9 jul 2012

¿CRISIS EN LA JUSTICIA PENAL? - PARTE I

Una Organización destinada
al más estruendoso fracaso

Por Alberto Bovino















Una organización destinada al más escandaloso fracaso
Por Alberto Bovino

I. La empresa

Imaginemos por un momento que formamos parte de una organización cuyo objeto consiste en brindar soluciones a conflictos interpersonales y que se maneja con los siguientes principios:

1. Todo cambio en la estructura de la organización o en los procesos de producción es, en sí mismo, negativo.

2. En la selección de los directivos de las áreas más sensibles de la organización es posible, pero no necesario, atender a la capacidad del postulante para desempeñar bien su cargo.

3. Una vez en sus cargos, los directivos no permiten control externo alguno de la calidad y legalidad de su actuación.

4. La organización no cuenta con sistema alguno que promueva o controle el buen desempeño de sus directivos; por el contrario, existen incentivos para hacer lo inverso.

5. Las reglas del proceso de producción que aplican los directivos carecen de sentido y solo sirven para dificultar el trabajo.

6. La organización y sus directivos jamás asumen responsabilidad por sus errores, y toda la culpa de los problemas que impiden a la empresa realizar un buen trabajo siempre se atribuye a personas e instituciones ajenas a ella.

Ustedes se preguntarán cómo puede subsistir una organización así. Nosotros también nos lo hemos preguntado infinidad de veces. Y jamás obtuvimos una respuesta satisfactoria.

Sin embargo, una organización así existe, goza de buena salud y debería jugar un papel fundamental en la vida democrática: es conocida como “administración de justicia”. No hablamos de jueces o juezas en particular. Sabemos que hay muchísimos de ellos que desempeñan su cargo con idoneidad y honradez. Hablamos de principios que informan las prácticas de la justicia en general, y de la justicia penal en particular.

En este contexto, es evidente que ninguna organización —para el caso, nuestra justicia— puede alcanzar un desempeño mínimamente eficaz para cumplir con su objeto. También es evidente que esta incapacidad no se vincula a situaciones coyunturales o momentos de crisis. No, de ningún modo. La incapacidad de la organización para lograr cumplir con su objeto es una incapacidad estructural, no ubicada en cierto tiempo y espacio. Pues bien, el poder judicial se las ha arreglado desde hace muchos años para denunciar “crisis” sucesivas provocadas por agentes externos al poder judicial.

II. Justicia monárquica

Nuestra organización judicial dista de ser un régimen apropiado para un Estado democrático de derecho. La percepción que la justicia tiene de sí misma corresponde más a un régimen monárquico que a una república.

El trato que exigen muchos jueces es algo inexplicable. ¿Por qué son “V.S.” (Vuestra Señoría), “V.E.” (Vuestra Excelencia), “Exma.” (Excelentísima Cámara)? ¿Por qué aquellos jueces que no cumplen con su función y se limitan a adherir a un voto ajeno, adhieren al voto del “distinguido colega preopinante”?

La organización jerárquica de nuestra justicia es otra manifestación de esta perversión corporativa. En nuestro país, los miembros de tribunales orales se reúnen anualmente a discutir cuestiones vinculadas a la realización de los juicios penales. Sin embargo, no se invita a los jueces correccionales, a pesar de que ellos presiden juicios como parte de su función. Por otra parte, la jerarquía de “camarista” que tienen los miembros de los tribunales de juicio tampoco se comprende, pues ellos son tan jueces de primera instancia como los jueces de instrucción.

La lógica del privilegio es algo tan asimilado entre los miembros de nuestro poder judicial que termina por naturalizarse y por no llamar la atención. Muchas veces este “derecho natural” al privilegio se origina en decisiones del mismo poder judicial, como sucede, por ejemplo, con la negativa a pagar impuesto a las ganancias e ingreso brutos como el resto de los habitantes.

En otras oportunidades, en cambio, los privilegios le son ofrecidos a los miembros de esta organización desde el exterior de la corporación. Así sucede, por ejemplo, con los posgrados de las universidades, en donde a los miembros del poder judicial se les da media beca en el pago de la matrícula de modo automático, esto es, aun sin que se solicite descuento alguno. Esta práctica es sumamente inequitativa, pues los jóvenes graduados que ya han conseguido un lugar en la corporación cobran mayores sueldos y están en un situación laboral mucho más cómoda —con razón o sin ella— que los jóvenes que trabajan con abogados particulares.

