te lo advertimos...

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14 sep. 2015

25 AÑOS DE LA REVISTA "NO HAY DERECHO"





En septiembre de 1990 salió publicado el primer número de la Revista “No Hay Derecho”, y costaba 18.000 australes. Éramos un grupo de estudiantes a punto de recibirnos. Algunos éramos del plan viejo; otros de la primera versión del “plan nuevo”. Ese primer número tenía solo 24 páginas del tamaño que de ahí en más haría muy incómoda de guardar a nuestra revista, y algo que nunca quiso ser una editorial pero que, de hecho, lo parecía. Jamás quisimos hacer editoriales porque no nos reunía alguna idea común. Lo que nos reunía era lo que no nos gustaba.







En total sacamos doce números. Los primeros once en blanco y negro. El último fue el número azul. Recuerdo que luego del nº 11 yo había propuesto hacer cada número de un color distinto, pero mi idea no le gustó a nadie. El último número fue impreso en Chile, por la diferencia de costos que había en ese momento. Por mera casualidad, cuando la imprenta chilena nos mandó las pruebas de página para revisar, vinieron en azul y blanco. Eso convenció, finalmente, a todos los demás, y salió entonces de color azul.



















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Para el primer número, éramos Víctor Abramovich, Martín Abregú, Mary Beloff, Alberto Bovino, Christian Courtis, Ariel Dulitzky, Manuel Garrido, Viviana Krsticevic, Alejandro Rua, Roberto Saba y Marcelo Sgro. Martín Clemente era el editor “responsable” (¡!).

Desde el principio habíamos acordado que tomaríamos las decisiones sin votar. Aplicábamos una regla de consenso para lo cual todos debíamos estar de acuerdo. También existía el derecho al capricho. Éste consistía en que sin importar cuánto consenso hubiera, cualquiera de nosotros podía invocar ese derecho sin dar justificación alguna para revertir alguna decisión que ya parecía tomada. El sistema suena algo exótico pero para nosotros funcionaba.

Más adelante se incorporaron los de la rama joven de la revista. Fueron Hernán Charosky, Carolina Fernández Blanco, Ariel Garrido, Willy Jorge y Máximo Langer.




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Nos costó mucho darle un nombre, fueron varias reuniones. Finalmente, le robamos el nombre a la murga de la facultad de la Universidad de la República (Montevideo) por unanimidad, a quien nunca le agradecimos. Vaya pues este agradecimiento 25 años después.




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Nos reuníamos todos los martes a las 19:30. El rito duró varios años. Yo tenía asistencia perfecta, pero solo porque casi siempre nos juntábamos en mi casa. La reunión en sentido estricto se realizaba desde las 20:15 hasta poco antes de las 21. Después llegaba la hora del ron, y seguían las charlas más interesantes, las que eran porque sí, porque teníamos ganas de discutir o compartir curiosos casos y más curiosas ideas. Comenzaban a partir de las 21 y duraban hasta que la sed se iba acabando.

Aprendí muchísimo en esas reuniones. En esa época, no publicaba nada sin antes discutirlo en nuestro foro jurídico ronero post reunión.



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Una de las actividades más difíciles del trabajo de la revista era recortar a tijera los famosos “marmolitos”. Los “marmolitos” eran unas tiras de papel de fotografía transparente que reciclábamos de los números anteriores para que salieran las tiritas que iban en las partes superior e inferior de cada página, y que tenían textura de mármol.















Yo creo que nadie se daba cuenta de las “texturas de mármol”, pero nosotros insistíamos para poder tener un par de horas de actividades prácticas en el trabajo de NHD. Todavía recuerdo que en una de esas reuniones advertí que Manuel era ambizurdo (o sea, igualmente torpe con ambas manos). Por suerte para los lectores, lo pudimos dejar de hacer cuando Sandra consiguió escanearlos.




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Decidimos darle un formato y un diseño a la revista que quebrara las formas tradicionales de las publicaciones jurídicas. Ello pues las formas son tan importantes en el ámbito del derecho que terminan por integrar parte de los aspectos sustanciales. En este sentido, la presentación de la revista ya anunciaba que sus contenidos no serían similares a los contenidos considerados aceptables en el rígido mundo del derecho.









Para corregir las “galeras” o pruebas de página solo veíamos el interior. Sandra Monteagudo, la diseñadora, nunca nos mandaba las tapas. Esa costumbre duró hasta el número 9, cuando salió en la tapa una foto de Keith Haring con su cuerpo pintado y en pelotas. A algunos les pareció un tanto escandalosa. Especialmente a un miembro de la revista que “solucionó” de este modo el problema antes de entregarle sus ejemplares a alguien que había colaborado en ese número.




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Varios temas que hoy pueden ser parte de los programas de algunas materias, pero que en ese entonces no se discutían en nuestras facultades fueron moneda corriente en la revista, con el objeto de introducirlos al debate académico. Cuestiones de género y derecho, abolicionismo penal radical, criminología de la reacción social, antropología jurídica, teorías críticas, encierro psiquiátrico, medios de comunicación y justicia penal, eran los temas que abordábamos, con trabajos propios y ajenos.
























En ese contexto, por ejemplo, Víctor Abramovich escribió ese fantástico trabajo llamado “El complejo de Rock Hudson”. Muchos años después, Víctor dijo estas cosas en un curso, respecto de ese trabajo y a partir de las discusiones roneras.

























1 comentario:

Rodri dijo...

Hola, antes que nada felicitaciones! En la UNL escuche varias veces la genialidad de esa revista por parte de estudiantes. Me hubiera encantado tenerlas. Saludos y felicitaciones de nuevo!!!!

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