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11 oct 2011

HISTORIAS DE LA FACULTAD – Episodio 7

Una mañana feliz

Por AB







Noche del lunes feriado. Caí muerto sobre la cama como una bolsa de papas, pero ella aguantó estoicamente. Serían las 3 AM. Me acordé que debía programar el despertador —objeto que se usa poco en mi casa— a las 9:45. Un horario inusual por lo temprano en mi caso que, además, nunca utilizo el desertador.



El señor molesto empezó a sonar como un enajenado 15 minutos antes, como para arruinarme la mañana. Me levanté, desconecté la alarma y me eché un “ratito” en la cama. Cuando abrí los ojos eran las 10:10 AM. Tenía que bañarme, vestirme de traje y corbata y estar allí a las 10:30. Era obvio que no llegaría, pero debía llegar, aunque fuera tarde.






Elegí un traje marrón oscuro y lo dejé sobre la cama. Entré en la ducha, me cepillé los dientes y me peiné. Dejando de lado toda la sabiduría de ese dicho  que afirma:



                               Vísteme despacio que estoy apurado…



… corría desesperadamente por la casa. Me costó unos minutos elegir dos medias negras e iguales. Calzoncillo, pantalón del traje, y suspenso para ver si me cerraba. Con mucha fuerza y voluntad, entró. Saco la mejor camisa, que era para gemelos. No encuentro los gemeles, mientras iba dejando todo tirado en el camino.



Intenté usar una abrochadora para unir los puños de la camisa ya que no encontraba los gemelos. Pero al ponerme el saco las gemelos no los necesitaba, así que desistí de la abrochadora. Verifiqué que mis dos zapatos fueran marrones y del mismo modelo. Salí corriendo. De zapatos, camisa y corbata. Y la corbata a medio hacer y con necesidad de que use la abrochadora. El pedazo de tela que parecía sobrar quedó escondido por mi curiosa habilidad de reemplazar hilo y aguja por una linda abrochadora.



Bajé en el ascensor, apuradísimo, eran 10:40. Para colmo, cuando salgo del ascensor sube una señora con un carro con varias cajas pesadas. Con todas las ganas de huir hacia la calle, esperé eternamente que la mujer que subía al ascensor terminara de subir unas cajas que llevaba, le cerré ambas puertas. No sabía si llegaría a tiempo.



Tiré el cigarrillo que estaba fumando, me subí al primer taxi que tuve a mano, traté de relajarme y le pedí al conductor que me llevara a la Facultad de Derecho.



Si bien llegué algo tarde, pude dar el presente luego de encontrarme y saludar a Cristina Caamaño y Fernando Susini. Cuando entramos al salón de actos desde el Foyer, Cristina y Fernando se sentaron en la primera fila. Ahí fue cuando me dí cuenta de que mis medias azules no combinaban con mi traje y mis zapatos marrones. Bue… un detalle; un detalle que deben haber visto las aproximadamente 600 personas que había en el salón… A los pocos minutos, ví a Romy (Ávila), que me miró con alegría desde la primera fila.



Una dulce Romy. Cuando me pidió, con algo de vergüenza, que le entregara su título de abogada, me dijo:



¡Hola! Bueno, te comento tengo fecha de jura, el 11 de octubre, y claro que mi mayor deseo sería recibir mi diploma de tus manos, pero lamentablemente es a las 11 de la mañana, con lo cual, se que estarás muy ocupado, y no te voy a molestar por nada del mundo.



Le respondí lo siguiente:



Romy, no estoy ocupado el 11 a las 11, estoy durmiendo, y te repito, no es una molestia sino una alegría para mí. Solo que me cuesta levantarme pero no te preocupes, gracias de nuevo. Allí estaré.



Repito, una dulce, Se preocupó por usar el eufemismo de que yo “estaría ocupado” ese día a esa hora y, encima, me informó que tenía un regalito para mí.



