1 mar. 2011

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ALBERTO – FINAL

VOLVERÉ Y SERÉ ALBERTITO…

Por Alberto Bovino










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No lo puedo creer, esto es de terror. Encima este hijo de puta de Alfredo tiene suficiente cara como para postear en mi blog. Escuchame, reverendo hijo de puta:

—Este blog es mío, mío y mío…

A esta altura del partido, ya estoy chapita entero. Primero mi curso aparece a nombre de este inexistente (¿alguien leyó alguna vez un trabajo escrito por Alfredo Bovino?). Por este motivo, los pibes se vuelven loco para averiguar quién es este tal Alfred —no sé si para anotarse o para no anotarse conmigo—. Para no tener que contestar los mensajes de a uno, hice la aclaración en este blog, en el feis y en tuiter















Después, reclamé al Departamento y me dieron cero bola (aquí). Finalmente, mandé una nota casi puteándolos a todos, con lo cual es muy probable que me sancionen de algún modo, y no me den bola. Como si eso fuera poco, encontré unos correos intercambiados con el director del Departamento el año pasado, Dr. Resnik (ver aquí). Esos correos son un ejemplo de cómo no debe escribirse un reclamo —al menos hasta tener que recurrir—.


Como le decía a mi amiga Patricia Sartor el otro día por el Feis, siempre detesté mi nombre. Mientras vivía en Entre Ríos debía soportarlo, pues somos siete hermanos, cuatro de los cuales somos hombres.


Después de recibirme de abogado en la UBA, comencé a trabajar en el ámbito académico. Entre los penalistas, si alguien se refería a “Alberto”, se trataba de Alberto Binder. Por este motivo, yo me transformé en “Bovino” a secas.


Mi apellido pasó a ser mi nombre de pila. Si alguien me llamaba “Alberto”, era alguien que no me conocía demasiado. Se había impuesto el uso de mi apellido de tal manera, que cuando mi maestro Julio Maier estuvo en casa de mis padres en Entre Ríos, la primera vez que hablando con ellos quiso llamarme por mi nombre empezó a decir “con… eh”, y no le salía mi nombre. Le tuve que decir “Alberto, Julio… Alberto”, y él se puso todo colorado. Me fui al joraca.


Después de todo esto, imaginé que Resnik estaría un poquitín enojadito conmigo…


FLASHBACK…


Lunes 28 de febrero, en mi departamento


Andaba de remera, calzoncillos y medias —esto es, elegantísimo—, recién levantado, con los ojos todavía pegados, mal humor, pucho en la boca y resaca del domingo a la noche.


Escuché que sonaba mi celular, con su ring insoportable. Miré el número que llamaba y no lo reconocí, ni figuraba entre mis contactos. De todos modos, atendí, con ese temor que me da cuando hago eso y me llama alguna persona con quien no quiero hablar.


Mi temor se transformó en algo mucho más fuerte instantes después…


—¡Hola!, ¿hablo con el Prof. Bovino?


Estuve a punto de preguntarle con cuál de los dos…

—Sí, soy Bovino, Alberto Bovino.


—¡Ah! ¿Qué tal? Soy Mario Resnik, el director del Departamento…


¡Noooooooooooo! Eso me pasa por atender a esta hora, pensé. Eran las once de la mañana, ningún amigo me llama a esa hora.


—¿Quién? No se escucha bien… —dije tratando de decidir si cortaba o qué le decía en caso de no hacerlo— ¿Quién habla?


—El director del departamento, Mario Resnik.


— ¡Ah! ¡Ahora sí te escucho! ¿Cómo te va? Supongo que llamás por…


—Bien, muy bien, gracias… una pregunta, hace muchos años vos tenías una revista que se llamaba como la página, ¿no?


¡Estoy frito!, pensé, éste leyó el blog… y encima hace la típica, empieza con buena onda y termina diciéndome que me echaron a patadas en el orto del Departamento…


No es que no me quería hacer responsable de lo que había hecho, pero esta sorpresiva llamada me había dejado mudo…


—Sí, te llamo por este problema de tu nombre de pila, un error involuntario que no sabemos quién cometió…


—En cuanto a eso, me gustaría decirte que genera unos problemas tremendos para los chicos, porque no saben si es o no es mi curso, más otros que directamente creen que no es un curso que dé yo… De todas maneras… —iba a empezar a reconocer que eso no justificaba el maltrato que le diera a quien me había contestado mi correo.


—Sí, me imagino, es por eso que te llamaba para decirte que nos estamos ocupando especialmente del tema para que modifiquen el error.


No es un simple error, pensé, es mi identidad. Es algo que me identifica frente a los estudiantes.  Pero no dije nada, estaba esperando cómo seguía el asunto.


Para hacerla corta —porque mis amigos del Feis están puteándome pro no subir esta nota a tiempo—, Resnik estuvo sumamente amable, me informó que pronto volvería a ser Alberto el profe a cargo del curso, que lo de la nota en mi legajo no se haría, y que estaba todo bien.


Después de saludos y agradecimientos varios cortamos. Lo inesperado me había dejado con una sensación de felicidad que no comprendía. No tenía nada que ver con la falta de una eventual sanción.


Pensé en el curso, pensé en los estudiantes, y de repente descubrí que me sentía sumamente feliz por estar a punto de recuperar mi curso, mis estudiantes, mi identidad.

7 comentarios:

Gabriel dijo...

La puta! Me estaba cayendo muy bien Alfredo.

Tenés idea cual es su blog?

Muchas gracias.

PD: Qué es eso de que la fama de otro te quita el nombre? Sos alberto y se acabo. Y si hay controversia, algun diminutivo con efecto, jaja.

Anónimo dijo...

Este apoyo va muy rápido y si resulta que el otro tiene más paciencia y es más amable?

ABovino dijo...

El otro no existe... ¡Otra vez la pelota a la calle!

Anónimo dijo...

Que pena que no exista ......

Anónimo dijo...

Qué pena que no registres que actuás como un troll.

La próxima vez que escribas para insultar, dar órdenes, mostrar cuán necio sos o seguir diciendo boludeces una y otra vez, te podés ir a visitar el blog de Alfredo.

Atentamente, la Gerencia

Anónimo dijo...

¿Qué es un troll?
Cuando puse "Este apoyo va muy rápido y si resulta que el otro tiene más paciencia y es más amable?" no fue para insultar, fue un aporte sólo para que lo considerara, lea el blog, vea cuántas intervenciones agresivas tiene en el mismo, incluso algunas basadas en una lectura incorrecta de su parte de lo que fueron solo bromas que no captó desde un primer momento.
Y no fue una orden, fue una sugerencia.
Necio será usted.
Atentamente

ABovino dijo...

Como siempre, ¡otra vez la pelota a la calle!