Todo esto lleva a que jueces, funcionarios y empleados judiciales crean firmemente que existe algo así como un “derecho natural” a que se les reconozcan privilegios en todos los ámbitos.

Además de la cantidad de privilegios de los miembros del poder judicial, otra característica esencial del modelo napoleónico de organización judicial es su verticalismo. Es por ello que en un post de Lucas Arrimada de 18/2/2009 se lee la siguiente cita de Zaffaroni:


Más allá de esto, reconocemos pasajes muy buenos cuando leemos esto, por ejemplo: “En la práctica, la lesión a la independencia interna suele ser de mayor gravedad que la violación a la propia independencia externa. Ello obedece a que el ejecutivo y los diferentes operadores políticos suelen tener interés en algunos conflictos, en general bien individualizados y aislados (salvo casos de corrupción muy generalizados, o sea, de modelos extremadamente deteriorados), pero los cuerpos colegiados que ejercen una dictadura interna y que se solazan aterrorizando a sus colegas, abusan de su poder en forma cotidiana. A través de este poder vertical satisfacen sus rencores personales, se cobran en los jóvenes sus frustraciones, reafirman su titubeante identidad, desarrollan su vocación para las intrigas, despliegan su egolatría, etc., mortificando a quienes por el mero hecho de ser jueces de diferente competencia son considerados sus ‘inferiores’. De este modo se desarrolla una increíble red de pequeñeces y mezquindades vergonzosas, de las que participan los funcionarios y auxiliares sin jurisdicción. La maledicencia se convierte en moneda corriente, hace presa a todos y sustituye a las motivaciones racionales de los actos jurisdiccionales: las sentencias no confirman, revocan o anulan por razones jurídicas, sino por simpatía, antipatía, rencor, celos con el colega. Si los operadores de un poder judicial verticalizado decidiesen un día dejar de practicar la malediciencia respecto de sus colegas, reinaría en los edificios de sus tribunales más silencio que en los templos”. En un trabajo, a estas prácticas, las llamamos autoritarismo jerárquico del Poder Judicial (o de otras estructuras burocráticas)[1].

Esta sistema de organización judicial no se corresponde, de modo evidente, con una organización democrática de la justicia. Lo terrible de estas afirmaciones de Zaffaroni es que él es ahora ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y no conocemos medida alguna que se haya tomado para acabar con estas prácticas. El terrible panorama descripto en el párrafo citado no despierta reacción alguna entre los juristas.

Téngase en cuenta que en un país en el cual se cuestiona el altísimo grado de dependencia del poder judicial con el poder político, un ministro de la Corte ha dicho que “la lesión a la independencia interna suele ser de mayor gravedad que la violación a la propia independencia externa”. Y, sin embargo, esta grave lesión a la independencia es abiertamente tolerada.



