4 feb. 2020

RAMPAS Y VEREDAS EN LA CABA







I
La "accesibilidad" es un estado de cosas necesario para el ejercicio de los derechos en igualdad de oportunidades de todas las personas. La manera en que ese estado de cosas se organiza, cuando solo se tiene en cuenta a una persona "estándar", sin embargo, significa barreras para las demás fuera de ese estándar.

La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de Naciones Unidas (24/1/2007) impone a los Estados partes el deber de asegurarnos a todos los habitantes, entre otras cosas, el acceso a nuestro entorno físico, tanto en zonas urbanas como rurales:
Artículo 9. Accesibilidad
1. A fin de que las personas con discapacidad puedan vivir en forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida, los Estados Partes adoptarán medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones, incluidos los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público, tanto en zonas urbanas como rurales. Estas medidas, que incluirán la identificación y eliminación de obstáculos y barreras de acceso, se aplicarán, entre otras cosas, a:
a) Los edificios, las vías públicas, el transporte y otras instalaciones exteriores e interiores como escuelas, viviendas, instalaciones médicas y lugares de trabajo;
En el caso de las personas que se trasladan en silla de ruedas o scooters eléctricos para discapacitados, o de personas que llevan cochecitos con bebés, esa obligación internacional exige la construcción y mantenimiento de rampas y veredas en buen estado.
Sin embargo, el estado de veredas y rampas en la ciudad de Buenos Aires es "caótico", según la Coordinadora de políticas públicas de la Fundación Rumbos, María Rodríguez Romero. El estado de cosas no solo genera graves obstáculos de accesibilidad, sino peligro para nuestra integridad física. Agregó:

Desde personas en sillas de ruedas a las que se les traban las ruedas y personas que sufren fracturas de muñecas, tobillos y caderas que muchas veces requieren operaciones y varios meses de tratamiento de rehabilitación.

II
El gobierno de la ciudad, al mismo tiempo, parece estar hablando de otro país. Aparentemente, el gobierno piensa que la construcción de rampas, en sí misma, hace que la ciudad sea 100 % accesible. Deja en el camino, para ello, dos cuestiones fundamentales: a) si las rampas están hechas de cualquier manera, no sirven; y b) aun con las rampas perfectas, no se garantiza nada si las veredas impiden circular a las personas.
Con esta falsa percepción del problema, el gobierno local se felicita a sí mismo mencionando exclusivamente la  cantidad de rampas construidas. En la página oficial de la ciudad se puede leer:

La Ciudad, accesible para todos: construimos 1.745 rampas

Es el resultado del trabajo de los primeros cinco meses del año. Nos comprometimos a que en 2018 el 100  % de las esquinas de la Ciudad cuenten con rampas para que Buenos Aires sea transitable para todos sus vecinos.
En 2018 queremos lograr que ningún vecino tenga dificultades para transitar la Ciudad. En estos cinco meses, construimos 1.745 rampas para completar 8.425 en total durante los próximos dos años. Además, asumimos el compromiso de que 12 comunas sean 100 % accesibles a fines de 2017.

Pues bien, el grave problema consiste en que muchas rampas están mal hechas y, además, en que el estado de las veredas es lamentable y peligroso para el peatón (entendemos por peatón a toda persona que se traslada por el espacio público caminando o rodando). Es decir que mientras las páginas del gobierno de la ciudad hablan de 100 % de accesibilidad, la realidad es muy diferente.
Y en el tema solo referido a las veredas, el gobierno local lo sabe muy bien, pues la cantidad de reclamos de los habitantes es altísima. En los primeros 7 meses de 2017 hubo 22.395, es decir, un promedio de 106 reclamos diarios.

Esta problemática afecta a todos los peatones, pero especialmente a personas ciegas y con movilidad reducida, mujeres embarazadas, niños y ancianos. Un estudio del Hospital Italiano, realizado entre 2009 y 2017, muestra que de 515 adultos mayores evaluados que sufrieron caídas, más de la mitad lo hizo luego de tropezar en la vereda. Las caídas producen lesiones, muchas veces discapacitantes, y como secuela pueden llevar al aislamiento e incluso a la muerte”, explicó Cecilia García Rizzo, encargada de la Coordinación General y Comunicación de la Fundación (ver).


