te lo advertimos...

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11 oct. 2010

Historias de abogados - Episodio 33

La lógica de los símbolos y el privilegio

Por AB





1


No hace mucho tiempo, la última vez que el maestro Nils Christie nos visitó con motivo de un Congreso organizado por los estudiantes, yo me ofrecí para atenderlo, dado que las chicas y chicos de la organización estaban más que ocupados lidiando con cuanto problema surge en esos megaeventos, a los que suele concurrir muchísima gente interesada y algún que otro megaboludo de esos que pide el certificadito el primer día, aun antes de inscribirse.


En ese momento, Raúl Zaffaroni ya era ministro de la Corte Suprema, y le ofreció a Christie que visitara el Palacio de Justicia de Talcahuano, donde los supremos ocupan el cuarto piso.


Lo pasé a buscar por su hotel (Libertad entre Arenales y Santa Fe), y de allí, a pesar de mis deseos de subirnos a un taxi, tuvimos que caminar hasta Palacio —nunca supe si cuando abogados y judiciales dicen “voy a Palacio” están jodiendo o se lo toman en serio—. Antes de ingresar, pasamos por el estacionamiento —parqueo— exclusivo para jueces y otros funcionarios de esos que no pagan impuestos, y Christie me preguntó qué era eso.


Le expliqué de qué se trataba, y se mostró conmocionado. Entusiasmado, agregué que tanto en Palacio como en Comodoro Py había, además, ascensores para jueces, baños para jueces, comedores para jueces, etcétera. El profesor noruego me miraba atentamente con incredulidad y con un claro gesto de desaprobación. Dado que el inglés no es el idioma materno de ninguno de los dos me preguntó si había entendido bien. Contesté afirmativamente.


Entramos a Palacio, y creo que en algún lugar del cuarto piso nos esperaba alguien de ceremonial y protocolo. El tipo era un aparato que parecía tener un orgasmo cada vez que hablaba de algún ilustre ministro de familia bien. Vimos muchas cosas que ya no recuerdo, yo estaba harto de escuchar a un señor tan ceremonioso, cuando vino lo mejor de la visita guiada: la sala de audiencias de la CSJN.




Realmente, de no creer. No recuerdo mucho de la sala de audiencias. Solo recuerdo que era más bien alargada, y que el alto estrado tras el cual se sentaban los ministros ya de por sí estaba ubicado para hacer sentir a las partes y al público el poder del máximo tribunal. Pero eso no era nada, lo realmente impresionante eran las sillas de los ministros, alineadas prolijamente de manera paralela apuntando de frente a la eventual concurrencia. Los respaldos de madera tenían una altura desmedida; debían sobrepasar en mucho la cabeza de cada ministro. Y lo que realmente daba pánico —aun sin los ministros sentados allí— era la cruz gigantesca que se alzaba sobre el respaldo del asiento destinado a la presidencia. Daba miedo hasta hablar allí, si bien los únicos presentes éramos los tres.


2


La lógica del privilegio es algo tan asimilado entre los miembros de nuestro poder judicial que termina por naturalizarse y por no llamar la atención, a menos que se trate de un suceso excepcional —v. gr., la jueza Parrilli—. Muchas veces este derecho natural al privilegio se origina en decisiones de los mismos miembros del poder judicial, como sucede, por ejemplo, con la negativa a pagar impuestos como el resto de los habitantes.


En otras oportunidades, sin embargo, los privilegios le son ofrecidos a los miembros de esta casa desde el exterior de la corporación. Así sucede, por ejemplo, en la universidad, cuando a los empleados judiciales no se les exige que cursen el práctico en la Facultad de Derecho de la UBA. Lo mismo sucede en los posgrados de algunas universidades privadas, en las cuales a los miembros del poder judicial solo se les cobra la mitad de la matrícula sin que nadie se los pida. En este último caso, tal decisión es manifiestamente inequitativa, debido a que los jóvenes graduados que ya han conseguido un lugar en la corporación cobran mayores sueldos y están en una situación laboral mucho más cómoda —con razón o sin ella— que los jóvenes que trabajan con abogados particulares.


