LA TAPA "PORNO" DE NO HAY DERECHO

EPISODIO 1




 
1990. Era el segundo año que convocábamos a una reunión con la intención de sacar una revista jurídica sin tener que someternos más que a nuestros propios caprichos y deseos.

La gran mayoría de los reunidos en 1989 habíamos pertenecido a la Revista "Lecciones y Ensayos", la revista dirigida por estudiantes de la  Facultad. Habíamos realizado muchas reuniones pero habíamos tomado pocas decisiones, hasta que dejamos de asistir a las reuniones. Yo asistía, porque eran en mi casa, pero reunión no había.

En 1990 intentamos de nuevo. Esta vez abrimos el espectro y convocamos a algunos "ajenos" a LyE, como Martín Abregú. Primero nos tuvimos que poner de acuerdo sobre qué revista queríamos publicar.

En muy pocas reuniones llegamos a un consenso. Dada la inmensa relevancia que en el ámbito jurídico tienen las formas, decidimos que no solo debíamos quebrar la manera de producir contenidos sino, además y especialmente, debíamos quebrar con el sacro valor de la forma legal.

En segundo término, también decidimos que los contenidos debían ser temas jurídicos pero abordados de modo irreverente desde diversas perspectivas extra-jurídicas. La revista sería una revista sobre derecho, pero no desde el derecho. 

En lo que no nos podíamos poner de acuerdo era en el nombre que desde ahí en más nos designaría como colectivo. Muchas, largas y aburridas discusiones. Finalmente, nos afanamos un nombre. ¿Cómo? En un viaje a Montevideo, Rossana Ferrari me dijo que la murga de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República se llamaba "No hay derecho". Ahí está, pensé, ése debe ser el nombre.

Y así fue como sin vergüenza alguna se propuso el nombre en la siguiente reunión y lo adoptamos por unanimidad en 5 minutos. Allí estábamos Víctor Abramovich, Martín Abregú, Mary Beloff, Alberto Bovino, Christian Courtis, Manuel Garrido, Viviana Krsticevic, Adrián Lerer, Martín Moncayo, Daphne Pallopoli, Alejandro Rúa, Roberto Saba, Miguel Sama y Marcelo Sgro.

¿De qué era que iba a escribir? ¡De la tapa! Pero esa es otra historia...

 

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