te lo advertimos...

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19 feb. 2010

HISTORIAS DE UN ABOGADO - EPISODIO 2


LO QUE NO HAY QUE HACER CUANDO NOS GANA LA INJUSTICIA


Dedicado a las señoras juezas Ana María Careaga, Adriana Gallo y Silvia Maluf




El 8 de diciembre llegué por primera vez en mi vida a la Ciudad de San Luis, provincia del mismo nombre, República Argentina. Al día siguiente comenzaba el juicio para destituir a la jueza Ana María Careaga. Para variar, no había encontrado mi DNI y partí para San Luis con mi pasaporte…



Yo recién había ingresado al caso, que era un caso del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Me habían preguntado si podía colaborar en el juicio con Gastón Chillier (actualmente Gastón es el Director Ejecutivo) y, para mi sopresa, dije que sí.


¡Iba a defender a una jueza! Yo detestaba a todos los miembros del poder judicial en ese entonces… [La señora Ana María Careaga fue enjuiciada por ser una verdadera jueza, defender la independencia del poder judicial e investigar a un intendente por un hecho de corrupción. Lo mismo les sucedió (antes) a la Sra. Adriana Gallo, y (luego) a la Sra. Silvia Maluf. Abundante información sobre los tres casos aquí].


Bajamos del avión con Chillier y lo primero que alguien le dice a Ana María cuando le doy la mano al ser presentado es:


- Bovino odia a todos los jueces…


“Esto empieza bien” pensé yo, mientras trataba de imaginar qué cuernos decir frente a la mirada de la pobre Ana María. Después de romper el hielo de tan elegante manera, marchamos directamente a la sede del Superior Tribunal de San Luis, pues allí debía prestar juramento para que me matricularan y yo pudiera intervenir en el juicio. Cuando llegamos al tribunal, el único integrante allí presente se negó a tomarme el juramento porque la ley provincial decía que yo debía acreditar mi identidad con el DNI. Mientras seguía exhibiendo mi pasaporte, dije:


- Doctor, el único sentido posible de la cláusula legal es que se acredite la identidad. En este país creo que aún hay personas que no tienen DNI, sino libreta cívica (las damas) o libreta de enrolamiento (los caballeros). Este pasaporte es un instrumento público… etcétera.


Error. Terrible error. Estaba en el San Luis del Adolfo. Su señoría se limitó a decirme:


- La ley dice DNI, y usted no tiene el DNI.


Después de que pude salir de mi estado de sorpresa, y autoputeándome mentalmente por imbécil y desordenado, dimos la vuelta y comenzamos a caminar hacia la salida. Todos cabizbajos y meditabundos…


Imagino que Ana María se estaría preguntando de dónde había salido el abogado inimputable que le había mandado el CELS. Ella creía que era un organismo serio… Y lo que estaría pensando Gastón ni lo quiero imaginar… Por supuesto que él es un excelente abogado que podía hacer un buen trabajo solo, pero no es lo mismo estar solo en una sala de audiencias que estar con un compañero al lado. De hecho, conocía el caso mejor que yo.


Y en ese momento el tarado del juez se equivocó…


- Si hace el trámite pidiendo un nuevo DNI en el registro civil, podría prestar juramento y matricularse…


Volvieron mis esperanzas. Pero en nuestro país, para obtener un DNI nuevo —al menos en esa época—, uno podía hacerlo en un lugar distinto a su domicilio legal, solo si hacía cambio de domicilio. Entonces Gachi, una de las abogadas de confianza que ya había representado a Ana María y a otras mujeres del poder judicial víctimas de la caza de brujas desatada por el Adolfo, me dijo:


- No hay problema, hacé cambio de domicilio y ponemos el domicilio de mi estudio, y se te preguntan algo decís que te mudaste a San Luis porque vas a trabajar conmigo.


Yo, obediente, asentí, con cara de “yo no fui”. Marchamos al Registro Civil. Comenzamos a hacer el trámite. Íbamos y veníamos de una ventanilla a otra. El trámite era más complicado que diseñar la versión 5.10 de un terminator.


Para que puedan mínimamente comprender de qué se trata esto, sepan que en las tierras del Adolfo nadie critica al Adolfo (tampoco al Alberto) o a cualquier oficialista. A menos que esté hablando protegido por el “cono del silencio”, y que uno esté hablando con su mamá. Y eso si uno es hijo único y su mamá está de muy buen humor.


