
Éste es el blog personal de Alberto Bovino. Las notas no son escritas en calidad de miembro de ninguna institución, estudio jurídico o universidad, y expresan nuestras opiniones personales. Las entradas son de exclusiva responsabilidad de quienes la firman.
23 jul 2012
19 jul 2012
EL FASCISMO SALUDABLE SE PREPARA PARA HACERNOS HACER GIMNASIA
MAÑANA VA A SER TARDE
LONDRES.- Si alguna vez necesitó un shock que lo hiciera levantar del sofá y calzarse un par de zapatillas es éste: la falta de actividad física mata casi a tanta gente como el tabaquismo. Ese es el inquietante mensaje de una serie de trabajos publicados esta semana acerca del impacto en la salud de la inactividad.
Las investigaciones publicadas en The Lancet sugieren que más de 5.300.000 muertes podrían ser evitadas anualmente si todas las personas sedentarias hicieran ejercicio, casi la misma cantidad que arroja el tabaco, que asciende a 5.000.000.
Todas ellas podrían haber sido evitadas si las personas cumplieran con la meta de 150 minutos semanales o más de actividad moderada, como la caminata enérgica.
"Tratamos de estimar cuántas muertes podrían evitarse si toda la gente inactiva del planeta se volviera activa", dice I-Min Lee, de la Escuela de Medicina de Harvard, primer autor del equipo que publicó uno de los trabajos.
Ver nota completa en LaNacion
Tenemos una buena y una mala noticia. La buena es que a los que nos rompen las bolas con lo del cigarrillo y no hacen ejercicio los podemos mandar al cuerno, y decirles: vos tenés más probabilidades de morir que yo.
La mala es que en breve nos pasarán a buscar para hacer gimnasia. Y esta vez lo digo en serio...
16 jul 2012
CRISIS EN LA JUSTICIA – PARTE II Y 1/2
Estimado Alberto,
Nuevamente arremetés contra la
justicia y, como en aquellas otras oportunidades, no puedo sino compartir en un
todo la crítica. Es más, te diría que los post llegaron en un momento
por demás oportuno. Han pasado más de treinta años desde el regreso de la
democracia y, de algún modo, desde que se gestaron los primeros intentos por
modificar, modernizar y democratizar la administración de justicia. Sin
embargo, los pocos avances que han ocurrido —elogiables muchos de ellos— no han
podido revertir la lógica y la cultura inquisitiva que aún impregna cada una de
las prácticas judiciales. Y cuando digo “cada una” me
refiero a “todas”.
No existe duda alguna en punto a
que los conflictos interpersonales no pueden resolverse en forma escrita. Me
llama significativamente la atención que aún haya muchos operadores jurídicos
que sigan pensando lo contrario. Las cosas más importantes de la vida las
solucionamos —o al menos intentamos hacerlo— hablando. No se me ocurre entonces
cómo pretendemos que otros tengan
que defender su libertad o patrimonio por escrito. ¡Y encima a través de
intermediarios! Para llegar al despacho del juez hay que atravesar un largo
recorrido. Desde el letrado que ejerce la defensa, hasta el muchacho o muchacha
que “lleva la causa”.
Pero no es ése el aspecto más
grave. La práctica inquisitiva no exige el mero registro en actas. Requiere un
lenguaje particular —el castellano
antiguo propio de 1810— y, en
especial, minuciosidad. Pocas frases resumen la lógica inquisitiva del modo en
que lo hace ésta:
Lo que no está en el expediente no está en el mundo.
Y lo peor de todo es que pagamos
—más bien pagan otros— un precio muy caro por encontrar a diario las palabras
exactas que integraran cada proveído.
¿Qué quiero decir con esto? Que no importa el tiempo que lleve resolver una
situación si tenemos la habilidad o la suerte de escribir como lo hubiera hecho
Vélez Sarsfield. Y qué relevancia tiene. Si al poder
judicial no le corren los plazos.
Tampoco existen objetivos a largo
o mediano plazo. La gestión judicial preocupantemente se limita a tratar
de encontrar el mejor tipo o tamaño de letra, o el modo en que se caratula tal
o cual expediente, etc.; al tiempo que la modernización de la justicia, a
excepción de algún que otro juzgado, se reduce al envío de correos electrónicos
con unos pocos organismos públicos.
