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2 feb 2013

LA TAPA "PORNO" DE NO HAY DERECHO



EPISODIO 2




 
Bueno, ya sabíamos cómo sería la revista y cómo se llamaría. Ahora había que empezar a hacerla.

La falta de apoyo institucional tenía sus ventajas. No Hay Derecho sería nuestra revista y publicaríamos lo que hace rato queríamos publicar, sin límite alguno más que nuestro acuerdo interno.

Nos costó arrancar, entre otras razones, pues la gran mayoría de los profesores no nos querían enviar colaboraciones porque antes de eso debían “etiquetarnos”. Las preguntas usuales cuando veíamos a un profesor a quien le pedíamos un trabajo eran, sin tapujos: “¿Y Uds. a quién responden? ¿Cuál es su línea política? ¿Con qué profesores están vinculados? ¿Qué profesores los indujeron a organizar esto?”, y otras miserias de siempre.

No parecía interesarles el contenido del proyecto y el perfil de la revista que queríamos publicar, sino a “quién respondíamos”, a quién le servía la revista, para qué éramos funcionales. Pues guste o no, No Hay Derecho no le sirvió a nadie en particular —por lo menos no en el sentido en el que hoy se instrumentalizan esos espacios—. Nos divertimos y aprendimos. Hicimos grandes amigos. Reflexionamos y criticamos. Nos expusimos. Crecimos.

Quizá por el hecho de que algunos de estos profesores siempre habrán respondido a alguien, no podían comprender que se trataba de nuestro proyecto, que lo hacíamos porque nos interesaba hacerlo, y que si bien contamos con el valioso y desinteresado apoyo y colaboración de muchos otros profesores, el proyecto era nuestro. Además, lo que teníamos en común no eran aquellas cosas que nos gustaban sino, en todo caso, lo que no nos gustaba del discurso jurídico.


De allí nuestra inmensa alegría cuando, al preparar el primer número de la Revista, le enviamos una carta al Prof. chileno Eduardo Novoa Monreal —a quien ninguno de nosotros conocía—, y al poco tiempo nos mandó un
trabajo esclarecedor, que escribió para un grupo de estudiantes a quienes no conocía —lo que no le impidió reconocer la existencia de una comunidad de intereses—, en el cual puso al desnudo las aporías del discurso jurídico aún hoy imperante, que había captado exactamente el tipo de reflexiones que estábamos interesados en publicar .


Un tema aparte fue el diseño de la Revista. Creo que fue Abregú quien invitó a Sandra Monteagudo, estudiante de diseño gráfico, para explicarle lo que deseábamos. Jamás me voy a olvidar de la expresión de Sandra mientras Martín le mostraba el formato y diseño de "Lecciones y Ensayos", La Ley, Revista Jurídica de Buenos Aires, Doctrina Penal, etcétera.

Cuando le explicamos lo que queríamos, pareció que se había tranquilizado, y Sandra se sumó al proyecto. De esa charla surgió la elección del formato tabloide y, además, la línea estética de la revista. El trabajo de Sandra se aprecia a simple vista, y todos quedamos felices con el diseño.

Como les dije, nos costaba arrancar por falta de trabajos de algún célebre. Lo que nos faltaba era un artículo central de alguien conocido. Pues bien el amigo Christian Courtis lo consiguió. Es decir, consiguió el libro en italiano de Nils Christie (Los límites del dolor) con prólogo de Pavarini, y también consiguió traducirlo. Lo que no había conseguido fue la autorización de Pavarini, pero eso era un detalle.

Habíamos puesto cierta cantidad de dinero cada uno de nuestros bolsillos, así que escribimos, conseguimos artículos inéditos, robamos el prólogo de Pavarini, Sandra diseñó la revista, corregimos galeras y la Revista No Hay Derecho Nº 1 fue a imprenta.

Salió en septiembre de 1990, justo para que la lleváramos al congreso estudiantil de Mendoza. Y allí nos ocurrió algo extraño. Cuando llegó Roberto Bergalli, a quien yo aún no conocía, empezó a preguntar que quién había traducido el prólogo de Pavarini; a quién le habíamos pedido permiso; que cómo pudimos haber hecho eso... Nosotros pensábamos que era el manager de Pavarini, pero no. Después se le pasó, afortunadamente.

