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4 feb. 2015

ENTREVISTA A UN CANDIDATO A LITIGANTE







Diez de la mañana, el candidato a ocupar el puesto de abogado litigante en el área de derecho privado del estudio donde trabajo estaba esperando en la sala de reuniones. Me metí dentro del saco y marché hacia allí. Recordé la promesa que me había hecho el día anterior de dejar hablar al candidato y escucharlo atentamente.

Cuando entré, me impresionaron su bigote y su peinado. El bigote era digno de un prócer del siglo XIX. Su cabeza parecía haber sido lamida por varias vacas, y su gomina le apretaba el pelo brilloso contra su cabeza. Impresionante la estampa del candidato, tenía 36 años y ya daba para ilustrar un billete de curso legal.

—Buenos días, mi nombre es Pedro Ruiz, estoy a cargo del área de derecho privado en el estudio.

—Muy buenos días, mi estimado.

—Mire, se me han mezclado en la cabeza todos los currículums que he tenido que leer para hacer estas entrevistas y tengo temor de confundirme, ¿por qué no me cuenta sus antecedentes? Qué estudios tiene, dónde estudió…

—Soy egresado de la Universidad de Belgrano, me recibí de abogado en 1989, a los 26 años. En 1992 terminé el posgrado en la misma universidad, con especialización en “El camino de sirga en los días nublados”, un tema interesantísimo sobre el que no hay prácticamente nada de doctrina…

—Interesante… —dije—, ¿y escribió algún trabajo sobre ese tema tan olvidado por la doctrina?

—No, escribir no escribí nada. Pero para aprobar el posgrado debí hacer una presentación oral final redondeando las principales cuestiones sobre el tema. El jurado me calificó con “Sobresaliente”…

-¿Y que me dice de su experiencia laboral?

“¡Qué lo parió!”, pensé, “éste debe ser un tipo con mucho criterio…”. El candidato se veía tranquilo, sentado muy cómodamente en su sillón, parecía muy dispuesto a seguir hablando. Recordé la promesa que me había hecho, me mordí la lengua y permanecí callado.

—He trabajado en la justicia casi toda mi vida profesional. Me desempeñé como fotocopiador en jefe de segunda durante cinco años con el Secretario Dr. José María del Soler Bustos ante el fuero minoril de la Ciudad Autónoma. Hacía tan bien el trabajo que de allí me ascendieron a fotocopiador en jefe de primera con el juez Eduardo Juan Gaspar Méndez ante el fuero de faltas, lugar donde permanezco hasta la actualidad.

El candidato se llamó a silencio, parecía que eso había sido todo. Pasé entonces a la pregunta final del libreto que tenía en mi mente.

—Muy bien, interesantes sus antecedentes y su experiencia profesional. Pasemos ahora a otro tema. ¿Cuáles serían sus pretensiones como abogado de litigios en el área de derecho privado?


Me acomodé como para terminar rápidamente y volver a mi oficina, y entonces la entrevista se puso realmente interesante.


—Comencemos por tener en cuenta que en esa área el trabajo requiere de la presencia permanente de los letrados en los tribunales, es decir que uno se debe pasar al menos tres horas diarias en tribunales cotidianamente. Súmele que uno también debe redactar las cédulas, oficios, etcétera. Y a todo ello súmele el trabajo propio del abogado, la reunión con los clientes… Estaba pensando que por todo eso debería cobrar al menos $ 80.000.

—¿Anuales? ¿No le parece muy poco?

—No, $ 80.000 mensuales, libre de impuestos.

—¿Cómo libre de impuestos? Los impuestos son un problema suyo…

—Miré, doctor, jamás he pagado impuestos, y no voy a comenzar a esta altura de mi vida. El estudio deberá ocuparse de ello, independientemente de los $ 80.000 mensuales en mi bolsillo. En cuanto a vacaciones, debería ser un mes en verano y solo quince días en invierno.

Me puse a pensar por qué razón el cansancio de algunos abogados es tan estacional, y siempre llega en los mismos meses del año… Me dejé de divagar y quise dar fin a la reunión.

—Si eso es todo, nos comunicaremos con usted tan pronto como tomemos una decisión.

—Disculpe, aún no terminé. Para ser breve, al secretario y a los seis pasantes que tendré a mi cargo, independientemente de los abogados del área, los selecciono y los capacito personalmente. Téngalo presente, si me hace el favor.

—Cómo no, lo tendré presente, ha sido un gusto. Estaremos en contacto.

El candidato se paró y se dirigió hacia la salida del estudio. Salí de la sala de reuniones detrás de él, y tomé el sentido contrario, para llegar a mi oficina. Caminé tres metros y entonces escuché nuevamente al candidato.

—¡Dr. Ruiz, me olvidaba… chofer no voy a necesitar! Pero sí el lugar fijo de estacionamiento para mi auto particular...







1 comentario:

Anónimo dijo...

CuantA Razón LE aSiste

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