te lo advertimos...

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30 nov. 2009

LA NORMA ESCRITA Y LA PRÁCTICA JURÍDICA

¿CONOCEMOS O NO CONOCEMOS EL PROGRAMA DE LA CARRERA?










Anónimo dijo...

Hay una cuestión, que no es primordial pero sí me sorprende, que muchos profesores no conocen el programa de estudios de la carrera.

Entonces se da la siguiente situación:


Estas cursando una de las últimas materias, digamos que te faltan 8 puntos, y el profesor pregunta:

¿Uds. ya cursaron procesal penal? (aclaración: en la UBA procesal penal se da en la materia llamada "Elementos de derecho penal y procesal penal" la cual es anual y obligatoria para seguir la orientación penal [en realidad es obligatoria para todos los estudiantes].

Mi pequeño aporte.

Saludos.


MI RESPUESTA A ANÓNIMO

Estimado anónimo:

La pregunta que hacemos es si han cursado la materia "Régimen del proceso penal". ¿Y por qué la hacemos? Porque los estudiantes que no la han cursado —hablo de la regla general, no de todos los casos—, en "Elementos de derecho penal y procesal penal" casi no han visto derecho procesal.

Se supone que "Elementos" debemos dar las partes general y especial del derecho penal sustantivo y, además, el régimen del proceso penal. Sin embargo —y seguimos hablando de la mayoría de los casos, no de todos—, cuando yo daba la materia "Régimen del proceso penal", el primer día de clase hacía una encuesta para determinar los conocimientos previos de derecho procesal que tenían los estudiantes.


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Aun los estudiantes que seguían la orientación en derecho penal, en su gran mayoría, contestaban que prácticamente no habían visto derecho procesal. Y alrededor del 40 o 50 % daban la siguiente respuesta:

"quince días por el código"

Por ese motivo el primer cuatrimestre que di esa materia tuve que replanificar todo el curso porque debí dar un curso básico de procesal penal. En una materia que estoy dando ahora, "La actividad probatoria en el proceso penal", establezco como requisito que hayan cursado "Régimen", porque el conocimiento del texto legal es un presupuesto de lo que veremos en el curso. Y quienes se anotan sin haber cursado "Régimen", con seguridad, no tienen esos conocimientos.

Lo que me pregunto es que si en un curso de "Elementos" se me ocurriera dar la teoría del delito en "quince días" y "por el código", me quemarían vivo en la Sala de Profesores o en el Aula Magna por hereje...

29 nov. 2009

INSTRUCCIONES PARA NO SER PROFESOR

¿QUE ES UN GRAN PROFESOR?
EL ABECEDARIO DE QUIEN NO LO ES










A ver muchachos, soy un simple estudiante (bueno, ya soy procurador pero sigo estudiando) que quizás se reciba a fin de año (si Dios quiere).

A ver, todos estamos de acuerdo en que deben enseñar los mejores, los más grossos, los capos.

Esos deben ser los profesores que estén en la universidad. Lo demás es puro verso.

Bueno, suponiendo ese punto en común que supongo que tenemos todos, la pregunta que cae de maduro es: ¿Qué es ser grosso como profesor? ¿Qué es ser un gran profesor? ¿Qué es "enseñar bien"?

Bueno, pregunta jodida esta... Por eso propongo que pensemos lo que NO es un buen profesor, un grosso... pensemos en los malos, por no decir boludos (ups, lo dije). Como punto de partida hacia lo que es ser un gran profesor.





Empiezo yo... Espero se sumen:

A) El que llega tarde: lo peor no es eso. Muchas veces ni se disculpa. Otras veces dice: “chicos, ustedes vengan. Yo voy a venir, pero 21 o 21.15 hs.” (Nota: la clase es a las 20).

B) El que atiende el celular: y no le importa nada, para la clase, va y viene, camina, corta y luego pregunta: ¿En qué estábamos? Como si nada hubiera pasado. Yo llego a hacer eso, me lincha y me trata de irrespetuoso.

C) El que no da clases: a pesar que la comisión lleva su nombre, el tipo ni se digna en aparecer. Un vago total, se llevar el sueldo sin hacer nada. Y luego se queja de los vagos del “Plan trabajar”.

D) El que no renovó el programa: esto no es joda, hay materias con programas llenos de leyes derogadas y temas que ya no se abarcan en ella. ¿Razones de la no actualización? Porque es muy difícil y demora mucho cambiar un programa. Vieja, si no empezás hoy, se te va a hacer más tarde.