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Estas estadísticas parecen no interesar mucho a las autoridades. Ante esta situación, el gobierno de la CABA sigue afirmando que vivimos en un mundo completamente accesible.

III
Nuestro derecho establece que el estado general de las veredas es responsabilidad del frentista, quien debe respetar ciertos estándares. Es decir que si las baldosas están flojas o rotas por su uso normal, responde quien ocupa el inmueble donde está ese tramo de vereda.
Si se trata de veredas rotas por una empresa de servicios, esa empresa tiene la obligación de cerrar el lugar en el que se trabajó y dejar la vereda en buen estado. Cuando las veredas están rotas debido al crecimiento de las raíces de un árbol, el responsable de arreglar esa vereda es el gobierno municipal (ver).

Sin embargo, ninguno de estos responsables directos ha demostrado mucha preocupación por el cuidado de las veredas. Con lo cual no se comprende por qué razón no se modificó este sistema cuando se modificaron los Códigos de Edificación y Urbanístico. Ambas leyes, además, fueron muy cuestionadas por asociaciones dedicadas a la cuestión de la accesibilidad (ver nota de Marcelo Betti —Asociación Redi— y Eduardo Joly —Fundación Rumbos—).

En verdad, el responsable, desde el punto de vista del derecho constitucional y del derecho internacional, es el Estado, que tiene el deber convencional de "asegurar el acceso de las personas con discapacidad... al entorno físico... y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público, tanto en zonas urbanas como rurales" (Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, art. 9).
Ese deber debe ser garantizado por el gobierno, más allá del régimen que establezca el derecho interno, como, por ej., la delegación del cumplimiento en empresas o particulares. Es decir que frente al incumplimiento de las empresas de servicios o los particulares, el gobierno debe actuar para asegurar el ejercicio de nuestros derechos.
Sin embargo, pareciera que no se hace nada, pues rampas y veredas están en terribles condiciones. Por este motivo, la Defensoría del Pueblo de la ciudad, en 2017 intimó a Edesur y al gobierno porteño a reparar las veredas que ellos mismos rompen.

La Defensoría del Pueblo porteña intimó a la empresa Edesur a que repare todas las veredas rotas por la realización de obras de mantenimiento, y advirtió que el Gobierno de la Ciudad de Buenos es el responsable de “mantener en perfecto estado de conservación y mantenimiento las veredas y calles de la ciudad”, lo cual implica controlar que las empresas dejen en condiciones las veredas luego de realizar las obras.
Durante 2017, del total de reclamos ante la Defensoría por el estado de las veredas debido a las empresas de servicio, el 65 % fueron contra Edesur, 17 %  contra Metrogas, y el resto contra Aysa, Edenor, Telecom y Telefónica (ver).

