HISTORIAS DE UN ABOGADO - EPISODIO 5

QUE SE DEBE HACER PARA NO CONSEGUIR CLIENTES
MÁS DESVENTURAs EN GUATEMALA

Por Alberto Bovino




Era el caso para el que yo había nacido. Imagínense, un caso de restricción de derechos fundamentales, derechos reconocidos a toda persona sin distinción de raza, religión, ideas políticas, género, clase social, orientación sexual o edad.

Pero no pudo ser. El caso jamás fue mío.

De todas maneras, me gusta recordar la historia. Tengan en cuenta que no se trata de una crónica bizarra con un final pretendidamente gracioso y sorpresivo. Esta es una historia trágica.


Yo trabajé en Guatemala el verano de 1995/1996, y casi todo el año 1997. Trabajaba en la Fundación Myrna Mack. En esos años, la vida en Guate City era una buena vida para algunos argentinos como quienes estábamos allí. Entre otras personas, ese año estuvieron allí Manuel Garrido, Gustavo Vivas, Gaby Vásquez, Maxi Rusconi, Ale Álvarez, Gaby Urbán y Gustavo Palmieri.


Debo aclarar que la vida que llevábamos los extranjeros no era la de una persona guatemalteca, entre otras razones porque nuestros sueldos eran altísimos comparados con lo que ganaban los abogados locales. Además, trabajábamos mucho en proyectos y tareas interesantes, para las cuales contábamos con suficientes recursos materiales y humanos.

Trabajábamos a un ritmo que en ese contexto resultaba desenfrenado, pero para nosotros —hablo de quienes vivíamos y trabajábamos en Buenos Aires— era tranquilo. Además, cuando terminaba la jornada de trabajo, alrededor de la 18, no se trabajaba más. En todo el año 1997, recibí una sola llamada a mi casa fuera del horario de trabajo —serían las ocho de la noche—, y la abogada que me llamó pidió disculpas de manera insistente por distraerme con una llamada telefónica de diez minutos.



Como si eso fuera poco, los precios de la comida y de la bebida eran muy baratos para nosotros, que ganábamos sueldos en dólares. Si a ello le sumamos que casi todos teníamos casas “provisorias” en las que no echábamos raíces, era muy común que cuando teminábamos el trabajo hiciéramos un after office. Y que después nos fuéramos a cenar a los mejores lugares de la zona más residencial. En verdad, no vivíamos en Guatemala, vivíamos en una burbuja.

En estas salidas nocturnas muy frecuentes, yo era quien hacia el papel de nexo entre los camareros/mozos/meseros/bartenders, y los miembros del grupo con quienes salíamos. Entre otras razones, porque de ese modo me garantizaba que todos aportaran un 10 % del precio de lo consumido en concepto de propina.

Sin importar quiénes fuéramos, mi presencia aseguraba que pediríamos al menos una botella de ron Zacapa, razón por la cual los meseros, al vernos llegar al bar desde donde solíamos iniciar nuestras giras nocturnas, corrían raudamente a colocar una botella de Zacapa en la mesa que nos ofrecerían. La voz de alerta que desencadenaba esa actividad era la de:


¡Ahí viene Zacapa, viene Zacapa!


De ese modo, y teniendo en cuenta el hecho de que en Guate City los meseros no comparten la propina, yo era un cliente codiciado. Y esa circunstancia explicaba por qué razones disfrutaba de un trato muy vip que me permitía entrar tarde a cualquier sitio y conseguir una buena ubicación.

Todo esto era demasiado bueno para ser verdad, y no duró eternamente. Pocos meses antes de mi regreso a Buenos Aires entraría en vigencia la norma cuya aplicación generaría el caso para el cual yo había nacido.

Pero ésa, hoy sábado a esta hora, es otra historia.


CONTINUARÁ...

Comentarios

Hugo Caceres dijo…
En primer lugar le voy a pedir disculpas por este comentario soez y falto de tacto, pero vaya en mi descargo que no es un comentario anónimo, y que gracias a su prédica en favor de los derechos fundamentales (o fundamentalmente vivificantes) he retomado la deliciosa costumbre de disfrutar de unas buenas cervezas negras los domingos por la tarde.Dicho lo cual paso a decir lo que quería decir: es Ud. un desalmado, casi diría un reverendo HdP.
Empieza su historia, hace que uno se enganche absolutamente con la misma, lea absorto varios párrafos, para al final terminar leyendo..."Pero ésa, hoy sábado a esta hora, es otra historia", una copia exacta del "to be continued" de la denostada industria televisiva holywoodense.
Realmente, hoy me siento defraudado, no obstante lo cual seguiré esperando el resto de la historia.
ABovino dijo…
Estimado Hugo. Le agardeco mucho sus palabras. En unos quince minutos sigo con el final. Téngame un poco de paciencia.

Saludos,

AB
Anónimo dijo…
Que linda época. Grandes amigos chapines, grandes desafíos, mucha claridad de cuál era el objetivo, mucha coherencia en el progresismo....lo único que da tristeza es que luego uno se va...y a la larga...no está claro que hayamos podido hacer algo que le cambie un poquito la vida a la gente...en fin.

Maxi Rusconi