te lo advertimos...

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15 jun. 2016

DISCRIMINACIÓN CONTRA GORDAS Y GORDOS




Mujer sentada - Fernando Botero - 1996





1
Si te dan una hoja en blanco y un lápiz, y te piden que dibujes a alguien haragán, indolente, a quien no le gusta el deporte, y que lo único que hace todo el día es estar en su casa mirando televisión, ¿cómo lo dibujarías? Apostaría a que dibujás un hombre —porque no está mal que la mujer permanezca en la casa— excedido de peso. Seguramente será un hombre adulto pero no viejo. Una especie de Homero Simpson pero humano.

1. No es fácil ser gordo. Yo sé que muchos no se imaginan todos los problemas que te genera el sobrepeso. Mido 1,78 y peso 115 kilos. No es que no esté gordo, pero ni estoy tan gordo, ni soy muy grandote. Sin embargo, desde hace unos años me he dado cuenta de que así como el mundo está construido para los diestros, esos diestros que lo construyeron eran flacos.

2. Veamos el departamento donde vivo, por ejemplo. A pesar de que mi actual casa tiene un buen tamaño, el baño principal parece la mesa de entradas de un juzgado de instrucción: hay que caminar como un egipcio. Cada vez que entro medio dormido, voy rebotando contra el marco de la puerta, el lavatorio y otros objetos o superficies demasiado cercanos entre sí. El arquitecto y el dueño original del departamento deben haber sido veganos, con seguridad. Todos los días invoco a sus madres.

3. No sé por qué, pero desde que superé los 90 kilos, mi sobrepeso ha aumentado de a cinco en cinco. No puedo pesar, por ejemplo, 97 o 112 kilos. No, mi sobrepeso es metódico, y aumenta de a cinco kilos, así, de golpe (o la balanza de la farmacia redondea). De esta manera alcancé los 120 kilos, que es el máximo que he llegado a pesar. Desde los 90 kilos a esta parte, siempre aumenté. Luego de llegar a los 120, me enfrenté a un dilema. O debía comenzar a comprar hasta los pañuelos en negocios especiales para gente “grande” (de tamaño, no de edad), o bajaba de peso. Y así fue como he bajado mis primeros cinco kilos.

4. Yo no lo noto, a pesar de que cada vez que subía cinco kilos sí lo notaba. Cuando aumento de peso, la ropa no me entra, me cuesta atarme los cordones y me choco todo lo que me rodea hasta que me acostumbro a mi nuevo tamaño. Cuando bajé estos cinco kilos, sin embargo, la ropa no me quedó grande. Para mí es un misterio como el de la física cuántica eso de la ropa y yo.

5. Cada vez que tengo cinco kilos nuevos, además, hay una experiencia que se asemeja a una tortura: caminar entre las mesas de un restaurante lleno. La ubicación de las mesas y las sillas prácticamente no te deja lugar para avanzar, y tenés que adoptar todos los trucos posibles para volverte finito. Caminar como un egipcio ya me sale naturalmente, por eso de entrar a los tribunales. Sin embargo, cuando te encontrás entre una columna y una silla con alguien que no se puede mover, por ejemplo, viene lo más dificil. Avanzar en puntas de pie, conteniendo la respiración y metiendo la panza; además de ridículo, es difícil, y nunca te hacés tan finito como creés. Es por ello que corrés el riego de quedar atorado entre alguna silla y alguna columna haciendo un terrible papelón. Después de avanzar así cinco o seis metros, terminás jadeando como si hubieras terminado de correr cien metros llanos. No es vida.


En puntas de pie
(posición de avance entre mesas)


2

La relación entre las personas excedidas de peso y la falta de voluntad es un prejuicio que opera automáticamente, de manera inconsciente. Ése es uno de los estigmas que pesan sobre nosotros, las gordas y gordos de este planeta. Ese prejuicio, seguramente, ayuda a aumentar la aceptación social que tiene esta forma de discriminación. Desde el sobrepeso a la obesidad, los gordos debemos convivir con una serie de circunstancias que expresan diversas maneras de discriminación debida a nuestros kilos de más.

Actividades tan comunes como comprar ropa, ir al cine o viajar pueden llegar a ser quehaceres complicados para las personas con sobrepeso que viven en Argentina (ver).

Si somos gordos o gordas, debemos ser “simpáticos” o “graciosos” para tener aceptación social. Difícilmente se nos considere como personas capaces de ocupar el lugar de líderes, o como los más idóneos para ocupar los mejores puestos de trabajo. Si sos actor o actriz, solo te tocará un protagónico si se trata de la historia de un gordo o gorda, es decir, tu peso debe ser parte de la historia para poder protagonizarla.

El trámite de comprar ropa puede ser algo muy frustrante. La experiencia de ver si nos queda bien un pantalón en un probador, en sí misma, puede ser todo un desafío. La última vez que debí sufrirla, casi rompí dos espejos solo por tratar de moverme dentro del diminuto probador... En algunos negocios, un mínimo sobrepeso hace que no puedas usar sus talles más grandes. En otros, el talle “S” para adultos parece un talle para niños. Este problema seguramente es mucho peor para las mujeres, pues el actual modelo de belleza femenino es el de mujeres extremadamente delgadas...

