18 ago 2010

La homofóbica jueza Marta Covella se dio el gusto

¿Así que estos trolos se quieren casar? ¡De acá!





La jueza del Registro Civil de la ciudad pampeana de General Pico que se mostró en contra del matrimonio gay se tomó hoy licencia cuando debía casar a dos parejas integradas por personas del mismo sexo.


La licencia fue solicitada por la jueza Marta Covella, que argumentó cuestiones religiosas, no casó a los contrayentes y lo hizo, en su reemplazo, el juez suplente Marcelo Mossman.


Antes de las 11, Alberto Peralta y Oscar Omar García llegaron al Registro Civil de General Pico para unirse legalmente, una aspiración que tenían desde hace 25 años.


Covella había anunciado que ella no iba a casar a personas del mismo sexo porque eso iba en contra de sus principios religiosos, lo que generó una queja pública del INADI La Pampa, que calificó como un "pretexto discriminatorio" no casar a personas de igual sexo.


Además el INADI sostuvo que la decisión de la jueza "no puede enmarcarse en una objeción de conciencia", señalando que la magistrada debía respetar el derecho que a las personas les asistía por ley de matrimonio igualitario recientemente sancionada.


Además de Peralta y García hoy también se realizó un casamiento gay, en Santa Rosa.



Algunos comentarios de lectores


Nancy Resistencia Chaco

Felicitaciones a la Sra Jueza, el pais necesita gente de principios como usted, ojala tuvieramos gobernantes con temor de Dios ante todo, y no estariamos como estamos.





gerardo Chaco

Muy Bien!!!!! y felicitaciones por la Jueza. Para todos aquellos que quieren ser respetados primero deben respetar las desiciones individuales. El pais tiene muchos Jueces no? Me pregunto: imagino que los homosexuales no leen la Biblia no? pues claro! por eso no comprenden la actitud de la Jueza.



de córdoba

muy bien por la jueza, mira si se casan y uno se convierte en lesbiana, le van a gustar las mujeres!!!!



adrian

Bien por la jueza!! Estas son las personas que necesitamos en nuestro gobierno. Aquellas que se juegan por la opinion de la mayoria del pueblo.


Noname

Ahora resulta que los discriminados vamos a ser los que tenemos principios morales!!!




victor

la jueza es la moral del pueblo!!! muy bien , muy bien!!!! a fuera paganos!!!



Raul

MUY BIEN SEÑORA JUEZA PRIMERO LA MORAL!!!

15 ago 2010

El Diablo existe

¡¡¡BERGOGLIO, te necesitan urgente en Costa Rica!!!



Sí, señores, el Demonio existe. El Cardenal Bergoglio tenía razón. Le pedimos nuestras más sinceras disculpas. Así lo afirmó hace tiempo la Sala Constitucional de Costa Rica... Pasen y vean.


Tipo de Sentencia: De Fondo


Redactor: Castro Bolaños Jorge


Clase de Asunto: Recurso de amparo


AMPARO 1209-C-92


FLORIA NAVAS MONTERO


MINISTERIO CULTURA, JUVENTUD Y DEPORTES


1101-92


SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las once horas y treinta minutos del veinticuatro de abril de mil novecientos noventa y dos.


Recurso de Amparo N° 1209-C-92 interpuesto por Licda. Gloria Navas Montero, contra Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes.


