28 ene 2017

CASO MUÑOZ: LA CULPA ES DE LA INVESTIDURA...








El primer día

Jueves, 9 am, ciudad de Neuquén, en la Legislatura, con una credencial de “prensa”. Está por empezar el jurado de enjuiciamiento del juez Marcelo Muñoz (Chocó, huyó y lo pescaron). Recordemos que Muñoz es el juez que atropelló un auto que terminó en la zanja del costado del camino y huyó del lugar sin siquiera ver cómo estaban las víctimas, y que luego se negó a hacer el test de alcoholemia cuando así se lo solicitó un agente policial.

El edificio de la legislatura es impresionante. Como en todo edificio público, es fácil perderse, pero todas las personas que me atendieron fueron muy amables y me depositaron finalmente en la sala de prensa. La audiencia comenzó puntualmente.

En esta foto se puede ver la ubicación de los distintos protagonistas del caso

No hubo cuestiones preliminares y el juicio se abrió con el alegato inicial del fiscal general Gerez. Un alegato breve y prolijo, en el cual adelantó los hechos que probará durante este juicio.

Luego le tocó el turno a la defensa. Alegó el abogado Juan Coto. Lo mejor del alegato fueron los primeros veinte minutos, donde cuestionó al fiscal y a la acusación. Muy fuerte la parte en la que se reprodujo una foto de Goebbels, pero interesante cuando analizó algunos de los principios de la propaganda en relación a este caso. Después se perdió un poco de claridad.

Se impugnó la legalidad de diversas actuaciones y del proceso contravencional. Cuestionó a una de las víctimas (Leandro Córdoba, quien conducía el auto chocado). Muy duros los dichos sobre la actuación de uno de los policías (Zenteno). Interesante el manejo del concepto de “verdad” por parte de la defensa. Paso a paso, Coto dejó en claro que la defensa quiere enjuiciar al proceso de enjuiciamiento de Muñoz en sí mismo. La defensa material del juez y su “episodio isquémico transitorio” se mencionó brevemente.

Una nota de color: el defensor repetía sin cesar “ustedes no lo van a  ver” al reproducir cada una de las diapositivas del documento que acompañaba su presentación oral, que no se comprende para qué se reprodujo. Solo sirvió al defensor para ordenar su relato, probablemente.

Me gusta cuando callas porque estás como ausente…

La intervención de Muñoz resultó claramente perjudicial para su propia defensa. Luego de autocompadecerse por haberse presentado a pesar de los consejos médicos, pidió disculpas a las víctimas, e intentó justificar por qué jamás se comunicó con ellas. Según su versión, la culpa de esta falta de comunicación se debió a los medios y a las propias víctimas. Para “disculparse” de ese modo, mejor no decir nada…

También se defendió por las críticas que se le realizan por el manejo de ciertos casos penales muy conocidos. En uno de esos casos, se quejó de que le atribuían haber planchado el caso por más de una década, pero solo fueron seis años, aclaró el juez. Me quedo mucho más tranquilo…

Luego de evaluar su propio desempeño funcional como “óptimo”, se dedicó a explicar por qué el fiscal Gerez lo persigue injustamente, poniendo en claro que su perseguidor es un “mentiroso” e “inescrupuloso”, sin omitir detalles y comentarios de historias tan irrelevantes como increíbles. Me pregunto si Muñoz, como juez, aceptaría que un litigante haga lo mismo para plantear una recusación, por ejemplo...

Su intervención, además de que debió haber sido subtitulada —porque, como me pasa a mí, no se le entiende nada—, resultó negativa. Más allá de que repitió —y mal— varios argumentos del alegato de Coto, restó fuerza a la estrategia construida por su defensor técnico.

La participación del segundo de sus defensores, el abogado Imaz, también terminó resultando perjudicial para la defensa. Primero interrogó a Leandro Córdoba sobre mensajes de texto que él le había enviado poniéndose a su disposición como emisario de Muñoz. Cuando Imaz le preguntó al testigo por qué no se había comunicado, Córdoba dijo que porque no sabía quién era. Luego agregó que alguien le había dicho que tuviera cuidado porque se trataba de “gente turbia”  en referencia al propio Imaz. Finalmente, le preguntó si no recordaba que él le había explicado personalmente por qué Muñoz no se había comunicado con ellos (las víctimas). El testigo respondió que no se acordaba.

El defensor Imaz insistió con esta pregunta cuando declaró la pareja de Córdoba, Paula Sette. Le recordó la misma charla que le mencionó a su pareja, en la que había explicado que Muñoz no se comunicaba directamente con ellos “por su investidura”, porque si el juez los llamaba “podían sentirse intimidados”.

La respuesta fue contundente. La testigo dijo que no le importaba nada, que ni siquiera importaba por qué razón los había chocado, que tendría que haber ido a hablar con ellos y ver cómo estaban. Aclaró que la “investidura” no la intimidaba, que eso era irrelevante.

¿¿¿La investidura??? ¿¿¿En serio??? Hay que animarse…

Estas intervenciones ponen de manifiesto la percepción del acusado sobre su calidad de ciudadano por encima de los demás. Además, muestran que, para el juez enjuiciado, la culpa de todo esto es de Gerez, de los fiscales, de los medios, de las víctimas, pero nunca de él. Él solo es un Juez (así, con mayúscula, como lo exige su “investidura”) de óptimo desempeño, que este enjuiciamiento ha transformado en una víctima, en un chivo expiatorio.