Todo esto lleva a que jueces, funcionarios y empleados judiciales crean que existe algo así como un “derecho natural” a que se les reconozcan privilegios en todos los ámbitos.


Y ello explica el siguiente hecho real. No llevaba más que cinco o seis años de abogado cuando se me ocurrió organizar un Congreso de Derecho Penal para graduados —ya había pasado la época de los Congresos estudiantiles para mí—. Contábamos con la segura asistencia de más de ochocientas personas, y me pasaba todo el día en el Instituto que lo organizaba trabajando con las cinco estudiantes que integraban todo el equipo de trabajo. Siempre estaré eternamente agradecido al esfuerzo de estas cinco estudiantes —hoy brillantes abogadas— por su compromiso incondicional para lograr que el Congreso funcionara. Nos tuvimos que ocupar absolutamente de todo.





Incluso de atender el teléfono y cuanta consulta pelotuda andaba por allí. Por algún motivo en especial que no conozco, yo jamás atendía el teléfono. Pero un día sucedió. Al sonar el teléfono, en vez de esperar a que alguien atendiera levanté el tubo y dije:


- Instituto, buenas tardes.


- Buenas tardes, llamábamos por el Congreso...


- Sí, ¿que desean saber?


- Bueno… nosotros somos cuatro empleados judiciales, y queríamos saber cuál es el descuento que están haciendo a los judiciales…


Es decir, no preguntó si había descuento, sino cuál era…


- En verdad, a ustedes les íbamos a cobrar el doble que a los demás; pero por el principio de igualdad ante la ley, les cobramos como al resto de los asistentes…


Del otro lado de la línea se hizo un silencio, hasta que sentí que colgaron el teléfono. Seguí trabajando de buen humor; la persona que había llamado, a fin de cuentas, solo había recibido una respuesta que merecía.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Albert,
También se podría escribir un capítulo entero sobre el "doctoreo".
Desde mi humilde opinión, aquellos que se hacen llamar y llaman de "doctor" ("qué tal, doctor", "cómo le va, doctor", etc)la tienen chiquita (la autoestima, claro!).
Y no me vengan con la mentira de la acordada cagatinta de la corte dándose permiso para doctorearse porque debería darle verguenza a más de uno.

Ah!! Me olvidaba!! de mi paso por el Estado también te puedo contar que depende de tu cargo el asiento/escritorio que te toque. Por ejemplo, un pelagatos tiene una silla sin rueditas, sin apoyabrazos y muy probablemente, desnivelada o a punto de destartalarse.
Un, digamos, secretario, tiene un sillón, con ruedas, apoyabrazos y un poco más de diginidad.
un juez/fiscal, tiene un sillón con todo lo anterior y, además, apoyacabeza.
Yo no digo que no deban ternerlo pero (y a riesgo de sonar comunista)¿no debería tener el mejor asiento aquel que mayor tiempo trabaja?

Me guardo para otro día la diferencia en las tazas (!!!).

Besos!!

Laura

Juan R dijo...

AB: Me parece que te equivocás al poner en el mismo lugar los privilegios de los jueces de la Corte y el no pagar impuesto a las ganancias, con el descuento de los empleados judiciales.

En este caso, al ser empleados del Estado deberían prestar un eficiente y capacitado servicio, para lo cuál, el estudio es una buena herramienta.

Por eso, que la comunidad decida estimular su (nuestra) formación, haciendoles (nos) un descuento, resulta mas que razonable, y de ningún modo inigualitario.

O vos no te quejás también de la falta de capacitación de los judiciales?
Bueh, acá la sociedad decide fomentarla y te quejás!!

Aparte, te actualizo, la UBA no da ningún descuento para judiciales, sólo hay becas regulares para sus docentes.
Por eso, decir que las facultades privadasque deciden hacer descuento a sus clientes mas habituales, en cuya formación estamos interesados todos, es inigualitario, no me parece adecuado.


