19 jul 2012

TEXTOS ELEGIDOS DE "NUEVA DOCTRINA PENAL"

ELENA LARRAURI Y
FRANCISCO MUÑOZ CONDE




















EL FASCISMO SALUDABLE SE PREPARA PARA HACERNOS HACER GIMNASIA

MAÑANA VA A SER TARDE








LONDRES.- Si alguna vez necesitó un shock que lo hiciera levantar del sofá y calzarse un par de zapatillas es éste: la falta de actividad física mata casi a tanta gente como el tabaquismo. Ese es el inquietante mensaje de una serie de trabajos publicados esta semana acerca del impacto en la salud de la inactividad.
Las investigaciones publicadas en The Lancet sugieren que más de 5.300.000 muertes podrían ser evitadas anualmente si todas las personas sedentarias hicieran ejercicio, casi la misma cantidad que arroja el tabaco, que asciende a 5.000.000.
Todas ellas podrían haber sido evitadas si las personas cumplieran con la meta de 150 minutos semanales o más de actividad moderada, como la caminata enérgica.
"Tratamos de estimar cuántas muertes podrían evitarse si toda la gente inactiva del planeta se volviera activa", dice I-Min Lee, de la Escuela de Medicina de Harvard, primer autor del equipo que publicó uno de los trabajos.

Ver nota completa en LaNacion

Tenemos una buena y una mala noticia. La buena es que a los que nos rompen las bolas con lo del cigarrillo y no hacen ejercicio los podemos mandar al cuerno, y decirles: vos tenés más probabilidades de morir que yo.
La mala es que en breve nos pasarán a buscar para hacer gimnasia. Y esta vez lo digo en serio...

16 jul 2012

CRISIS EN LA JUSTICIA – PARTE II Y 1/2





Estimado Alberto,

Nuevamente arremetés contra la justicia y, como en aquellas otras oportunidades, no puedo sino compartir en un todo la crítica. Es más, te diría que los post llegaron en un momento por demás oportuno. Han pasado más de treinta años desde el regreso de la democracia y, de algún modo, desde que se gestaron los primeros intentos por modificar, modernizar y democratizar la administración de justicia. Sin embargo, los pocos avances que han ocurrido —elogiables muchos de ellos— no han podido revertir la lógica y la cultura inquisitiva que aún impregna cada una de las prácticas judiciales. Y cuando digo cada una me refiero a todas”.

No existe duda alguna en punto a que los conflictos interpersonales no pueden resolverse en forma escrita. Me llama significativamente la atención que aún haya muchos operadores jurídicos que sigan pensando lo contrario. Las cosas más importantes de la vida las solucionamos —o al menos intentamos hacerlo— hablando. No se me ocurre entonces cómo pretendemos que otros tengan que defender su libertad o patrimonio por escrito. ¡Y encima a través de intermediarios! Para llegar al despacho del juez hay que atravesar un largo recorrido. Desde el letrado que ejerce la defensa, hasta el muchacho o muchacha que “lleva la causa”.

Pero no es ése el aspecto más grave. La práctica inquisitiva no exige el mero registro en actas. Requiere un lenguaje particular —el castellano antiguo propio de 1810— y, en especial, minuciosidad. Pocas frases resumen la lógica inquisitiva del modo en que lo hace ésta:

Lo que no está en el expediente no está en el mundo.

Y lo peor de todo es que pagamos —más bien pagan otros— un precio muy caro por encontrar a diario las palabras exactas que integraran cada proveído. ¿Qué quiero decir con esto? Que no importa el tiempo que lleve resolver una situación si tenemos la habilidad o la suerte de escribir como lo hubiera hecho Vélez Sarsfield. Y qué relevancia tiene. Si al poder judicial no le corren los plazos.

Tampoco existen objetivos a largo o mediano plazo. La gestión judicial preocupantemente se limita a tratar de encontrar el mejor tipo o tamaño de letra, o el modo en que se caratula tal o cual expediente, etc.; al tiempo que la modernización de la justicia, a excepción de algún que otro juzgado, se reduce al envío de correos electrónicos con unos pocos organismos públicos.

