CRÓNICA DE UNA INVESTIGACIÓN IRREGULAR - Parte 1


UNA HISTORIA COMO TANTAS

Por C.P.


1. El progreso de Anselmo

Anselmo era (ya no) albañil, durante muchos años sus grandes sacrificios como trabajador no le permitían salir de la villa miseria en la que habitaba debido a que sus ingresos apenas alcanzaban para mantener a su familia numerosa, en ese entonces, tenía 5 hijos.

Pero sus hijos crecieron (uno de ellos fue asesinado), e hicieron sus propias vidas y buscaron sus propias fuentes de ingresos, con lo que el dinero obtenido por el esforzado trabajo de Anselmo comenzó a ser suficiente para alcanzar un mejor nivel de vida para él, su esposa y la única hija que aún vivía con ellos, la menor. Con gran esfuerzo logró comprar una casa, destartalada pero fuera de aquella villa (aunque sólo a unas cuadras), y con gran esfuerzo fue arreglándola, lo que hubiera sido imposible de no ser él mismo albañil.

Y con el tiempo tuvo una linda casa, y la equipó con electrodomésticos y algunos objetos de confort haciendo uso de las financiaciones sin interés ofrecidas por las tarjetas de crédito, y también compró un auto, un 0km, a pagar en casi infinitas cuotas, que llegaba a costear gracias a que día a día trabajaba en alguna obra, el trabajo no le faltaba. Para el mes de octubre de 2008, a los cincuenta y cinco años de edad, se encontraba a cargo de la construcción de una vivienda de dos plantas a pocas cuadras de la suya, había comenzado a trabajar en dicha obra en julio y ya había terminado la planta baja; cobraba por sus servicios una suma de dinero generosa y le daba trabajo también a su cuñado, Everardo, quien oficiaba de techista.

Para ese entonces uno de sus hijos, el único varón que quedaba, había cobrado una buena suma de dinero en concepto de indemnización, por daños y perjuicios o por algún conflicto laboral, pidiéndole a Anselmo que guardara en su casa, supuestamente más segura por estar fuera de la villa, los sesenta mil pesos que restaban luego de haber comprado algunas cosas para sí mismo y para sus padres.

Pero la envidia y la codicia no toleran la superación. Si alguien humilde progresa un poquito, para ciertas habladurías, y también para la policía, esa persona “anda en algo raro”. Y el caso de Anselmo no fue la excepción. Desde luego, no contribuyó favorablemente el que una de sus hijas, la del medio, que aún vivía en la villa, comenzara a dedicarse a la venta de drogas en el barrio; no se sabe si Anselmo conocía esta situación, pero sí se sabe que la relación entre ambos estaba muy deteriorada luego de continuos enfrentamientos que algunos han atribuido, justamente, a la dedicación de su hija.

Un día, a comienzos de octubre de 2008, esa hija llegó de visita a la casa de Anselmo llevando en uno de los bolsillos de su jardinero una “tiza” de cocaína. Mientras se desvestía en el dormitorio de su hermana menor para darse un baño y por temor a que alguno de sus padres encontrara la droga que portaba, deicidió ocultarla dentro del taparrollo de esa habitación. Luego del baño se vistió y antes de que pudiera recuperar lo que había escondido se produjo, como era habitual, una fuerte discusión con su padre, tras la que huyó rápidamente de la casa abandonando momentáneamente aquella mercancía y con la intención de recuperarla en otra oportunidad.

Doble problema tenía Anselmo para ese entonces. Uno lo conocía, la envidia de sus viejos vecinos de la villa; parece que producto de esa envidia, semanas antes de aquella madrugada de fines de octubre de 2008, unas personas habían ingresado en la vivienda de otra de sus hijas, la mayor, que también vivía relativamente cerca, y la habían desvalijado mientras agredían a esa mujer y le advertían que el próximo sería su padre, que había cometido el terrible pecado de mejorar su nivel de vida contra toda adversidad y con el producto de su duro y honesto trabajo. A consecuencia de aquella advertencia un atemorizado Anselmo había adquirido ilegalmente un revólver calibre .38 con la intención de proteger a su familia y a todo aquello que con tantos sacrificios había obtenido.

