te lo advertimos...

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22 abr. 2010

DEBERES DE EXPRESIÓN, TABACO Y RON

EL POST DE MAXI




Maxi comenzó señalando que la Ministra de Sanidad francesa seleccionó catorce imágenes que los paquetes de cigarrillos deberán reproducir.

A

En el comentario de J del 17 de abril a las 03:06 se dice:


Entiendo que este tipo de efectos como también lo son los de las propagandas de choques de autos o gente estrellada en la calle sangrando para prevenir los accidentes de autos, están dirigidos preferentemente a los mas jóvenes.


Sin embargo, lo que J no aclara es que en un caso el mensaje lo deben emitir las tabacaleras, mientras que en su ejemplo se trata de mensajes emitidos en campañas del Estado o de asociaciones civiles. En ambos casos, sin embargo, el mensaje debe informar, no jugar con el impacto visual de una imagen desagradable que no informa, o que, en todo caso, “informa” faltando a la verdad. No puede ser lo mismo el efecto que causa en el feto el hecho de ser “fumador” pasivo al de fumar activamente. Si ello es así, se trata de una campaña de desinformación.


Por supuesto que mis puntos de vista están determinados por el hecho de ser fumador, pero les pido que traten de ser consistentes en sus argumentos. Tal como reconoce el amigo y bioquímico Darío Scotto:


Si el escenario legal del debate, es que se viola la libre expresión comercial de las empresas debidamente habilitadas, sería válido alinearse con el ideario “Fascismo saludable”, pero creo que el origen del disenso tiene otras causales y derivaciones más profundas…


No sé cuáles son las razones reales de mi disenso, pero lo cierto es que mi enfoque de la libertad de expresión y los “deberes de expresión” plantea un conflicto del que nadie se hace cargo. Estas fotografías que no representan nada real, como la del feto fumando —un hecho imposible—, no son información. En los últimos cigarrillos estadounidenses que compré, se leía la frase:



“Fumar mata”



Eso tampoco es información. Es tan cierto como frases del estilo: “vivir mata” o “los huevos fritos matan” (cómete 25 huevos fritos y vas a ver). En cuanto a tus argumentos, Tolo, yo no me siento saludable, me siento bien; pero sé perfectamente que fumar acorta mi vida.


También acorta mi vida el hecho de vivir con el estrés de mi profesión en una gran ciudad como Buenos Aires, las milanesas napolitanas, y varias cosas más que a nadie le horrorizan. Sin embargo, parece que el único demonio es el tabaco.


Ahora, si fuéramos consistentes con el hecho de que toda actividad que pone en riesgo la vida humana debería sufrir campañas de demonización como el hábito o vicio de fumar tabaco, entonces serían muchísimos más los que chillarían. Imaginen la misma campaña respecto del automóvil. Imaginen, por ejemplo, que se obligara que todo automóvil fuera vendido con pinturas en las cuatro puertas, el baúl y el capot que representen imágenes sanguinolentas de personas muertas o heridas en accidentes automovilísticos.


Es un hecho demostrable que —al menos en cierto momento no muy lejano— la primera causa de muerte en la Capital Federal para una franja etaria de alrededor de 20 a 50 años eran los accidentes automovilísticos. Toda campaña de información que realice el Gobierno de la Ciudad en este sentido me parece positiva. Pero de allí a obligar a los fabricantes de autos a poner la leyenda “Los autos matan” en las publicidades de sus productos y en el producto en sí, hay una distancia sideral.


Del mismo modo, aquellas agencias gubernamentales o privadas que hagan publicidad de lugares turísticos en los que se requiera la exposición al sol, deberían incluir una leyenda que cubra un tercio del espacio publicitario con la siguiente leyenda:



“La exposición al sol envejece prematuramente

y aumenta las posibilidades de contraer cáncer de piel”



Resulta paradójico que dada la prohibición de publicidad de tabaco en espectáculos deportivos, no se pueda poner una foto de un atado de Marlboro en una auto de fórmula 1, o en una pelea de box profesional. Los deportes riesgosos para la vida y para la salud son fomentados por el Estado, y el cigarrillo no puede ser asociados con ellos. ¿Por qué? ¿Por qué manejar a más de 200 kms. es saludable?


Entre alguno de los comentarios se habla del concepto de “sanidad” o “salud” médico. Y de eso se trata todo esto, ¿quién define qué es lo que la salud es? ¿Cormillot, que trafica con ella? Y aun si hubiera consenso sobre tal definición, ¿cuál es el limite de la injerencia estatal en la “promoción” de la vida saludable?


