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18 ago 2017

FONTEVECCHIA: AUDIENCIA EN LA CORTE INTERAMERICANA






Midiendo el impacto de la decisión de la Corte Suprema argentina en “Fontevecchia” y otros casos fallados por la Corte IDH

Por Viviana Krsticevic

El lunes 21 de agosto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sostendrá una audiencia pública para supervisar el cumplimiento de la sentencia en el caso “Fontevecchia y D’Amico”, fallado en contra del Estado argentino.

Se trata de un caso de libertad de expresión motivado por la sanción civil impuesta a dos periodistas y confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) argentina en el año 2001, a raíz de un juicio promovido por el ex presidente Carlos Menem. En su sentencia, la Corte IDH determinó que la sanción civil constituía una restricción innecesaria a la libertad de expresión y pensamiento de los periodistas, asimismo, dispuso —entre otras reparaciones— “dejar sin efecto la condena civil impuesta”.

Uno de los temas centrales de la audiencia ante la Corte IDH es una nueva determinación de la CSJN argentina que desvirtúa el carácter vinculante de la resolución de la Corte IDH.

En su decisión, la Corte argentina cuestiona la competencia de la Corte IDH para disponer algunos tipos de reparaciones. El razonamiento del máximo órgano del poder judicial argentino sujeta algunas sentencias interamericanas —las que afecten a la CSJN— a un control adicional por parte de la judicatura local, rompiendo la lógica de la protección internacional de los derechos humanos.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos establece, en sus artículos 67 y 68, que las sentencias de la Corte IDH son obligatorias y definitivas. Asimismo, la jurisprudencia del tribunal sobre este tema es tan firme como el texto convencional.

Adicionalmente, es preocupante advertir que la CSJN evita analizar cómo debe interpretar la Constitución a la luz de los artículos adoptados por los y las constituyentes en 1994, teniendo en cuenta la historia del país y el compromiso con los derechos humanos, que determinaron la jerarquía constitucional de los tratados de derechos humanos, incluyendo expresamente a sus órganos de protección. La decisión de sujetarse a un orden jurídico internacional en materia de derechos humanos mediante la reforma constitucional de 1994, ha sido un acto tan soberano como el del constituyente de 1853, aspecto que debe ser valorado independientemente de si se adopta una hermenéutica constitucional originalista.

De esta manera, el fallo de la CSJN argentina pone en juego el alcance del cumplimiento de la sentencia de la Corte IDH a nivel interno y, en consecuencia la eficacia de las decisiones del sistema interamericano en el país. En consecuencia, la Corte Suprema argentina restringe los derechos de los y las ciudadanas a recurrir a la protección internacional.

Es importante advertir, que en especial en los últimos años, la interpretación armónica de los derechos consagrados por la Constitución Nacional con los tratados internacionales de derechos humanos, y la interpretación que de ellos han realizado los órganos de control (en especial la Corte IDH), redundó en una generosa jurisprudencia de la Corte Suprema argentina que, entre otras cosas, posibilitó la reapertura del proceso de Verdad y Justicia en ese país.

La Corte Interamericana ha dictado muy pocas sentencias relativas a Argentina, pero ellas y la jurisprudencia interamericana han servido para motorizar importantes cambios en favor de mayores niveles de protección de la libertad de expresión, los derechos de las personas privadas de libertad, las garantías del debido proceso, los derechos de la niñez y adolescentes y de las personas con discapacidad, por mencionar algunos. En los últimos cinco años, este tribunal interamericano ha dictado un promedio de 15 decisiones finales por año, en su mayoría, relativas a otros países. Respecto a la Argentina, en los 33 años desde la aceptación de la jurisdicción de la Corte, aquella ha resuelto menos de 20 casos individuales.  Ello convierte en la práctica a la Corte IDH en un tribunal importante para la protección de derechos humanos pero de intervención excepcional.

Para quienes seguimos el litigio interamericano es significativo observar que la audiencia de supervisión es pública ya que en general son privadas. Esta es una indicación a través de la cual la Corte IDH marca la importancia de la discusión, por su capacidad de repercutir en el resto de la región. En ocasiones el tribunal lo hace para generar un mayor impacto a una acción significativa de cumplimiento, o para llamar la atención sobre un debate valioso o sobre una conducta reprochable.  