28 jun 2012

Convocatoria a Encuentro de Mujeres Litigantes






Convocatoria a Encuentro de Mujeres Litigantes

Queríamos invitarlas a participar de un encuentro de mujeres abogadas que ejercemos la profesión en el fuero penal, muchas de uds. ya han sido convocadas desde febrero de este año. En los encuentros que tuvimos surgió la necesidad de hacer una convocatoria TODAS aquellas colegas que ejercen en penal por esto les estamos mandando este mail, aún cuando no nos conozcamos.   
En principio la convocatoria es para conocer la experiencia de cada una en la práctica profesional, y si han advertido alguna situación diferente por ser mujer ya sea en tribunales, en sus ámbitos privados de profesión, etc. Esto en miras de identificar bien la problemática que se presenta a la hora de ejercer la abogacía siendo mujer en el ámbito penal.
Sabemos qué resulta difícil reunirse cuando muchas de nosotros no nos conocemos, y quizás no compartimos los mismos pensamientos, pero la idea es invitar a participar a quien tenga ganas y no dejar a nadie afuera.  
También esta convocatoria es para generar un espacio de diálogo entre nosotras, y de entendimiento para generar una solidaridad entre las colegas mujeres que ejercemos la profesión. Si bien todavía no hemos definido ninguna agrupación en concreto, al menos pretendemos poder generar el espacio en esta cuestión tan particular.
Desde que iniciamos las reuniones hemos tomando contacto con mujeres del Poder Judicial quienes asistieron a las reuniones y mostraron interés en armar un red de mujeres para tratar esta cuestión particular. La última reunión fue con Malala Garrigós de Rébori y Mirta López González en donde surgió la idea de hacer participar a la Facultad de Derecho de la UBA para armar una actividad vinculada a las mujeres en la práctica penal (ámbito privado y público). Nos reunimos con la decana Mónica Pinto quien también mostró interés y está dispuesta a prestar el ámbito de la facultad para cualquier actividad que organicemos.   
Advertimos que la convocatoria de las colegas penales no es una cuestión fácil, ya que no existe una corporación que nos una, pero nos encantaría poder contar con uds. y con cualquier otra colega que no hayamos incluido en este mail para que vengan a participar. Cualquier aporte es bueno, ya sea viniendo a la reunión, mandando mails con ideas, propuestas, críticas.

Muchos saludos,

        Mariana Barbitta (conjuntamente con Natalia Sergi y Carolina Maglione)  





21 jun 2012

PERITAJES DE JULIO B. J. MAIER Y DE ALBERTO BOVINO ANTE LA CORTE INTERAMERICANA


PERITAJES EN
EL CASO MOHAMED VS. ARGENTINA









Un caso muy interesante en el cual se cuestiona
el principio de legalidad de un delito culposo
y el recurso extraordinario federal
como impugnación de la primera sentencia penal condenatoria


mohamed from CorteIDH on Vimeo.

