6 nov. 2009

DEL BAR A LA COMISARÍA

¿Y AHORA DÓNDE DUERMO?

Dedicado a MG, HC, RS, AR y MA

La primera parte de esta historia aquí, y la segunda aquí.





Tres de la mañana en Antigua. Nadie en ningún lado. El único imbécil, un abogado argentino, pensando qué hacer, preguntándose mentalmente:


- ¿Qué hace un tipo como yo en un lugar como éste?


El silencio era tanto que escuchaba mis pensamiento como si estuviera hablando. Lo más razonable, pensé, sería ir a un hotel y pasar la noche allí. Mi concepto de razonable no coincidió con el de los hoteleros de Antigua. Todos me sacaron a patadas, no sé por qué extraña razón. Para los mal pensados, les aclaro que no tenía nada que ver con el hecho de que yo estuviera algo descompuesto.


Escudriñé profundamente todos los lugares alrededor de mi persona, como si poner cara de chino me podría ayudar en algo. Estaba parado en una de las esquina de la plaza. De repente, en el extremo opuesto de la plaza, estacionado a 45 grados, me pareció ver un carro —auto, en chapín—. Me acerqué, y a medida en que caminaba mi esperanza crecía; tenía toda la pinta de ser un taxi. Dado que no podría dormir en Antigua, entonces dormiría en Guatemala City. Efectivamente, era un carro destartalado con la señal de “taxi” y con el chofer durmiendo en su interior, esperando al único pasajero despierto en toda la ciudad.


- Oiga, señor..


Dije golpeando la ventanilla de su carro. Varias veces, hasta que me miró como diciendo “¿y este huevón qué quiere?”. Cuando logré que entre sueños me prestara un poco de atención, le pregunté cuánto me cobraba para llevarme a Guatemala. Hasta le dije que le pagaría el doble de la tarifa. Me miró como si le estuviera pidiendo que me trajera a Buenos Aires, murmuró algo que sonó a puteadas varias, se dio media vuelta y siguió durmiendo como si nada.


Empecé a caminar, totalmente desesperanzado; se habían agotado mis posibilidades de dormir en un lugar decente, y en pocas horas tenía que dar una compleja charla sobre derecho constitucional guatemalteco y pena de muerte. Luego de unos minutos, ví que me acercaba al destacamento policial.


Perdido por perdido, me mandé, y le conté a los agentes del orden mi pequeño problema. Yo creía que estaba impecable, pero la verdad es que mi nivel de alcohol en sangre debe haber sido un poquitín más alto del límite legal. Después de mi relato, me preguntaron qué podían hacer por mí. Debo aclarar que la policía de Antigua, especialmente con los extranjeros, no parece policía.


Mi primer brillante idea fue preguntarles si no había un celda libre donde pudiera dormir —sí, como leyeron, quería entrar voluntariamente a una celda—. Al instante tuve un intervalo lúcido y pensé que cuando cambiara la guardia quién chucha me iba a creer que yo estaba allí por mi propia voluntad. Me pasó un flash de imágenes: preso sin condena, preso sin proceso, preso sin documentos, preso que al comparecer ante un tribunal que escuchara mi explicación declararían insano y terminaría de por vida en un psiquiátrico guatemalteco. No es que no lo merezca… pero prefiero seguir en libertad porque soy un insano no demasiado peligroso.


“Mejor no”, dije, mientras los tres policías no podían creer lo que veían. Como los guatemaltecos no comprendían muy bien mi castizo castellano alcoholizado, me preguntaron:


- ¿Y por qué no se va en un taxi hasta Guate?


- Porque le pedí que me llevara al único taxi que está aquí afuera, y está durmiendo y no me quiere llevar…


- ¿Y cuánto le cobra el taxi para llevarlo a Guate?


- Y… unos 300 quetzales…


- ¡Ah!, pero por esa suma nosotros lo llevamos.


- ¿Cómo me llevan? ¿En qué me llevan?


- En nuestro carro.


- Y… bueno… vamos pues.


¿Y cómo era "nuestro" carro? Era un lindo patrullero. Así que Bovino partió raudo para Guate City, echado para atrás cómodamente en el asiento trasero del coche patrulla, a dormir plácidamente en su propia cama. Cuando estábamos entrando, pasamos por la puerta del puticlub más exclusivo de Guate, y dije, extrañando, como siempre, mis frenos inhibitorios:


- Me gustaría agradecerles su atención invitándoles unos tragos aquí, dicen que el lugar es muy bueno.


Juro que jamás había ido allí. Los policías se miraron entre sí, parecían que se le iban a caer las lágrimas, y el que hacía de jefe finalmente dijo:


- Fíjese que no podemos porque estamos uniformados. No se ofenda por favor.


Lejos de ofenderme, me sentí aliviado de que frustrasen mi nuevo acto de irresponsabilidad. Y entonces me dejaron en mi casa como a las 4:30 AM. A las 10 de la mañana debía dar la charla sobre pena de muerte, pero lo único en que pensaba mientras subía en ascensor hasta el octavo piso era en mi cama…



19 comentarios:

Elenasdream dijo...