El acto transcurrió regularmente. El momento en el cual le entregué el título a Romy fue, para mí, muy emotivo. Son esos escasos momentos en los cuales uno registra que la docencia tiene muchísimo sentido, pues no hay mejor reconocimiento que el de nuestros estudiantes. Muchos de ellos no lo saben, pero nos dan a nosotros, sus docentes, muchísimo más de lo que reciben a cambio.



Cuando terminó el acto, Romy se acercó y me pidió que por favor fuera con ella hasta donde estaba su familia, que me querían conocer. Saludé a todos  ellos, y sentí sus expresiones de agradecimiento. Otro momento emotivo como pocos. Finalmente, antes de que me despidiera, Romy pasó de santa a genia. Me entregó una bolsa de regalo diciéndome que era un regalito para mí.



Le recordé que el hecho de haber sido elegido por ella para entregarle su título es uno de los regalos más lindos que recibimos los profesores, que con eso ya era más que suficiente. Igual tomé su regalo, agradecido.



Cuando me estaba despidiendo, advertí la marca que lucía la bolsa e identificaba el negocio donde se había comprado mi regalo. Entonces largué una carcajada —más agradecido aún—, y le dije “no podés… Con la fama que tengo, me hacés salir delante de todos con una bolsa de Winery”.





Le agradecí nuevamente por todo y mientras dejaba la facu bolsa de Winery en mano, pensé que a esta altura de los acontecimientos, una bolsa de Winery con una botella de tinto de primera en nada afectaría mi reputación. Y pensé que hasta en eso, me debía sentir agradecido hacia esta joven, y leí la tarjeta que me entregó con mi delicioso regalo:



 ¡Gracias a vos, Romina Ávila!

25 feb 2011

¿Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERME? II

EL DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO
ME BAUTIZÓ COMO "ALFREDO"





15/05/2009

Señor Profesor
Dr. Alfredo Bovino
S/D

Por este medio pongo en su conocimiento que, conforme informe remitido por la Dirección de Registros Académicos, en cumplimiento de la Resolución 3385/06 del Consejo Directivo, se habrían verificado cuatro (4) inasistencias en el mes de marzo del año en curso en la Comisión 3 a su cargo, a saber: 09, 16, 19 y 26.
Por este motivo, solicito tenga a bien hacer saber a este Departamento los motivos de las inasistencias informadas y el día en que las clases serán recuperadas, a fin de informar a la Comisión de Enseñanza del Consejo Directivo, tal como lo establece la resolución ya citada.

Sin otro particular, lo saludo atentamente.


Dr. Mario Héctor Resnik
Director Departamento Derecho Público I

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NO RESPONDÍ

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16/06/2009

Señor Profesor
Dr. Alfredo Bovino
S/D

Por este medio pongo en su conocimiento que, conforme informe remitido por la Dirección de Registros Académicos, en cumplimiento de la Resolución 3385/06 del Consejo Directivo, se habrían verificado seis (6) inasistencias en el mes de abril del año en curso en la Comisión 3 “Garantías Const. del Derecho Penal” a su cargo, a saber: 06, 13, 20, 23, 27 y 30.

Por este motivo, solicito tenga a bien hacer saber a este Departamento el día en que las clases serán recuperadas, conforme el art. 3° de la mencionada Resolución.

Sin otro particular, lo saludo atentamente.

Dr. Mario Héctor Resnik
Director Departamento Derecho Público I

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Sr. Prof. Dr. Mario Resnik:

Las inasistencias mencionadas no se han "verificado", a lo sumo lo que se pudo haber verificado es el hecho de que no haya firmado la planilla. He tenido inasistencias, aunque no sé cuántas. De lo que estoy plenamente seguro es de que no desaparecí seis clases en el mes de abril.

Cuando he tenido que faltar a la clase, ésta jamás fue suspendida o levantada, pues concurría otro docente en mi reemplazo. He tenido que viajar con motivo de seminarios, conferencias y congresos, que también son parte de la actividad académica.

Lo que también es seguro es que en muchas oportunidades no puedo firmar la planilla debido a que la retiran antes de que uno finalice la clase. Cada vez que llego a la Facultad a la hora en que comienza la clase o algunos minutos después, me dirijo directamente al aula, pues creo que es más importante aprovechar el tiempo con los estudiantes antes que firmar en una carpeta.