16 jun 2012

DÓLARES Y MARIHUANA


UN DEBATE CON VERDES CONTRADICCIONES 
Por Mariano Silvestroni



En la Argentina de hoy es bastante complicado debatir sobre libertades individuales. Sobre todo si se pretende asumir una posición medianamente coherente.
Derechas e izquierdas (y pido perdón por acudir a una distinción tan antigua y poco expresiva de contenidos políticos concretos) siempre se caracterizaron por defender cada una de ellas (al menos discursivamente) una parte de la libertad. Las libertades económicas fueron bandera de las derechas y las libertades civiles de las izquierdas, al menos en sus versiones moderadas, claro está, porque las posiciones extremas en uno u otro sentido siempre renegaron de todo atisbo de libertad.
Nos parecería razonable escuchar, de alguien de derecha, una defensa de la libertad de atesorar dólares o cualquier otra moneda o valor, en ejercicio del derecho de propiedad y como mecanismo de protección frente a la inflación, la expropiación de depósitos, la modificación compulsiva de contratos, el default de bonos o la inexistencia de cajas de jubilaciones confiables; en fin, lo usual en la historia argentina desde que tengo memoria (nací en 1969).
Tan razonable como escuchar de alguien de izquierda, la defensa del derecho individual de disponer del propio cuerpo del modo en que cada uno lo prefiera, lo que incluye el derecho de consumir drogas de cualquier tipo.
Cada posición asumiría, además, una mirada crítica a la pretensión de utilizar al sistema penal para perseguir a quienes dispongan de sus atributos (su propiedad o su cuerpo respectivamente). Considerarían propio de un Estado policial y dictatorial que los individuos sean escrutados por perros en busca de la sustancia o mercancía prohibida, que sean monitoreados en sus conductas, que terminen encarcelados. Estarían dispuestos a marchar con banderas, cánticos e incluso con cacerolas bochincheras, para hacer conocer su enojo y manifestar su protesta.
La defensa de estas ideas se puede encarar desde una posición de asepsia intelectual, esto es, como resultado de una especulación objetiva sobre lo justo o útil, o desde el prisma de quien defiende su propio interés.
Entonces, el defensor del derecho de tener y disponer de dólares y valores podrá inspirarse en una evaluación objetiva sobre lo que considera correcto y útil para la sociedad o en su afán de especular o enriquecerse o simplemente de ahorrar. Del mismo modo, el defensor de la libre circulación de drogas podrá inspirarse en la defensa del ideal de libertad, en una crítica al daño que causa la prohibición o en la mera intención de consumirlas o comercializarlas.
En general, las ideas políticas se forman por combinación de ambas circunstancias, aunque parecería ser que el interés personal es el que prevalece en la militancia concreta y el que lleva a los simples ciudadanos a defender una u otra posición.
Esto es muy claro respecto de las drogas: los defensores de la libertad son, en su gran mayoría, quienes pretenden consumirlas sin ser molestados. Y también respecto del dólar, en tanto quienes defienden la libertad cambiaria son quienes pretenden ahorrar en dicha moneda, o viajar o comprar bienes con ella. Como se advertirá, en ambos casos hago referencia a la situación de los simples ciudadanos y no a las corporaciones que podrían pretender negocios en uno u otro ámbito.
En estos días, la Argentina asiste a debates que rondan estas verdes obsesiones; el dólar y la marihuana, la libertad y el control, el rol del Estado frente a las libertades individuales.
En la Cámara de Diputados se está debatiendo una modificación de la ley 23.737 con el objeto de despenalizar la tenencia de drogas (de todas las drogas) para consumo personal y, en especial, el cultivo de Marihuana para consumo propio y la tenencia de semillas con igual finalidad. Un sector del Gobierno Nacional y ciertos sectores de la oposición, parecerían estar de acuerdo con la modificación. Comparto ese punto de vista; es más (y aunque no viene del todo al caso) en lo personal preferiría que los legisladores fueran más allá en la despenalización, poniendo fin a esta ridícula caza de brujas que tantas vidas se ha cobrado; reconozco, de todos modos, que esa utopía es, hoy por hoy, irrealizable.
Paralelamente, la Argentina se debate en torno a la libre disponibilidad de dólares y demás monedas extranjeras, a la legitimidad y eficacia de las medidas del Estado para restringirla (lo que hoy en día se denomina “cepo cambiario”). En este caso, los autodenominados progresistas (sobre todo los cercanos al gobierno) parecen escoger un camino diferente, el de la prohibición, el de los perros requisando turistas. Se anuncia, incluso, la pretensión de “modificar” la forma de pensar de los argentinos que desean ahorrar en dólares. Algo parecido a los tratamientos para drogadictos de la ley 23.737 que están a punto de derogarse.
La discusión adquiere tales niveles que un economista del actual establishment ha equiparado a las personas que atesoran dólares con los enfermos de TOC (trastorno obsesivo compulsivo), incurriendo en un etiquetamiento similar al que se lleva a cabo cuando se considera enfermo al consumidor de estupefacientes, o al delincuente a secas al que se quiere imponer un “tratamiento penitenciario”.
Me causa mucha gracia (aunque tal vez debería darme pena) la coincidencia de izquierdas y derechas en el discurso liberal para intentar defender una u otra libertad. Una u otra, nunca las dos. La libertad propia se defiende, la del otro se pisotea.
Si bien esta ha sido una característica histórica de los defensores de uno y otro discurso, lo que la torna interesante en este momento es la simultaneidad, la (parafraseando al economista que acudió a otra dolencia del DSM-IV) “esquizofrenia” de quienes, al mismo tiempo, propugnan la libertad de drogarse, pregonando a los cuatro vientos el fracaso de la cruzada contra las drogas, mientras coinciden con las restricciones gubernamentales a la compra de divisas extranjeras, con modificar a la fuerza la forma de pensar de quienes buscan refugio frente a la inflación y frente al robo sistemático que en los últimos años han llevado a cabo los bancos, los mercados de valores y los funcionarios públicos. Esa posición es tan interesante como la de quienes cacerolean porque no pueden comprar dólares o porque les licúan sus pesos con una inflación del 25% anual, pero al mismo tiempo son capaces de vomitar de sólo imaginarse que una persona pueda tener una plantita de marihuana en su jardín y fumarse un porro todos los días (y ni se nos ocurra proponerles la libertad de poseer cocaína, heroína o LSD; “vade retro Satanás”).
