2 sep. 2009

Invitado especial escribe sobre caca de perro y los argentinos

Los argentinos y la caca

Por Ariel Dulitzky


Caminar por las veredas de Buenos Aires o de la mayoría de las ciudades argentinas es como hacer un paseo lunar, con la única diferencia de que en lugar de evitar caer en un cráter uno debe procurar sortear todas las cagadas caninas. Estos regalos que nos dejan nuestros compatriotas como demostración de las capacidades fecales de sus perros, deberían servir de base para la reflexión que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner quiere llevar a cabo a través del diálogo al que ha convocado a distintos sectores de la sociedad.

Desde la distancia es difícil saber cuál es el propósito final de este dialogo, cuales son los puntos estratégicos sobre los que se pretendería lograr consensos o al menos identificar claramente los puntos de disensos. Para ayudar a contestar alguna de estas preguntas que permita avanzar en una agenda común sobre la búsqueda de marcos de común acuerdo sobre cómo fortalecer el Estado de Derecho en Argentina, creemos que la Presidenta debería enviar un cuestionario muy simple a cada una de las participantes de las conversaciones. Por supuesto, la Primera Mandataria y todos sus ministros y secretarios también deberían llenar este cuestionario. Las preguntas serían dos:

1. Si usted tiene perro (o si usted tuviese perro), ¿dónde hace (o haría) caca su perro?


2. ¿Junta (o juntaría) usted la caca de su perro?

El cuestionario debería ser respondido por todos e idealmente de buena fe, sinceramente y si fuese posible conectado a un detector de mentiras. En realidad este cuestionario debería ser incluido en el censo de población para saber que hacemos los argentinos con la caca de nuestros perros. Y qué tiene que ver la materia fecal canina con la definición y fortalecimiento del Estado de Derecho en nuestro y el diálogo político en curso? Pues todo.

Hace unos años, Carlos Nino, quizás el filósofo del derecho más importante que tuvo nuestro país, escribió un libro llamado Un país al margen de la ley. En él, Nino explica que Argentina vive el fenómeno que denomina anomia boba. Es decir, no cumplir con leyes o ciertas prácticas mínimas de convivencia social que luego terminan perjudicando a todos aun cuando en el corto plazo parecieran traernos beneficios efímeros. Por ejemplo, evadir impuestos que luego generan déficits fiscales que repercuten negativamente en todos o bajarse del colectivo o del tren y tirar el boleto en el piso en lugar de caminar hasta un basurero y luego tener que caminar en veredas sucias. En este sentido, dejar la caca del perro en la calle en lugar de recogerla y ponerla en un cesto de basura y así luego tener que caminar en ese laberinto de materia fecal no es otra cosa que la expresión gráfica de la anomia boba que nos explicaba Nino. Llevado esto al diseño de país que queremos, es imposible construir un Estado de Derecho solidario, justo, equitativo, donde la convivencia social y política está basada en estos efímeros triunfos o beneficios de corto plazo al costo de deteriorar la convivencia social y política. Los actores que participaran en el dialogo deben estar dispuestos a discutir sinceramente que harán con la anomia boba.

Y la caca de los perros también nos lleva un segundo problema tradicional de la filosofía, que es la tragedia de los comunes que fue descripta por Garrett Hardin hace más de doscientos años. Hardin presentó el caso de una aldea en la que cada familia es propietaria de su ganado compartiendo el uso de los pastos. Todos llevan sus animales a pastar a los terrenos comunes. Por eso, y dado que ninguna es propietaria de estos pastos, se siente estimulada a cuidarlos pastos, controlar el uso que hace su ganado de esos bienes comunales a costa de que puedan agotarse. ¿Y nuestros perros? Pues seguro, las calles, veredas, parques son lugares de uso común. Y como se de uso común y por eso quien se preocupa por limpiar algo que se ensucia en los lugares comunes. Las respuestas políticas a esta tragedia dependen mucho de la propia ideología, que hacemos con los espacios y lugares públicos? ¿Privatizamos los pastos así cada familia puede llevar sus animales a su lugar? O, por el contrario, ¡los transformamos en lugares públicos administrados por el Estado a nombre de toda la comunidad? Y si privatizamos, como distribuimos el lugar común? Cantidades iguales a todas las familias, sin importar el número de animales que tengan o cantidad de hijos? Y si no todos los lugares comunes tienen la misma calidad? Pero si los estatizamos, quien y como se establecen las reglas de uso de los lugares comunes? Como se establecen mecanismos de control? Quienes ejercen el control? Pero también, invita a una reflexión sobre la apropiación de la ciudadanía sobre la cosa pública y lo público en general.

¿Permitiríamos que alguien traiga a su perro a nuestra casa y cague tranquilo en el medio de la alfombra del living? Seguramente no. Pero entonces, ¿por qué permitimos que lo hagan en nuestros parques públicos que son espacios de interacción social y donde se pueden expresar los derechos de la ciudadanía? ¿Por qué permitimos la anomia boba a nuestros políticos y que en la tragedia de los comunes respondan mediante la corrupción, el cambio de las reglas de juego a medio camino, la falta de transparencia, la falta de equidad social?

Ojalá, en el diálogo convocado, los participantes se acuerden de la caca de los perros…

4 comentarios:

Nicolas V dijo...

Muy bueno, y muy claro.
Al Dr. Dulitzky no tuve el gusto de tenerlo como profesor, pero si pude estar presente en una conferencia que dió en mi facultad hace un año.
Saludos

Anónimo dijo...

Leí esto en el bondi, a través del celular. Y me cag*** tanto de risa cuando leí el título que la gente se dió vuelta (y seguramente pensó que había fumado algo)

arnaldohug@gmail.com dijo...

Obviamente comprendo la metáfora de la caca del perro, pero tambien deberíamos ocuparnos de la caca cerebral, muy arraigada en el seno de la socidad argentina. Tambien tiene que ver con la metáfora de la caca del perro. Por ejemplo, Jorge Fornari dijo antes, tras sufrir un robo en su negocio de venta de armas, había llamado a "unirse y quemar a las ratas que viven en el barrio de atrás", en referencia a un asentamiento de emergencia de la zona. Y agregó que allí "tienen cría todos los días". Estas expresiones son bastante frecuentes en el seno de n uestra sociedad.

Anónimo dijo...

muuuyy bueno! las calles de bs as son un asco!
si bien los parques y plazas aun no se han privatizado, se les han puesto a muchas esas rejas espantosas para "cuidarlas"...la preguntas es de quienes? de nosotros mismos?pareciera que ahora ya las plazas no son nuestras y el edo determina en que horario podemos concurrir, pq de noche las cierran por ejemplo:S