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8 ago. 2008

AL MAESTRO JUAN BUSTOS RAMÍREZ

RESEÑA BIOGRÁFICA

Juan José Bustos Ramírez, nace a la vida biológica el 8 de diciembre de 1935 en la ciudad de Santiago, en la casa de su madre, ubicada en la plaza del roto chileno. Cursó sus estudios en el Instituto Nacional y en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, donde fue ayudante de las cátedras de derecho penal del prof. Luis Cousiño Mac Iver e Historia del derecho del prof. Jaime Eyzaguirre. Tan pronto se licencio, acudió a doctorarse a las mejores universidades europeas, pues en 1960, obtuvo una beca en la Universidad Complutense de Madrid bajo la dirección del prof. Juan del Rosal. Posteriormente, fue becado para ingresar a la Universidad de Bonn, donde estudió bajo la dirección de Hans Welzel, y donde conoció a profesores como Armin e Hilde Kaufmann, Zielinski, y Jakobs, obteniendo el grado de doctor por su clásica tesis “Culpa y finalidad”. De vuelta en su país y en la época dorada del derecho penal en Chile, su querido amigo, prof. Eduardo Novoa Monreal lo nombró profesor auxiliar de la cátedra de la Universidad de Chile, incorporándose junto a profesores de la talla de Etcheberry, Cury, Politoff, Grisolía, Vivanco y Yañez al trabajo en la magnífica revista de ciencias penales editada en el Instituto homónimo. En 1966 fue profesor de la Universidad de Chile, sede Valparaíso, (en la que volvió a dictar cursos de especialización el año 2001 y 2002). Luego, en 1968 por concurso público es nombrado profesor titular de derecho penal de su querida Universidad de Chile, de la que fue director de su departamento de ciencias penales.

Pero su intensa vida académica fue de la mano de sus ideales y su acción política, pues participo activamente como destacado militante del Partido Socialista de Chile, del cual fue dirigente y colaborador en el triunfo popular que lleva a la Presidencia de la República al ciudadano Salvador Allende Gossens, en septiembre de 1970. Por la desoladora tragedia que se abatió sobre Chile en 1973, de esas que conjugan encierro, entierro y destierro, Juan Bustos, parte al exilio, haciendo sus primeras clases en la Universidad Central de Tegucigalpa, cuyo rector, prof. Reyna se destacó por la solidaridad con los perseguidos. Por aquellos días aciagos, el escritor Uruguayo Eduardo Galeano, dedica un cuento al pueblo chileno, inspirado en la tristeza que embarga a Juan y el milagro de estar vivo. Pasó posteriormente a Argentina, gracias a al solidaridad de sus colegas, Luis Ramos Mejías y David Baigún, para hacer clases en la prestigiosa Universidad de Buenos Aires. Empero, son tiempos tenebrosos, y Juan cae detenido en la porteña ciudad, en el marco de la denominada “Operación Cóndor”, permaneciendo detenido durante seis meses. Logrando recuperar su libertad gracias a las gestiones de sus amigos prof. Julio Maier, Armin Kaufmann y el ministro del interior Alemán Maihofer. De vuelta en Alemania, recibe la beca Von Humboldt, dictando clases de derecho penal comparado en la Universidad de Bonn y luego en Colonia de la mano de la profesora Hilde Kaufmann con quién mantuvo una fuerte amistad. Gracias a la invitación del eminente catedrático Español, prof. Juan Córdoba Roda, que le prestó siempre toda su ayuda en España, se incorporó como profesor adjunto de Derecho Penal en la Universidad de Barcelona, donde conoció a Quintero Olivares, Mir Puig, García Arán, entre otros. En 1978, se instala en la Universidad de Lérida, teniendo como profesor adjunto a su entrañable amigo y discípulo Hernán Hormazabal, luego de obtener por concurso la catedrá de La Laguna, arriba como catedrático a la Universidad Autónoma de Barcelona, donde inicia una fructífera actividad academica, llegando a ser vice decano y colaborador con las mas prestigiosas universidades europeas, en Saarbrücken con Alessandro Baratta, Rótterdam con Louk Hulsman, Sussex con Jack Joung, la de Bologna con Massimo Pavarini. En este tiempo, participa en diversas actividades académicas, entre otros con los profesores Hassemer, Ferrajoli, Roxin, Albrecht, Baratta, Muñoz Conde, Berdugo, Terradillos, Tiedemann, Arroyo Zapatero, Maier, Baigún, Fernández, y Zaffaroni, entre otros grandes penalistas y criminólogos.

Sus obras (más de una docena de monografías, dos manuales, obras completas y numerosos artículos especializados) y una vida dedicada a la docencia han sido reconocidas tanto en Europa como en América Latina, tal como lo acreditan numerosas invitaciones y homenajes que ha recibido de las más importantes universidades de ambos continentes. Su aporte en la teoría del delito lo ha llevado a plantear de manera original, tres teorías, sobre la cuestión penal, como lo es la teoría del sujeto responsable. Su vida y obra académica, ha influido en estudiantes de todos los países de habla hispana, y particularmente de sus discípulos, entre otros, Alejandro W. Slokar, José Urquizo, Elena Larrauri, Celia Suay, María Inés Horvitz y Jean Pierre Matus.




Un homenaje al pueblo chileno

Eduardo Galeano. 1974, Yoro: Lluvia


En Chile ha visto mucha muerte. Sus más queridos compañeros han sido fusilados o reventados a culatazos y patadas. Juan Bustos, uno de los asesores del presidente Allende, se ha salvado por un pelito.

Exiliado en Honduras, Juan arrastra sus días de mala manera. De los que en Chile murieron, ¿cuántos murieron en lugar de él? ¿A quiénes usurpa el aire que está respirando? Lleva meses así, de pena en pena, avergonzado de sobrevivir, cuando una tarde las piernas lo traen a un pueblo llamado Yoro, en el centro y en lo hondo de Honduras.

Llega a Yoro porque sí, porque no y en Yoro pasa la noche bajo cualquier techo. Muy de mañanita se levanta y se echa a andar por las calles de tierra, desganado, remando tristezas, mirando sin ver. Y de pronto, la lluvia lo golpea. Es una lluvia violenta y Juan se protege la cabeza. Pero en seguida advierte que no es de agua ni de granizo esta lluvia prodigiosa. Locas luces de plata rebotan en la tierra y saltan por los aires.

—¡Llueven peces!— grita Juan, manoteando los peces vivos que caen en picada desde las nubes y brincan y centellean a su alrededor para que a Juan nunca más se le ocurra maldecir el milagro de estar vivo y para que él nunca mas olvide que ha tenido la suerte de nacer en América:

—Y sí— le dice un vecino, tranquilamente, como si nada. - Aquí, en Yoro, llueven peces.

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