De todas maneras, si me explican cómo debo recuperar las clases de mis ausencias "verificadas" con un sistema digno de una fábrica de principios del siglo pasado, me someteré de modo obediente a lo que disponga el art. 3 de la Resolución que Ud. invoca.

Aprovecho para informarle que el próximo jueves no asistiré pues estaré en Costa Rica dando un seminario.

Cordiales saludos,

Alberto Bovino

24 feb 2011

¿Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERME?

ALFREDO SE FUE AL CARAJO...



Alberto Bovino - 18 de febrero

Estimados amigos: Tengo varios interrogantes.

1) Que es la Resolución (CD) Nº 668/00

2) ¿Por qué mi materia siempre sale solo en la primera inscripción, aún si el curso tiene poco estudiantes?

3) ¿No han solucionado aún el tema de mi nombre de pila?

4) Me podrían enviar la Resolución por mail y la firmo cuando comienza el curtoi

Cordiales salidos,

ABovino

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Departamento Público - 23 de octubre

Estimado Dr. Bovino:

1) La Resolución CD 668/00 establece el procedimiento para subsanar errores u omisiones en las actas definitivas de cursos y exámenes. En su caso, se ha tenido que labrar un acta complementaria por un error en la nota de la alumna Demaras Luzuriaga Karen Rosario, con fecha 22/07/2010. El art. 10º dispone que "Se dejará constancia en el legajo del docente que cometiera en cinco oportunidades errores u omisiones en el acta de calificaciones definitivas, tal situación. Asimismo, se le informará al Consejo Directivo para su conocimiento".

2) Es una decisión de Secretaría Académica. Eventualmente podrá consultarlo allí.

3) Hemos solicitado la corrección de su nombre de pila, pero, lamentablemente en cómputos no lo han registrado. Enviaremos nuevamente una nota firmada por el Director reclamado tal cuestión.

4) La resolución no podemos remitrla por mail porque no tenemos manera de digitalizarla en el Departamento.


Saludos cordiales,

Alguien del Dpto. Público

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Alberto Bovino

Estimadx n.n.:

1) No sé de que se trata, y aprovecho para informarle que todas esas situaciones han sido solucionadas, y que en la última oportunidad el error se debió a que me desmayé durante el examen final y el médico de la Facultad me ordenó ir a una Clínica. Pueden hacer las anotaciones que quieran en mi legajo e informar al Consejo Directivo, y no veo por qué debo pasar por allí a notificarme.

2) Consultaré con Secretaría Académica.

3) El error sobre mi nombre de pila ha sido responsabilidad exclusiva de la Facultad. Éste es el segundo o tercer año que sucede, y hay estudiantes que no se anotan en el curso, que se da una vez al año, debido a su negligencia. Los que logran averiguarlo es porque se comunican a mi mail privado o a mi página personal de facebook para sacarse la duda preguntándome a mí por el error de ustedes. Supongo que habrá algún reglamento, resolución o circular que atribuya responsabilidad a alguien, que deje constancia en el legajo del responsable, y que informe al Consejo Directivo, y que solucione los problemas causados a los estudiantes.

4) La respuesta del punto 4 me parece absolutamente irracional. Hasta que no reciba por cualquier medio el texto de la resolución no me daré por notificado. Lo pueden pasar por facsímil al 4375-4209 (espero que tengan facsímil).

Aprovecho la oportunidad para que el Departamento evalúe la calidad de los demás cursos de esta materia por la calidad de sus contenidos y metodologías de enseñanza, y no por perder el tiempo intercambiando notas. Si desean que no de más este curso porque pertenece al área de Derecho público, rama del derecho que parece ser de su exclusiva propiedad, sería mejor que me lo dijeran de frente y regreso a mi departamento.

Cordiales saludos,

ABovino

15 ago 2010

Historias de la Facultad – Episodio 6 (final)

¿Mi última materia?




Antes de leer esta entrada, ver la primera parte aquí.