Si seguimos así, vamos a llegar al ejemplo de Japón, en donde en nombre de la vida sana se pone a personas adultas a dieta forzosa, y se mata a un pobre gordo que para no ser discriminado se le ocurrió hacer el saludable ejercicio que le causó la muerte.


Pero volvamos al principio. Como regla, las limitaciones a la publicidad y los deberes de expresión del fascismo saludable, por razones que no me interesan y que son irrelevantes, representan una ilegítima restricción a la libertad de expresión. Hasta que alguien no pueda justificar eso, todo lo demás me resulta superfluo.


Buenos días y buena suerte,


AB

4 comentarios:

Laura Goransky dijo...

Te agrego una: hay estudios que afirman que durante los partidos del mundial hay más infartos. Podrían poner una advertencia en el marcador, o en la publicidad, "Ver el mundial mata".

ABovino dijo...

Laura, me encantó el ejemplo, ¿no querés que en el próximo mundial presentemos un amparo pidiendo eso?

Eso sí, después nos tenemos que ir a vivir a Namibia.

Beso,

Bovino

Anónimo dijo...

AB,
Evidentemente estas cambiando el eje de la discusión y de ahí tu disenso con los argumentos.
Max planteó que esas campañas vulneraban la autonomía, y de allí implicó su falta de legitimación.
Vos planteas que las campañas desinforman y de allí su escasa legitimidad.
Igualmente me llama la atención el sesgo autoritario cuando decís “Como regla, las limitaciones a la publicidad y los deberes de expresión del fascismo saludable, por razones que no me interesan y que son irrelevantes, representan una ilegítima restricción a la libertad de expresión. Hasta que alguien no pueda justificar eso, todo lo demás me resulta superfluo” que cierra la puerta a cualquier tipo de discusión. Si no te interesa podías hacer un comentario al respecto.
En el post, Max planteó un punto, y, en mi caso, aún compartiendo el fondo de la discusión me pareció interesante argumentar al respecto y no me pareció fuera “inconsistente en mis argumentos”, salvo que sólo hayas leído por arriba, por lo menos a mi me pareció válido el intercambio de ideas en un blog que “vale la pena”.
Pero bueno…yendo al “nuevo” punto de discusión y respecto de lo que me corresponde me hago cargo. Al respecto, se me atribuye que no realicé una aclaración. Sin embargo el punto o la diferencia que se me exige no es tal. En primer lugar creo que quedó claro que es el Estado el que obliga a poner esas publicidades en las cajetillas. Es decir, el estado obliga a las tabacaleras a realizar la publicidad y también es el estado el que hace las campañas de tránsito. O sea que, lo que te incomoda es que obliguen a las tabacaleras a poner ese tipo de imágenes -serías un buen cabildero-. Por el contrario, a mi me parece perverso que las compañías las acepten porque implica el reconocimiento de los efectos adversos. En Brasil, junto a la cajetilla se entrega una lámina en blanco para taparla.
Respecto del punto central de tu argumentación -si se me permite argumentar-, la desinformación, estoy de acuerdo, obviamente desinforman, pero desinforman como todas -o casi todas- las publicidades que lo único que les interesa es vender. Como dije en el post de Max, la coca no es light -en su significación social del concepto -, ni el lemon pie es bajas calorías, ni un whisky en el polo norte me hace tener mejores amigos -Chivas-. A todo esto, pareciera que los ejemplos propios -tuyos- son permisibles pero los ajenos no. Ojo, no estoy diciendo que porque todas desinformen esté bien, estoy marcando un punto.
Ahora bien, si lo que se discute es que es más gravoso que tratándose de campañas de supuesta prevención -si hay algo que prevenir- se utilice como método una publicidad que no demuestra la realidad, estamos de acuerdo. Pero no me parece que los ejemplos estén tan alejados de la realidad o bien sería difícil graficar lo que pedís -los daños al feto-.
Por otra parte, tu argumentación “Imaginen, por ejemplo, que se obligara que todo automóvil fuera vendido con pinturas en las cuatro puertas” lleva inversamente a legitimar la propaganda shock de los cigarrillos en la vía pública, en las revistas o en propagandas de la televisión sacándola de tus cigarrillos. Más aún cuando decís “Toda campaña de información que realice el Gobierno de la Ciudad en este sentido me parece positiva”. O sea que no te parecen impropias las imágenes desagradables al respecto.
Saludos,
“J”

Domingo Rondina dijo...

brillante BOB!!!!!!!!!!!!
idolo total!!!

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