Sobre la importancia de la discusión...

Por C.P.

“Una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida”
(Albert Einstein)



Suele ser habitual escuchar a alguien decir algo así como que "en reuniones sociales no se habla ni de política ni de religión"... yo al menos lo escucho bastante seguido (será tal vez que me lo dicen porque suelo ser proclive al debate, a la discusión de ideas... tal vez porque opino sobre cuestiones que incomodan... o tal vez porque digo pelotudeces)

Suele ser habitual también escuchar decir, en un tono que pareciera ser un tanto despectivo, que alguien "es un idealista"... al menos a mí me lo han dicho unas cuantas veces (¿será tal vez porque efectivamente tengo ideales?... porque de ser así, se agradece el cumplido)

El problema es que, temo, ello se debe a que nuestras sociedades han perdido dos cosas fundamentales (tal vez muchas, pero en lo que aquí respecta...): la ideología y la discusión; obviamente me refiero a discusiones dotadas de cierto contenido ideológico y de cierta profundidad de razonamiento, y no a discusiones en torno al partido del domingo o a quién contestó con mayor dureza en una trifulca suscitada en "Bailando por un sueño" (que sólo son las que lamentablemente ocupan el espacio de debate dejado por las primeras).

En efecto, parecería que cada vez se discute menos, y las precarias y superficiales discusiones que aún se escuchan carecen de profundidad de reflexión; podría decirse que vivimos en una época con una alarmante carencia de ideología y con un alarmante rechazo a la discusión, una época banal que es producto de un gran "vaciamiento ideológico"...

Desde luego, entiendo que la ideología es algo positivo... algo deseable y hasta vital para cualquier sociedad. Y lo mismo podría decirse de la discusión. Es que ambas (ideología y discusión) se complementan de un modo tal que cada una de ellas sin la otra carece de toda la trascendencia que juntas tienen para una sociedad. La ideología vendría a ser, a mi entender, la "energía" que enciende y mantiene en marcha al "motor" de la discusión, y a su vez ese "motor -discusión-" es el que permite que se genere más de esa "energía -ideología-" (y viceversa)... ese es el círculo virtuoso que se genera cuando se discuten ideas, y que a menudo se ve interrumpido por vaciamientos ideológicos y/o discusiones silenciadas...
Podría decirse que la dinámica de retroalimentación "ideología-discusión-ideología" es el motor que mantiene en movimiento a la sociedad rumbo a su progreso, a su perfeccionamiento, a su acercamiento a la "utopía".



"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar"
(Eduardo Galeano)


De ser esto así ¿cómo llegó nuestra sociedad a tratar a estas dos virtudes en forma despectiva, al punto de instalar un auténtico tabú en torno a ellas?. Muchas hipótesis se mezclan en mi cabeza, pero no puedo (o no me animo) a arriesgar una respuesta definitiva.

Pero, amén de ello ¿qué podríamos esperar de una sociedad como la descrita, en la que no está bien visto pensar y tener ideales y en la que quien se anima a hacerlo es silenciado porque también está mal visto debatir?

Seguramente, en tal sociedad la palabra sería monopolio de unos pocos "opinólogos", manipuladores de información y de opiniones, que repaldados por los medios masivos de comunicación lograrían fácilmente que las masas piensen (sin capacidad crítica alguna) lo que se pretende que piensen. Tal sociedad se vería privada de las virtudes del debate y de las ideas, de la contrastación de hipótesis y de opiniones, y por lo tanto impedida de refutar lo que le es transmitido y de indagar respecto de lo que le es ocultado...

Para cerrar esta desordenada defensa de la discusión y de las ideas, me pareció interesante reproducir un fragmento de un discurso de John F. Kennedy, pronunciado ante la American Newspaper Publisher Association el 27 Abril de 1961 en el Waldorf Astoria:

"Sin debate, sin crítica, ninguna administración y ningún país puede sobrevivir. Es por eso que el legislador ateniense Solón decretó que un ciudadano que escapaba de las controversias cometía un crimen. Y es por eso que la prensa fue protegida aquí por la Primera Enmienda de la Constitución. Es el único negocio protegido constitucionalmente. Y no lo está principalmente para divertir y entretener. No lo está para enfatizar lo trivial y lo sentimental. No está protegida para 'dar al público simplemente lo que este quiere', sino para informar, para enardecer, para hacer reflejar, para mostrar nuestros peligros y nuestras oportunidades, para indicar nuestras crisis y nuestras opciones, para liderar, moldear, educar e incluso a veces, para hacer enojar a la opinión pública..."