Y cuando digo “algún que otro juzgado” si bien
pareciera hablar bien de alguna sede judicial en particular, cabe otra crítica.
No existe una mirada global del poder judicial. Si existen juzgados que funcionan bien, no se debe sino a la
actuación aislada del juez que se encuentre a cargo que, desde ya, poco puede
hacer por el resto. Cada juez conduce su
juzgado como si se tratara de una “PyME”;
circunstancia ésta que repercute sobre quienes tienen la desgracia de tener que
concurrir a diario ante una mesa de entradas, así como sobre el resto de los
integrantes del juzgado.
En el primer caso, porque los
letrados, procuradores, imputados o víctimas que deben acercarse a la mesa de
entradas no sólo deben conocer o lidiar con las normas del código procesal —que ya es bastante vetusto—, sino
también con las costumbres propias de cada juzgado que, más allá de que puedan ser
bien intencionadas, no tienen asidero legal alguno. Y en la práctica, llevan a
que en un juzgado las cosas se realicen de un modo y en otro, aun cuando los
puedan separar unos escasos metros, de una manera totalmente distinta.
En último lugar, porque cada juez
trata a los demás integrantes de su juzgado, como si se
tratasen de sus empleados cuando, en rigor de verdad, son
empleados del Poder Judicial de la Nación. Le deben, claro, el respeto que
exige el cargo, del mismo modo en que lo hace cualquier empleado, por ejemplo,
a un gerente de una multinacional, etc.; al tiempo que le caben las
obligaciones que derivan de la función que cumplen día a día en una agencia
estatal.
En el sistema actual, la carrera
de cualquier empleado judicial y, por ende, el esfuerzo de tantos años, se
puede derrumbar de un día para otro sin ningún tipo de explicación,
indemnización y posibilidad —al menos a corto o mediano plazo— de encontrar
otro lugar de trabajo. No estoy de acuerdo con la “estabilidad del empleado judicial” pero sí con que debería
haber las mismas posibilidades y oportunidades de cambio que existen en otros
organismos públicos y empresas para aplicar para cualquier puesto de trabajo.
Esto obligaría a democratizar el ingreso a la justicia y a que las
designaciones, ascensos, etc. no dependan, al menos exclusivamente, de la
decisión aislada de un juez.
Algunos dirán que un
secretario, prosecretario y por qué no un auxiliar debe ser de la “confianza del juez”. Por favor… existen
organismos y empresas donde se ponen en juego intereses de la misma naturaleza
o incluso más delicados, y no por eso dejan de utilizar un “Departamento de Recursos Humanos” y,
en definitiva, un grupo de especialistas capacitados para seleccionar al
personal. El estado actual de cosas y la inestabilidad propia de los contratos,
interinatos, etc., no genera otra cosa, salvo raras excepciones, más que sumisión. Podría seguir, pero a esta
altura tengo miedo de perder mi contrato.
Fernando Gauna Alsina
Fernando Gauna Alsina
13 jul 2012
EDITORES DEL PUERTO CUMPLE 20 AÑOS
Nuestro más sincero agradecimiento
a todos nuestros autores, lectores y amigos
Editores del Puerto s.r.l. cumple hoy 20 años de trabajo ininterrumpido en la publicación, distribución y promoción de los aportes más valiosos y recientes en el ámbito del derecho penal, derecho procesal penal, derecho de ejecución penal, derecho contravencional, derecho penal juvenil, derecho penal tributario, derecho comparado, derecho internacional de los derechos humanos, derecho constitucional, libertad de expresión, teoría del derecho, criminología y ciencias sociales.
Ha corrido mucho agua bajo el puente desde que con Martín Abregú decidiéramos iniciar la editorial publicando La industria del control del delito, traducido por Sara Costa, del gran maestro Nils Christie.
El grupo de socios fue variando. Se incorporó Guillermo Jorge; se retiró Martín Abregú. Posteriormente Adriana Orlando reemplazó a Guillermo Jorge, y con ella somos los dos único socios de Editores del Puerto.
