3 may. 2010

Sobre algunos abogados y jueces que SIGUEN dando clases

LA GUERRA DEL CERDO

Por Martín Böhmer


Cuando llegue a viejo quiero que mis colegas me lo digan, sobre todo los más jóvenes. Quiero que me hagan recordar que yo militaba contra la permanencia en los lugares de poder y a favor del recambio generacional.


Quiero que me vuelvan a contar mis anécdotas de cuando despotricaba contra algunos viejos, los que no comían ni dejaban comer, como el proverbial perro del hortelano. En particular quiero que a los sesenta y cinco, si llego, y no a los setenta como reza ahora la increíble nueva regulación de la UBA, me sugieran apartarme y dejar el lugar y el sueldo a quienes están más capacitados para llevar adelante la institución y que deben gozar del lugar que merecen en el escalafón universitario para trabajar con alumnos que van a haber nacido hoy.


Quiero que si creen que merezco ser profesor consulto o emérito (cosa que no creo que suceda) que no me dejen dar clase solo, ocupando los lugares de los más jóvenes, y que de ninguna manera me paguen un sueldo utilizando partidas presupuestarias que deben ser asignadas a quienes dedican su vida productiva a ser profesores y profesoras y que están todavía pagando la vida familiar, con niños pequeños o simplemente sin la capacidad para vivir de jubilaciones o incluso rentas que yo espero poder cobrar dentro de veinte años.




Quiero que si encima soy funcionario público o peor aún, juez, que no me permitan tener más que una y sólo una dedicación simple hasta jubilarme y luego nada, que me obliguen a vivir de mi jubilación o a volver al mercado pero que me impidan ocupar lugares en la Universidad. Que si enloquezco y vuelvo a la profesión para vivir una vida más cómoda que me impidan cobrar sueldo, punto.


Ojalá me permitan seguir participando de seminarios, clases y debates, pero ojalá no duden en recordarme que pedí que me corrieran cuando sea el momento, que dije que nuestro país no puede continuar en esta guerra del cerdo inversa en la cual algunos viejos siguen negándose a morir y para eso impiden vivir a los más jóvenes.


Ojalá me recuerden que fui el que dije que nuestras mejores tradiciones mandan en primer lugar tener conciencia de que hay otros además de uno y que sólo sobre esa conciencia se crean comunidades en las que vale la pena vivir.


15 comentarios:

arnaldo corazza @gmail .com dijo...

Creo que el tema de la edad reglada es solo una referencia. No creo que a los sesenta y cinco años sea una verdad revelada que debas irte de todos lados. Quizas sea una edad en la que puedas aportar mas conocimiento, y madurez. Pero es cierto que esto tampoco es una verdad absoluta. Quizas a los 65 años uno no tenga mas nada que dar. El problema es darse cuenta. Quizás uno nunca se da cuenta. Es por eso, que los limites de la edad en la Universidad o en el Poder Judicial deben ser respetados. Y fundamentalmente es necesario para los que no nos damos cuenta.

Dieguistico! dijo...

Sinceramente no parece que la edad tenga algo que ver en esta cuestión. En todo caso lo que importa es la idoneidad... ¿pero quien la juzga?

No hace tantos años que dejé la facultad y recuerdo haber tenido excelentes profesores veteranos (recuerdo una clase antológica de Jorge Zago, que debía andar por los ochenta y una muy buena profesora de Derechos Reales que orillaba los setenta). Yendo un poco más atrás, uno de mis mejores profesores del secundario pasaba los 65. También he tenido profesores jóvenes que no pueden estar frente a una clase y viejos que estaban robando. Profesores con dedicación exclusiva peores que pésimos (Ghersi) y abogados que daban clase que eran un placer ir a escucharlos.

En definitiva, no creo que haya una fórmula para determinar que dadas las condiciones A, B y C (por ejemplo, joven, con dedicación exclusiva y posgrado en el exterior) tengamos, ipso facto, un buen docente.

Lo bueno de la UBA es que la diversidad de cátedras permite que el "mercado" de los alumnos pueda orientarse hacia el tipo de profesor que busca cada uno. Un alumno más o menos despierto sabe antes de anotarse que profesor vale la pena y que materia sirve sólo para "robar". Cada uno se va formando su prestigio, positivo o negativo, y esa información de algún modo circula entre el alumnado (sería un tema interesante para estudiar, por cierto, los mecanismos a través de los cuales circula esa información9. Esa es, creo, la mayor ventaja de la UBA frente a otras universidades que no tienen semejante diversidad de cátedras.

DARIO SCOTTO dijo...

Impecable, intachable y envidiable la honestidad intelectual de esta persona...........

Anónimo dijo...

