te lo advertimos...

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22 feb. 2013

DEMOCRATIZACIÓN DE LA JUSTICIA - ESCRIBE SEBASTIÁN NARVAJA




Sobre la Democratización de la Justicia en Argentina
Jueces y Capataces 
Sebastián R. Narvaja[1]




Si alguien se aproximara a un integrante de un tribunal de alguna de las experiencias históricas de Sistemas de Justicia Republicanos y Democráticos en el momento en que estuviera trabajando, probablemente notaría que no se trata de un burócrata, sino de un ciudadano llamado a cumplir una función de gobierno, de manera eventual o permanente. 

Si el mismo visitante desapercibido le preguntara: “Usted, ¿qué está haciendo, para qué está acá?”, seguramente recibiría como respuesta: “Para tomar una decisión, hay dos partes que no están de acuerdo y yo tengo que resolver quién tiene razón”. 

Ahora, llevemos a nuestro visitante a cualquier juzgado de cualquiera de los sistemas de justicia tradicionales de alguna de las jurisdicciones de nuestro país y sentémoslo delante del despacho de algún juez. Esta vez no será evidente ni constante, pero sin dudas será habitual que la persona será un burócrata, que  se inició en el oficio poniendo sellos en el mostrador de la entrada y que hoy ocupa la oficina más grande del despacho. Y si preguntara nuestro desapercibido viajero “Usted, ¿a qué se dedica?”, la respuesta más honesta que podría recibir sería “A firmar. Firmo muchas veces al día. Sentencias, pero también autos, decretos fundados, exhortos, rogatorias, mandamientos, oficios, decretos de mero trámite, diligencias, notificaciones, cédulas y actas. Pero también firmo autorizaciones para licencias, talonarios para suministro de hojas, cartuchos para impresoras, ganchitos para abrochadoras y de vez en cuando pido algún tubo fluorescente”.

- Pero, ¿no hay mucha gente que viene a su oficina a plantearle disputas?

- Si, las hay. A montones, cada uno de esos expedientes que forman las enormes montañas que vio en los pasillos al ingresar y también las de aquél escritorio, esconden alguna disputa.

- ¿Y quien las resuelve?

- Muchas de ellas, los burócratas a los que vio cuando entró, en esas oficinas más pequeñitas. Algunas yo, cuando son importantes. La mayoría de ellas, el tiempo, que todo lo resuelve.

Con matices y con dignas excepciones, construidas con dedicación y coraje por algunos pocos buenos funcionarios, cualquiera de los sistemas de justicia de nuestro país podría ser el protagonista de la historia del visitante perplejo.

Los jueces no toman las decisiones y las partes en disputa sólo pueden advertirlo a medias, espiando por entre las pilas de expedientes. La delegación de funciones es la regla. Este modelo de organización hace que, en los hechos, las decisiones sean tomadas por los empleados judiciales, sobre sus escritorios atiborrados de papeles.

En días que se discute sobre qué hay que hacer para avanzar con la Democratización de la Justicia, comienzan a oírse voces que opinan que una de las líneas de trabajo consiste en profundizar y volver más eficiente este sistema. Para que los que jueces que hoy sólo firman puedan firmar más papeles.

Para ello, se propone que los jueces sean líderes, que logren un manejo refinado de incentivos, indicadores, metas de producción, inputs de management y otras armas extrañas, para que los tomadores de decisiones, los empleados de la línea de montaje, trabajen más eficientemente.

Un juez sirve a la república y a la democracia si es capaz de garantizar el derecho de cada persona a que su razón valga, a que no gane el más fuerte, a que sus razones sean oídas y tomadas en cuenta cuando se tomen las decisiones. Y el lugar donde este trabajo se hace es una sala de audiencias, pública. Allí se escucha a las partes y a los testigos, allí se ve la prueba sin intermediarios y de frente al pueblo. Allí lo importante son las decisiones y no las firmas.

Un burócrata firmante no garantiza decisiones razonables. No garantiza que las partes en disputa sean oídas. No garantiza un juego justo. 