En este caso particular, el debate y la resolución del tribunal serán muy importantes dadas las posibilidades de que la jurisprudencia de la CSJ repercuta sobre otros poderes judiciales de la región, debilitando la efectividad del sistema de protección regional de derechos humanos.


Los y las invitamos a estar pendientes de esta discusión y seguir de cerca la audiencia, en la que participarán los representantes de los agraviados del caso: el Centro de Estudios Legales y Sociales, al igual que el Relator de Libertad de Expresión, y representantes de la Comisión Interamericana y representantes del Gobierno argentino. 


Quienes estén en Costa Rica, podrán acercarse a la sala de audiencias de la Corte IDH para presenciar el debate, debiendo registrarse a través de la web de la corte. Para quienes están a la distancia, podrán ver la audiencia por la web: www.corteidh.or.cr


9 feb 2012

UN LUGAR ESPECIAL PARA HACER LA REVISTA “NO HAY DERECHO”


EL LOFT DE LA CALLE ANCHORENA








Un par de años antes de recibirme, mientras trabajaba de gerente en una empresa y odiaba mi trabajo, me mudé a un loft en Anchorena 1775, de la ciudad de Buenos Aires. El lugar quedaba entre mi oficina y la Facultad.


El punto A es la Facultad, el B mi casa, y el C la oficina


En esa especie de “galpón” (mi  viejo dixit) vivimos muchísimas historias del final de mis años de estudiante. Allí se creo la Revista “No Hay Derecho”, cuyo primer número salió a la venta en septiembre de 1990. En ese primer número trabajamos Víctor Abramovich, Martín Abregú, Mary Beloff, Alberto Bovino, Christian Courtis, Manuel Garrido, Viviana Krsticevic, Adrián Lerer, Martín Moncayo, Dahppne Pallopolli, Ale Rua, Roberto Saba, Miguel Sama y Marcelo Sgro.

Pero antes de hablar de “No Hay Derecho”, querríamos contar otras pequeñas historias que pintan el ambiente del departamento de la calle Anchorena. Antes que nada, el loft era un lugar fiestero. ¡Quietos esos ratones! … era fiestero porque allí nos reuníamos en todo tipo de fiestas.

La primera fiesta fue para inaugurar el departamento. Había tres grupos de invitados. Mis amigos y compañeros de la Facu, mis compañeros de trabajo en la empresa, y mis amigos de Concepción del Uruguay. Fue la fiesta más concurrida, hasta hubo música en vivo con una banda cuyo nombre no recuerdo. Detalle: los tres grupos de invitados permanecieron separados toda la noche.

Esa fiesta la organicé yo. Sin embargo, lo más usual sucedía de este modo. Mientras caminaba por algún pasillo de la Facu:

—¡Hola Bovino!

—¿Qué hacés? ¿Cómo va… ?

—Esta noche nos vemos…

—¿Nos vemos… ?

—Sí, en la fiesta, en tu casa…

Y así me enteraba de que “yo” hacía una fiesta. Siempre había más colados que invitados, pero eso estuvo bien. Amplié mi círculo de amistades notablemente.





En otra oportunidad, me había llamado la producción de Pergolini para pedirme prestado el loft con el objeto de filmar algo para el programa. Estuvieron casi todo el día. Recuerdo que le había pedido a Ariel Garrido que se quedase en casa, ya que el departamento sufriría una invasión de pergolinianos.

Yo pensaba que no podría salir de la oficina en todo el día, pero finalmente me escapé temprano y me fui a casa. Cuando salía del montacargas —que daba directamente al departamento— vi muchísima gente y una serie de aparatos raros que hacían lucir a mi casa como un set de televisión.

Atravesé toda mi casa, vestido de traje y sintiéndome un bicho raro. Había un grupo de mujeres muy bonitas y muy vestidas en una de las esquinas de la casa. No miré demasiado porque yo iba a mi cuarto a cambiarme.