Y cuando digo “algún que otro juzgado” si bien pareciera hablar bien de alguna sede judicial en particular, cabe otra crítica. No existe una mirada global del poder judicial. Si existen juzgados que funcionan bien, no se debe sino a la actuación aislada del juez que se encuentre a cargo que, desde ya, poco puede hacer por el resto. Cada juez conduce su juzgado como si se tratara de una “PyME”; circunstancia ésta que repercute sobre quienes tienen la desgracia de tener que concurrir a diario ante una mesa de entradas, así como sobre el resto de los integrantes del juzgado.

En el primer caso, porque los letrados, procuradores, imputados o víctimas que deben acercarse a la mesa de entradas no sólo deben conocer o lidiar con las normas del código procesal —que ya es bastante vetusto—, sino también con las costumbres propias de cada juzgado que, más allá de que puedan ser bien intencionadas, no tienen asidero legal alguno. Y en la práctica, llevan a que en un juzgado las cosas se realicen de un modo y en otro, aun cuando los puedan separar unos escasos metros, de una manera totalmente distinta.

En último lugar, porque cada juez trata a los demás integrantes de su juzgado, como si se tratasen de sus empleados cuando, en rigor de verdad, son empleados del Poder Judicial de la Nación. Le deben, claro, el respeto que exige el cargo, del mismo modo en que lo hace cualquier empleado, por ejemplo, a un gerente de una multinacional, etc.; al tiempo que le caben las obligaciones que derivan de la función que cumplen día a día en una agencia estatal.

En el sistema actual, la carrera de cualquier empleado judicial y, por ende, el esfuerzo de tantos años, se puede derrumbar de un día para otro sin ningún tipo de explicación, indemnización y posibilidad —al menos a corto o mediano plazo— de encontrar otro lugar de trabajo. No estoy de acuerdo con la “estabilidad del empleado judicial” pero sí con que debería haber las mismas posibilidades y oportunidades de cambio que existen en otros organismos públicos y empresas para aplicar para cualquier puesto de trabajo. Esto obligaría a democratizar el ingreso a la justicia y a que las designaciones, ascensos, etc. no dependan, al menos exclusivamente, de la decisión aislada de un juez.

Algunos dirán que un secretario, prosecretario y por qué no un auxiliar debe ser de la “confianza del juez”. Por favor… existen organismos y empresas donde se ponen en juego intereses de la misma naturaleza o incluso más delicados, y no por eso dejan de utilizar un “Departamento de Recursos Humanos” y, en definitiva, un grupo de especialistas capacitados para seleccionar al personal. El estado actual de cosas y la inestabilidad propia de los contratos, interinatos, etc., no genera otra cosa, salvo raras excepciones, más que sumisión. Podría seguir, pero a esta altura tengo miedo de perder mi contrato.


Fernando Gauna Alsina


13 jul 2012

EDITORES DEL PUERTO CUMPLE 20 AÑOS


Nuestro más sincero agradecimiento
a todos nuestros autores, lectores y amigos








Editores del Puerto s.r.l. cumple hoy 20 años de trabajo ininterrumpido en la publicación, distribución y promoción de los aportes más valiosos y recientes en el ámbito del derecho penal, derecho procesal penal, derecho de ejecución penal, derecho contravencional, derecho penal juvenil, derecho penal tributario, derecho comparado, derecho internacional de los derechos humanos, derecho constitucional, libertad de expresión, teoría del derecho, criminología y ciencias sociales.

Ha corrido mucho agua bajo el puente desde que con Martín Abregú decidiéramos iniciar la editorial publicando La industria del control del delito, traducido por Sara Costa, del gran maestro Nils Christie.

El grupo de socios fue variando. Se incorporó Guillermo Jorge; se retiró Martín Abregú. Posteriormente Adriana Orlando reemplazó a Guillermo Jorge, y con ella somos los dos único socios de Editores del Puerto.