Comentarios

DARIO SCOTTO dijo…
Sr Penna:
Luego de leer su exposición, quiero felicitarlo, por la inquietud , que trasmite al auditorio.
No se considere idealista por eso, en todo caso, podemos acordar que logró trascender de la dimensión romántica del término, para concluir que una sociedad sin debate, no construye su presente con proyección de futuro.( Algo muy realista).
Si bien el término debate y discusión , se los suele usar como sinónimos, creo que hay una diferencia sustancial entre ellos:
-En un debate, ambas, o todas las partes que participen, deben, hacerlo con un objetivo; el de encontrar puntos de coincidencias, que resulte constructivo, y genere un avance consensuado, en algún sentido. Lógicamente que esto es posible en un escenario formado por personas maduras, que tengan estos conceptos claros.
-En una discusión, todas las partes se creen dueñas de la verdad, y tratan de imponer, su propia idea, lo cuál no es constructivo, no genera avance, no hay aprendizaje.
En este punto, creo que todos podremos identificar a un tipo de individuo, que algunas veces nos habremos encontrado, y lo podemos definir como: “ De que se trata que yo me opongo”. A estos no hay que invitarlos nunca a un debate., se anotan solos en todas las discusiones.
Finalmente me despido con una frase que me gusta mucho, que escuché por allí, y creo que resume un poco la ideología, que probablemente, motivó sus reflexiones:
“No importa de donde vienen los hombres, sino hacia donde van”……..
Cordialmente. Darío Scotto
CPenna dijo…
Estimado Darío, muchas gracias.
Aclaración: "debate" y "discusión" fueron utilizados como sinónimos (teniendo en cuenta que una de las acepciones del término "debatir" según la RAE es "altercar, contender, discutir, disputar sobre algo"). Más allá de ello, creo que podrían fusionarse tus dos definiciones, es decir, partes defendiendo firmemente sus propias ideas en busca de un objetivo, de un avance que siempre será constructivo (aunque no se logre consenso).
Creo que del intercambio de ideas siempre se logra algo positivo, aún en casos en que las partes no se pongan de acuerdo.
No hay que restarle importancia a la contrastación de diferentes puntos de vista.
Desde luego que mas constructivo será el debate/discusión cuando las partes no sean tercas y estén abiertas a analizar la cuestión desde diferentes ángulos y puntos de vista, además de respetar las opiniones diferentes, aunque sean inconciliables, (lo que parecerían ser características opuestas a las de las personas que describís en la segunda definición); cosa que a veces no es muy fácil.
Muchas gracias por tu opinión (te tuteo, me disculpo si te molesta).
Saludos,
Cristian
ABovino dijo…
Cristian:

Podés tutear tranquilo a mi amigo Darío. Es tan joven como yo.
Punto para vos, Cpenna. Felicitaciones por poner de relieve el tema y en estos términos. Estamos renunciando a las verdaderas posibilidades que da la democracia, digo, si la idea del voto se banaliza hasta el punto que lo que mejor define es la elección de alguna porno-star por sobre otra en el programa de Tinelli, por ejemplo.
Anónimo dijo…
Què tal? Accedì al blog de casualidad y lo estoy leyendo hace un rato.

Soy muy joven, no sè si tanto como uds. Pero mis 23 años les agradecen que con la experiencia que denotan, expongan un tema que por sutil no debe pasar desapercibido.
La realidad que yo vivo corresponde a las de las generaciones màs nuevas. En nuestras reuniones abunda el tinellismo, el gran hermanoìsmo, rialísmo y todas los amarillìsmos pensables. Sin ir màs lejos, se llevan esas estructuras a todos los àmbitos de la realidad y de repente la vida de tal o cual conocido es tema de conversaciòn. Considero que ese no es el verdadero problema, o al menos no lo es en sì mismo. Sino que se constituye como tal en la ausencia o hasta sofocaciòn explìcita de la crìtica. El inconveniente no està en que grandes y chicos hablemos nimiedades y frivolidades. La pobreza se desata cuando hay exceso de otra cosa.
Que las personas no concibamos posible el debate, que consideremos que es inùtil, y que incluso, cuando espontàneamente surge, inmediatamente acuda en su ayuda el famoso "no nos pongamos a hablar de eso", es arrollador. No hay anàlisis, no se generan dudas, consideraciones previamente no tenidas en cuenta, no aprendemos a elaborar una oratoria, no ordenamos nuestras ideas...algunas de muchas cosas que, considero yo en su ausencia, contribuyen en gran parte a la laxitud y el poco compromiso. Nos sentaremos en nuestro sillòn a comer la informaciòn ya masticada que nos de la tele y luego cuando algo sale mal, encender las alarmas de la paranoia para no procesar nuestras responsabilidades, actitudes y acciones, etc.
Muchas veces me he retirado de reuniones sintièndome fuera de lugar al recibir ciertas conversaciones como agotadoramente superfluas, cansada de escuchar discursos repetidos hasta el hartazgo, o hasta pensando que quizàs tenga algùn problema particular por "pensar en demasìa" y es mi culpa ser una chinchuda...
Què bueno leer gente que de manera informal y a otros niveles , en otra lengua, habla de lo mismo. Muy bueno tambièn encontrar gente de mi edad, o màs joven, o màs grande, que quiere sentarse a charlar porque sì e intercambiar ideas. Viva por eso.
Constanza
No me siento tan solo entonces. Yo también tenía 23 años cuando escribí el comentario que precede el tuyo. Andado el tiempo, y habiendo tenido que vivir más experiencias en discusiones tanto en mi blog como en la política universitaria real en mi último año de derecho, no sólo que me encuentro con esta realidad del vaciamiento ideológico del que habla Cristian, sino también con esa "agotadora superficialidad" de la que hablás.
Y para peor, con debates o discusiones en las que se utilizan malas artes, como la descalificación personal, a lo que se llega cuando reculan los argumentos. Me pasa eso con el blog de Gargarella, por ejemplo, en que hay posteos interesantes pero que, a diferencia de años anteriores, ya no generan debates en que uno aprendía mediante la cita de autores y el desarrollo de argumentos, sino que aparece gente contestando con descalificaciones a RG. No me importa defender o no al autor, quiero ver argumentos de ambos lados y adherir a uno u otro, o plantear un tercer argumento nuevo.
Y no hay muchos espacios para ello. CPenna recordará tal vez aquella memorable "charla" que hubo en este blog sobre las armas impropias con PIC (un asiduo concurrente). Esa clase de debates no abundan.