E) El que dice “no pongo más de 8”: un papelón me parecía esto. Pero claro, hasta que entendí… hay gente que solo enseña para 8. No le da el cuero para más.

F) El que falta por “enfermedad” y…: después te lo cruzás en el bar cercano a la Facultad, misteriosamente recuperado.

G) El que se queja todo el tiempo del tiempo: que tiene para dedicarle a la materia. Se lo escucha decir: “esta materia antes era anual, ahora la vemos en un cuatrimestre, que en realidad son 2 meses y medio” y luego… se va ¡una hora antes de que termine la clase!.

H) El que no da cronograma de clases: sino que lo va armando a medida que va pasando el tiempo…

I) El que repite la bibliografía: me parece al vicio, una pérdida de tiempo ir a escucharlo.

K) El que directamente lee la ley o el código: sin palabras. Eso sí, luego te lo pide de memoria.

L) El que falta sin avisar: otra falta de respeto terrible e imperdonable. Vivimos en el Siglo XXI. Podés avisar así no gastamos (ni tiempo ni plata).

M) Los que no se presentan, ni presentan: otro papelón. Tenemos derecho a saber quién carajo es este tipo que se para acá adelante y dice que sabe y enseña. Tengo derecho a saber si es abogado practicante o no, si es juez, pinche de tribunales, si es adjunto, auxiliar o JTP, si es peronista o radical, etc.

N) Los que no muestran los parciales: y se ofenden cuando se lo vas a pedir. ¿Qué tienen algo que esconder? ¿No tengo derecho a ver mis errores? ¿No se pudo haber equivocado? ¿Es Dios acaso?

Ñ) El que no aclara la metodología del examen: se hace el misterioso hasta último momento con: “no sé si será oral o escrito, ya veremos…”.

O) El que desconoce la reglamentación del alumnado: hay, hay casos donde no saben que 7 + 4 = 11 / 2 = 5.5 y por el in dubio pro alumni 6. No necesito recuperar, aprobé ya la materia. Lea el reglamento, profesor.

P) El que cree que su materia es la más importante de la carrera: creo que mal que mal, todos pecan un poco de esto.

Q) El que no te transmite nada: y no es cuestión de carisma ni de simpatía ni de belleza ni de oratoria. Es cuestión de pasión, de ganas, de amar lo que uno hace. No muchos lo tienen.

R) El que no presenta las notas a tiempo: a ver… si no cumplen estos plazos… ¿Podemos creer que cumplen los de la justicia los JQDC? ¿Se pueden quejar si no cumplen este simple plazo los AQDC a los JQDC?

S) El que te da la teoría y no la mecha con la realidad: caso vivido por mí: Profesor de Procesal explica la prueba pericial y agrega con tono súper-importante-solemne: “chicos, no olviden que la prueba pericial no es vinculante para el juez. Siempre puede apartarse, pero dando fundamentos:” Luego lo agarro en el pasillo al Profesor-JQDC y le digo: “Dr., pero eso no pasa casi nunca en la realidad no?”. Y me dice: “Sí, la verdad que casi nunca.” Un boludo total.

T) El que te da la bibliografía de a puchos: vieja, en serio… ¿no la podés dejar antes de empezar el cursado toda enterita? Nosotros la compramos, la vamos viendo… ahorramos tiempo…

U) El que te pide cosas de memoria: o sea, hay un límite. Además… ¿el derecho no se ejerce a libro abierto?

V) El que no aprovecha la clase: tiene el aula por 2 horas, pero siempre la termina antes. Pregunto: ¿Para qué la pide por 2 horas?

W) El que dice “Si quieren aprobar, tienen que tener todas las preguntas bien”: o sea… me das 100 preguntas, tengo 99 perfectas, pero 1 mal, y fui? Sí… Ah… boludo en serio no?

X) El que te da un escrito para que le desarrolles el libro entero: y encima, te da poco tiempo. ¿Qué se cree que soy Flash escribiendo?

Y) El que es súper-híper-archi-preciso-detallista-in extremis: como el que te dice “dígame las 4 causas de X”. Uno las dice bien y el vago contesta: “no, pero en el orden que aparece en el libro”.Sin palabras. No, con palabras. UN BOLUDAZO (con MAYÚSCULAS).

Z) El que habla del derecho, pero no lo muestra ni lo expone: profesores de contratos que dan la materia sin mostrar un contrato. Profesores de Societario y Cambiario que no muestran ni cheques ni pagarés. Profesores de Procesal que no muestran expedientes ni escritos. Profesores de la “Práctica” que enseñan Procesal… (¿qué no lo estudié ya?)