Redacta el Magistrado Castro Bolaños, y;

CONSIDERANDO


UNICO. La redacción del artículo 76 de la Constitución es producto de una realidad insoslayable, donde el constituyente reconoce que la Religión Católica es la del Estado, sin que se pueda restringir el libre ejercicio de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres. El derecho a profesar libremente una religión acorde con su fe y ejercicios de su culto se extiende a todos los seres humanos por su simple condición de tales, y no por la pertenencia a determinado grupo religioso (o por su profesión de fe respecto de los ideales que puedan considerarse mayoritarios). El Estado al garantizar la libertad de culto, le está dando al hombre la posibilidad de que este se realice en forma integral frente a Dios. En el caso bajo examen no estamos ante un grupo religioso cuya práctica atente contra la moral universal ni la buena costumbre para que se tenga por quebrantado dicha norma, sino ante una obra teatral —Espectáculo Callejero— cuyo fin no es otro que el reproducir la existencia de algo tan incuestionable como es la existencia del diablo. En dicho drama no se atacan los principios religiosos de nuestros ciudadanos, para que estos se revelen contra Dios, sino todo lo contrario, los "diablos" son vencidos por el Arcángel Miguel y la rendición de los malos a la Virgen de la Candelaria. En otras palabras, se trata del triunfo de lo bueno —encabezado por Dios— frente a lo malo —encabezado por el diablo —. Por ello la libertad de culto, reconocida como un derecho del hombre, significa que el individuo puede adoptar para sí un (sistema de reglas de conducta moral), un sistema que puede responder, (tanto a creencias religiosas como a convicciones morales). Por tanto la protección a la libertad de culto significa que no se debe obligar a nadie a obrar contra su propia conciencia, y que no se le impida actuar conforme a ella, tanto en lo privado como en lo público, teniendo como único límite la moral y las buenas costumbres. Ahora, la fiscalización de los ESPECTACULOS PUBLICOS, que no es propiamente el ejercicio de esa libertad de culto, escapa del control de constitucionalidad que ejerce esta Sala —que está únicamente para garantizar el respeto a la libertad de culto dentro de los parámetros de la constitución—, por no ser materia de constitucional, salvo que se trate de un ataque directo a la enseñanzas de Jesucristo, como lo fue la "ULTIMA TENTACION DE CRISTO".


POR TANTO


Se rechaza de plano el recurso.


R. E. Piza E.

Presidente a.i.


Jorge Baudrit G. Jorge E. Castro B.

Luis Fernando Solano C. Luis Paulino Mora M.


Eduardo Sancho G. Rubén Hernández Valle Vernor Perera L.

Secretario

Historias de la Facultad – Episodio 6 (final)

¿Mi última materia?




Antes de leer esta entrada, ver la primera parte aquí.


¿En qué andábamos? ¡Ah! En que estaba cursando la que podría ser mi última materia de abogacía, en que tenía un profesor que era un forro al cuadrado, y en que no había dejado nada por hacer para evitar que me hiciera de goma en el final.


Es curioso eso de la “última materia”. Cuando comienzan los cursos que damos en la Facu —y digo “damos” porque incluyo a Edgardo Salatino, Esteban Chervin, Tamara Tobal, Cristian Penna, Josefina Minatta, Luciana Pierbatistti, Agustín Cavana y Mauro Lopardo— les advertimos a los estudiantes que no nos deben informar que se trata de su “última materia”. En realidad, la expresión es incorrecta, pues solo se puede afirmar eso si se supedita a una condición: aprobar la materia.


El examen


Volviendo a diciembre de 1990. Estamos todos los estudiantes del curso esperando para rendir el examen final con el tirano éste, nuestro profesor de economía. Seríamos unos quince. El cara de muñeco llega, entra al aula sin saludar, se sienta en el escritorio, saca unos papales y toma unas notas. Nosotros no sabíamos si entrar o quedarnos afuera. De repente se escucha:


—Que pase Bovino…


“Cagamos”, pensé, yo no soy el primero en la lista… Puse cara de infante de marina y caminé estoico hasta el asiento frente al escritorio.


—A ver… Dígame qué sabe sobre el “triángulo poblacional”*.


Me puse contento. A ese tema lo tenía reclaro. Empecé a hablar, expliqué ordenadamente las distintas cuestiones sobre el tema, utilicé el pizarrón para hacer unos gráficos que él nos había dado; era como si estuviera dando una clase. Cuando terminé de hablar, me senté y pensé “¡Estoy en el horno!”.