Para hacer funcionar líneas de montaje de expedientes en los que la razón pierde contra el burocratinaje, se necesitan capataces.

La República y la Democracia no necesitan capataces, necesitan Jueces.



[1] Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales INECIP

6 comentarios:

Nicolas Hermann dijo...

Concuerdo plenamente, es mas, hoy en día en la provincia de Buenos Aires, tenemos un sistema informático que te obliga a proyectar bajo modelos prefabricados, es decir, de usar el balero nada. Hoy en día en el fuero que me toca estar me pasa que todo es un constante copiar y pegar planchas con formulas que hacen que se te vengan a la mente las consideraciones de AB sobre el lenguaje judicial (fecho, ///nos Aires, etc, etc, etc.) por eso coincido en que para democratizar hace falta mas oralidad, una carrera judicial en la que se ascienda no por antigüedad, sino por concurso, cosa que no tengamos oficiales mayores, prosecretarios y jefes de despacho que no sirvan ni para espiar y otras tantas cosas mas. Me parece que mas que un comentario esto es una descarga.

Saludos

Nico (uno que en el 2013 donde desde tu telefono podes ver lo que esta pasando en Taiwan, sigue cosiendo expedientes...)

Anónimo dijo...

No estoy tan de acuerdo con este intento de justificar a los magistrados. En verdad si un juez atraviesa por esas peripecias es porque quiere. ¿NO le gusta lo que hace y como lo hace? CAMBIELO -sin excusas de que no se puede- y si no quiere o puede, renuncie. La cola de los que creen que pueden cambiar este tremendo status quo es larga. Nadie es imprescindible. ¿Que no piensa renunciar? ahhh... y el sueldo es muy bueno (pregunte por ahi cuanto se gana en el ejercicio de la profesión)...libre de impuestos...un mes y medio de vacaciones...excelente jubilación y obra social.... Ok. Ya entiendo.
Gustavo Gomez
Fiscal General

Anónimo dijo...

Excelente reflexión, Seba. Pienso además que uno de los grandes problemas que enfrenta la justicia es la falta de valentía para tomar decisiones trascendentales de cambio. Muchos opinan que oralizar la instrucción resolvería algunos problemas, porque por ejemplo, pondría al juez de primera instancia a decidir personalmente, pero probablemente el "capataz" encuentre también la manera de burocratizar la audiencia, como lo hacen actualmente muchos jueces de cámara. Saludos desde Jujuy.

Nicolas Hermann dijo...

Hola Gustavo, creo que hoy hay muchas personas jóvenes (en el ámbito en el que me manejo) que se proponen cambios y dentro de la rígida estructura, se mueven y están haciendo diferencias, con todo respeto creo que irse es la solución fácil y en definitiva no cambia mucho, creo que el desafío está en quedarse y batallar contra eso. Creo que el problema de muchos jueces (salvando las excepciones) es justamente que se burocratizan y mueren en la firma, en la resolución de sólo algunas cosas (no las importantes, ya que creo difícil de mesurar que es mas o menos importante, sino que sólo resuelven personalmente las que les llama la atención), el trato hacia los demás desde otro nivel, casi diría de ser supremo hacia sus súbditos.
Creo firmemente que es el momento de cambiar el modelo de justicia a uno que mire de cara a la sociedad, como un servicio para ésta y no como si le hiciera un favor cada vez que le llevan un planteo para resolver.

Saludos

Nicolás Hermann
Empleado Judicial

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo que la función del juez es impartir justicia. No firmar miles de papeles. Sin embargo, hay que reconocer que los abogados poco servimos para organizar un despacho. Creo que es importante reconocer aportes del management para el funcionamiento operativo de los tribunales. Pero no hay que equivocarse, la tramitología en papel, o en electrónico no es el fin del proceso, sino la tutela de derechos.

Gonzalo Romero Victorica dijo...

Creo que ya lo dije en este blog. La verdadera democratización del servicio de administración de justicia es un proceso acusatorio con juicio por jurados.

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