Antes de entrar a mi cuarto había un escalón. Distraído como siempre, levanto el pie para subir el escalón y de repente me choqué con alguien. Cuando me di cuenta, mi nariz había quedado en el medio del par de lolas de una rubia espectacular, tan alta como bonita…

—¿Y vos quién sos?

—¿Cómo quién soy? El dueño de casa…

Y ahí esperé que me dijera puteadas varias y saliera de mi cuarto, para poder entrar a cambiarme. Después me senté con Ariel en la mesa del comedor, a ver cómo filmaban. La escena era un tanto sexista, y el grupo de mujeres eran las célebres “¿How much?” de Pergolini.



Otra fiesta. Esta vez era una fiesta “culta” y tranqui, pues un conocido profesor de nuestra Facultad presentaba un libro o un nuevo número de la Revista “No Hay Derecho”, da igual.

Luego de las jurídicas presentaciones, como de costumbre, se armó fiesta. Lalo Rodríguez cantaba “Devórame otra vez”. Avanzada la noche, alguien vino y me pidió permiso para usar el teléfono. Debía llamar al CEMIC para que enviaran una ambulancia, me dijo. Le dije que sí, por supuesto, y le pregunté qué pasaba. Me respondió que una señora se sentía mal, que no sabía qué le pasaba pero que necesitaba un médico. Esta persona llamó.

Al rato me había olvidado de la emergencia médica, y andaba haciendo de anfitrión. De repente vi que entraban dos paramédicos con una camilla con rueditas. Los invitados, a esa altura de la jornada, se hallaban mucho más alegres y jocosos que de costumbre. Probablemente por esa razón los paramédicos llegaron hasta la mitad del departamento sin tener la más puta idea de qué debían hacer, pues todos los interrogados se les habían cagado de risa.

Cuando advertí, por su cara de perdidos, lo que sucedía, fui a su encuentro y les dije que me siguieran, que la persona enferma estaba reposando en mi cuarto. Obedientes, me siguieron. Entramos todos a mi cuarto, y recién ahí vi a la “enferma”, que los paramédicos se llevaron rápidamente.

No estaba nada enferma, estaba más borracha que una cuba, y me había vomitado toda la cama. Me quedé solo en mi cuarto, puteando bajito por la baranda a vómito. Me asomé a la puerta y, finalmente, vi como los paramédicos se llevaban a la borracha, seguidos por su marido, el conocido profesor.



¡Pero no todo era joda en la casa de Anchorena! Aunque Ud. no lo crea, también trabajábamos… He aquí uno de esos momentos de trabajo en el que, para variar, hice el ridículo frente a mi amiga Gabriela Alonso, contado por ella misma:


¡¡¡Por fin me tocó un protagónico!!! Me desolaba no encontrarme en alguno de tus tantos mementos fotográficos. Yo recuerdo TODO. Era una de las fabulosas fiestas en el loft de Anchorena, con una particularidad. Nosotros nos dedicamos a la pre-producción, Alberto.

Vos habías escrito un artículo sobre la práctica de la circuncisión femenina en ciertas comunidades aborígenes, y explorabas las limitaciones de la normativa penal al no desprenderse de la ortodoxia y tipificarlas como lesiones graves y gravísimas.

El día posterior a la fiesta volví a tu casa e hicimos una última o penúltima corrección del texto en sí, no del contenido -—yo era secretaria de redacción de Lecciones y Ensayos y me fascinaba la corrección de las pruebas de galera, de modo que para mí había sido una experiencia surrealista la del permiso a ingresar a la elite de “los ricos y famosos de Penal”.

Mirá qué grado de nitidez y fidelidad tiene mi recuerdo: vos leías el texto en voz alta y yo te seguía, artículo en mano, para sugerir cambios y correcciones menores. Cuando llegabas al fragmento del trabajo que describía brevemente cómo se practicaba efectivamente la circuncisión femenina ... buscaste la excusa de ir por una gaseosa y al retomar, te lo salteaste viejo!

Me costó tanto no reírme ... y hoy lo recuerdo de la misma manera, yo creo que ese día empezamos a ser verdaderamente amigos. Vale aclarar también, como lo hacés con Vivi según leí que, dado que comenzaste a estudiar Derecho a los 25 años, también yo soy considerablemente más joven.