¿En qué andábamos? ¡Ah! En que estaba cursando la que podría ser mi última materia de abogacía, en que tenía un profesor que era un forro al cuadrado, y en que no había dejado nada por hacer para evitar que me hiciera de goma en el final.


Es curioso eso de la “última materia”. Cuando comienzan los cursos que damos en la Facu —y digo “damos” porque incluyo a Edgardo Salatino, Esteban Chervin, Tamara Tobal, Cristian Penna, Josefina Minatta, Luciana Pierbatistti, Agustín Cavana y Mauro Lopardo— les advertimos a los estudiantes que no nos deben informar que se trata de su “última materia”. En realidad, la expresión es incorrecta, pues solo se puede afirmar eso si se supedita a una condición: aprobar la materia.


El examen


Volviendo a diciembre de 1990. Estamos todos los estudiantes del curso esperando para rendir el examen final con el tirano éste, nuestro profesor de economía. Seríamos unos quince. El cara de muñeco llega, entra al aula sin saludar, se sienta en el escritorio, saca unos papales y toma unas notas. Nosotros no sabíamos si entrar o quedarnos afuera. De repente se escucha:


—Que pase Bovino…


“Cagamos”, pensé, yo no soy el primero en la lista… Puse cara de infante de marina y caminé estoico hasta el asiento frente al escritorio.


—A ver… Dígame qué sabe sobre el “triángulo poblacional”*.


Me puse contento. A ese tema lo tenía reclaro. Empecé a hablar, expliqué ordenadamente las distintas cuestiones sobre el tema, utilicé el pizarrón para hacer unos gráficos que él nos había dado; era como si estuviera dando una clase. Cuando terminé de hablar, me senté y pensé “¡Estoy en el horno!”.


¿Por qué? Porque recordé que ese tema me había costado, y que por ese motivo, una de las últimas clases falté para quedarme en casa a estudiarlo, hasta que finalmente, después de mucho esfuerzo, lo entendí acabadamente. Recuerdo que luego, la primera vez que nos reunimos con una compañera a prepararnos para el final, le conté feliz que por fin había entendido ese maldito tema. Y ella me dijo:


—Pero Alberto, ¿para que lo estudiaste? Si el tirano dijo en la anteúltima clase que no nos preocupemos con ese tema que no lo iba a tomar en el final… ¡Ah! Fue a esa clase a la que vos faltaste, y me olvidé de decírtelo…


El enfermo éste siguió preguntándome sobre todos los temas del programa. Contesté correctamente todas y cada una de las preguntas. Después de todo, de algo me había servido haber estudiado micro y macroeconomía en Económicas. Me torturó una media hora más y me hizo salir.


La espera


Yo había dado examen como a las dos de la tarde. Eran las ocho y le estaba tomando al último de los estudiantes que se había animado a dar examen. A mi juicio, el examen era una masacre. A ninguno le tomó el tema del “triángulo poblacional”, ni le hizo preguntas muy difíciles. El problema es que casi ninguno de mis compañeros entendía mucho de qué hablaba, porque este imbécil había sido un pésimo docente.


Supuestamente, mi compañera también se recibía si aprobaba. Era de una ciudad de provincia de Buenos Aires, y la familia había ido a verla dar su “último examen”. Cuando salió de rendir, salió contenta, convencida de que le había dio muy bien. A mí se me retorcían las tripas y no me salía decirle que, a mi juicio, la había desaprobado. De eso estaba seguro.


También estuve seguro, durante la interminable espera, de que yo había aprobado. Sin embargo, con el transcurso de las horas me daban ataques paranoicos y terminaba convencido de que este miserable me iba a clavar un dos. Total, ¿cómo iba a probar yo que no podía calificarme con un dos?


Salió el último estudiante. El economista pidió de mal modo, como era su costumbre, que saliéramos todos y cerremos la puerta. Esperamos ansiosos unos minutos, hasta que se abrió la puerta y este insano salió.