Es decir que los incumplimientos de Edesur forman parte de una política de la empresa tolerada por el gobierno. Nada parece haber cambiado mucho. Seguimos teniendo que andar en veredas y rampas deshechas. Ello no solo significa que las empresas hacen lo que les viene en gana, sino que el gobierno de la ciudad es cómplice de este estado de cosas.
Pero es injusto decir que no hace nada. En efecto, el gobierno de la ciudad ha incrementado el presupuesto en los años 2018 y 2019. En junio de 2017 fue creada la Subsecretaría de Vías Peatonales que dirigía Clara Muzzio, y que contaba con 4 direcciones generales, 10 gerencias y 18 subgerenciasin your face, subtrenmetrocleta!). ¿Les habrán dado algún teléfono para poder llamar a Edesur?
Uno se preguntará por qué tanto dinero en arreglar veredas. Y Muzzio respondió a Clarín:
Las empresas están rompiendo la Ciudad con sus trabajos bajo tierra, y las veredas rotas son uno de los reclamos más repetidos entre los vecinos. Lo presupuestado responde a la decisión de invertir en el espacio público. Nos parece importante mantenerlas seguras y accesibles.
Resultaría gracioso si no fuera trágico. Sra. Subsecretaria, ¿y quién autoriza a las empresas a romper todo? ¿La oposición? Debe haber trabajado muy bien, ya que la ascendieron a ministra de Espacio público e higiene urbana...
También nos podemos enterar de que vivimos cada día mejor si atendemos a los dichos de Eduardo Macchiavelli, el ex ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad. Este buen señor dijo, durante su gestión (5/11/2018):
Uno de los dos ejes de nuestra gestión es tener una ciudad cada vez más humana. La concebimos a escala de los peatones, que son los auténticos protagonistas del espacio público. Este año iniciamos un cambio que llevará tiempo pero que era necesario, el arreglo de las veredas rotas de la Ciudad.
...
Así los peatones se convirtieron en los auténticos protagonistas del espacio público. Hoy, si caminamos por el Microcentro, por la zona de Tribunales o por las nuevas veredas de Once y Retiro, todo se percibe amigable y da la sensación de que siempre estuvo ordenado, pero no fue así, costó tiempo y mucho trabajo de transformación.


¿De qué está hablando? ¿Las veredas de Retiro? ¿Dónde vivo? ¿No es Retiro? ¿Me estás jodiendo? Me gustaría  que tuviera que andar un mes en silla de ruedas a ver qué opina de lo amigable que son las veredas y rampas de Retiro.


IV
Téngase en cuenta que la dificultad o imposibilidad para circular por el espacio público afecta directamente el ejercicio de otros derechos fundamentales o humanos  (estudiar, trabajar, ir al médico, tener vida social, entretenerse, y mil otros etcéteras).
Considérese, además, que la presencia de un solo obstáculo nos impedirá por completo el paso hacia donde queremos llegar. Hace dos años, durante tres meses solo me pude mover en silla de ruedas. Dado que la rampa que había en la planta baja del edificio donde vivía estaba mal hecha, solo podía utilizarla si estaba acompañado[1]. Esa circunstancia me impedía salir a la calle si estaba solo. De allí la importancia del buen estado de rampas y veredas.
Veamos ahora los datos obtenidos por el relevamiento realizado por la Fundación Rumbos entre abril y junio de 2017. Se relevaron 1.008 frentes ubicados en 114 cuadras de las Comunas 5, 6 y 13 de la CABA. Algunos resultados:





Como surge a simple vista, la mayoría de rampas y veredas tienen problemas que condicionan gravemente la accesibilidad. En una entrevista, María Rodríguez Romero, coordinadora de políticas públicas de Fundación Rumbos (12/2018) dijo, comentando el relevamiento:

Y el otro tema que encontramos es que 7 de cada 10 rampas de esquina —o vados—, también tienen problemas, porque están rotas... [o por varios motivos]. Otra cosa que fue impresionante de encontrar fue rampas nuevas con escalones, con un desnivel de 5 a 7 centímetros. O sea que una rampa con escalón, es algo que es insólito. Esto está fuera de normativa, porque la ley 962, dice que, como mucho, tiene que haber un centímetro de desnivel.
Sí, queridos lectores, un auténtico invento argentino, como la birome y el dulce de leche: la rampa con escalón.
El relevamiento realizado por la fundación Rumbos no hace más que confirmar lo que vemos a diario en esta ciudad. De todas maneras, los caminantes no logran apreciar las limitaciones que esto representa para las personas con movilidad reducida.
Los caminantes utilizan sus pies de manera inconsciente para mantener el equilibrio, adptándose a las irregularidades del suelo. Además, cuando hay mucho tránsito peatonal y se torna difícil avanzar derecho en la misma dirección, acomodan su andar para esquivar los obstáculos que aparecen en su camino (otros peatones, un árbol, baldosas flojas, un pozo, etc.) sin mayor dificultad.
La persona en silla de ruedas, en cambio, necesita un espacio más ancho para avanzar y, además, las pendientes de las veredas y otros espacios públicos les exigen un esfuerzo mayor. Cuando la vereda tiene problemas como los señalados (tapas de servicio, roturas por obras o baldosas en mal estado), no podemos avanzar esquivándolos con gracia y elegancia. Si la vereda presenta problemas, debemos avanzar derecho sin posibilidad de esquivarlos. Y en una silla de ruedas, la amortiguación reside en los dos cachetes de tus posaderas, así que imagínense..





