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4 sep. 2012

TESTIGO PROTEGIDO DECLARÓ EN EL JUICIO POR EL ASESINATO DE MARIANO FERREYRA

Una audiencia muy particular

Por Alberto Bovino*





Fue una jornada muy particular. Comenzando porque Maxi Medina me pasó a buscar por casa a las ¡8:30! Después de no desayunar en el bar del 9º piso, marchamos hacia la sala de audiencias. Allí nos enteramos de que hoy declararía un testigo protegido. La entrada fue problemática porque el número de representantes de las partes era limitado; demoramos mucho en entrar porque nos pidieron los documentos a todos; y hubo otras limitaciones sque fueron impugnadas por las defensas. Las limitaciones impuestas incluían, por ejemplo, la imposibilidad de utilizar las computadoras; esto generó protestas varias, razón por la cual se nos concedío más de media hora para que nos preparemos. Tampoco podíamos salir de la sala, por lo que un defensor planteó un habeas corpus que le fue concedido por el presidente.

Además del habeas corpus, hubo otros episodios exóticos durante la audiencia. En primer término, Freeland, con razón, objetó en dos oportunidades al modo de interrogar de la fiscal, quien en una de ellas reaccionó a los gritos contra Freeland, y en otra contra el presidente, a pesar de que éste la estaba defendiendo.

Pero el premio se lo llevó el presidente. La fiscal afirmó que el testigo había reconocido a uno de los acusados como “un corta-boletos de ‘Cleipoul’”. El testigo, en verdad, solo había dicho que se trataba de “un corta-boleto”. Y el presidente, entonces, le dijo a la fiscal:

—Sra. Fiscal, a lo sumo el testigo habrá dicho “un corta-boleto de Cláypole”.

Brillante lo del presidente.

El interrogatorio fue largo y agotador, pero el testigo aportó datos que comprometen a los imputados. Entre otras cosas, el testigo informó ante el tribunal y las partes lo siguiente.

Al 20 de octubre de 2010 era guardatrenes en Constitución, era efectivo en la UGOFE desde hacia cinco años. Ese mismo día Carnevale lo llamó por teléfono para decirle que había un corte de trenes en la Estación de Avellaneda. Cuando terminó su trabajo se dirigió al lugar de los hechos, donde encontró a un grupo grande de ferroviarios, parte encima de las vías del puente que atraviesa la calle Luján, otro grupo debajo del terraplen, sobre Luján.

Dijo que fue a la Estación Avellaneda y que participó de las corridas para ser visto que aportaba debido a que dos parientes de él querían conseguir trabajo en el ferrocarril.

El grupo de los tercerizados estaba como a 200 metros. Vio a Pablo Díaz a cargo de todo la gente allí reunida. Vio llegar a Favale con otras personas al lugar, ninguna de las cuales era ferroviaria. Si bien hizo referencia a varias corridas en las cuales se enfrentaban pequeños grupos de ferroviarios con tercerizados con piedras, al final solo redujo a dos “corridas” en relación a estas situaciones.

Estableció claramente que los tercerizados estaban a más de dos cuadras cuando la patota ferroviaria realizó la agresión final. Este relato fue corroborado con los videos exhibidos al testigo. En el primero de estos se ve, en primer término, a Alcorcel agitando los brazos para provocar el ataque a los tercerizados. En un primer momento el grupo de ferroviarios partió caminado a paso ligero y gritando en dirección a los tercerizados, pero después de pasar por el sitio en donde amenazaron a los periodistas de C5N, avanzaron a la carrera hasta donde estaban tercerizados y manifestantes.

Cuando se produjo la agresión de la patota, vio una persona disparando, y escuchó dos o tres disparos. Esta persona dijo, luego, “se me trabó”, por el arma, y después de eso todo el grupo de ferroviarios regresó corriendo hasta el puente de la calle Luján. Allí escuchó decir a quien después se identificaría como Cristian Favale hacer referencia a que le había dado un tiro en el estómago a Mariano Ferreyra. A los pocos minutos, Pablo Díaz recibió un llamado telefónico y les dijo al testigo y a todos los demás: “Dice el ‘Gallego’ que nos vayamos”.

Después de haber descripto a una persona de las características físicas de Cristian Favale, señaló que posteriormente lo reconoció al verlo en los medios y en el video que le mostraron al declarar en la fiscalía, que fue reproducido en la audiencia. También había declarado que había visto claramente la presencia de Jorge González y Gabriel Sánchez.

El testigo también admitió que el objeto de la presencia de los ferroviarios en el lugar el día del hecho fue para evitar que los “zurdos” cortaran las vías.

Ya se ha demostrado en el juicio —sin tener en cuenta toda la prueba que falta producir— la intervención de Favale como tirador, el liderazgo de Díaz —que fue quien convocó y dirigió a Favale—, la relación de los hechos con el “Gallego” Fernández —y, por lo tanto, con Pedraza, con quien estuvieron juntos toda la mañana, el mediodía y las primeras horas de la tarde—. Es decir, un plan previsto y ejecutado por los acusados tal como figura en los requerimientos de elevación a juicio. Cada día de audiencia la situación de los acusados se ve más comprometida.


De la nota de hoy de Irina Hauser


La avanzada de la patota, con cascotes y disparos, se produjo –reconoció Benítez– cuando los tercerizados y las organizaciones que los apoyaban se estaban desconcentrando. Los ferroviarios llevaron y tiraron piedras, dijo. “Vamos a correr a estos zurdos”, escuchó que Favale le decía a Díaz, quien enseguida ordenó ir “tras ellos” y “sacar los fierros”. El testigo describió el papel del delegado Díaz como quien impartía las directivas a la patota. También oyó al barrabrava vanagloriarse de haber disparado. El, de hecho, lo había visto accionar el arma y quejarse porque se le había trabado. Luego vio a Díaz hablar por handy y, tras concluir la comunicación, avisar: “Dijo el Gallego que nos vayamos”. El Gallego es Fernández, segundo de José Pedraza, quien –según demostró la investigación inicial– habló por teléfono a lo largo de toda la mañana con Díaz. Mientras transcurría la gresca, Fernández y Pedraza estaban juntos en la sede de la UF.
Ante una pregunta del abogado del CELS, Maximiliano Medina, representante de la mamá de Ferreyra, Benítez dijo que cuando él se fue junto a otros hombres de la patota, la Policía Federal no estaba, nadie intentó detenerlos ni interrogarlos ni nada.





* Soy Apoderado de la madre de Mariano Ferreyra y esta nota solo refleja mi opinión personal.

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