Para nuestra sorpresa, no dijo ni una palabra, nos ignoró y caminó rápido en dirección a Bedelía. Todos lo seguíamos en silencio, hasta que yo comencé a implorarle


—Profesor, por favor dénos las notas… Solo le llevará dos minutos. Muchos de los que rindieron podrían recibirse con esta materia…


El tipo nada, inmutable, caminaba rápido con la mirada fija hacia delante como si nosotros no existiéramos. Parecía ciego y sordo, pero en realidad era solo un reverendo hijo de puta. Entró a Bedelía, dejó las notas y desapareció. A esta altura, no pensaba que me podía haber desaprobado, estaba seguro.


Las notas


Cuando se fue, entramos a Bedelía y como ese día no podíamos tener más mala leche, solo vemos a la empleada de Gasalla. Para quienes hayan visto ese personaje en la tele, esa vieja de mierda existe (o existió), y trabajaba en Bedelía en esos años. En realidad, no era la misma vieja; era la hermana melliza, y la más mala de las dos. Le pedimos las notas.


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!!! ¿¿¿¿ME VIERON CARA DE BEDEL?????



—Pero señora, entiéndanos… hace horas que esperamos la nota, y el profesor se fue sin decir una sola palabra…


—¡¡¡¡Y AMÍ QUÉ ME IMPORTA!!!! ¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!


Esta vez bajé la voz, porque tenía miedo de que la vieja estuviera poseída por el demonio.


—Señora, algunos nos podemos recibir…


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!


Y de vuelta, mis frenos inhibitorios me jugaron una mala pasada…


—Mirá vieja de mierda, eso nos quedó claro, ¿por qué no te vas a la concha de tu madre?


Mis compañeros me sacaron de bedelía a los empujones. Todos estábamos ahí afuera esperando desconcertados, y el maldito bedel no aparecía. Harto de esperar, volví a entrar a Bedelía.


—Señora, discúlpeme, si la insulté fue por bla, bla, bla… ¿no nos podría dar las notas?


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!!...


—Pero andate a la recontraputa madre que te parió, vieja chota, malparida…


Mis compañeros volvieron a sacarme a empujones. Al rato llego el ganso del bedel, y leyó las notas.


—Andrade, ausente; Amelano, dos; Benítez, uno; Bovino, seis…


Ya no escuché más nada. Después de eso no recuerdo mucho. Sí recuerdo que a mi pobre compañera de estudio la desaprobó. Después de algún tiempo, salí de la Facu, bajé las escaleras y tomé un taxi. La tensión y la angustia sufridas toda esa larga jornada me hizo largarme a llorar de modo incontenible. El taxista se dio vuelta y me dijo:


—¿Qué pasó? ¿Lo bocharon?


—No, no… me recibí…


˛¿Y entonces por qué llora?



* El tema es inexistente, solo recuerdo que era un tema de demografía.

8 ago 2010

Historias de la Facultad - Episodio 6


Mi última materia


Por AB






Dedicado al niño hinchapelotas que todos llevamos dentro

para que no crezca jamás...


Me había anotado en esa materia porque debía recibirme ese cuatrimestre sí o sí. De tanto abandonar cursos porque los profesores eran BQDC (Boludos Que Dan Clase), para no atrasarme medio año más, debí dar una materia libre, una en el régimen de curso dirigido, una en un curso en el cual se robaba, y así.



Mi última materia, sin embargo, no entraba en ninguna de las anteriores. Se trataba de una materia de economía —ya no recuerdo su nombre, ni el del profesor—. Desde el comienzo, me cayó mal el profesor. Se decía “liberal” y, entre otras contradicciones, no aceptaba que nadie le discutiera sus brillantes ideas. Y, para variar, así empezaron mis problemas.



Era tan liberal como los Alsogaray, Bernardo Neustadt (alias Bernardo “Corcho”, siempre a flote) o Mariano Grondona. Y yo era tan bocón como siempre, con el agravante de haber cursado hasta tercer año de económicas. Mis compañeros le tenían terror.



Yo, inconciente, solo le tenía bronca. Además, había convertido lo que debía ser una materia que no me debía costar más que un mínimo esfuerzo en un calvario.