Clap clap.
Gran comentario.
Si bien desde un principio coincido en lo sustancial, no se hasta que punto debe ser automático, me hace un poco de ruido. Ustedes se imaginan que a Fraboschi -gran profesor de historia y una institución dentro del Colegio Nacional de Buenos Aires- haya sido jubilado de prepo a los 65? Yo tuve el placer de tenerlo pasando los 80... y lo agradezco eternamente.

Anónimo dijo...

demagogo!

Anónimo dijo...

"DEJENLO NOMÁS PASTAR"

¿Ya llegó a los 65? Despídase, el mundo es de los jóvenes. Hágase a un lado y no moleste. Viva de su jubilación, que plata no le va a faltar. Y vea la tele, o lea, pero en su casa, no ocupe sillas en la biblioteca, que son para los jóvenes. Si tiene nietos cuídelos, ayude a sus hijos, que todavía son útiles y lo necesitan.

Ojalá le toque vivir hasta los noventa, ver madurar a sus hijos, ver crecer a sus nietos, ver pasar las décadas. Pero sepa, muy señor mío, que en el mundo de Bohmer Ud. sobra.

Anónimo dijo...

Ojalá a los 65 también deje de postear.

Nicolas Vargas dijo...

Muy bueno, y no hay mucho más para agregar a lo que dijo Diego.
No deja de sorprenderme la idiotez del algunos que amparados en el anonimato dicen lo primero que se les cruza por la cabeza.
Saludos

Juan Pablo Iriarte dijo...

Hola Prof. Bohmer!

Gracias por seguir dándole cuerda a esta cuestión de la enseñanza.

Casualmente, hace unos días, un profesor me decía algo parecido a lo que Ud. dice ahora... Me da un poco de gracia, porque en cierto sentido uno, que como alumno que ha tenido grandes profesores -en ambos sentidos-, no entiende bien cómo es que una cosa -la edad- supone algo que podamos teñir de negativo (pienso en un Duncan Kennedy -68- o en un Dworkin -71-)

Aunque, por otro lado, es cierto eso que dice que hay un efecto tapón para los más jóvenes. Quizás podríamos pensar en alguna forma de no perder lo bueno, y ganar renovación, ¿cree que es (im)posible?.

¿Podría pensarse en cátedras con 'históricos' arriba y dos, tres o cuatro cuadros más jóvenes -quizás discipulos- motorizando el trabajo? Pienso en alguna universidad alemana, y sus célebres cátedras o seminarios en derecho penal, por ejemplo. O quizás, mantenerlos en seminarios a los más "viejitos".

No lo sé, igual que con aquello de los profesores full time, ¿no hay forma de conservar lo bueno de cada parte?.

Slds,

Juan Pablo

BRUJA dijo...

Al margen del posteo, Martín Bohmer es uno de los mejores docentes que tuve en mi carrera en la Universidad de Buenos Aires. Sus clases, imperdibles!

Martin Böhmer dijo...

Juan pablo,
En su eterna sabiduría las normas justamente habilitan a que los mejores puedan seguir dando clases hasta que les dé el cuero. Pero piden que sean los mejores y los hace eméritos o en su caso consultos. Lo que me parece mal es que no se hagan distinciones y se instrumentalice una norma correcta.
Cuando todos son excepcionales no hay más excepción y en este caso resulta imposible renovar los claustros.
Ya no sólo toman la docencia además de trabajar en múltiples instituciones cobrando múltiples sueldos durante el tiempo que les acuerda la ley, ahora lo hacen ad eternum.
M

Damián dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Un desastre el post, como dijeron más arriba, peca de demagogia y, además, manda a gente muy útil a la cueva. Por lo que dice Bohmer, los viejos a casa, salvo luminarias y, por mi parte, no creo que eso tenga que ser una condición para que contínúen en actividad. Ni Bovino es una luminaria dando clase, ni Bohmer tampoco, pero cuando sean más viejos van a tener muchas más experiencias para contar y seguramente esa sabiduría no podrá ser superada por ningún cerebrito recién recibido.
Hay viejos chorros, que generalmente han sido jóvenes chorros y jóvenes chorros que seguramente serán viejos chorros.
Es una cuestión de actitud.

ABovino dijo...

Se agradece la atención, estimado anónimo.

Anónimo dijo...

Los alumnos , desde nuestro poder de elegir las materias, debemos decidir quien se encuentra facultado, o no, para continuar en la actividad docente.

¿Por qué la UBA quiere privarnos de escuchar a nuestros "maestros" del Derecho? A esos que siempre vamos a ver en sus charlas, independientemente de que los hayamos escuchado hablar más de una vez respecto del mismo tema. A los que, cuando pensamos que la justicia no existia, nos dieron esa vuelca de tuerca y volvimos a encontrarnos dentro del derecho.

Que no sea un capricho esto de retirarse, dejen su ego de lado "docentes". Es por algo que cuatrimestre a cuatrimestre los seguimos eligiendo.