuimos con Pablo y los compañeros del CELS al bar de arriba de Comodoro 3,14. El bar para civiles. Allí Marquitos empezó a leer el voto de Catucci y nuestra indignación apareció.

Antes de que termináramos de leer al vuelo ese voto impresentable, todos debimos partir. Llegué a casa y me puse a leer el fallo entero.

No sé por qué razón, al comenzar la lectura me chocó mucho más que de costumbre el dialecto en el que escribieron los casadores. Quizá porque me imaginé a Beatriz tratando de comprender ese texto encriptado. Quizá por lo que me costó comprender ese texto encriptado.

Miren, por ejemplo, este párrafo de Gemignani:


Pero es solo un ejemplo. Los tres votos, especialmente el de Catucci, están escritos en ese extraño dialecto del castellano que se utiliza en los tribunales. Siempre nos hemos preguntado por qué razones escriben de ese modo. ¿Creerán que suena más culto? Esta gente, ¿entenderá lo que lee cuando está bien escrito? ¿Comprenderán el sentido del interrogante formulado ut supra? ¿Son bilingües?

No vamos a analizar el contenido del voto de la mayoría (Borinsky-Gemignani). Solamente deseamos mostrarles algunas citas del voto de la ganadora del Petiso Orejudo edición 2011, Liliana Catucci.

Catucci no pudo resistir su tentación de culpabilizar a las víctimas (los “desaforados”) cuando no son de su agrado:


En síntesis, unos desaforados los muchachos que se retiraban al ser atacados. Veamos ahora la percepción que tuvo Catucci de la patota y del grupo de manifestantes:


Queda claro que los ferroviarios de alguna manera protegían las vías, ¿no?


De repente las víctimas son igualadas a los victimarios, ambos son "camarillas en pugna". Y como los policías protegían las vías, cuando los ferroviarios comienzan a perseguir y a agredir a los tercerizados que se retiraban, ¿los polis seguían protegiendo las vías?

Por último, Catucci termina por crear una nueva categoría criminológica, que sienta las bases para una nueva concepción del derecho penal: el derecho penal de domicilio.


Con párrafos tan fundados como los que hemos reproducido, Catucci hizo un tremendo esfuerzo por absolver a Pedraza (recordemos que si vive en Puerto Madero debe ser inocente), y también por despegar a sus amigos de siempre, los “servidores públicos” —así los llama ella— Mansilla y Ferreyra. Afortunadamente, su voto fue una gloriosa disidencia y las sentencias de los imputados fueron confirmadas con los votos  (en dialecto) de Borinsky y Gemignani.





[1] Sí, ya sé, en mi caso quizá era lo apropiado.