Más allá de ello, tenía un latiguillo que utilizaba para ofendernos en cuanta oportunidad se le ocurría. Era “En esta Facultad…”. Así, escuchábamos todo el tiempo:



—En esta Facultad, no están acostumbrados a leer buenos textos…


—En esta Facultad, todos los estudiantes quieren aprobar sin estudiar…


—En esta Facultad, no entienden nada más allá de los códigos…



Básicamente, el mensaje era “en esta Facultad, todos son retardados…”.



Como si eso fuera poco, a mí me tenía entre ceja y ceja, porque me atrevía continuamente a discutirle el contrabando ideológico que nos vendía detrás de su maldita “ciencia” económica. Era tan evidente que yo le agradaba a él tanto como él a mí, que cada vez que yo intervenía me miraba furioso mientras me contestaba.



Un buen día, quiso usar el pizarrón y no encontró ninguna tiza. Se dio vuelta y, ya de frente a nosotros, se dirigió a mí señalándome con el dedo y dijo:



—A ver usted, consígame una tiza…



No podía creer que me mandoneara de esa forma. Y no sabía qué decirle… y de repente Cuatri4 me dio letra y le respondí:



—En esta Facultad… no hay tiza…



Y me quedé cómodamente sentado.



CONTINUARÁ…


Update: Un lector preguntó: "AB, ahora que estás del otro lado, un purrete te hace lo mismo, y vos que hacés¡??".


Primero: Como regla, las cosas las consiguen o se las pido a mis ayudantes, o las busco yo.


Segundo: En algunos raros casos donde no había ninguno y no podía salir del aula, no se lo pido a una persona concreta, sino que, en todo caso, diría: "¿Alguién podría hacerme el favor de ver si consigue ... en otra aula?


Tercero: Eso marca la diferencia, pues ni me dirijo a alguien en particular, ni doy una orden. Y en el caso de que nadie se ofrezca, no podría enojarme con un estudiante determinado.


Cuarto: una vez, tomando examen, mi notebook se estaba quedando sin batería y necesitaba un adaptador urgente. Mis ayudantes no habían llegado pues estaban viendo el partido del mundial pasado. Tuve que preguntar si había alguien que ya hubiera dado el examen, le expliqué mi urgencia, y le pedí por favor que se tomara un taxi y comprara un adaptador, para lo cual le dí dinero. Pero le pedí el favor a una estudiante con la cual habíamos construido una relación de mutuo respeto durante cuatro meses. El supuesto no se parece en nada al caso de la historia, mucho menos si tenemos en cuenta cómo continúa.

20 jun 2010

HISTORIAS DE LA FACULTAD - EPISODIO 5

DOS PERUANOS PUDOROSOS







Cuando publicamos el primer número de "No Hay Derecho" impresa, creo que solo Víctor Abramovich y Manuel Garrido se había recibido de abogados. Los demás aún éramos estudiantes.



Nos reuníamos una vez por semana para hacer todos los trabajos que hacen quienes publican una revista "jurídica", normalmente en mi casa —en esa época en Anchorena y French—, y así fue durante muchos años.



En una oportunidad, yo había invitado a mi hermana peruana postiza, "santa" Tatu, a parar en mi casa —donde hacíamos las reuniones semanales los martes a la noche—, con su señor marido, el señor "Pollo" ("Poio" en peruano).



Les había dejado mi departamento, que solo tenía un dormitorio, y con el único baño ubicado de manera tal en que para utilizarlo, había que ingresar por el dormitorio.



Las reuniones de NHD eran los martes a las 21. A esa hora aparecí yo —que me había ido por esos días a otro lado para darles tranquilidad y privacidad a los huéspedes—, que ya les había explicado que no había tenido tiempo para organizar la reunión en otro sitio. Me encontré con Tatu y Poio acostaditos, tapados con el acolchado hasta las narices, y tuve que explicarles lo del uso del baño.