Bonus track) El que se olvidó que fue estudiante: ese es el peor. Por lejos.

Bueno muchachos… ahí los dejo… espero que la sigan… yo me voy a dormir porque me tengo que levantar a estudiar mañana.

AB: cuando tenga tiempo me doy una vuelta por tu entrada sobre los Jurados.

Nos vemos.

Agustín Eugenio Acuña

27 nov. 2009

CUANDO VALE LA PENA II

OPINIÓN CONSULTIVA Nº 20 DE LA CORTE IDH






¡Se acabaron los jueces ad hoc en las demandas ante la Corte IDH!




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26 nov. 2009

LOS SEMINARISTAS CORDOBESES

EN LA CIUDAD DE JESÚS MARÍA

EN LA CASA DE DON ANDRÉS (EL DE LA IZQUIERDA)













Juro que fue Lucas Arrimada
el que me hizo entrar a este sórdido lugar


25 nov. 2009

FERIADO BANCARIO ETERNO EN GUATEMALA...

SOBREVIVIENDO EN GUATE CITY





Los dos primeros meses que trabajé en Guatemala en mi segundo viaje, tuve una serie de problemas para cobrarr mi sueldo. A pesar de ello, como a los quince días que llegué hice una consultoría para Costa Rica por la que me pagaron alrededor de USD 1.000, pensé que no iba a tener problemas. Se suponía que los ticos (costarricenses) me depositarían al toque los honorarios de la consultoría.

Trabajé toda la semana cuidando los pocos quetzales que me quedaban, esperando que llegara el viernes que no solo era fin de mes —con lo cual cobraría dos sueldos—, sino que me pagarían los USD 1.000.

En Guate los bancos están abiertos de 8 o 9 AM (jamás fui a esa hora) hasta las 8 PM. Como yo trabajaba hasta las cinco o seis de la tarde, siempre iba al banco a la salida del trabajo. Como yo salía un poco más tarde que los demás, porque entraba un poco más tarde que los demás, cuando iba al banco, en la oficina no quedaba nadie.

Llegué al Banco bastante tarde porque se había largado el segundo diluvio (ése de un tal Noé). Después de hacer pacientemente la cola, llego a la caja y me informan que aún no me habían acreditado los USD 1.000 de la consultoría.

Entonces pregunté:

- ¿Pero puedo cobrar mi sueldo?

- ¡Por supuesto señor!

- Si me pudiera dar su documento y número de cuenta...

- Aquí lo tiene.

Y allí empezaron los problemas. EL kía hizo todos los preparativos, apartó la plata, y en vez de entregármela, peló el tubo del teléfono y empezó a llamar a algún lado que después supe que era mi oficina.

- No hay nadie. Fijése que si no me autorizan me resulta imposible pagarle...

- No hay nadie en dónde????

- En su oficina.

- ¡Por supuesto que no hay nadie! Son casi las 8 de la noche!

- Lo lamento señor, pero para todo pago de más de USd 500 me deben autorizar...

- ¿Y esa regla de dónde salió?

- Es la normativa del banco, señor...

- Y a mí qué me importa la normativa del banco...

- No hay nada que podamos hacer...

Me faltó agregar que ese fin de semana había cuatro días feriados seguidos —sábado, domingo, lunes y martes —creo que por la independecia—. Yo me acercaba cada vez más al cajero, con mis ojos inyectados en sangre, y gritando cada vez más fuerte:

- Ese dinero es mío y Ud. me lo da...

- Fíjese que...

- ¡FÍJESE LAS PELOTAS! ¿USTED SABE LO QUE ES UN CHEQUE?: Es una orden de pago pura y simple, librada contra un banco.... o autorización para girar en descubierto.

El pobre guatemalteco estaba aterrorizado, pegado contra la pared, paralizado. Entonces le grité:

- Si Usted me presta 2.ooo quetzales, me dejo de joder...

Finalmente, huyó despavorido a buscar el gerente. Traté de tranquilizarme, y el señor gerente, con buen tino, me dio el dinero correspondiente a un sueldo, con tal de que me vaya de allí. Y así fue como pegué la vuelta, y como un lord inglés, salí del banco con mi dinero (parte de él), rumbo a la diversión de un feriado bien largo.



