1 nov. 2012

JUICIO FERREYRA: UNA AUDIENCIA UN POCO HISTÉRICA

DECLARARON  TESTIGOS DE LA DEFENSA







Jueves 1º de noviembre, declararían varios testigos ofrecidos por las defensas de algunos ferroviarios. Sus declaraciones habrían resultado graciosas de no tratarse de un juicio por el asesinato del joven Mariano Ferreyra.

Las declaraciones realizadas bajo juramento por estas personas tenían ciertas cosas en común:

1) Las versiones sobre los hechos resultaban contrarias a lo que han demostrado todos los elementos de prueba producidos durante lo que va del juicio;

2) Si bien sus versiones no fueron coincidentes, los testigos pretendieron, sin éxito, transformar a las víctimas en victimarios.

3) Las afirmaciones más dudosas realizadas por los testigos no pudieron ser explicadas con un mínimo grado de consistencia por los respectivos declarantes;

4) Todas ellas terminaron por resultar perjudicial para varios imputados.

Primer testigo

El primer testigo que “declaró” fue Ricardo Arias. Después de cinco minutos de escucharlo, verifiqué si estaba en la sala de audiencias correcta, pues el declarante parecía estar hablando de otro hecho.

Cuando nos tocó interrogar, estuvimos bastante duros con el testigo. De hecho, hicimos preguntas indicativas y sugestivas, gran parte de las cuales terminamos por retirar. Hubo objeciones de la defensa prácticamente a todas mis preguntas. Pero el que se puso loco, lo que se dice loco, fue el inefable defensor del "Gallego" Fernández.

¡ES UNA VERGÜENZA!, chilló Freeland. Pensé que hablaba de sus propias intervenciones, pero no, parece que se refería a nuestras preguntas. Como de costumbre, se dirigió a los gritos al presidente del tribunal, no escuchaba lo que él le decía, no obedecía lo que se le ordenaba, se victimizaba y protestaba como un niño caprichoso.

Aclaramos desde ya que varias de nuestras preguntas fueron mal formuladas. Ahora, que sea Freeland quien exprese indignación nos parece francamente llamativo. Si alguien interroga de mala fe, ése es Freeland. No interroga mal porque no sepa hacerlo. Al contrario, conoce perfectamente las reglas del interrogatorio. Cada vez que no respeta esas reglas —algunas veces de manera grosera—, sabe perfectamente lo que está haciendo. Pero la jornada recién comenzaba, y el defensor del "Gallego" Fernández también.

El fantasma de la fiscal

Por la tarde, mientras el fiscal comenzaba a interrogar a un testigo, no se escuchó su pregunta debido a una interferencia en su micrófono que generaba un ruido muy molesto —la señora fiscal, desgraciadamente, ya se había retirado—. El fiscal hizo silencio y miró con curiosidad al caprichoso aparato que se empecinaba en impedirle ser oído. Entonces se escuchó una voz...

—¡Es un boicot!

E inmediatamente otra voz agregó...

—Es la Dra. Jalbert...

(palabra de honor que yo no fui)

Los testigos

Luego de la declaración tan creativa y original de Arias, el primer testigo, debí ausentarme de la sala de audiencias, con lo cual no escuché las declaraciones de la segunda y del tercer testigo. Todos los demás testigos de las defensas que les siguieron continuaron con la impronta dejada por Arias. Lo curioso es que se contradijeron entre ellos. En lo único que coincidieron es en la bondad de Pablo Díaz.

"No recuerdo" fue la respuesta que dio una y otra vez Suárez a las preguntas de los acusadores. Dijo que no había visto policías. Lo que sí recordó es que "todos los manifestantes" tenían la cara tapada y estaban armados con palos.

Dotta, delegado, quien fue y volvió en auto junto con Uño y Amarilla al lugar de los hechos el 20 de octubre, dijo no estar seguro de demasiadas cosas; tampoco escuchó disparo alguno.