El debate en los medios de comunicación parecería estar en manos de “fachos” y “fumones”, que hablan de libertad con gran hipocresía, que sólo defienden su propio interés y a quienes piensan como ellos, sin detenerse a pensar que la esencia de la libertad es la tolerancia del diferente.
Y también están por allí los que no advierten (o lo hacen pero miran para otro lado) que ciertas restricciones a la libertad de los simples ciudadanos (sobre todo cuando se relacionan con la pretensión subjetiva de proteger la propiedad y las propias preferencias de vida) nunca funcionan y siempre generan daños mayores.
Los resultados están a la vista. La cruzada contra las drogas constituye uno de los fracasos más rotundos del discurso conservador en materia de libertades civiles; ha creado mafias, causado muertes, desparramado la corrupción en todos los estratos gubernamentales, enriquecido bancos extranjeros y empobrecido a los países productores, pero no ha evitado que las personas elijan drogarse, a pesar de la mala calidad del producto que es consecuencia de la prohibición.
Existe una regla de la economía que muestra que cuando se restringe la oferta de un producto, su precio aumenta. Y eso es lo que ocurrió en materia de drogas: la represión de todos los circuitos de tráfico restringió la oferta del producto (porque la tornó más dificultosa y riesgosa), haciéndolo más escaso y, consecuentemente, aumentando su precio. Y existe otra regla del mercado que muestra que cuando el precio de un producto aumenta, se incentiva la aparición de oferentes de ese producto (eso es lo que ocurrió con los narcotraficantes: antes del inicio de la cruzada contra las drogas eran una rareza mientras que ahora constituyen una de las principales mafias a nivel internacional). Se genera, en suma, una especie de compensación: la restricción disminuye la oferta formal y aumenta el precio y ello deriva, finalmente, en un aumento de la oferta real como consecuencia del precio mayor. Todo ello en un contexto de criminalización que torna extremadamente peligrosa la actividad generando costos adicionales que necesariamente se trasladan al precio final, produciendo una espiral ascendente de mayores ganancias, mayor oferta y multiplicidad de negocios periféricos (seguridad, transporte, cobertura, lavado de dinero) asociados al tráfico.
En definitiva, el incentivo de la oferta de drogas derivado de la criminalización es lo que ha provocado la formación de redes de narcotráfico y lo que explica el estrepitoso fracaso de la denominada “lucha contra las drogas” impulsada por los Estados Unidos de Norteamérica.
Un ejemplo de que la libertad siempre se abre camino.
Lo mismo ocurrió con los controles de precios cada vez que se pusieron en práctica y con la violación del derecho de propiedad.
Cuando se fija “oficialmente” el precio de un producto por debajo de su precio de mercado, se producen dos cosas: a) se retrae la oferta “oficial” puesto que a menor precio menor oferta (es lo que ocurre con el dólar oficial en la actualidad: nadie quiere vender a ese precio, ni siquiera el propio Estado que precisamente por ello restringe la venta a los ciudadanos); b) se forma un mercado paralelo en donde se estimula la aparición de nuevos oferentes (los “arbolitos) y en donde el producto se cotiza a su precio real (cuando hablo de “precio real” hago referencia al precio al que el producto se consigue).
En este contexto, si se persigue el mercado paralelo de divisas (inspectores de la AFIP y policías recorriendo el microcentro a la caza de “cuevas”, perros olfateando viajeros en los puestos de la aduana y quien sabe que otras ideas más que puedan implementarse en el futuro) se cae en el esquema ya explicado, porque se produce una retracción de la oferta formal derivada de la prohibición, que estimula el aumento del precio y a formación de un mercado paralelo y muchas veces criminal.
El mismo esquema político, la misma lógica, el mismo fracaso.
En ambos casos se presenta, además, la particularidad de que se trata de la represión de comportamientos vinculados con libertades individuales que (por diferentes razones) las personas están dispuestas a llevar a cabo de todos modos (repito que me refiero a la compra de dólares y drogas por parte de simples ciudadanos y no de corporaciones de negocios).
El que elige fumar marihuana la va a fumar diga lo que diga el Estado y el que elige ahorrar en dólares o viajar lo va hacer de uno u otro modo con independencia del esfuerzo político que se despliegue en sentido contrario. Se trata de decisiones personales que no se retraen frente a garrotazos, medidas curativas o intentos estatales de “modificar” la forma de pensar y razonar.
Hay muchas otras similitudes entre ambas oleadas prohibicionistas. En ambos casos quienes más se perjudican son las personas de menos recursos económicos; en el caso de las drogas el más pobre es quien más riesgo corre para adquirirla y, además, ocurre que generalmente sólo puede acceder a un producto de muy mala calidad y, por ende, mucho más lesivo para la salud (el caso del paco es el ejemplo paradigmático). En el caso de los dólares, el jubilado o el asalariado con un sueldo mínimo o el trabajador informal deben recurrir necesariamente al “arbolito” (muchas veces en condiciones de precariedad que los expone a riesgos de fraude), ya sea para viajar o para enviar dinero a parientes en el exterior (situación muy usual en la República Argentina).
En la otra vereda, las personas con mayores recursos económicos cuentan con mejores opciones: ingresos no declarados en dólares billete, cobro de cuotas o alquileres en dólares billete, ingresos “blancos” que permiten obtener autorización oficial para comprar.
La historia de siempre.
Sin embargo, ni “fachos” ni “fumones” se preocupan realmente por la libertad del otro ni por la situación de quien menos tiene. La libertad no es una prioridad, es sólo un eslogan para defender el propio interés.
Como el dólar y la marihuana, el debate sobre la libertad sigue verde, demasiado verde.