Sin embargo, el espíritu es el mismo, y seguimos dedicados a la producción de obras de vanguardia, de alta calidad académica pero que, sobre todo, estén orientadas a transformar la realidad social y a promover la defensa de los derechos humanos.
También intentamos mantener la editorial como un lugar de circulación y debate de ideas de los juristas más jóvenes, pues ellos hoy son los responsables de destruir todo lo que nosotros les hemos dejado, para construir algo mejor, en la continua lucha por diseñar las regulaciones humanas en un marco de mayor igualdad, equidad y solidaridad.
12 jul 2012
¿CRISIS EN LA JUSTICIA PENAL?- PARTE II
UNA ORGANIZACIÓN DESTINADA
AL MÁS ESTRUENDOSO FRACASO
Por Alberto BOVINO
La Primera Parte de esta entrada aquí
III. Justicia
monárquica (parte 2)
I. Cuando decimos “Justicia
monárquica”, muchos operadores jurídicos nos miran como si hubiéramos
enloquecido repentinamente. Sin embargo, existen un sinnúmero de circunstancias,
símbolos y privilegios que determinan con claridad en qué estrato de la nobleza
judicial se halla una persona determinada.
La utilización de categorías
coloniales tales como escribiente de 1ª, de 2ª, auxiliares de grados varios,
prosecretarios, secretarios y secretarios letrados, relatores, jueces,
conjueces, fiscales de primera, segunda, tercera, cuarta y vigésimo quinta
categorías; fiscales adjuntos, naturales, metafiscales, parafiscales, fiscales
ante esta mesa de entradas, fiscales ante la mesa de entrada de acá al lado,
etcétera.
Toda esta maraña de relaciones,
estratos, jerarquías, solo sirven para poder indicar con precisión cuán noble
es cada uno de los operadores jurídicos, para tratarlos como Dios manda. Desde
hace unos años, me niego a denominar a los jueces con algo más que el Sr. o
Sra. que toda persona merece.
Así, por ejemplo, hace rato que
cuando presento un escrito en Mesa de Entradas de la CSJN, me limito a
dirigirme a las “Sras. Ministras y Sres. Ministros de la CSJN”. Jamás había
tenido un problema con ello. Un día, mi escrito no fue llevado a la mesa de
entradas por mí sino por otro abogado del estudio. Al rato, antes de que este
abogado y amigo regresara al estudio, recibí su llamada y, puteándome, me dijo:
—Bovino, sos boludo, vos y tu maldita costumbre de sacar los
“excelencias” y los “V.S.” de tus escritos… El abogado de mesa de entradas no
me lo aceptó hasta que no reemplacé lo de “Ladies & Gentlemen” por “Excma.
Corte Suprema…”.
—Jodete por darle bola…
—¡Es que de otro modo no me lo
aceptaba…!
—Decime, ¿no le preguntaste a
quién estaba dirigido el escrito?
—Y… no…
—¿No le preguntaste al toque si
él era Zaffaroni, Lorenzetti, Highton,
Argibay o algún otro supremo?
II. No
encuentro ningún ejemplo ahora, pero han habido varios casos en los cuales
algunos jueces de esos que están más para el chaleco que para la toga han
solicitado por escrito el egregio trato que ellos merecen por mandato divino…
De la ex jueza Parrilli recordamos
—como muestra basta un botón—
cuando dijo a los gritos e indignada a una empleada del gobierno de la Ciudad:
—¿Con
quién tengo que hablar? ¿Con qué superioridad tengo que hablar? Necesito el
auto ya porque estoy trabajando…
—Perdón
señorita, yo soy jueza y estoy haciendo un procedimiento, y no tengo nada que
pagar, como no pago nunca en la vida…[1].
—Te
tendría que dar un cachetazo…
—Más
vale que no vengas a mi jurisdicción, porque te mando presa por ocho meses a
vos…
—Todas
morochas… ni una rubia contratan…
Una
bellísima muestra de ética republicana.
III.
Lo que no podrá dejar de ser monárquico hasta el fin de sus días es la Sala de
Audiencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Un lugar con vida
propia dentro del inefable “Palacio de Justicia” de Talcahuano 550.