Saludos

Anónimo dijo...

Juan,

Es tan importante que el empleado judicial este bien formado como que el abogado que va a defender los derechos del imputado o del querellante tambien lo este; la justicia se constuye entre todos no solo entre los que estan en el poder judicial que vinieron a iluminarnos a todos.

Por otro lado lo que dice ALberto es que el abogado que no tiene estabilidad laboral (o que es menor a la de un empleado estatal) esta en desventaja frente a un judicial que tiene la estabilidad del empleado estatal y por tanto es mas injusto que aquel que ensima de que se tiene que matar laburnado y no sabe si llega a fin de mes con el laburo y las cuentas ensima pague mas que el que tiene la vida (a nivel laboral) resuelta.

Saludos.

ABovino dijo...

Estimado Juan R:

En primer lugar, te agradezco tu respuesta. Desde ya que creo que es una necesidad que las personas se sigan capacitando continuamente, en eso estamos de acuerdo.

En que al ser empleados del Estado deben estar capacitados también estamos de acuerdo, pero no a costa del privilegio.

En este punto, me parece más razonable que quien organiza un Congreso o imparte cursos de capacitación haga un convenio con la Defensoría General, el MPF, el PJ, ciertas ONGs y otras instituciones estatales para garantizarle un cierto número de becas (completas o de descuentos)—v.gr., el INADI, la Defensoría del Pueblo, etc.—. Así, podrías ver si las becas se las cobrás o no al órgano y no al asistente.

O bien podés plantear una política de becas más igualitaria pues, como te digo, los miembros del poder judicial están de por sí en una situación de ventaja respecto de los abogados de ONGs, por ejemplo.

En cuanto al supuesto "interés" de miebros del PJ y del MPF por capacitarse —es una generalización, no hablo de todos (por tu respuesta, no creo que seas uno de ellos)—, éste es tan "espontáneo" como la "conformidad" del imputado en el abreviado.

Desde que se dictó la ley del Consejo de la Magistratura, parece que hubo una estampida de "interesados" en capacitarse, y cuando das un curso de esos tenés en claro quiénes desean aprovechar esos cursos y quiénes van a vegetar para obtener un papelito que no garantiza nada, a menos que nos tomemos esto en serio.

Te puedo contar un montonazo de historias sobre cómo reaccionan frente a las exigencias de un curso los graduados pertenecientes a los poderes del Estado, de un modo infantil, con berrinches inimaginables y con pretensiones de que se tengan en cuenta sus exigencias de "turno" como una circunstancia para no cumplir con las exigencias que deben cumplir todos los demás asistentes al curso.

Te repito, es bueno tu respuesta porque podría dar pie a un lindo debate. Si quisieras enviar un texto para que se suba como entrada, encantado. A debatenhd@me.com. Saludos,

AB

Juan Pablo Iriarte dijo...

Yo soy empleado judicial, es cierto lo de la lógica del privilegio.

Lamentablemente es la parte más berreta del privilegio; porque en verdad formar parte de uno de los poderes del Estado -justamente de aquel que se encarga de resolver los conflictos entre los ciudadanos- es un verdadero privilegio. Pero lo es en el sentido de la responsabilidad que ello supone. Y más en una sociedad donde llegar allí supone un montón de seleccione de carácter social y económico, que hace que los que llegamos pertenezcamos a un sector privilegiado de la sociedad.

Y es claro que toda esa parafernaria, como la diferente puntuación que se otorga a la carrera judicial que al ejercicio de la profesión, nada tienen que ver con la función que el PJ debe cumplir como poder estatal.

En cuanto a los descuentos, más allá de las razones, es innegables que los criterios no son, por ejemplo, la necesidad económica o el mérito (al menos en la mayoría de los casos). Sin embargo, a mí no me queda claro quién tienen mayor interés: yo supongo que una universidad privada debe tener MUCHO interes en que los cuadros estatales se formen con su particular punto de vista del mundo.