12 jun 2012

JORNADAS SOBRE REFORMA JUDICIAL EN RÍO GRANDE





Segunda parte. Versión sin censura
 Por Esteban Chervin
Con breves notas de ABovino







De izquierda a derecha: Jorge López Uribe (alumno del curso de
Garantías del Posgrado de la UBA, 2008); Esteban Chervin; Guillermo
Garone (idem López Uribe); Pablo Candela (alumno del curso de grado
"Garantías Constitucionales", UBA); el inefable V.S. Juan José Varela.




Tras subir al avión, y recuperar el aliento perdido en la corrida emprendida hacia el control de seguridad en el que dejé olvidada la mochila, nos informan que el despegue se demoraría algo así como veinte minutos por cuestiones de tráfico aéreo, lo que sea que ello signifique.

Ni bien termina el anuncio, escucho a Bovino diciéndome, entre el sueño y el arrepentimiento de haber aceptado emprender un viaje a esas horas “viste, te dije que estos siempre se atrasan…”. Mientras lo escuchaba, pensé si esa demora en el tráfico aéreo no habría sido provocada por nuestra tardanza en abordar.

AB: ¿Cómo “nuestra”? Tu tardanza, Esteban.

Despegamos, conversamos un rato y nos quedamos dormidos. Alrededor de una hora y media más tarde, comenzó la tortura disfrazada de servicio de abordo. Mientras las azafatas repartían las cajitas de rigor y ofrecían bebidas, un pasajero se descompuso o por lo menos eso creí, ya que una señorita de cabotaje no paraba de gritar “Un médico, un médico, ¿algún pasajero es médico?”.

Inmediatamente una azafata realizó el anuncio por los parlantes del avión y una médica corrió desde el fondo a socorrer al desgraciado.

Sin siquiera proponérmelo vino a mi cabeza “el bombero García”, que en virtud de la ocasión bauticé como “el piloto Rodríguez”. Comencé a fantasear con la idea de la necesidad de desviar el avión al aeropuerto más cercano para que atendieran al moribundo, con tal suerte que en ese hipotético lugar al que llegáramos no hubieran podido salvar al descompensado, pero si en cambio si hubiera desviado el vuelo hacia otro destino más lejano hubiera contado con los medios necesarios para salvarlo, pero con riesgo para el resto de los pasajeros por las cuestiones climáticas en las que se encontraba esta segunda alternativa.

AB: Lo peor de todo es que el tarado de Esteban lo planteaba como casos hipotéticos de teoría del delito…

Todo ocurría en tiempo real y mientras pensaba estos disparates, se lo contaba a Bovino mientras podía, ya que estaba totalmente tentado y no paraba de reírme.

