21 mar. 2011

LA IMPERICIA DEL PERITO DENUNCIADO EN EL CASO MARIANO FERREYRA

LA INIDONEIDAD DE ROBERTO J. LOCLES
NO ES NINGUNA NOVEDAD





A continuación reproducimos una nota del periodista Pablo Crespo comentando un libro del perito denunciado en el caso Ferreyra, que pone de manifiesto quién este señor Locles




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¡DIOS NOS LIBRE DE…

ALGUNOS PERITOS!

Por Pablo F. Crespo

Publicado en Agosto de 2002 en la Revista “Vida Salvaje”

Un grupo de estudiantes de la Licenciatura en Criminalística de una alta casa de estudios, nos ha hecho llegar un libre “Trayectoria y efectos de los proyectiles en las armas cortas” (Ediciones La Rocca, Buenos Aires, 1995), cuyo autor es el capitán (R) Roberto J. Locles. Su análisis y comentario.



Nadie en sus cabales puede dudar de la solvencia profesional del profesor doctor Andrés Barrionuevocanal, un destacado medico legista. Tal vez por ello es que me sorprendió tanto su prologo en la obra del capitán (R) Roberto J. Locles, al que cataloga como “uno de los pioneros dentro de la balística actual”, agregando que esas paginas “contienen la solidez científica de un especializado y par”. Lamentablemente una lectura posterior permite a cualquier iniciado en el tema comprobar cuan equivocadas son esas apreciaciones.



Ejemplos abundan, tales como el “Capitulo V” titulado “Experiencia con un revolver Colt 38 Especial”, que comienza con “al igual que la anterior, esta arma es subsónica”. De dicha afirmación se desprende que lo que no supera la velocidad del sonido es el arma en si (aunque, si la arrojamos muy fuerte…).


Para continuar que es “similar a la pistola Ballester Molina 11,25 mm, y como veremos, también es muy similar su comportamiento”. Si señor, leyó bien, para el perito Locles el comportamiento del .38 Spl es muy semejante al .45 ACP. ¿O se refería al Colt y a la Ballester Molina? De ser ese el caso, usted acaba de aprender que el comportamiento de un revolver es muy similar al de un arma semiautomática, ¿Qué tal?


En el “Capitulo IV” (“Experiencias con un revolver Smith & Wesson 32 largo”), podemos enterarnos, gracias, a las sabias pruebas realizadas, que “es un arma de poca precisión”. Caramba, mi Smith & Wesson K-32 debe estar fallado… porque agrupa menos de una pulgada en 25 metros.


Capítulo tras capítulo, el autor se explaya con apreciaciones que ponen de manifiesto un desconocimiento alarmante, y trata de explicar el “error de trayectoria” de diversos calibres de armas cortas a una distancia de… ¡150 metros! Cualquier tirador de pedana, cualquier cazador llega fácilmente a la misma conclusión que el perito: se caen y bastante. Y aunque usted no lo crea, gracias a sus experiencias también comprobó que “la trayectoria de un proyectil no es recta” (¿cuánto tiempo le habrá llevado arribar a esta conclusión?).


Más adelante (páginas 120/121), y a pesar del titulo sobre proyectiles de armas cortas, el autor la emprende con el calibre 5,45 x 39mm alabando a los rusos por haber creado “un proyectil con un alto coeficiente de destrucción, de un calibre considerado sin inconvenientes por la ley de armas y su decreto reglamentario, como de uso civil”. Así es, amigo lector, podemos concurrir tranquilamente al RENAR para solicitar la registración como “Arma de Uso Civil” de un AK-74. Eso sí, si no le aceptan exíjales que lo consulten a Locles.


Al llegar a las últimas páginas, unas muy científicas estadísticas nos permiten conocer la efectividad de los distintos calibres y armas de fuego. ¿No lo cree? Entonces lea esto: “En un nutrido tiroteo entre policías y malvivientes se dispararon durante 15 minutos mas de 100 tiros, hubo dos muertos y 1 herido. En este caso la efectividad total fue del 3% y la mortalidad solo alcanzo el 2%”.


Recuerdo que cierta vez un amigo cazo un chancho con un solo disparo del .270 Winchester, y en otra oportunidad le erró del .300 Winchester Magnum a un axis, logrando abatirlo recién al cuarto disparo. Deduzco entonces que la efectividad del primero es del 100% y del segundo de tan solo el 25%.


A esta altura imagino su cara de asombro y, tal vez, alguna sonrisa.


Realmente todo lo expresado provocaría risa si no fuese que la libertad de muchos inocentes o la condena de no menos culpables a veces de penden de una pericia balística.


En la introducción —realizada por el mismo Locles— se afirma que “la finalidad de la obra consiste en terminar con los preconceptos equivocados, que nos llevan a una errónea conclusión en las pericias; más grave aún, cuando estos equívocos convergen en la producción de una sentencia injusta”.


Por fin estamos de acuerdo en algo: los “equívocos” pueden derivar en una “sentencia injusta”. Pero… si en una obra plagada de inexactitudes se agradece la colaboración de la División balística de Gendarmería Nacional, ¿debemos suponer que estos son coautores de algunas de esas inexactitudes?


Si tenemos en cuenta la cantidad de pericias que los magistrados encargan a esta fuerza de seguridad y si agregamos, por último, que en la contratapa se lee que este libro “es una guía practica para orientar la acción de peritos, abogados, magistrados, médicos legistas, fuerzas de seguridad, así como la de todos aquellos que de una u otra forma se encuentran vinculados a la casuística penal, donde la pericia balística representa un factor de primordial importancia en el esclarecimiento de los hechos”, solo nos queda esperar que… ¡Dios nos libre de algunos peritos!



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