¿Por qué? Porque recordé que ese tema me había costado, y que por ese motivo, una de las últimas clases falté para quedarme en casa a estudiarlo, hasta que finalmente, después de mucho esfuerzo, lo entendí acabadamente. Recuerdo que luego, la primera vez que nos reunimos con una compañera a prepararnos para el final, le conté feliz que por fin había entendido ese maldito tema. Y ella me dijo:


—Pero Alberto, ¿para que lo estudiaste? Si el tirano dijo en la anteúltima clase que no nos preocupemos con ese tema que no lo iba a tomar en el final… ¡Ah! Fue a esa clase a la que vos faltaste, y me olvidé de decírtelo…


El enfermo éste siguió preguntándome sobre todos los temas del programa. Contesté correctamente todas y cada una de las preguntas. Después de todo, de algo me había servido haber estudiado micro y macroeconomía en Económicas. Me torturó una media hora más y me hizo salir.


La espera


Yo había dado examen como a las dos de la tarde. Eran las ocho y le estaba tomando al último de los estudiantes que se había animado a dar examen. A mi juicio, el examen era una masacre. A ninguno le tomó el tema del “triángulo poblacional”, ni le hizo preguntas muy difíciles. El problema es que casi ninguno de mis compañeros entendía mucho de qué hablaba, porque este imbécil había sido un pésimo docente.


Supuestamente, mi compañera también se recibía si aprobaba. Era de una ciudad de provincia de Buenos Aires, y la familia había ido a verla dar su “último examen”. Cuando salió de rendir, salió contenta, convencida de que le había dio muy bien. A mí se me retorcían las tripas y no me salía decirle que, a mi juicio, la había desaprobado. De eso estaba seguro.


También estuve seguro, durante la interminable espera, de que yo había aprobado. Sin embargo, con el transcurso de las horas me daban ataques paranoicos y terminaba convencido de que este miserable me iba a clavar un dos. Total, ¿cómo iba a probar yo que no podía calificarme con un dos?


Salió el último estudiante. El economista pidió de mal modo, como era su costumbre, que saliéramos todos y cerremos la puerta. Esperamos ansiosos unos minutos, hasta que se abrió la puerta y este insano salió.


Para nuestra sorpresa, no dijo ni una palabra, nos ignoró y caminó rápido en dirección a Bedelía. Todos lo seguíamos en silencio, hasta que yo comencé a implorarle


—Profesor, por favor dénos las notas… Solo le llevará dos minutos. Muchos de los que rindieron podrían recibirse con esta materia…


El tipo nada, inmutable, caminaba rápido con la mirada fija hacia delante como si nosotros no existiéramos. Parecía ciego y sordo, pero en realidad era solo un reverendo hijo de puta. Entró a Bedelía, dejó las notas y desapareció. A esta altura, no pensaba que me podía haber desaprobado, estaba seguro.


Las notas


Cuando se fue, entramos a Bedelía y como ese día no podíamos tener más mala leche, solo vemos a la empleada de Gasalla. Para quienes hayan visto ese personaje en la tele, esa vieja de mierda existe (o existió), y trabajaba en Bedelía en esos años. En realidad, no era la misma vieja; era la hermana melliza, y la más mala de las dos. Le pedimos las notas.


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!!! ¿¿¿¿ME VIERON CARA DE BEDEL?????



—Pero señora, entiéndanos… hace horas que esperamos la nota, y el profesor se fue sin decir una sola palabra…


—¡¡¡¡Y AMÍ QUÉ ME IMPORTA!!!! ¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!


Esta vez bajé la voz, porque tenía miedo de que la vieja estuviera poseída por el demonio.


—Señora, algunos nos podemos recibir…


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!


Y de vuelta, mis frenos inhibitorios me jugaron una mala pasada…


—Mirá vieja de mierda, eso nos quedó claro, ¿por qué no te vas a la concha de tu madre?