Alberto, tus vicisitudes por Guatemala me han hecho desternillar. Tu relato no tiene pérdida, tus intentos por un simple y merecido descanso son felinescos. De verdad espero con ansiedad lo que continúa. Circunstancialmente desde Barcelona, Mena.
Un beso

ABovino dijo...

Querida Mena:

Este comentario, viniendo de vos, me hace sentir feliz de haberlo escrito.

A pesar de que este es mi blog personal, hay gente que se escandaliza porque escribo sobre estas cosas —a las que no les veo nada de malo—.

De éstas tengo muchas, algunas no aptas para menores, pero trataré de ir alternando discusiones interesantes y necesarias como las de los abogados/profesores/jueces que da clase con relatos como éste.

Te agradezco mucho tu comentario, y por favor opiná mas seguido porque tu opinión sobre el final de la saga del profesor y Giuseppe fue el comentario más lúcido que allí se hizo.

Un beso grande a mi lectora preferida,

Alberto

MG dijo...

Gracias por la dedicatoria. Era hora de que esta historia fuera disfrutada por el gran público.

ABovino dijo...

Claro, total lo escribo yo. En realida, queridos lectores, estas son historias cuyos protagoinistas son amigos míos que no se animan a dar la cara. Los que me conocen saben que yo soy incapaz de hacer cosas como éstas.

Saludos,

AB

MG dijo...

En todo caso, actores de reparto. Golpearles el porton a las monjitas a la una de la mañana también tuvo lo suyo, claro.

Edgardo A. Amaya Cóbar dijo...

celebre anecdota... bueno verla escrita...

Nicolas dijo...

Alberto, no deja de parecerme maravillosa toda la anecdota, y por dios decime que la magia continua...

Saludos, Nico

Simon Muntaner dijo...

Dear Comrade, lo del auto de la policia y la oferta de unas copas en un puticlub no tiene precio. Es superior a cualquier relato de noches golfas que haya nunca oído. Espero continuación y continuidad desde este lado del Atlántico donde jamás te habría podido suceder esto con la Guardia Civil.

ABovino dijo...

Nico, aquí la terminé. Lo que pasó a la mañana no tuvo mucho de magia. Aunque cumplí dignamente con mi deber como expositor, pero fue la mañana más larga de mi vida.

Abrazo,

AB

ABovino dijo...

¡Don Simon! Lo extrañaba, y esperaba su comentario. Usted sí que me comprende. La próxima vez que nos veamos, nos vamos de bares y después intentamos que una patrulla de la federal nos deje en nuestros respectivos domicilios...

Abrazo desde el trasero del mundo,

AB

Zaratustra dijo...

Alberto!
Increible, lo que me reí con estas anécdotas tomando una buena cerveza.
Tenés que largarte a escribir novelas.
Otra que Dostoievski...

ABovino dijo...

Don Z:

Lo absurdo es mi vida y los problemas en los que me meto por razones varias. Mi imaginación no es tan creativa como la realidad.

De hecho, a la mañana siguiente, cuando llegué sobre la hora al seminario, entré a las corridas al convento y prácticamente me lo choco al jefe minuguo (el que me había designado "borracho en jefe" la tarde anterior).

Cuando me preguntó de dónde venía, no me salió nada mejor que la verdad pura y dura (obviando lo de la invitación de los polis al puticlub). Y un amigo minuguo uruguayo que escuchó todo me dijo:

- Bovino, no te creo ni una palabra...

A lo que contesté:

- ¿Vos creés que tengo tanta imaginación como para inventar una historia tan absurda?

Anónimo dijo...

Alberto:

Me he reído como pocas veces leyendo tus peripecias en Guatemala. Un abrazo. F.

Anónimo dijo...

Me encantó la historia de Antigua.

Tendríamos que hacer algún seminario allí para recordar aquellos tiempos.

Besos.

Anónimo dijo...

Bovino:

He leído lo de Bruzzone y me quedé con ganas de escribir, pero no me da el tiempo.

De todos modos fue más divertido tu noche en Antigua.

Besos.

Anónimo dijo...

y uno que lo venera como el paladín de la Justicia.. ta´madre... igual no hay mejor santo que el que confiesa sus delitos... ejem.. digo sus pecados. La excusa absolutoria de los poli´s no podemos porque vestimos uniforme me encantó... saberlo los de Baires

Raul Soria

MG dijo...

Bovino: como que la dejas ahi? Como hiciste para despertarte?
Falta contar que la conferencia fue de nivel, aunque con anteojos negros.

Fabian dijo...

Luego de leer esto prometo dos alternativas.
Una, Dios no quiera, si te vas antes que yo, con estas historias mando todo a Roma para iniciar el proceso de tu canonización, confió que encontrando al conductor dormido y un poli, mas lo poco que pueda estudiar de Derecho Canónico, a la beatificación llego seguro.
Caso contrario, si me voy yo y Dios existe (cosa que no creo pero buee, vamos a manejarlo dada la estadística y leyes de probabilidad) se lo comento de inmediato. Creo que, si le cuento esto y lo charlo un rato, tenemos serias posibilidades de conseguirte una nube confortable con frigobar y esas cosas.
Impactante anécdota, podemos hacer una recopilación de anécdotas e historias, ya tengo título: Algunos polis pueden llegar al cielo y Bovino también!

Sol Bonelli dijo...

Es muy buena esta historia.
Saludos.