Como nunca, ese día concurrieron casi todos los miembros de NHD a la reunión. A medida en que la hora transcurría, los miembros de NHD fueron pasando de uno en fondo al baño. Yo me había olvidado de explicarles de qué se trataba.



Cada vez que entraba uno al cuarto, miraba azorado a la pudorosa parejita de enamorados; Tatu y Poio se tapaban cada vez más, y sentían deseos de teletransportarse a cualquier otro lugar del planeta.







Creo que al principio Tatu intentaba explicarles de qué se trataba; luego desistió. Mis amigos de NHD entendían cada vez menos, hecho que pudimos comprobar cuando el último usuario, Christian Courtis, entró en el cuarto de los tortolitos, miró hacia la izquierda, contempló la escena de la parejita pudorosa y sentenció:



— Esto es surrealista...



Entró al baño tranquilamente, hizo su pis y salió como si nada pasara. Mis familiares peruanos, a esa altura, no se habrían asombrado si alguien llegaba a la reunión montado en un OVNI.



En ese sano clima familiar hacíamos nuestra revista, y yo atendía a mis huéspedes. Imaginen los resultados. Pero hay varios notas de color que le pediremos a los huéspedes que agreguen, que yo he olvidado.



AB


8 may 2010

HISTORIAS DE LA FACULTAD - EPISODIO 4


EL DÍA QUE FUI TÍO DE MI HERMANO MAYOR

Por AB


Aunque usted no lo crea, esta nota está relacionada con el Código Civil. Si hay algo aburrido en el estudio de la abogacía, eso es el derecho civil. La gran mayoría de profesores nos obligaban a recitar los artículos de memoria, y a leer las interesantísimas discusiones sobre lo que dijeron grandes juristas franceses que yacen en sus tumbas hace casi doscientos años (Troplong, Demolombe, y otros cadáveres semejantes). Como si eso fuera poco, el código que hay que estudiar es el Código Civil, monumento a la estupidez humana, redactado por don Dalmacio Vélez Sársfield, y que entrara en vigencia en 1871 con sus 4.051 artículos.

¿Y qué tiene que ver el CC con mi hermano mayor —Próspero Bovino, el pobre está más fregado que yo con ese nombre—? Pues bastante, ya que el art. 2503, inc. 1, del CC, establece como uno de los derechos reales el derecho de condominio, regulado en los arts. 2673 y siguientes. Mi hermano mayor y yo tenemos prácticamente todos nuestros bienes en condominio y, como si eso fuera poco, la gran mayoría de esos bienes en condominio integran una sociedad de hecho, cuyo nombre de fantasía es un homenaje a la imaginación: “Próspero y Alberto Bovino”.

Pues bien, demás está decir que yo jamás trabajé en esa sociedad de hecho, que es estupendamente administrada por mi querido hermano Próspero. Un buen día, mi hermano mayor se reúne personalmente con un proveedor de no sé qué producto químico no muy ecológico que se usa en las plantaciones de nuestra sociedad de hecho.

Mi hermano mayor invitó a almorzar a este buen señor y la charla fluyó. En el medio de esa charla, el proveedor de productos químicos le preguntó a mi hermano Próspero:

-¿Usted tiene un tío que es profesor en la Facultad de Derecho?

-¿En qué Facultad —preguntó mi hermano—?

-En la Facultad de Derecho de la UBA…

-No, ¿por? Nosotros no tenemos ningún tío que sea abogado.

-Porque mi hija estudia allí, y ahora está cursando una materia de derecho penal, y su profesor es de apellido Bovino y, además, les dijo que era de Entre Ríos.

-¡Ahhhh!!!! —dijo mi hermano mayor, que no quería saber nada con ser mi sobrino—, no es mi tío, es uno de mis hermanos menores…

-¿Su hermano menor?

Y entonces mi hermanito Próspero encontró la manera de explicarle quién era el profesor de su hija a este buen señor.

-¿Vio cuando usted nos factura, que lo hace a nombre de “Próspero y Aberto Bovino”?

-Sí… —acotó el padre de mi alumna—.

-Bueno, ese “Alberto”, el que no trabaja, ése es el profesor de su hija.