••••••••••• Fin del relato de Gabriela •••••••••••

¿En qué estábamos? ¡Ah! En cómo comenzamos con la Revista “No Hay Derecho”. Pero ésa es otra historia…

16 feb 2009

CÓMO SECUESTRAR A UN PERITO


DESVENTURAS DE UN PERITO EN LA CORTE INTERAMERICANA

LA SEGUNDA PARTE PROMETIDA





Después de una excelente cena, cada uno marchó hacia su cuarto, con apuntes, cuadros, códigos glosados, and so on. Deben haber sido las 7:30 am cuando sonó el teléfono del hotel y me dieron ganas de matar a alguien, pero desistí y, en vez, fui al baño del cuarto de hotel, y luego de ritos varios salí del cuarto del Hotel Jade con una prolija carpeta con papeles, mi notebook con la manzanita, traje negro, medias negras, camisa blanca, alguna corbata supongo, y zapatos negros acordonados. Impecable, si hasta parecía un perito en derecho.

En el desayunador me encuentro con el Prof. Grossman y con Elizabeth Abi-Mershed, una de las mejores abogadas de la Comisión. Viviana estaba con ellos, y cuando me acerco a saludar uno de ellos me informa que a mí me interrogaría Viviana. No hay problema, todo bien.

Café, medialunas, huevos fritos con algo que parecía jamón cocido pero sabía a plástico, y con la panza llena partimos hacia cien metros al norte del espún de los ioses, esto es, hacia la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El edificio es muy bonito, si hasta no parece un tribunal, lo mismo que toda la propiedad.




Había tres señores por el Estado demandado. Por la Comisión estaban el Prof. Grossman, Elizabeth, Viviana y tres asistentes. Concurrieron nueve testigos ofrecidos por la Comisión, y también los dos peritos (ver Sentencia de 19 de noviembre de 1999, párr. 56). Uno de ellos era el médico forense Roberto Carlos Bux (párr. 66.a), el otro era yo, o sea, Bovino, quien, según la Corte, soy experto en derecho penal, derecho penal procesal y derechos humanos" (párr. 66.b).

Hasta ahí, todo bien. Casi sin advertirlo, y con Vivi que me decía medio por señas "andá que está todo bien". ¿A qué no adivinan dónde nos llevaron? Nos secuestraron como a los testigos, para que no podamos ver la audiencia... Lo que nadie pareció advertir es que la declaración de los peritos no es idéntica a la de los testigos y, por ello, ¡NO HAY RAZÓN ALGUNA PARA ESE HUMILLANTE AISLAMIENTO, que tuvo lugar en el balcón circular ése que podrán ver en la bonita foto del post anterior al frente del edificio de la Corte.

Además, al habernos secuestrado y depositado en el mismo lugar, lograron lo contrario a lo que buscaban: dado que el único tema en común que teníamos las nueve personas citadas como testigos, y los dos citados como peritos, nos pasamos todo el día hablando del caso, que era el único tema que no debíamos tocar.

Eran casi las 10 am, la audiencia no había comenzado, y yo le hacía señas, desesperado como un náufrago que hace diez años no ve a otro ser humano, a toda persona que anduviera por allí. A pesar de mi pinta de perito, ni uno solo de todos esos me dio ni cinco de bola.






Al rato comenzó la audiencia, con lo cual perdí toda esperanza, pero la esperanza volvió en el cuarto intermedio, de nuevo infructuosamente. Bueno, me dije, tendré que esperar hasta el mediodía, por cuando nos saquen a almorzar a mí no me hacen entrar de vuelta ni con la caballería montada.

El mediodía no llegaba, y no llegaba, y toda mi ilusión de ver por primera vez una audiencia ante la Corte Interamericana desaparecía. Y el tiempo pasa, ¡y parece que nos vamos a comer porque hicieron el cuarto intermedio para almorzar! Sí, recuperaré mi libertad y seré feliz nuevamente. Y sí, el tiempo pasó, pero nadie se acordó de nosotros, que seguíamos en ese maldito balcón que alguna vez me había parecido muy lindo. Pero lo más, más cruel de todo fue que pude ver cómo se iban todos a comer, dejándonos abandonados, y vi a Viviana caminando sin preocupaciones y charlando con el Prof. Cancado Trindade.