Gabriela y Marcelo pusieron en Bahía Blanca un local de ropa de talles especiales para personas con sobrepeso y obesidad. Todo el lugar está pensado para el tamaño y peso de los clientes. Los probadores son amplios y tienen un sillón que puede soportar kilos de más. Gabriela cuenta parte de la experiencia:

Cuesta mucho que la gente se anime, les da vergüenza, han sufrido mucho maltrato y discriminación en los comercios de Bahía Blanca. Generalmente, la atención es pésima con quienes están excedidos de peso y los que no tanto… Porque muchas veces no hay talles para adolescentes un poco rellenitas, que no son gordas e igual son discriminadas (ver).

Por tener mayores probabilidades a padecer ciertas enfermedades también somos señalados: el costo de nuestra salud es más caro. Un chef sudafricano de 129 kilos debió abandonar Nueva Zelandia luego de que le rechazaran la visa “por motivos de salud” debido a su obesidad (ver). Jamás hemos visto, sin embargo, que alguien se queje por el costo de la salud acarreado por los accidentes en el deporte no profesional.

El problema en el ámbito laboral, por su parte, es muy grave y, a pesar de ello, es un tema del que no se habla:

Aunque todos reconocen los problemas que enfrenta un obeso para encontrar trabajo, nadie en el mundo laboral lo acepta. Ningún empleador dice abiertamente que su empresa no contrata a personas con esta característica, pero basta dar una vuelta por las tiendas departamentales, restaurantes, bancos, oficinas y hoteles, para constatar que ahí no tienen cabida (ver).

En los últimos años, según datos del INADI, las denuncias por hechos de discriminación basados en el sobrepeso han aumentado. También se afirma que el sobrepeso es la segunda causa de discriminación más común en nuestro país —¿dudoso?—.


3

Si nos subimos a un ascensor, seguramente leeremos un cartel que diga:

Capacidad máxima 4 personas – 300 kilos

Un simple cartel nos excluye de la categoría “personas”. ¿Para ser una persona debería pesar solo 75 kilos? Ya sé que la advertencia se refiere al peso promedio de cuatro personas, y para obtener el promedio no se calcula con el peso de cuatro hombres adultos gordos, ¿pero por qué no?

No se trata de una estadística demográfica, sino de un límite de kilos, relacionado con la seguridad. Seguramente, el precio del ascensor dependerá de la cantidad de personas que pueda transportar. En el Código de Edificación de la CABA se establece respecto de los ascensores:

8.10.2.11 Requisitos para la cabina de ascensores
La cabina de ascensor que transporta personas, como asimismo cuando se prevea llevar camilla, cumplirá los siguientes requisitos:
...
(3) Capacidad de transporte:
La mínima capacidad de transporte (carga) se determinará, en todos los casos, a razón de 75 Kg por persona.

De esta manera, se deja de lado la seguridad de las personas excedidas de peso, pues el ascensor no será igual de seguro para ellas. Si el ascensor pretende transportar 4 personas, debería expresar, entonces, una cantidad de kilos superior a la del promedio. Ello pues las probabilidades de que el ascensor sea utilizado por cuatro personas que excedan el total de 300 kilos es muy alta, es decir, se dará en muchas oportunidades.

Así, a menos que se cuente con una alarma que indique el exceso del peso que el ascensor soporta, se podrían generar situaciones de inseguridad por la presencia de personas gordas. En algunos casos, el hecho de exceder el peso máximo será evidente y uno se dará cuenta sin cálculo alguno, pero en otros se requeriría interrogar a todos los pasajeros y calcular, o bajar al gordo...

¿Por que no indicar el máximo de kilos y, también algo así como “equivalente a 4 personas de 75 kilos/3 personas de 100 kilos”? No tiene sentido traducir la advertencia a un límite fijo en personas, si el límite lo determina el peso que el ascensor puede cargar. Si lo que se busca es la seguridad de los usuarios, la indicación sería mucho más precisa y clara.

Tengamos en cuenta que estamos en un país en el cual la mitad de sus habitantes estamos excedidos de peso, y casi el 40% somos obesos. En Argentina, el 37,8% de las mujeres y el 37,4% de los hombres somos obesos (ver). Se trata de estadísticas del año 2010 que, además, expresan una tendencia marcadamente en alza.

Para terminar esta primera parte, veamos este video que habla sobre ropa y ascensores desde el punto de vista de un hombre adulto gordo. Y ya saben. Si invitan a comer afuera a un gordo como yo, traten de que resulte posible caminar entre las mesas del restaurante, o corren el riesgo de que su invitado quede atorado por ahí...











2 comentarios:

Sara Costa dijo...

Mi querido Alberto: qué buen artículo! Qué ganas de abrazar los 150 kg o 200 o cuantos sean! (Visto muy egoístamente, cuanto más Alberto haya, mejor. Y estoy segura de que todos tus admirador@s coinciden conmigo.) Un beso grande, Sara

Alberto Bovino dijo...

Gracias, Sara. Solo 115 por ahora! Beso grande,

Alberto

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