El electricista Moroco, a su turno, realizó un relato delirante de los hechos, según el cual los tercerizados avanzaron hacia las vías, encabezados por mujeres y niños —luego varió por "mujeres y hombres"—, para agredir a los pobres ferroviarios. Según sus dichos, cuando ellos, corriendo "pacíficamente", llegaron a diez o quince metros de las mujeres y niños que pretendían "amedrentar" para que se vayan, estas personas se abrieron y dejaron al frente a tres cordones de unos quince hombres cada uno que iban de vereda a vereda, "armados" con palos y gomeras. Entonces le dio miedo y se escondió tras un tambor relleno de cemento que encontró en la vereda. Todavía está pensando por qué fue a agredir a los manifestantes, porque en la audiencia no lo contestó.

¿Hubo corte de vías?

La declaración del último testigo, Jorge Krakowski, jubilado y ex delegado, estuvo llena de contradicciones, omisiones y falsedades.

Luego de repetidas contradicciones y de mencionar que en las vías había ferroviarios, policía y “gente de la empresa, bien vestida”, Krakowski tuvo tiempo para un nuevo gafe –ante la pregunta de por qué fue al corte-: “Yo no fui a matar a nadie, si ya me estaba por jubilar… “.

Para el final quedó la seguidilla de preguntas sobre el vínculo y conocimiento con Favale,  a quien desconoció primero y recordó después, sugestiva e intempestivamente. Aunque no sorprendió a nadie. Y una última perla:

-¿Usted dice que fueron al corte del 20 para evitar represalias a sus compañeros, el 6 de septiembre por qué fueron a Constitución? –preguntó Medina (abogado del CELS).

-Para que no agredieran a compañeros.

-¿Pero había corte de vías?

-No, bloqueaban boleterías.

-¿Y causa perjuicio al usuario?

-No, si viajan gratis…

-¿Y entonces a qué fueron?

-Esteeeee…..

No más preguntas.

(del blog "El diario del juicio")

Todo un estilo

Casi al final de la agotadora audiencia, el defensor del "Gallego" Fernández, Freeland, volvió a la carga con sus lamentos —porque técnicamente carecen de nombre— cuando se opuso a una pregunta de uno de los acusadores —ya no recuerdo de quién—.

A pesar de que todos los vocales del tribunal, al presidir, le ordenaron expresamente en reiteradas oportunidades que:

a) no hiciera comentarios dando su particular opinión sobre las partes, la marcha del debate o los testigos;

b) no dialogue a los gritos con las contrapartes;

c) que haga silencio cuando debe hacerlo;

d) que interrogue debidamente; y

e) que no le resuma al testigo antes de interrogarlo su propia opinión —entre otras cuestiones—,

está claro que el defensor sigue haciendo lo que le parece.

El presidente rechazó su pedido. Sin embargo, no recurrió esa decisión. En vez, decidió decir "Sí, voy a dialogar". También se dirigió a los gritos a nosotros diciendo "Estoy haciendo lo que hacen ustedes".

Momentos después el presidente, con razón, frente a las protestas caprichosas e infundadas del defensor, le ordenó hacer silencio. Entonces se levantó enojado —o actuando como si estuviera enojado— y presentó un escrito redactado a las apuradas. El escrito le fue devuelto, también como Freeland sabe que corresponde, e insistió en que se dejara constancia de que no lo dejaban hablar... El presidente le reiteró por décima vez que todo lo que decía quedaba registrado en la grabación de audio e imagen de la audiencia, y le permitió leer su escrito. Se quejaba de trato desigual y de que no lo dejaban hablar e interrogar.

Realmente vergonzosa la actuación del defensor. Todavía no logramos comprender qué pretende con sus intervenciones cuando actúa de ese modo. Tampoco sabemos si pierde el control o actúa como si lo perdiera. De todas maneras, su actitud resulta inaceptable, irrespetuosa con las partes, con los testigos y con el tribunal. No conduce a nada positivo y parece que ha decidido hacer caso omiso de las reglas del Código vigente y de las decisiones del tribunal.

Sería deseable que todas las partes reflexionemos sobre nuestras intervenciones, realicemos una autocrítica seria y ajustemos nuestra conducta con buena fe al derecho vigente.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por la cita, Alberto. Un abrazo desde El Diario del Juicio, donde nos divertimos profundamente con las infantiles actitudes de Freeland.

Brian