Sin embargo, el espíritu es el mismo, y seguimos dedicados a la producción de obras de vanguardia, de alta calidad académica pero que, sobre todo, estén orientadas a transformar la realidad social y a promover la defensa de los derechos humanos.

También intentamos mantener la editorial como un lugar de circulación y debate de ideas de los juristas más jóvenes, pues ellos hoy son los responsables de destruir todo lo que nosotros les hemos dejado, para construir algo mejor, en la continua lucha por diseñar las regulaciones humanas en un marco de mayor igualdad, equidad y solidaridad.



12 jul 2012

¿CRISIS EN LA JUSTICIA PENAL?- PARTE II

UNA ORGANIZACIÓN DESTINADA
AL MÁS ESTRUENDOSO FRACASO

Por Alberto BOVINO




La  Primera Parte de esta entrada aquí



III. Justicia monárquica (parte 2)

I. Cuando decimos “Justicia monárquica”, muchos operadores jurídicos nos miran como si hubiéramos enloquecido repentinamente. Sin embargo, existen un sinnúmero de circunstancias, símbolos y privilegios que determinan con claridad en qué estrato de la nobleza judicial se halla una persona determinada.

La utilización de categorías coloniales tales como escribiente de 1ª, de 2ª, auxiliares de grados varios, prosecretarios, secretarios y secretarios letrados, relatores, jueces, conjueces, fiscales de primera, segunda, tercera, cuarta y vigésimo quinta categorías; fiscales adjuntos, naturales, metafiscales, parafiscales, fiscales ante esta mesa de entradas, fiscales ante la mesa de entrada de acá al lado, etcétera.

Toda esta maraña de relaciones, estratos, jerarquías, solo sirven para poder indicar con precisión cuán noble es cada uno de los operadores jurídicos, para tratarlos como Dios manda. Desde hace unos años, me niego a denominar a los jueces con algo más que el Sr. o Sra. que toda persona merece.

Así, por ejemplo, hace rato que cuando presento un escrito en Mesa de Entradas de la CSJN, me limito a dirigirme a las “Sras. Ministras y Sres. Ministros de la CSJN”. Jamás había tenido un problema con ello. Un día, mi escrito no fue llevado a la mesa de entradas por mí sino por otro abogado del estudio. Al rato, antes de que este abogado y amigo regresara al estudio, recibí su llamada y, puteándome, me dijo:

Bovino, sos boludo, vos y tu maldita costumbre de sacar los “excelencias” y los “V.S.” de tus escritos… El abogado de mesa de entradas no me lo aceptó hasta que no reemplacé lo de “Ladies & Gentlemen” por “Excma. Corte Suprema…”.
—Jodete por darle bola…
—¡Es que de otro modo no me lo aceptaba…!
—Decime, ¿no le preguntaste a quién estaba dirigido el escrito?
—Y… no…
—¿No le preguntaste al toque si él era Zaffaroni, Lorenzetti, Highton, Argibay o algún otro supremo?

II. No encuentro ningún ejemplo ahora, pero han habido varios casos en los cuales algunos jueces de esos que están más para el chaleco que para la toga han solicitado por escrito el egregio trato que ellos merecen por mandato divino… De la ex jueza Parrilli recordamos —como muestra basta un botón— cuando dijo a los gritos e indignada a una empleada del gobierno de la Ciudad:

—¿Con quién tengo que hablar? ¿Con qué superioridad tengo que hablar? Necesito el auto ya porque estoy trabajando…
—Perdón señorita, yo soy jueza y estoy haciendo un procedimiento, y no tengo nada que pagar, como no pago nunca en la vida…[1].
—Te tendría que dar un cachetazo…
—Más vale que no vengas a mi jurisdicción, porque te mando presa por ocho meses a vos…
—Todas morochas… ni una rubia contratan…

Una bellísima muestra de ética republicana.

III. Lo que no podrá dejar de ser monárquico hasta el fin de sus días es la Sala de Audiencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Un lugar con vida propia dentro del inefable “Palacio de Justicia” de Talcahuano 550.

