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25/4/2012

EL EXINTENDENTE IRIGOYEN DECLARÓ EN EL JUICIO TESORERÍA DE GUALEGUAYCHÚ


EL HOMBRE DE LA BOLSA – EPISODIO IX











Me levanté a las 5:30, y a las 6 partí rumbo a Gualeguay. Los testigos citados para hoy eran cuatro, todos ofrecidos exclusivamente por la defensora de Angelito Giménez.

Luego de que el secretario diera cuenta de las partes y testigos presentes, informé al tribunal la voluntad de prestar declaración de Daniel Irigoyen. El tribunal decidió que Irigoyen declararía luego de que declarasen los testigos.

Como es costumbre en estas últimas audiencias, los tres primeros testigos no aportaron absolutamente nada, y aún nos estamos preguntando para qué habrán sido citados por Angerosa.

El cuarto testigo, exconcejal, respondió varias preguntas formuladas por Angerosa. Sin embargo, lejos de perjudicar a los coimputados de Angelito Giménez, yo diría que los benefició.  Recordemos que la defensa de Angerosa se concentra en inculpar falsamente a los coimputados del autor del desfalco (su defendido).

Finalmente, llegó el momento de la declaración de Daniel Irigoyen. Comenzó explicando con claridad y remitiéndose a hechos objetivos el estado de la administración de la Municipalidad de Gualeguaychú. Recordemos que parte de la defensa de Giménez consiste en atribuir la desaparición de los casi $ 3.000.000 que se llevó a su casa a una situación inexistente de “caos administrativo”.

Luego explicó, también con solvencia, que la gran mayoría de las observaciones del Tribunal de Cuentas se referían a la gestión anterior de gobierno, y cómo durante su mandato se tomaron varias medidas tendientes a cumplir con las sugerencias del Tribunal de Cuentas.

Por último, su declaración explicó con detalle el modo en que Giménez se aprovechó de varias circunstancias ajenas al ámbito de control del exintendente para lograr cometer los 91 hechos de malversación dolosa que se le atribuyen, y que ya han sido ampliamente demostrados en este juicio, con especial referencia a  los 9 hechos por los que se acusa a Irigoyen en calidad de malversación culposa.

A continuación, y en contra de mi consejo expreso, Daniel Irigoyen se ofreció a contestar preguntas del tribunal y de todas las partes. Varias de las preguntas que se le formularon, que fueron contestadas por el exintendente, ayudaron a que él aclarara algunas cuestiones que no había mencionado y que resultaron relevantes. A modo de ejemplo, podemos señalar la respuesta que le dio al tribunal respecto a la cantidad de cheques que firmaba diariamente: entre 100 y 500 cheques.

Sin embargo, esto era demasiado bueno para ser verdad. Le llegó el turno de interrogar a Amelia Angerosa y comenzó el circo. Como ha hecho de manera recurrente durante todo el juicio —algo que hemos hecho constar en el acta del debate— empezó a formular preguntas improcedentes.

En una de ellas, por ejemplo, incluyó un hecho que nadie había mencionado y que jamás fue probado como un hecho cierto. Intentó reformularla frente a la oposición de varias partes y no le salió, hasta que terminó por pedirle al presidente que la reformulara él. Jamás vimos algo semejante en un juicio.

Un par de preguntas más tarde, la defensora volvió a la carga con una pregunta similar. En ese momento solicité la palabra y pedí: a) que no se aceptara esa pregunta concreta; y b) que se instruyera a los abogados de las partes nuevamente para que no hicieran preguntas de mala fe ni contrarias a las reglas del código procesal penal.

En el intercambio de opiniones y antes de que el presidente resolviera, Irigoyen le pidió la palabra al tribunal. El presidente, con una sonrisa, le explicó que su intervención no era necesaria para resolver la cuestión. Irigoyen insistió y finalmente dijo:

—Sr. Presidente, como ya dije anteriormente, postergué mi declaración hasta hoy para tener más elementos sobre el cuadro probatorio y así aprovechar mi declaración para ayudar a esclarecer cómo ocurrieron los hechos. En esta declaración, a pesar del consejo expreso de mi abogado defensor, yo decidí contestar preguntas de las partes. Teniendo en cuenta el hecho de que constan mis anteriores declaraciones, y de que hoy ya declaré y he contestado preguntas de todas las partes, y para que mi abogado no se ponga más molesto, informo al tribunal que esto es todo lo que voy a declarar.

Angerosa, para esto, seguía protestando por mis dichos, y diciendo cosas tales como “la buena fe se presume” y otras similares. Pero ello no fue nada frente al broche de oro. Luego de que Irigoyen expresara su voluntad de dar por concluida su declaración, agregó:

—Que conste en acta.

Por primera vez, la defensora de Giménez me dejó mudo… ¿Para qué pidió esa constancia en el acta? ¿Pretende ahora enrostrarle al Sr. Irigoyen su decisión de dar por terminada su declaración como algo que debe ser valorado negativamente?


Sin palabras.


Eran apenas las 13 horas cuando salimos del edificio de tribunales de la ciudad de Gualeguay. Mi codefensor Leandro Dato me llevó en su auto hasta la terminal. A las 14 partió el flechabus que me trajo hasta Buenos Aires. Cuando me acomodé en el asiento nº 21, sentí todo el cansancio de la jornada. Había sido una mañana demasiado larga...

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