El otro problema, más grave aún, le era desconocido. La policía local seguía de cerca su leve crecimiento económico y parece que también sabía respecto de la indemnización cobrada por su hijo.

No sería desacertado decir que para ese entonces la suerte de Anselmo ya estaba echada. Aquella madrugada de fines octubre del año 2008, minutos antes de las seis de la mañana, todas esas circunstancias desembocarían en un trágico, aunque previsible, desenlace.

2. La investigación policial y las actividades sospechosas

Una nota anónima, misteriosamente recibida en la depedencia policial de la zona, fue el oportuno disparador de la investigación. Decía que Anselmo y su familia lideraban una organización que dirigía el tráfico de drogas en la villa.

Fue supuestamente a raíz de esa esquela anónima, carente de todo valor legal, que los agentes del orden decidieron comenzar la investigación. O tal vez la decisión había sido tomada con anterioridad y la esquela fue inventada para justificar lo que ya estaba planeado. Nunca se sabrá.

Lo cierto es que las tareas de investigación efectivamente comenzaron. Primero, según sostuvo la policía, hablaron con vecinos cuyos datos personales jamás habrían de ser aportados porque, también según la policía, la gente tenía miedo de brindarlos ya que Anselmo y su familia serían “gente peligrosa” o de “mala reputación en el barrio”. Siempre según la policía, esos vecinos habrían opinado que la familia tenía un nivel de vida demasiado lujoso, lo que resultaba sospechos ya que, según supuestamente ellos decían, Anselmo no trabajaba. Incluso algunos vecinos, siguiendo con los dichos de los investigadores, confirmaban que la familia lideraba el tráfico de drogas en la villa. Al menos eso es lo que se narró en las actas policiales, recuérdese que jamás se supo quiénes eran los supuestos vecinos que efectuaban tales manifestaciones.

Luego comenzaron las tareas de vigilancia mediante consignas sin identificación en las inmediaciones del domicilio de Anselmo, de la villa donde aún vivía su hija del medio y del domicilio de Everardo, quien según los policías también formaba parte de aquella peligrosa organización (se supone que tal vinculación tuvo apoyo en que la hija de Everardo, como la de Anselmo, había comenzado a vender drogas en el barrio, actividad desconocida por aquel).

Las actas policiales labradas por los policías que vigilaban los domicilios de Anselmo y Everardo describían los siguientes movimientos sospechosos, o en la jerga policial, “actividades compatibles con el tráfico de estpuefacientes”:

– Anselmo tenía un buen nivel de vida, tenía casa, autos (además del propio, una de las hijas guardaba el auto en su casa) y motos (un scooter del hijo), y pese a las constantes tareas de vigilancia, en diferentes días y horarios, no se pudieron constatar “movimientos propios de actividad lícita” (como salir a trabajar por las mañanas y volver por las tardes sucio). ¿Cómo podía entonces vivir de esa manera?, primer indicio incriminatorio considerado por la policía.

– Anselmo visitaba mucho a sus hijas, y para movilizarse desde su domicilio al de ellas lo hacía siempre en auto pese a que, por ejemplo, la casa de su hija del medio se encontraba a sólo cuatro cuadras de la suya; y algunas veces llevaba una bolsa. Contudentes indicios de venta de drogas, según los investigadores.

– Everardo y Anselmo también intercambiaban visitas esporádicas, ¿por qué se visitarían dos cuñados de no ser porque forman parte de una organización criminal?

Algo más claro, aunque tampoco contundente, resultaba lo informado en las actas labradas por los policías que vigilaban el ingreso al pasillo de la villa donde vivía la hija del medio de Anselmo y en las relativas a los seguimientos efectuados a la hija de Everardo. Las primeras informaban que habrían visto llegar personas que ingresaban al pasillo de la villa, y luego de unos minutos salían llevándose las manos hacia la nariz; según informaban las actas, no se interceptó a ninguno de esos “presuntos compradores” para no poner en peligro la investigación. Las segundas informaban haber visto a la hija de Everardo realizando repetidos “pasamanos” con diferentes personas, aunque tampoco se interceptó a ninguna de ellas, también en favor de la seguridad de la investigación.