En un segundo vamos a la Sala de Audiencias. Antes recordemos que el Palacio fue obra del arquitecto europeo Norbert Maillart, y que fue inaugurado en 1910, si bien su construcción continuó por casi 40 años más[2].







La sola decisión de construir un edificio que se denomine “Palacio” de Justicia ya genera sospechas. El estilo arquitectónico, el tamaño del predio elegido y el resultado final confirman tales sospechas. Un edificio neoclásico de un tamaño desmedido, un laberinto que parece diseñado para que quienes concurren allí se sientan intimidados y se pierdan fácilmente.

Techos altísimos, que nos hacen sentir como insectos, con frisos que rezan términos tales como “Justicia”, “Verdad”, “Derecho”, y ficciones semejantes. Faltó agregar:

Si Usted busca esto… búsquelo en otro lado, porque aquí no tenemos…

Fuera de algunos sectores exclusivos —tales como el cuarto piso, sede de la CSJN—, el Palacio dista de parecer un palacio. Cientos de oficinas alineadas, atiborradas de burócratas que lidian con miles y miles de papeles que se agrupan en carpetas o con piolas, formando lo que se denomina “expediente”.

Esta burocracia está aún tratando de ingresar en la Edad Moderna, esto es, incorporando adelantos tecnológicos tales como las máquinas eléctricas de escribir y las computadoras más obsoletas de la ciudad. Pero esto tiene que ver con las prácticas cotidianas. Volvamos a los aspectos simbólicos y, así, a la Sala de Audiencias de la CSJN.

IV. Recuerdo que la primera vez que entré a esta Sala estaba acompañando al maestro Nils Christie a una visita guiada al Palacio. Nos acompañaba un aparato de ceremonial y protocolo. El tipo era un nerd que parecía entrar en un orgasmo cada vez que mencionaba a un ex ministro de familia bien. Ya estaba harto de escuchar a alguien tan ceremonioso cuando llegamos a lo mejor del tour palaciego: la Sala de Audiencias.


Realmente, de no creer. No recuerdo mucho de ella. Solo que era más bien alargada y que todo giraba alrededor del diseño y ubicación de los sillones —“tronos” no estaría mal— de los ministros. Todo estaba organizado para hacer sentir a los presentes en la audiencia el poder del tribunal, como, por ej., la altura desmedida de los respaldos de los  asientos de los ministros. Pero lo que realmente daba pánico —aun sin los ministros allí— era el crucifijo gigantesco que se alzaba sobre el respaldo del asiento de la presidencia del tribunal








Todavía no comprendo cómo nuestra justicia escapó al uso ceremonial de togas y pelucas,  como las que se usan en otros países americanos. No estoy del todo seguro, pero creo que cuando se creó la Cámara Nacional de Casación Penal surgió la discusión sobre el uso de la toga. Desde luego, dada la integración del tribunal en ese momento, no me extrañaría para nada.

Por último en cuanto a estos aspectos simbólicos de la arquitectura judicial palaciega, es indispensable señalar la presencia, en el frente del Palacio, de varios haces de leña con un hacha. Este símbolo, que se denominaba fascis, era utilizado por los lictores romanos para azotar a delincuentes convictos. El instrumento de tortura acabó por convertirse en símbolo de autoridad e insignia del cargo de lictor: un haz de palos de abedul u olmo (símbolo del poder del castigo) alrededor de un hacha (símbolo del poder de la vida y la muerte), atados con tiras rojizas de cuero.

El dictador italiano y fundador del fascismo, Benito Mussolini (1883-1945), adoptó el fascio como símbolo de su partido, tomándolo en su sentido más moderno, y formó fasci de combatimento, grupos llamados de combate, que dieron su nombre a la organización. A partir de ese momento, los partidarios de los fasci fueron llamados fascisti: 'fascistas'. El nombre de este ominoso movimiento se extendió rápidamente por Europa y dio lugar al español fascistaal portugúes fascistaal francés fascisteal ingés fascist y al alemán faschist (ver aquí y aquí).




[2] http://hipolitorestoarte.wordpress.com/la-city-portena/.