Mis compañeros me sacaron de bedelía a los empujones. Todos estábamos ahí afuera esperando desconcertados, y el maldito bedel no aparecía. Harto de esperar, volví a entrar a Bedelía.


—Señora, discúlpeme, si la insulté fue por bla, bla, bla… ¿no nos podría dar las notas?


—¡¡¡¡YO NO SOY EL BEDEL!!!!!...


—Pero andate a la recontraputa madre que te parió, vieja chota, malparida…


Mis compañeros volvieron a sacarme a empujones. Al rato llego el ganso del bedel, y leyó las notas.


—Andrade, ausente; Amelano, dos; Benítez, uno; Bovino, seis…


Ya no escuché más nada. Después de eso no recuerdo mucho. Sí recuerdo que a mi pobre compañera de estudio la desaprobó. Después de algún tiempo, salí de la Facu, bajé las escaleras y tomé un taxi. La tensión y la angustia sufridas toda esa larga jornada me hizo largarme a llorar de modo incontenible. El taxista se dio vuelta y me dijo:


—¿Qué pasó? ¿Lo bocharon?


—No, no… me recibí…


˛¿Y entonces por qué llora?



* El tema es inexistente, solo recuerdo que era un tema de demografía.

13 ago 2010

¿ESTAMOS EN GUERRA?

¿Por qué tenemos esta justicia?




Uno viene caminando tranquilamente por Plaza Lavalle en un lindo día soleado, cruza la calle, y al llegar a "Palacio", parece que entró en una zona de guerra...




Frente a la entrada principal









12 ago 2010

Concejales de Goya contra el fascismo saludable

Ediles de Goya rechazaron la prohibición de fumar en oficinas públicas








[12/08 | 18:30 ] Por 7 votos a favor los concejales de Goya rechazaron dos proyectos de ordenanzas que prohíben fumar en oficinas y lugares públicos y de adhesión a la Ley Provincial Nº 5537 que prohíbe fumar en oficinas públicas municipales, provinciales y nacionales.





Primero se leyó el proyecto de Laura Filippa, que tenía una amplia argumentación, y en cuya parte resolutiva establecía la prohibición de fumar en el ámbito de las reparticiones municipales, administración pública en general del Municipio de Goya. En el segundo, extendía la prohibición al transporte público de pasajeros, escolares, colectivos, taxis y remises. En el tercero se abarcaba a los establecimientos asistenciales y culturales, y donde se desarrollen actividades deportivas en espacios cerrados. En el cuarto se prohibía fumar en locales comerciales, salones para eventos, bares restaurantes y todo lugar cerrado donde asista público. Dichos comercios podrán determinar áreas de fumadores mediante un cartel indicador y colocando atenuadores y extractores para que haya suficiente ventilación. También indicando con carteles podrían prohibir totalmente fumar.

Por el proyecto de Laura Filippa, votaron Máximo Errecalte, Laura Filippa, Marta Reyes Letellier y Carlos Rajoy. Por el presentado por Medina, él mismo y Francisco Balestra, y por el rechazo argumentado por Vassel, además de él, Laura Elías, Osvaldo Fleitas, Miguel Molina, Adán Ojeda, Valerio Ramírez y Norma Zorzoli.
|| Fuente: ( El Litoral - Corrientes )

Nota publicada en Argentina Municipal

Agradecemos al lector FAHIRSCH que nos señaló el error de haber escrito "consejales".

8 ago 2010

Historias de la Facultad - Episodio 6


Mi última materia


Por AB






Dedicado al niño hinchapelotas que todos llevamos dentro

para que no crezca jamás...


Me había anotado en esa materia porque debía recibirme ese cuatrimestre sí o sí. De tanto abandonar cursos porque los profesores eran BQDC (Boludos Que Dan Clase), para no atrasarme medio año más, debí dar una materia libre, una en el régimen de curso dirigido, una en un curso en el cual se robaba, y así.



