HUMANA NO ES, PERO EFECTIVA... TAMPOCO
Por C.P.
Para la Cátedra de Derecho Penal
En 1986, un diputado mexicano visitó la cárcel de Cerro Hueco, en Chiapas. Allí encontró a un indio tzotzil, que había degollado a su padre y había sido condenado a treinta años de prisión. Pero el diputado descubrió que el difunto padre llevaba tortillas y frijoles, cada mediodía, a su hijo encarcelado.
Aquel preso tzotzil había sido interrogado y juzgado en lengua castellana, que él entendía poco o nada, y con ayuda de una buena paliza había confesado ser el autor de una cosa llamada parricidio.
Parece que tal historia, ridícula y trágica, dista de ser una lamentable excepción. Podemos encontrar otro interesante ejemplo (esta vez argentino) en una noticia publicada hoy en P/12:
El crimen que no era
Cuatro jóvenes wichí fueron acusados en Salta de matar a una chica. Tras ser torturados, dijeron que la habían descuartizado. Después se supo que murió ahogada. Hay cuatro policías presos.