UNA FQNDMC

M. GORANSKY: FISCAL QUE NO DA MÁS CLASES...






Estos días estuve siguiendo el debate iniciado por Bohmer con ganas de participar, pero soy una FQNDMC (fiscal que no da más clases) con algunas nostalgias de las épocas en las que dar clases era lo que más me gustaba hacer en la vida.


Como no puedo estar más de acuerdo con Bohmer y, lamentablemente, no tengo nada sustancial para agregar a lo que él dice; voy a desviarme un poco de la cuestión para hacer un poco de historia y, ya que estamos, destilar una bronca guardada por más de 10 años y que está vinculada con quiénes son/eran los QDC y quienes los eligieron para que lo hagan.


Corría el año 1997 (o por ahí) y se estaba por celebrar un importante concurso para adjuntos de derecho penal y procesal penal de la UBA (puede haber sido el segundo concurso que se hacía). Había una gran cantidad de cargos a cubrir (más de 70, creo…) y excelentes candidatos. Excelencia de la que, a mi modo de ver, carecía el jurado designado.


Se trataba de seis profesores regulares de universidades nacionales - requisito formal para ejercer el cargo. El otro requisito era la tan maltratada “idoneidad” para el cargo. Cuatro de ellos eran, para mí, ilustres desconocidos que se mantuvieron en ese estado –desconocidos- a pesar de haber realizado una búsqueda intensiva e infructuosa de sus antecedentes: publicaciones/opiniones/comentarios, en revistas jurídicas, librerías, bibliotecas, seminarios, congresos y otras yerbas, en los que sus nombres no aparecían.


Esto fue, palabras más palabras menos, lo que hice saber al entonces decano de la facultad de derecho a quién le pedí que hiciera públicas las razones por las cuales entendía que esos candidatos eran idóneos para integrar un jurado destinado a evaluar a candidatos cuyas publicaciones sí aparecían en cantidades importantes en revistas, librerías, etc.. (idoneidad, repito, requisito exigido por la reglamentación). Recuerdo haber escrito que mi reclamo no era por constarme que fueran “inidóneos”, sino por carecer de elementos para evaluar su idoneidad –razón por la cual le pedía al decano que los brindara.


La respuesta fue breve; decía algo así: “…. Por tratarse de profesores regulares de universidades nacionales, rechácese….”. Recuerdo que pensé mucho en apelar esa decisión infundada y arbitraria y, lamentablemente, desistí por la soledad en la que me encontraba con mis planteos. También desistí de participar en el concurso y abandoné la carrera docente. No quise seguir formando parte de una facultad que elegía de esa manera a sus docentes (Groucho Marx dixit)


Al poco tiempo de celebrarse el concurso y antes de que se abrieran los sobres lacrados con los resultados, era vox populi quiénes habían salido en los primeros lugares y quienes habían fracasado en el intento. A mi modo de ver, otra grave violación a las reglas del concurso que, obviamente, exigían el secreto de las actuaciones. Luego de darle un par de vueltas a la cuestión, decidí ir a una escribanía para dar fecha cierta a una lista que reflejaba lo que sabía en ese momento: el lugar que ocupaban los primeros cinco o seis candidatos en la orden de mérito y los nombres de dos candidatos que habían quedado fuera del concurso. Cuando se abrieron los sobres comprobé que los datos coincidían exactamente (creo que la única diferencia era que estaban cambiados los nombres entre quienes figuraban en cuarto y quinto lugar).



El registro de la escribanía fue utilizado por algunos candidatos que impugnaron los resultados del concurso, supongo que sin éxito. Y así terminó la historia.


Dolosamente he suprimido nombres (miembros del jurado –que al día de hoy permanecen bastante en el anonimato–, decano, persona a cargo de la oficina de concursos, candidatos) porque si bien, como ven, todavía queda algo de la bronca original, no estoy haciendo este relato para refregar comportamientos que considero contrarios a la ley e inadecuados, sino para poner en la mesa de discusión cuáles fueron las consecuencias –si las hubo- de las decisiones tomadas por las autoridades en ese concurso.


Me pregunto, también, que hubiera pasado si una importante cantidad de candidatos hubiera reaccionado ante las autoridades de la facultad que ponían jurados complacientes – y destinados a que ocupen ciertos lugares ciertas personas, como suele afirmarse en los bares y pasillos–


¿Y si quiénes resultaron victoriosos hubieran discutido el modo en el que se había hecho conocer su ubicación en el ranking?