Mi última materia, sin embargo, no entraba en ninguna de las anteriores. Se trataba de una materia de economía —ya no recuerdo su nombre, ni el del profesor—. Desde el comienzo, me cayó mal el profesor. Se decía “liberal” y, entre otras contradicciones, no aceptaba que nadie le discutiera sus brillantes ideas. Y, para variar, así empezaron mis problemas.



Era tan liberal como los Alsogaray, Bernardo Neustadt (alias Bernardo “Corcho”, siempre a flote) o Mariano Grondona. Y yo era tan bocón como siempre, con el agravante de haber cursado hasta tercer año de económicas. Mis compañeros le tenían terror.



Yo, inconciente, solo le tenía bronca. Además, había convertido lo que debía ser una materia que no me debía costar más que un mínimo esfuerzo en un calvario.



Más allá de ello, tenía un latiguillo que utilizaba para ofendernos en cuanta oportunidad se le ocurría. Era “En esta Facultad…”. Así, escuchábamos todo el tiempo:



—En esta Facultad, no están acostumbrados a leer buenos textos…


—En esta Facultad, todos los estudiantes quieren aprobar sin estudiar…


—En esta Facultad, no entienden nada más allá de los códigos…



Básicamente, el mensaje era “en esta Facultad, todos son retardados…”.



Como si eso fuera poco, a mí me tenía entre ceja y ceja, porque me atrevía continuamente a discutirle el contrabando ideológico que nos vendía detrás de su maldita “ciencia” económica. Era tan evidente que yo le agradaba a él tanto como él a mí, que cada vez que yo intervenía me miraba furioso mientras me contestaba.



Un buen día, quiso usar el pizarrón y no encontró ninguna tiza. Se dio vuelta y, ya de frente a nosotros, se dirigió a mí señalándome con el dedo y dijo:



—A ver usted, consígame una tiza…



No podía creer que me mandoneara de esa forma. Y no sabía qué decirle… y de repente Cuatri4 me dio letra y le respondí:



—En esta Facultad… no hay tiza…



Y me quedé cómodamente sentado.



CONTINUARÁ…


Update: Un lector preguntó: "AB, ahora que estás del otro lado, un purrete te hace lo mismo, y vos que hacés¡??".


Primero: Como regla, las cosas las consiguen o se las pido a mis ayudantes, o las busco yo.


Segundo: En algunos raros casos donde no había ninguno y no podía salir del aula, no se lo pido a una persona concreta, sino que, en todo caso, diría: "¿Alguién podría hacerme el favor de ver si consigue ... en otra aula?


Tercero: Eso marca la diferencia, pues ni me dirijo a alguien en particular, ni doy una orden. Y en el caso de que nadie se ofrezca, no podría enojarme con un estudiante determinado.


Cuarto: una vez, tomando examen, mi notebook se estaba quedando sin batería y necesitaba un adaptador urgente. Mis ayudantes no habían llegado pues estaban viendo el partido del mundial pasado. Tuve que preguntar si había alguien que ya hubiera dado el examen, le expliqué mi urgencia, y le pedí por favor que se tomara un taxi y comprara un adaptador, para lo cual le dí dinero. Pero le pedí el favor a una estudiante con la cual habíamos construido una relación de mutuo respeto durante cuatro meses. El supuesto no se parece en nada al caso de la historia, mucho menos si tenemos en cuenta cómo continúa.

7 ago 2010

DÍA DEL NIÑO

Hágase un enorme regalo
Por Maxi Flammá.

I. Cuando llegamos a la vida, este mundo nos recibe con una estructura social modelada por varios miles de años de historia, en los que las preferencia morales, religiosas, políticas y culturales de otros, han forjando los contornos y acotado nuestras posibilidades de elección. Alguien por nosotros ha hecho finito un número infinito de planes de vida que podemos legítimamente adoptar.