Por su parte, Bovino estaba más pálido que de costumbre y nervioso como nunca. Mientras más insistía con esta hipotética adaptación de García, más alterado se ponía. Inmediatamente advertí que debía cambiar de tema, porque la cosa se ponía seria.

AB: Advierto a los lectores que padezco de fobia a los vuelos. La fobia no es miedo, es un “temor irracional, desproporcionado y persistente, que se manifiesta como respuesta a la exposición de ciertos objetos o situaciones[1].

Por suerte, un instante después vimos como el moribundo ya recuperado era trasladado entre una hermosa azafata y la médica ocasional a la sección de primera clase. Otra vez mis pensamientos más oscuros tomaron la iniciativa: “¿no habrá sido todo una actuación para que lo pasen a primera?, le dije a Bovino otra vez riendo descontroladamente. “… no sé, pero la mejor solución a tus casos hipotéticos hubiera sido tirarlo fuera del avión”.

Llegamos a Río Grande y nos recibieron nuestros amigos locales.  Todo fue correcto y ameno. Por supuesto que la estrella de la función era Alberto e inmediatamente se lo hicieron saber “… cualquier cosa que necesites, nos avisás”, dijeron los anfitriones. “Llévenme a dormir, por favor” respondió Bovino. “No quieren que les mostremos la ciudad?”, insistieron los anfitriones. “Llévenme a dormir, por favor” respondió Bovino en piloto automático.



Llegamos al hotel. Acreditaciones. Fichas. Preguntas. Llaves. Despedida. Reencuentro de mediodía. Almuerzo.

Nos llevaron a un lugar hermosísimo, contiguo al mar, y con vista exclusiva al inmenso entorno que lo rodeaba. Un nuevo anfitrión apareció. Se presentó ante nosotros saludándonos como si nos conociéramos de siempre. Sonrisa en el rostro y algún comentario gracioso, derritieron el hielo y antes de hacer el pedido ya éramos conocidos de siempre. 

Pablo Candela, AB y Juan José Varela




 ¡Qué tribunal! ¡Más que tribunal es un cuartetazo!
Esteban Chervin, Juan José Varela, AB y Pablo Candela


Regreso al hotel. Descanso y preparación de los detalles finales de la presentación. Traslado al salón de conferencias.

- Che, Esteban: ¿vos de qué vas a hablar?

 - Yo te presento a vos Bovino. Después modero las preguntas y te hago a vos alguna pregunta acerca de los temas que vos presentaste.

- ¡No! Vos tenés que hablar acerca de cómo está regulada la mediación en la provincia.

- Me encantaría, pero no está previsto eso, así que yo te presento y después modero el debate.

Presentación de Alberto por Esteban.


Presentación de Esteban Chervin


AB: Querido Esteban, muchísimas gracias por esa presentación que me emocionó y no creo merecer.

Presentación del tema de la jornada por Bovino. Preguntas.

 Bovino - Primera Parte
La justicia es la crisis

Bovino - Segunda Parte
Justicia monárquica


Bovino - Tercera Parte
Víctimas y jurados



Final de la jornada.

Ya era tarde cuando llegamos al lugar en el que se realizaría la cena de homenaje al invitado de honor.


Comenzamos tomando una bebida.

AB: “Comenzaron”, Esteban, “comenzaron”. Yo me fui solito a la barra y, para evitar el vino, que me hace mal a la salud, me pedí un par de gins con jugo de naranja deliciosos.

El menú preveía como opción, una entrada de rabas y canelones de centolla con salsa mixta, como plato principal. Esa fue la elección de Bovino. Comimos la entrada conversando muy agradablemente entre todos los que estábamos allí. Sin embargo, cada tres minutos sonaba su teléfono y él salía y contestaba.

No tengo recuerdo de cuando fue la última vez que salió, solo recuerdo que en un momento veo que llegan sus canelones y su silla estaba vacía. Instantes después mi teléfono suena anunciando que había recibido un mensaje. Era Bovino diciendo lo siguiente

“… Me vinieron a buscar, disculpame con los demás…”

Entre nervios y risas pido la atención de los anfitriones y hago el anuncio.