¿Y si se hubiera intentado demostrar la participación en este “dar a conocer” de quienes tenían el deber de guardar secreto?


¿Y si los candidatos a jurados hubieran demostrado que eran idóneos o bien se hubieran apartado si no lo eran?


¿Tendríamos hoy los mismos JQDC, FQDC, AQDC?



CONTRA LOS JURADOS


NO TE ENTUSIASMES, GUSTAVO ARBALLO, NO ME REFIERO AL JURADO DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL

Retomando de manera desordenada el tema de qué profesoras y profesores queremos, creo que uno de los temas importantes es el de los mecanismos de designación. Hasta ahora sólo concursé una vez para Profesor Adjunto, y la verdad que fue una experiencia surrealista. Empezando por la cantidad de concursantes y la cantidad de cargos (se cubrían 38 cargos y éramos algo así como 80 o 90 concursantes.

Mi preocupación no tiene relación alguna con la calificación que me fuera asignada, sino con una serie de decisiones que, a mi juicio, resultan cuestionables. Estoy personalmente más que satisfecho con la calificación obtenida. Sin embargo, un concurso de esa magnitud es un proceso cuyos resultados exceden el interés individual de los concursantes, pues resulta, claramente, una decisión institucional de relevancia para todos los miembros del cuerpo docente de nuestra Universidad.

Mis preocupaciones se refieren a dos tipos de decisiones adoptadas por el jurado. Por un lado, ciertas decisiones adoptadas como pautas generales para organizar el concurso, pautas que, en sí mismas, considero injustas. Por el otro, la aplicación desigual de algunas de esas pautas generales a ciertos casos concretos, lo que en ocasiones ha representado la comisión de graves injusticias.


1. MÁRGENES DE DISCRECIONALIDAD
En cuanto al primer orden de cuestiones debo mencionar, antes que nada, que considero absolutamente irrazonable el porcentaje asignado a cada uno de los tres rubros que integraron la calificación final: a) 50 % a la oposición; b) 30 % a los antecedentes; y c) 20 % a la entrevista.
Entre otros problemas, esta decisión significó que el jurado contara con un 70 % de decisión absolutamente discrecional y no controlable sobre la base de pautas medianamente objetivas. La importancia relativa de cada uno de los rubros, por otro lado, resulta incomprensible teniendo en cuenta que una entrevista de cinco (5) minutos —cuyo escaso valor surge de las diferencias en los puntos obtenidos por quienes ocupamos los diez primeros puestos, todos nosotros entre 18 y 19 puntos— y una oposición de veinte (20) minutos tuvo un 40 % más de valor que la suma de antecedentes que a varios concursantes nos llevó años acumular.

También la simple comparación entre el valor relativo de antecedentes y entrevista resultó, a mi juicio, irrazonable. Muchos de los criterios mencionados en el Dictamen del Jurado —v. gr., el hecho de ser doctorando—, debieron ser evaluados como antecedentes, y no como resultado de la entrevista. El perjuicio para quienes revestíamos esa calidad es obvio: mientras las diferencias de puntaje obtenidas por la entrevista entre quienes resultamos en los diez primeros puestos sólo fue de un punto —los diez primeros sacamos, sin excepción, 18 o 19 puntos por la entrevista—, la diferencia por antecedentes en ese mismo grupo alcanzó los 10 puntos.

El escaso valor otorgado a los antecedentes provocó los siguientes resultados. Teniendo en cuenta sólo los antecedentes, en relación al resultado final, quien resultó primero en puntaje de antecedentes quedó finalmente en cuarto lugar; y quienes resultaron segundos en antecedentes terminaron en orden de mérito terminaron tercero, séptimo y novena.


2. EL DESPRECIO POR EL DERECHO PROCESAL PENAL
I. Un segundo punto manifiestamente problemático estuvo constituido por la selección de los temas, decisión que representó, entre otros, los siguientes problemas: a) una injustificada desproporción de temas estrictamente penales, en desmedro del derecho procesal penal; b) un problema de imparcialidad respecto del Profesor TERRAGNI, pues fueron incluidos casi todos los temas sobre los que él ha escrito; y c) un desprecio absoluto por el derecho procesal penal.