Irrumpimos como miembros de una gran convención en la que todo o casi todo ya está pactado, reconocido, aceptado o rechazado. Desde el idioma hasta el valor del dinero, la organización política y geográfica, etc… etc… Claro que estas cosas son útiles y necesarias para el desarrollo de la sociedad en la forma en que la conocemos, pero también veda la posibilidad de conocer otras formas.

Pero esta convención no solo acota nuestras posibilidades sino que influye sobre nuestra percepción del mundo y muchas veces es la fuente de nuestra propia valoración. Lo que nos gusta o no, no es producto de una decisión autónoma y libre de nuestro intelecto, sino el resultado de esa influencia cultural en la que estamos inmersos y que ha determinado nuestra sensibilidad frente a determinados sucesos.

Nuestro espíritu muchas veces acepta sin discusión esto que otros han valorado como “normal”, como “correcto” y “deseable” y algunas otras se torna crítico y se atreve a preguntar: ¿Por qué?

Gracias a estos espíritus críticos la sociedad se va transformando y ampliando el abanico de posibles planes de vida, permitiendo un mayor reconocimiento y aceptación de las diferentes individualidades. Quizás a nuestros bisnietos les resulte asombroso pensar, por ejemplo, que en algún momento dos personas del mismo sexo no se podían casar.

Pero para que nuestro espíritu pueda inquirir a esa realidad que lo rodea, es necesario que pueda hablar, expresarse, manifestarse y generalmente esto es posible cundo esa “normalidad” reinante, ya ha hecho sobre nosotros gran parte de su trabajo. Cuando pasada nuestra infancia ya hemos hecho “nuestras” sus premisas y valoraciones. De hecho la palabra “infancia” viene del latín “infans” que significa “el que no habla” basado en el verbo “for” (hablar, decir).



II. “Porque lo digo yo, que soy tu madre y punto!!!”

Debemos recordar que la infancia como hoy la consideramos es una categoría de reciente invención en términos históricos.

Los altísimos índices de mortandad infantil previos al Siglo XVIII impidieron la existencia de un vínculo afectivo y un reconocimiento de los niños como el actualmente conocemos.

Señala Carmen Iglesias que “…en alguna isla indonesia no se daba ningún nombre a los recién nacidos hasta cumplidos al menos seis meses, a fin de asegurarse al menos esa corta supervivencia y no sufrir el desgarro emocional por una tan breve vida. Pues, en una sociedad con una alta mortalidad infantil, si el bebé muere sin nombre, es más una categoría que un individuo. Esa era también una práctica occidental durante los largos siglos en los que la mortalidad infantil rondaba entre el 30% y el 50% de media…” “…de esa media de niños, un 75% aproximadamente no llegaba al primer año, un 60% alcanzaba los 10, y sólo un 50% superaba los 15 años. Demasiada carga para ser soportada por unos adultos que, por su parte, tenían una media de vida entre los 32 y 40 años.”

Seguramente estas pocas probabilidades de sobrevivir hicieron que los niños como tales no existieran hasta, paradójicamente, alcanzar la edad en que habían dejado de serlo.
A partir de ello el camino no fue sencillo. A poco de existir, el niño se constituyó en objeto de intervención institucional, sobre el cual, bajo el pretexto de protección, se intentó modelar su conducta a fuerza de castigo, sin el reconocimiento de los derechos y garantías, dignas de su humana condición.
Para profundizar sobre algunos problemas del Derecho Penal Juvenil, podemos leer aquí el excelente análisis de Mary Ana Beloff.

En el plano normativo el derrotero iniciado con la Declaración de Ginebra de 1924 finalizó con la Convención sobre los Derechos del Niño 1989 donde expresamente se reconoce su condición de sujetos de derecho. Pero bien sabemos que la sola existencia de una ley no modifica automáticamente la realidad.

Muestra de ello es la persistencia del trabajo infantil, del maltrato y abuso, de la imposibilidad de acceder a servicios de educación, salud y vivienda que mínimamente garantices un desarrollo física y psíquicamente saludable.