Los testigos

Leandro Córdoba declaró en primer lugar. Su declaración fue muy confusa y desordenada. Si existe un tipo de personas a quien no se le pueden realizar preguntas abiertas, ése es el de Leandro Córdoba. Sin embargo, el fiscal lo dejó hacer. Le llevó interminables minutos contestar la primera pregunta, y cuando parecía que terminaba, arrancaba de nuevo. De este modo, la información importante ingresaba junto con otra que era absolutamente prescindible, y todo ello de manera desordenada. De hecho, en varias oportunidades el presidente debió obligarlo a contestar preguntas directas porque comenzaba a dar sus opiniones en lugar de responder lo que se le preguntaba…

La pareja de Córdoba, Paula Sette, fue una buena testigo, realizó una declaración breve, precisa y en algunas partes muy emotivas. Sonó completamente sincera y fue, a mi juicio, muy convincente. Su declaración neutralizó cualquier defecto de la anterior.

Aquí la respuesta de Paula Sette a una pregunta del fiscal:




Finalmente, el último testigo del día fue Eduardo Aroca. Un muchacho que estaba con su mujer e hijas muy cerca del lugar de los hechos y que habló con Paula inmediatamente después del choque. Vio escaparse a Muñoz y encontró el escudo de su VW, que se lo dio a Paula.

Una primera jornada muy interesante. Las partes mostraron en qué consiste su juego. Está claro, por un lado, que la defensa ha incluido muchos temas ajenos a la imputación que ha presentado el fiscal, pues pretende, en cierta medida, someter a juicio a esta misma persecución contra el juez Marcelo Muñoz. La defensa también ingresará información sobre el desempeño profesional de Muñoz, tema claramente ajeno a este caso. La cuestión del episodio de isquemia transitoria parece perder relevancia, entonces, en este contexto de hechos ampliado, circunstancia que, a mi juicio, beneficia a la defensa.

El segundo día

Los primeros dos testigos del día fueron dos jueces (Pascuarelli y Ávila). Dos declaraciones muy irrelevantes. Ambos dijeron que habían ido al famoso almuerzo en la bodega y que habían estado toda la tarde, y señalaron que se bebió vino y champagne. Pero ninguno recordó si y cuánto había bebido el juez Muñoz. Dos declaraciones tibias de testigos que decidieron no recordar lo más importante de los hechos que presenciaron.  

No resulta creíble que después de estar en un almuerzo en el que había pocas personas (eran 6 o 7), entre las 14 y las 18:30, no recuerden si Muñoz bebió alcohol (ni cuánto), y si estaba ebrio. El caso tuvo difusión mediática a horas de terminado el almuerzo. Y ellos tampoco recuerdan que Muñoz no tomara, o que estuviera sobrio.

Lo mejor de la mañana fue el tercer testigo, el subcomisario Andrés Borra, perito accidentológico que realizó varios informes y una reconstrucción animada del choque. Antes de que declare, el fiscal le hizo presentar sus sólidas credenciales de perito.

Solicitó declarar mientras se proyectaban los documentos que produjo como consecuencia de su estudio de los hechos. Entre otras cosas, determinó que Muñoz conducía a un mínimo de 95 kms/h, y que Córdoba conducía a un máximo de 58 kms/h. Destacó que el juez realizó un intento de esquive, y señaló las curvas y lomos de burro que había en el camino que recorrió luego del choque (complicándole la historia de la isquemia transitoria). Muy buena sus presentaciones audiovisuales, especialmente la animación que reproducía el choque. El testigo declaró de pie, micrófono en mano, explicando sin interrupciones todos sus informes. Muy efectiva su declaración.

Siguió Adrián Castillo, que fue el primer agente policial en llegar a donde se detuvo el auto de Muñoz. A preguntas de la defensa señaló que el lugar pertenecía a la jurisdicción de Plottier, y que no advirtió señales de ebriedad en el juez.

Siguió otro policía, Zenteno, que fue el primero en llegar al lugar del choque. Es agente de tránsito y realizar el test de alcoholemia es parte de su trabajo. Cuando fue al lugar donde estaba el juez, notó que fumaba mucho y que tenía aliento etílico. Le quiso hacer el test de alcoholemia a Muñoz y éste le dijo que no se lo haría. La defensa le preguntó por la identidad del testigo que firmó el acta que labró, y Zenteno admitió que no había verificado su identidad con el documento, solo anotó lo que el testigo le dijo.

Finalmente, declaró un testigo que estaba en el lugar del choque de paseo con su familia, y solo aportó que vio pasar a Muñoz por el lugar del choque, y que en su opinión estaba borracho. En ese momento se hizo un cuarto intermedio porque los dos últimos testigos aún no habían llegado. En ese momento me tuve que ir.


El saldo del día, a mi juicio, fue muy positivo para la fiscalía. Las conclusiones del perito demuestran la exclusiva responsabilidad del juez en el accidente, que conducía demasiado rápido y por encima del máximo legal (50 kms/h), y descartan que haya resultado posible el episodio de isquemia transitoria invocado por Muñoz. De todos modos, habrá que ver qué nos depara la próxima semana.


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