Además de las sillas y los escritorios, puedo sumar que la jerarquía marca que un Secretario NUNCA pide comida en el mismo lugar que un pinche. Tampoco usa el mismo tipo de lapicera, verdadero indicador del statu, que también se puede averiguar por la hora en que dice buen día cada uno.

Hablando de eso: buenas noche muchachos; ya vamso por el tercer minero y mañana tengo que madrugar.

Slds,

V

Juan R dijo...

Anónimo: Sinceramente, plantear la disyuntiva entre judiciales de buena vida vs pobres litigantes que no llegan a fin de mes me parece poco sostenible.
Las ventajas y desventajas de ambos planes de vida las conocemos todos, estabilidad y sueldo fijo vs. libertad y falta de techo económico, y cada cuál ha elegido como ha podido, según sus ambiciones, vocaciones y posibilidades.
Pero tu descripción es muy simplista.

AB: Estoy de acuerdo con vos en cuanto a que el sistema de concursos creó un nuevo kioskito en las universidades: la venta de papelitos a judiciales que pretenden ser magistrados.
Pero esto nada dice acerca de la lógica empresaria de las universidades privadas, que hacen descuentos a sus mejores clientes. O vos te quejás si en un restaurante al que vas por primera vez no te hacen el descuento que le toca a los "habituales"?
Las universidades privadas son un negocio y se manejan con lógica empresaria. Nada hay que hacerle a ello (al menos mientras no estemos dispuestos a cerrarlas).

Por otro lado, repito que en la UBA estos beneficios no existen, salvo para los docentes (en mi caso JQDC), pero aún si existieran, no vería tampoco las objeciones.

Sería el Estado dando beneficios a sus empleados y capacitándolos para que sean mejores en lo que hacen.

Y si bien es cierto que los imputados tienen derecho a una defensa idónea, los empleados de defensorías oficiales tienen los mismos beneficios.
En cuanto a los abogados particulares, aquí se aplica la lógica mercantil, la persona podrá elegir a los abogados capacitados en desmedro de aquellos que no han podido capacitarse. Por algo muchos clientes te aligen a vos en desmedro de muchos otros que, a pesar de sus ganas, no tienen tus conocimientos.

Ahora, si vamos a discutir si es correcto el traslado de los contenidos que deberían darse en grado al postgrado, creo que vamos a estar de acuerdo. O si, en este caso, podríamos reclamar al Estado que éstos sean gratuitos.

Pero de otra manera, la crítica no cierra.

Muchas gracias por el espacio. Saludos.

Anónimo dijo...

estabilidad laboral en el poder judicial???jajjajajajajajajajajajjajajajajjajajjajajjajajjajajjajajjajjajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajjajajajjajajjajajajajajajajajjajajajaj

contante otro que estan muy buenos....

cinco años llevo trabajando en el poder judicial y no tengo cargo ni siquiere un cargo efecto. mi vinculo laboral con el poder judicial es tan fuerte como el de vendedor ambulante con su cliente.

de otra parte, yo nunca he visto que en una empresa privada el gerente se presente 7.30 a trabajar o que lo haga en una silla de madera destruida mientras el empliado que ingreso hace dos meses trabaja en el sillon de cuero ergonometrico.

si hay algo de me genera un profundo enojo es la critica al poder judicial por parte de gente que lo unico que vio es al auxiliar de mesa de entrada cuando le recibe un escrito. ademas de dar lastima, no hay nada mas errado que sus apreciaciones.

y ahora que alguien me dija que nos vamos todo 1.30... jajajajajaja las horas extras que hago (pasadas no las seis horas reglamentarios, sino ocho y sin cobrarlas, por supuesto) para resolver las pelotudeses atomicas que presentan determinados abogados (si asi puede llamarsele) son indefinidas y te aseguro que sobrepasan la carga de trabajo de muchos en el sector privado.

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