Salvando las enormes distancias con estas problemáticas - yo que nací en diciembre de 1973 - recuerdo bien haber sido castigado por “contestar”, si. Haber sido recriminado y a veces castigado, no solo por haber hecho algo “indebido”, o dejado de hacer algo “debido”, sino también por el simple hecho de poner en tela de juicio, qué merecía ser considerado debido o indebido.

Claro, seguramente es más cómodo hacer honor a la etimología y mantener al infante mudo.
Hoy se festeja en Argentina el Día del Niño. Aprovechemos la ocasión para hacernos un gran regalo. Si tiene algún niño cerca, pregúntele, escúchelo, atrévase a reflexionar con él, a entrar en su lógica, a ver el mundo desde un lugar seguramente menos contaminado de “normalidad”.


Quizá, quien le dice, empecemos a descubrir que puede haber otras realidades, posiblemente mejores.

4 ago 2010

NILS CHRISTIE & EDITORES DEL PUERTO – PARTE II

¿Cuántos locos se requieren para publicar un libro?









Como ya contamos en la entrada anterior, habíamos recibido el contrato de la editorial noruega que tenía los derechos del libro del Prof. Nils Christie, La industria del control del delito. El contrato nos autorizaba a traducir del inglés al castellano la obra, y a publicarla y distribuirla en todos los países hispanoparlantes.



Cuando comenzamos el trabajo, nos dimos cuenta que conseguir los derechos fue la tarea más fácil. En primer término, tuvimos que transferir un adelanto que habrá sido de alrededor de USD 1.000 con la firma del contrato. Lo hicimos.



Luego tuvimos que conseguir quién lo traduzca. Afortunadamente, mi amiga Sara Costa se hizo cargo de la tarea, con una rigurosidad y un grado de profesionalidad acorde con las circunstancias. Dado que el libro tenía continuas referencias al derecho estadounidense, muchos términos o expresiones propias del derecho penal de ese país y del sistema de common law representaron un problema que Sara supo resolver.



A continuación tuvimos que hacer el armado del libro, esto es, volcar los documentos en Word que nos entregaba Sara al programa de diseño editorial más poderoso en ese momento, el Quarck. Martín y yo habíamos hecho un curso para aprender a manejarlo pero era muy complejo, y nuestra experiencia, inexistente.



También debimos lidiar con el tema del diseño de tapa y la impresión, otro campo desconocido. En este aspecto, volvimos loco al amigo Rubén Villela, de Editorial Ad-Hoc, para que nos asesorara. Reservada la fecha de ingreso a imprenta, nos atrasamos en el armado debido a nuestra inexperiencia. Debíamos entregarlo un lunes por la mañana a imprenta.



Trabajamos todo el fin de semana con Martín Abregú y Guillermo (Willy) Jorge, quien comenzó trabajando con nosotros y después se convirtió en el tercer socio de EDP. Recuerdo que Martín estaba tan apestado que parecía que hubiera sido el pionero como enfermo de gripe porcina. Finalmente, después de un esfuerzo que bien valió la pena, logramos tener los originales a tiempo para enviarlos a imprenta. Estábamos exhaustos los tres, pero nos quedó un poquito de energía como para destapar una botella de ron que permanecía cerrada demasiados días y realizar un brindis.



Así, con un pacto de amistad celebrado con un trago simbólico de ron con hielo, marchó a imprenta “La industria del control del delito”, primer contrato de Editores del Puerto s.r.l.






Tiempo después, cuando finalmente el Prof. Christie vino a nuestro país y lo conocimos personalmente, vio su libro y comenzamos a hacernos amigos de ese extraordinario, con Martín le dijimos:



- Jamás pensamos que Ud. nos mandaría el contrato firmado.



Y él nos miró con picardía y replicó:



- Y yo jamás pensé que ustedes me enviarían los mil dólares…