Varios años más tarde, en una cena en la casa de Zaffaroni, aprovechando la presencia de nuestra víctima, le llevé un ejemplar del número 1, con su prólogo robado, y le conté la historia. El tano se cagó de risa y me agradeció especialmente el ejemplar y dijo:

—Es la primera vez que me mandan un ejemplar de una revista con un trabajo que me han robado, lo voy a guardar en un lugar privilegiado de mi biblioteca.

—Es que ya nos hemos resocializado —le dije.

Me fui al carajo otra vez. En la próxima 
 

25 oct 2008

DE LA VERDADERA NO HAY DERECHO


¿ABOLIR LA PENA? LA PARADOJA DEL SISTEMA PENAL

Introducción a la edición italiana de "Los límites del dolor", de Nils Christie

Por Massimo Pavarini

Traducción de Christian Courtis

Presentar al público italiano el libro de Nils Christie impone extrema prudencia. Y por algunas razones válidas.

En primer lugar, "Los límites del dolor" es en realidad la expresión de un movimiento de ideas y de voluntad política de algún modo referible a un grupo más que a la sola inteligencia y originalidad del autor. Y por lo que me consta, las posiciones de este movimiento no son aún conocidas en Italia, con la sola excepción de los restringidos cenáculos de adeptos a sus trabajos.

En segundo lugar, porque aquellos que se reconocen en posiciones similares a las expresadas en este volumen prefieren expresarse a través de formas de proselitismo oral o en la práctica de la militancia política que hacerlo a través de la producción científica. Hablan y actúan mucho más de lo que escriben. Y, desafortunadamente para el público italiano, las realidades y los contenido nacional es en los cuales este movimiento opera (Holanda y los países escandinavos) son lejanos y no fácilmente "traducibles" en la experiencia política y cultural de nuestro país. Aun en la hipótesis, como la presente, en la cual algunos militantes emplean para expresarse la forma escrita, su audience es de todos modos reducida, sea por el uso de idiomas de difícil comprensión para el lector del área Latina, sea por una reducidísima obra de traducción en lengua italiana.

Y finalmente porque, en particular, "Los límites del dolor" ha sido consabidamente pensado como obra polémica, como momento de sensibilización político-cultural partiendo de posiciones de "indignación moral", antes que de necesidad de reflexión científica.

Presenta problemas, sugiere soluciones, aunque no sobre una rigurosa base científica.

Solo por estos motivos el libro de Nils Christie se presta a fáciles equívocos y a peligrosos malentendidos. No faltará quien lo exalte como un "evangelio" ni quien por el contrario lo desprecie como una obra demencial. Difícilmente el público de los no adeptos a los trabajos abolicionistas logrará leer tanto serena como críticamente "Los límites del dolor".

Es entonces necesario explicitar con claridad el trasfondo político-cultural en el cual se genera este volumen. Y a este fin me dedicaré en la presente introducción, valiéndome tanto de ser alguien que se ocupa profesionalmente de estos problemas, como, por sobre todo, de la circunstancia subjetiva de frecuentar intensamente desde hace algunos años, no solo de el punto de vista científico sino también por sincera amistad, a algunos de los personajes de mayor relevancia que militan en este movimiento.

Un primer equívoco a disipar se refiere al empleo mismo del término "abolicionismo" y/o "movimiento/s abolicionista/s".

Correctamente, por "abolicionismo" deben entenderse posiciones distintas; de hecho, en el contexto del debate penal-criminológico de los últimos años con esta denominación se termina por indicar por el contrario algo inequívoco y preciso.

Creo que el término "abolicionismo" ha sido -en el sector de la ciencia penal- usado originariamente para indicar las posiciones político-culturales y los movimientos contra la pena de muerte y el uso procesal de la tortura; más recientemente, para definir las posiciones de crítica a la pena perpetua del ergastulum, o bien a la pena privativa de libertad (en el contexto italiano, este término es incluso correctamente utilizado en el caso del movimiento de psiquiatría crítica contra el uso del secuestro manicomial frente a los problemas de salud mental).

El texto completo aquí