Con los ojos llenos de sangre, empecé a sacudir la puerta del maldito balcón como un psicótico. Finalmente, vino un señor vestido con pinta de ser un guardia, y le expliqué que, por supuesto, estábamos aquí porque se habían olvidado de nosotros, y que debíamos salir a almorzar.


- No señor, nadie se ha olvidado de Ud. ni de los demás.

- ¿Y ME PUEDE EXPLICAR ENTONCES QUE HACEMOS AQUÍ ENCERRADOS?

- Están esperando su comida...

- ¿VAMOS A ALMORZAR AQUÍ?

- Sí, señor testigo...

- ¡NO SOY TESTIGO!

- MIRE SEÑOR, O SE SIENTA AHÍ A ESPERAR LA COMIDA O...



Y me fui puteando bajito de vuelta a mi asiento. Volvieron de comer los privilegiados, continuó la audiencia y, por supuesto, los nueve testigos declararon antes que los dos peritos y, también, el otro perito declaró antes que este perito.

Después de una bella jornada completa de tour intensivo y forzoso sobre el balcon del edificio de la Corte Interamericana, finalmente, me llamaron para que declare. La verdad, todo fue tan intenso que me olvide del secuestro, del maldito balcón y de la comida horrible que nos dieron al mediodía.

Primero, me pareció muy bueno que ante la Corte, las partes deban acreditar a sus peritos por sus antecedentes. Yo había trabajado más de un año en Guatemala, había escrito un libro y había capacitado a muchísimos operadores jurídicos. Es por ello que Viviana comenzó a interrogarme por mis antecedentes guatemaltecos.






A continuación, Viviana me hizo la primera pregunta sobre el objeto de mi peritaje, y comencé con un relato lo más claro, ordenado y preciso posible, sin faltar a la verdad. Debo confesar que las autoridades judiciales intervinientes me ayudaron muchísimo, pues no dejaron irregularidad por cometer.

Comencé por la etapa inicial de la investigación de la desaparición y posterior ejecución de los niños Henry Giovanni Contreras, Federico Clemente Figueroa Túnchez, Julio Roberto Caal Sandoval y Jovito Josué Juárez Cifuentes, y al homicidio de Anstraum Aman Villagrán Morales. Continué con la etapa formal de investigación, y seguí con el juicio. Por último, finalicé con el procedimiento recursivo, tan desinteresado en el hallazgo de la verdad como todo lo anterior.

Terminado mi relato, que me habrá llevado entre media hora y 40 minutos, varios jueces me hicieron preguntas. Pero había uno a quien ahora no puedo identificar que me volvió loco con la pregunta acerca de si yo hubiera condenado o no. Le expliqué varias veces que yo no había escuchado las declaraciones, que no había tomado contacto con la actividad probatoria. Hasta que medio me obligó a decirle que sí, que bajo ciertas circunstancias, podría haberlo condenado.





Cuando creí que había terminado, viene la repregunta del Estado. Yo pensé: (estos tipos me van a empezar a preguntar sobre los números de las leyes, para dejarme en ridículo). Pero no, la única pregunta que me hicieron los representantes fue una solo una,



¿A QUÉ NO SABEN CUÁL FUE ESA PREGUNTA?

A QUIEN ADIVINE, UN LIBRO DE EDITORES DEL PUERTO



EPÍLOGO


Más allá de toda broma, mi intervención en el caso de los cinco niños de la calle ejecutados por la policía, creo, fue muy positiva. Creo que más allá de los vanos intentos de defensa del Estado, mi obsesiva intervención y la atención que prestaron los jueces, unidas al excelente trabajo de CEJIL de volcar de manera clara y resumida la información y conclusiones obtenidas en mi peritaje produjeron excelentes resultados en el marco de la actividad probatoria. Si se leen los hechos que la Corte consideró probados en cuanto a la calidad de la investigación guatemalteca se podrá apreciar la influencia de nuestra intervención. Y eso no es dicho con vanidad, sino con la alegría de saber que hemos hecho bien nuestro trabajo y que, por eso, se hizo justicia.





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