En un
segundo vamos a la Sala de Audiencias. Antes recordemos que el Palacio fue obra
del arquitecto europeo Norbert Maillart,
y que fue inaugurado en 1910, si bien su construcción continuó por casi 40 años
más[2].
La
sola decisión de construir un edificio que se denomine “Palacio” de Justicia ya
genera sospechas. El estilo arquitectónico, el tamaño del predio elegido y el
resultado final confirman tales sospechas. Un edificio neoclásico de un tamaño
desmedido, un laberinto que parece diseñado para que quienes concurren allí se
sientan intimidados y se pierdan fácilmente.
Techos
altísimos, que nos hacen sentir como insectos, con frisos que rezan términos
tales como “Justicia”, “Verdad”, “Derecho”, y ficciones semejantes. Faltó
agregar:
Si Usted busca
esto… búsquelo en otro lado, porque aquí no tenemos…
Fuera
de algunos sectores exclusivos —tales como el cuarto piso, sede de la CSJN—, el
Palacio dista de parecer un palacio. Cientos de oficinas alineadas, atiborradas
de burócratas que lidian con miles y miles de papeles que se agrupan en
carpetas o con piolas, formando lo que se denomina “expediente”.
Esta
burocracia está aún tratando de ingresar en la Edad Moderna, esto es,
incorporando adelantos tecnológicos tales como las máquinas eléctricas de
escribir y las computadoras más obsoletas de la ciudad. Pero esto tiene que ver
con las prácticas cotidianas. Volvamos a los aspectos simbólicos y, así, a la
Sala de Audiencias de la CSJN.
IV. Recuerdo
que la primera vez que entré a esta Sala estaba acompañando al maestro Nils Christie a una visita guiada al Palacio.
Nos acompañaba un aparato de ceremonial y protocolo. El tipo era un nerd que parecía entrar en un orgasmo
cada vez que mencionaba a un ex ministro de familia bien. Ya estaba harto de
escuchar a alguien tan ceremonioso cuando llegamos a lo mejor del tour
palaciego: la Sala de Audiencias.
Realmente,
de no creer. No recuerdo mucho de ella. Solo que era más bien alargada y que
todo giraba alrededor del diseño y ubicación de los sillones —“tronos” no
estaría mal— de los ministros. Todo estaba organizado para hacer sentir a los
presentes en la audiencia el poder del tribunal, como, por ej., la altura
desmedida de los respaldos de los
asientos de los ministros. Pero lo que realmente daba pánico —aun sin
los ministros allí— era el crucifijo gigantesco que se alzaba sobre el respaldo
del asiento de la presidencia del tribunal
Todavía
no comprendo cómo nuestra justicia escapó al uso ceremonial de togas y
pelucas, como las que se usan en otros
países americanos. No estoy del todo seguro, pero creo que cuando se creó la
Cámara Nacional de Casación Penal surgió la discusión sobre el uso de la toga.
Desde luego, dada la integración del tribunal en ese momento, no me extrañaría
para nada.
Por
último en cuanto a estos aspectos simbólicos de la arquitectura judicial
palaciega, es indispensable señalar la presencia, en el frente del Palacio, de
varios haces de leña con un hacha. Este símbolo, que se denominaba fascis, era utilizado por los lictores
romanos para azotar a delincuentes convictos. El instrumento de tortura acabó por convertirse
en símbolo de autoridad e insignia del cargo de lictor: un haz de palos de
abedul u olmo (símbolo del poder del castigo) alrededor de un hacha (símbolo
del poder de la vida y la muerte), atados con tiras rojizas de cuero.
El dictador italiano y fundador del fascismo, Benito Mussolini
(1883-1945), adoptó el fascio como símbolo de su partido,
tomándolo en su sentido más moderno, y formó fasci de
combatimento, grupos llamados de combate, que dieron su nombre a la
organización. A partir de ese momento, los partidarios de los fasci fueron
llamados fascisti: 'fascistas'. El
nombre de este ominoso movimiento se extendió rápidamente por Europa y dio lugar
al español fascista, al portugúes fascista, al
francés fasciste, al ingés fascist y
al alemán faschist (ver aquí y aquí).
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