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13 jul 2012

EDITORES DEL PUERTO CUMPLE 20 AÑOS


Nuestro más sincero agradecimiento
a todos nuestros autores, lectores y amigos








Editores del Puerto s.r.l. cumple hoy 20 años de trabajo ininterrumpido en la publicación, distribución y promoción de los aportes más valiosos y recientes en el ámbito del derecho penal, derecho procesal penal, derecho de ejecución penal, derecho contravencional, derecho penal juvenil, derecho penal tributario, derecho comparado, derecho internacional de los derechos humanos, derecho constitucional, libertad de expresión, teoría del derecho, criminología y ciencias sociales.

Ha corrido mucho agua bajo el puente desde que con Martín Abregú decidiéramos iniciar la editorial publicando La industria del control del delito, traducido por Sara Costa, del gran maestro Nils Christie.

El grupo de socios fue variando. Se incorporó Guillermo Jorge; se retiró Martín Abregú. Posteriormente Adriana Orlando reemplazó a Guillermo Jorge, y con ella somos los dos único socios de Editores del Puerto.






Sin embargo, el espíritu es el mismo, y seguimos dedicados a la producción de obras de vanguardia, de alta calidad académica pero que, sobre todo, estén orientadas a transformar la realidad social y a promover la defensa de los derechos humanos.

También intentamos mantener la editorial como un lugar de circulación y debate de ideas de los juristas más jóvenes, pues ellos hoy son los responsables de destruir todo lo que nosotros les hemos dejado, para construir algo mejor, en la continua lucha por diseñar las regulaciones humanas en un marco de mayor igualdad, equidad y solidaridad.



4 ago 2010

NILS CHRISTIE & EDITORES DEL PUERTO – PARTE II

¿Cuántos locos se requieren para publicar un libro?









Como ya contamos en la entrada anterior, habíamos recibido el contrato de la editorial noruega que tenía los derechos del libro del Prof. Nils Christie, La industria del control del delito. El contrato nos autorizaba a traducir del inglés al castellano la obra, y a publicarla y distribuirla en todos los países hispanoparlantes.



Cuando comenzamos el trabajo, nos dimos cuenta que conseguir los derechos fue la tarea más fácil. En primer término, tuvimos que transferir un adelanto que habrá sido de alrededor de USD 1.000 con la firma del contrato. Lo hicimos.



Luego tuvimos que conseguir quién lo traduzca. Afortunadamente, mi amiga Sara Costa se hizo cargo de la tarea, con una rigurosidad y un grado de profesionalidad acorde con las circunstancias. Dado que el libro tenía continuas referencias al derecho estadounidense, muchos términos o expresiones propias del derecho penal de ese país y del sistema de common law representaron un problema que Sara supo resolver.



A continuación tuvimos que hacer el armado del libro, esto es, volcar los documentos en Word que nos entregaba Sara al programa de diseño editorial más poderoso en ese momento, el Quarck. Martín y yo habíamos hecho un curso para aprender a manejarlo pero era muy complejo, y nuestra experiencia, inexistente.



También debimos lidiar con el tema del diseño de tapa y la impresión, otro campo desconocido. En este aspecto, volvimos loco al amigo Rubén Villela, de Editorial Ad-Hoc, para que nos asesorara. Reservada la fecha de ingreso a imprenta, nos atrasamos en el armado debido a nuestra inexperiencia. Debíamos entregarlo un lunes por la mañana a imprenta.



Trabajamos todo el fin de semana con Martín Abregú y Guillermo (Willy) Jorge, quien comenzó trabajando con nosotros y después se convirtió en el tercer socio de EDP. Recuerdo que Martín estaba tan apestado que parecía que hubiera sido el pionero como enfermo de gripe porcina. Finalmente, después de un esfuerzo que bien valió la pena, logramos tener los originales a tiempo para enviarlos a imprenta. Estábamos exhaustos los tres, pero nos quedó un poquito de energía como para destapar una botella de ron que permanecía cerrada demasiados días y realizar un brindis.



Así, con un pacto de amistad celebrado con un trago simbólico de ron con hielo, marchó a imprenta “La industria del control del delito”, primer contrato de Editores del Puerto s.r.l.






Tiempo después, cuando finalmente el Prof. Christie vino a nuestro país y lo conocimos personalmente, vio su libro y comenzamos a hacernos amigos de ese extraordinario, con Martín le dijimos:



- Jamás pensamos que Ud. nos mandaría el contrato firmado.



Y él nos miró con picardía y replicó:



- Y yo jamás pensé que ustedes me enviarían los mil dólares…