Por un momento, creí en la existencia de Dios. Una funcionaria de cierto rango que se dio cuenta de lo que estábamos haciendo, se nos acercó y nos dijo:


- Déjenme que yo les hago sellar los formularios en esa ventanilla, porque si no, no se los van a sellar.


Rápidamente obedecí sin chistar, y esta mujer corajuda cuyo nombre no recuerdo logró que sellaran mis múltiples formularios donde yo afirmaba que deseaba desesperadamente vivir en las tierras de los hermanitos Rodríguez Saa.


Después de rebotar por dos o tres ventanillas más, me tocó hablar con una empleada a la que le tenía que contestar algunas preguntas.


- ¿Y cuál va a ser su nuevo domicilio?


- Ahí lo dice [dije desesperadamente, porque soy tan boludo que me lo había olvidado]… Eh… la calle Piruchi, número… 75.


Afortunadamente aún no tenía la presbicia galopante que tengo ahora, pues si no, ni con una lupa habría podido leer la dirección de Gachi. Entonces le expliqué con todo detalle que me mudaba a San Luis porque me había asociado con Gachi, que trabajaríamos conjuntamente como socios en el estudio jurídico, y no sé cuántas mentiras más. Y entonces la cagué, y de qué manera.


- ¿Cómo es el nombre completo de su socia?


Silencio. Me quedé petrificado y absolutamente mudo. No tenía ni la más remota idea de cómo se llamaba Gachi.


Continuará…

13 comentarios:

Anoia dijo...

jajaja, sos un colgado!!
y que pasó después??
abrazo!

ABovino dijo...

¡Vaya la novedad! No seas impaciente...

Siempre empiezo escribiendo a partir del fin de la historia y me cuelgo con partes que voy recordando al escribir y que arman el relato

Anónimo dijo...

Tendrías que haberle dicho que era Gachi Ferrari, la que salía en televisión con Petete hace mil años

defender dijo...

Albert, seguis odiando a los jueces? y a las juezas? jajaja
Termina rapido la historia!!!!!
Saludos
SM

Nachio dijo...

Para vivir, está mejor BsAs?

ABovino dijo...

Nunca los odié. Los detestaba. Hoy detesto la "racionalidad" irracional y perversa de la corporación, y a algunos jueces y juezas en particular.

Joyitas tales como el ahora ex Bigordi, Atendini que Tapaba, mi íntima amiga Catucci y otros.

Buenos días y buena suerte,

AB

ABovino dijo...

No sé si entiendo tu pregunta, pero lo cierto es que no tenía ninguna intención de mudarme a San Luis.

Y dada la experiencia qeu viví, con seguridad que no me agradaría vivir en el San Luis de los RS.

Saludos, AB

anateresa dijo...

la irracionalidad y la arbitrariedad están en todos lados, no sólo en la judicatura.. pero me parece interesantísimo, qué pasó después? por cierto no te servía tu matrícula de abogado para presentarte en los tribunales?

Anónimo dijo...

comentario al margen: qué delgado estabas en esa foto bovino. hace dieta que te queda mucho mejor estar flaco.

ABovino dijo...

Estimado anónimo, la foto es de hace casi 12 años, no es solo la gordura.

Ana Teresa, en gran parte tenés razón, pero en el poder judicial de los países de nuestra región, la arbitrariedad y otras prácticas perversas son rasgos estructurales de esa corporación.

El próximo post va una cita sobre esto. Muy bueno tu blog. Saludos, AB

Nicolas dijo...

Es una injusticia que estos relatos vengan en partes... No aguanto la intriga.

Abrazo, Nico

ABovino dijo...

Bueno, pero es que es como lo expliqué en el primer comentario. Cuando empecé a escribir lo del deserto, o lo de Antigua, jamás pensé que iba a escribir cuatro entradas.

La segunda y posiblemente última parte quedó a medio escribir.

Abrazo, y gracias por las visitas

J. Federico dijo...

Y qué más pasó....? Tus historias las leemos siempre mi novia y yo, obviamente no tienen nada de románticas, pero sí nos hacen reir a carcajadas...

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