- Disculpen, pero acabo de recibir un mensaje de Bovino en el que pide que lo disculpen, pero que se tuvo que retirar porque lo vinieron a buscar.

- ¿Es joda, no?

- No, no. Mira el mensaje.



Tiro el teléfono hacia la otra punta de la mesa. Todos miran el mensaje y comienza la risa generalizada. El homenajeado había desaparecido antes de probar el plato principal. La sorpresa fue reemplazada por la risa de todos antes de lo pensado, cuando nos dividimos el botín de centolla con salsa mixta.




AB: ¡Por Dios! Qué gente… se repreocuparon por mi ausencia…

El vuelo de regreso nos juntó con un abogado que había asistido a la jornada del día anterior, quien se había quedado con una pregunta pendiente que no quiso formular en el momento ya que se trataba de un caso judicial en trámite. Después de escuchar la pregunta del joven defensor, Bovino le responde por qué motivos su planteo contenía algunas debilidades.

- Ahhhh, entonces están fritos, ¿qué me recomienda?

- Te recomiendo que les avises que mejor no cometan más delitos —dijo Bovino.

Turbulencia. Aterrizaje. Abrazo. Despedida.

11 jun 2012

PARTIDA EN EL VUELO DE LAS 5:45


VIAJANDO CON ESTEBAN CHERVIN


Por Alberto Bovino







El despertador sonaba enloquecido a las 4 AM en mi cuarto. Yo dormía como un oso hibernando. A las 4:15 AM Esteban Chervin comenzó a llamarme al celular sin ningún éxito. Finalmente, a las 4:30 escuché la llamada y logré atender. Esteban me recordó que a las 4:45 AM me pasaría a buscar por mi casa para ir juntos a Aeroparque a tomar nuestro vuelo. Y efectivamente, a las 4:45 tocaba el portero como un desaforado. Luego de que logré vestirme y recoger todas las cosas que llevaría en nuestro viaje, bajé a las 4:55. Esteban me decía que perderíamos el avión. Le dije que no, que llegaríamos a Aeroparque en cinco minutos.

Llegamos a Aeroparque rápidamente, porque a esa hora la ciudad entera dormía. Antes de entrar a la terminal le digo a Esteban:

—Bancá que necesito fumarme un pucho antes de subirme al avión.

Esteban me miró como si yo estuviera loco y se resignó a esperarme.

—No seas ansioso, recién son las 5:15, el vuelo sale a lasa 5:45 y, además, los vuelo de Aerolíneas nunca salen a horario.

—¡Pero ya están llamando para abordar!

—Ése es el primer llamado…

La expresión de su cara me dio pena, me sentí cruel, apagué el pucho y dije

—Bueno, vamos, ¡exagerado!

Mi compañero de viaje había hecho el check in por internet, no llevábamos equipaje para despachar, así que marchamos raudamente hacia la puerta de embarque. Esteban se me adelantó diciendo que iba a avisar que no nos cierren el vuelo. Con Esteban marcharon los dos boarding pass.

Cuando llegó al final de ese pasillo gigantesco que hay en Aeroparque, me pareció escuchar mi nombre por el altoparlante. Luego de entrar a la zona de pasajeros, veo una cola larguísima para pasar por seguridad. Me adelanté y le dije a la mujer encargada que me estaban llamando por el altoparlante. Me dejó pasar, me desvestí de mis objetos metálicos, pasé el control sin problemas, y marché a la puerta de embarque. Como no podía ser de otra manera, era la que estaba en último lugar.

Caminé tranquilo hasta allí. Cuando llegó con mi mejor sonrisa, la azafata me miró con una cara de orto de aquellas. Me mandé al avión y por fin podrían cerrar el vuelo. Pero no fue así. Un pasajero irresponsable logró demorarnos a todos. Al subir al bus que nos llevaría al avión, veo que Esteban se baja corriendo del bus. Pensé que no me había visto subir y le pegué un grito. Me miró con cara de “Ya sé, boludo” y salió corriendo. A los cinco minutos se lo vio llegar jadeando. Se subió y le pregunté qué le había pasado

—Me había olvidado la mochila cuando pasamos seguridad.

—Sos un irresponsable —le dije—, culpa tuya casi perdemos el vuelo…