V
Veamos rápidamente algunas de las "amigables" veredas de Retiro, que es por donde circulo generalmente en un carrito eléctrico y en ocasiones caminando (el carrito tiene mucho más autonomía que yo).

• Vean, por ejemplo, esta "rampa". En realidad, no hay rampa porque no es necesaria, ya que cuando la esquina está rodeada de esas puntas metálicas[2], la vereda está al mismo nivel que la calzada.
El problema es que entre la fuente, los monopatines, el poste de luz y las motos, se hace difícil pasar... Y esto no está en alguna esquina ignota de la ciudad. Está justo frente al Palacio San Martín (Cancillería).

• Las veredas en mal estado. Uno de los graves problemas que más nos complican la vida. Las veredas pueden tener pozos categoría semipiso con dependencias, como el que se muestra en la foto siguiente. Pueden ocupar más de la mitad de la vereda, cerrando prácticamente el paso.


• Una versión extrema de los baches categoría "semipiso con dependencia" se puede encontrar en las calles peatonales. Y es cuando los obstáculos para pasar se extienden por todo lo ancho de la calle, como sucede en la esquina de Florida y Paraguay. Es decir, ¡en Florida y Paraguay! Toda la vereda rota...

• Las rampas mal hechas. En estos casos, la rampa no puede usarse regularmente. Es lo que sucede en la esquina de la Plaza San Martín que está en Av. Libertador y San Martín (y en muchas más). La altura del borde inferior de la rampa, en ese sentido, es apenas menor que la del cordón de la vereda.


Por ese motivo, pude pasar la rampa en sentido norte-sur, pero con el carrito sufriendo un duro golpe. En sentido contrario, en cambio, el carrito choca con el borde de la rampa y no puede subirla. La situación se agrava por el hecho de que las rampas más cercanas a esa esquina están muy lejos.

• Las rampas en "V". Son rampas que tienen una bajada en pendiente, acompañada por su consiguiente subida en la calzada. El problema de estas rampas consiste en que —sea en silla de ruedas o en un scooter— te ves obligado a acelerar para poder subir esa pendiente, con lo cual corrés el riesgo de llevarte por delante algún peatón.

• Las tapas metálicas desniveladas o rotas de los servicios abundan. En cada cuadra hay numerosas tapas. El estudio realizado por la Fundación Rumbos muestra la gran cantidad de tapas que estaban por debajo o por encima del nivel de la vereda.

Resulta prácticamente imposible recorrer más de 20 o 30 metros por las veredas sin toparse con algunos de estos problemas. El traslado se complica aun más cuando se trata de veredas angostas —que abundan en esta zona—. En muchas ocasiones te ves obligado a volver por donde viniste y retomar por la vereda de enfrente o encontrar un camino alternativo.
La única manera de verificar que la ciudad sea accesible consiste en conocer la opinión de quienes circulamos por ella, como también de las asociaciones civiles que se dedican a ese tema. Imaginen cómo se puede sentir quien sufre estos obstáculos cuando lee en la página de la ciudad que algún funcionario irresponsable se ufana de un 100 % de accesibilidad que no es tal.



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[1] El grave problema de esas "puntas metálicas" (en verdad, son ojivas de balas de cañón usadas en los barcos) es que pasan inadvertidas para los ciegos.
[2] El grave problema de esas "puntas metálicas" (en verdad, son ojivas de balas de cañón usadas en los barcos) es que pasan inadvertidas para los ciegos.









[1] Tenía demasiada pendiente, y si intentaba atravesarla solo, me podía caer con la silla para atrás.








Las vereditas de Retiro





















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