Básicamente, esas fueron las únicas actividades consideradas “compatibles con el tráfico de estupefacientes” que la policía relató a la fiscalía y las que la fiscalía utilizó para fundar el pedido de allanamiento a los tres domicilios investigados. Obviamente, esos fueron también los fundamentos utilizados por el juez para ordenar los allanamientos.


3. Los allanamientos

Se decidió llevar a cabo los tres allanamientos en forma simultánea, un día de octubre del año 2008 minutos antes de las seis de la mañana, poco antes del amanecer. Como los habitantes de las viviendas eran considerados peligrosos, se decidió dar intervención a un Grupo de Operaciones Especiales.

Esa división policial de elite planificó meticulosamente las irrupciones a las viviendas. Mientras tanto, se reunía a los testigos de rigor que permanecerían en los furgones del Grupo de Operaciones hasta que los domicilios estuvieran “asegurados”, momento en que ingresarían junto al resto de los agentes de seguridad presentes, la mayoría de los cuales había participado de las tareas de investigación previas.

Según la división de elite, el ingreso se efectuaría del mismo modo en todos los domicilios. Los integrantes del grupo, armados hasta los dientes y con las caras cubiertas (como suele verse en las películas norteamericanas) ingresarían en fila y en grupos de aproximadamente diez personas, sin anunciarse, y comenzarían a gritar “policía, policía”, en forma desordenada y “a viva voz”, sólo luego de haber perdido lo que ellos suelen llamar “el efecto sorpresa”, es decir, luego de que hubieran efectuado un ruido de tal entidad como para alertar a las personas que estuvieran en el interior de las viviendas. Ello se efectuaría de tal manera, explicaban, para resguardar los resultados del operativo y la integridad física de los miembros del grupo, atento a la extrema peligrosidad de los moradores de las viviendas

Al irrumnpir en el domicilio de la hija de Anselmo, la que vivía en uno de los pasillos de la villa, sorprendieron a los moradores en una habitación de la planta superior. Allí encontraron algunas “tizas” de cocaína. Desde luego, la hija de Anselmo fue detenida, acusada del delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada por la intervención de al menos tres personas en forma organizada.

En el domicilio de Everardo, el cuñado de Anselmo, sorprenderían a los moradores durmiendo en diferentes habitaciones de la casa. Encontraron, también allí, una o dos tizas de cocaína. Detuvieron a Everardo y a su hija, ambos acusados del delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada por la intervención de al menos tres personas en forma organizada.

La irrupción en la casa de Anselmo sería aún menos afortunada.




CONTINUARÁ... (VER LA SEGUNDA PARTE ACÁ)

Comentarios

Anónimo dijo…
No me quiero imaginar que el grupo GEO termino encontrando la "tiza" escondida en el taparrollo de la habitación de Anselmo que fue dejada ahí fruto de un olvido debido a la rapida salida de la hija de la casa a causa de una discusión familiar...¿?

Posible moraleja: no tener persianas porq tienen tapa rollos y ha raiz de los objetos que encuentren albergados allí te pueden imputar un delito, en su lugar se pueden reemplazar por cortinas de tela o persianas americanas...jejeje

Yo estoy, en general, en contra de los delitos de tenencia...pero nunca me puse a pensar que una persona por una tenencia podía quedar enredado en una organizacion criminal dedicada al trafico de estupefacientes. Todo un tema los delitos de tenencia.

Bueno me voy a dormir porque tengo clases muy temprano, espero la segunda parte.

Saludos

Agustín,-
Nicolas dijo…
Creo que el tema va a pasar porque cuando entren a la casa Anselmo saca el 38. y en el mejor de los casos esto termina con la tenecia del arma mas la de la tiza, pero mi pesimismo me lleva a pensar que Anselmo se asusta y cuando escucha ruidos dispara, por lo que el GEO entra a los tiros y el allanamiento se convierte en masacre.

Espero estar equivocado.

Saludos