II. En relación al derecho procesal penal, llamó poderosamente la atención, por ejemplo, que en el segundo llamado se ignoraran por completo todas las transformaciones de esta rama del derecho ocurridas en los últimos veinte años. En este llamado, el jurado seleccionó nueve temas de derecho penal sustantivo —tres de los cuales se superponían parcialmente (dolo, teoría del error y error de prohibición)— y un solo tema de derecho procesal absolutamente desactualizado, como la regla de exclusión de prueba obtenida por medios ilícitos. Más allá de las preferencias e intereses personales de los miembros del jurado, no se puede ignorar que debían calificar nuestras aptitudes en relación al derecho penal sustantivo y, también, al derecho procesal penal.

En el camino se perdieron de vista los principales temas que actualmente son objeto de estudio en el ámbito del derecho procesal, tales como, entre otros: a) mecanismos de simplificación del procedimiento; b) los procesos de reforma hacia un modelo de procedimiento acusatorio; c) la participación de la víctima en el procedimiento penal; d) la instrucción sumaria; e) el principio de oportunidad, f) la participación ciudadana en el juicio penal; g) el recurso de casación; etcétera.

Esta actitud de menosprecio por el derecho procesal penal no respeta las exigencias del llamado a concurso —pues se trataba de un concurso para profesores adjuntos de derecho penal y procesal penal—, como tampoco las características del plan de estudios vigente en nuestra Facultad.

III. En segundo término, también resulta gravemente preocupante la manera en la cual pautas como lo señalada en el párrafo anterior y muchas otras fueron aplicadas de manera injusta respecto de algunos concursantes. Así, resulta manifiesto, de la simple lectura del dictamen, que la dedicación preferencial al derecho procesal fue evaluada negativamente. En el Dictamen, al evaluar a... se manifestó lo siguiente:

“Evidenció su interés sobre el estudio de temas procesales. Manifestó su intención por realizar su tesis doctoral sobre el tema del control de la motivación en la sentencia penal. Dio referencias bibliográficas actualizadas en materia procesal. No evidenciando igual manejo de la bibliografía penal moderna”.

En el caso de... se señaló que en la entrevista, al hacer referencia a sus últimas lecturas, ellas se vinculaban “a los temas procesales, más que a los penales de fondo”.

Creo que quienes nos ocupamos de manera preferencial al derecho procesal penal hemos demostrado en este concurso que hemos estudiado en profundidad derecho sustantivo. Sin embargo, resulta preocupante que no se haya podido verificar si todos los candidatos conocían los contenidos mínimos del derecho procesal penal.


3. LA EVALUACIÓN DE LOS ANTECEDENTES
I. Otro punto donde, a nuestro juicio, se cometieron graves injusticias fue en la manera en la cual calificaron los antecedentes. A continuación intentaremos señalar diversas ocasiones en las cuales el jurado valoró antecedentes de manera inconsistente o injusta.
Así, por ej., resultó injustificable que el jurado no haya tenido en cuenta que una de las concursantes, además de su título de abogada, contaba con el título de Master in Laws en la Universidad de Harvard.

II. Otro criterio que se aplicó de manera desigual, y que también era incontrolable para los concursantes,e era la evaluación de los trabajos inéditos. En algunos supuestos se mencionaban uno o dos trabajos inéditos mientras que en muchos otros concursantes no fueron mencionados.

III. En este punto debo manifestar lo que creo que ha sido la más grande inequidad de este jurado. Stella Maris MARTÍNEZ sacó, en antecedentes, el segundo lugar. Si se lee la justificación de su puntaje, jamás se puede comprender cuál ha sido el criterio del jurado para ignorar por completo, bajo el eufemismo de “Posee el título universitario máximo”, su doctorado en una universidad como la Universidad de Salamanca. Esa concursante, sin duda alguna, debía tener el máximo puntaje en antecedentes.

IV. Los antecedentes judiciales. Se valoró la participación en la justicia. Más allá de que en este país este criterio debería ser, en todo caso, evaluado negativamente, no se tomó en cuenta que, en el caso de uno de los concursantes, ingresó a un cargo internacional en Naciones Unidas (como Fiscal Adjunto en el Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia) luego de salir en primer puesto en un concurso en el cual participaron 100 profesionales.

V. La participación en revistas jurídicas. Otra gravísima omisión del jurado consistió en ni siquiera mencionar los antecedentes referidos a la participación en revistas jurídicas. Esto —además de resultar incomprensible— perjudicó gravemente a casi todos los miembros de la cátedra del Prof. MAIER.
Mary BELOFF y yo fuimos redactores, por dos años y mientras éramos estudiantes, de la Revista “Lecciones y Ensayos”, que es la publicación técnica oficial de la Facultad dirigida por los alumnos que ingresan a su equipo por criterios estrictamente objetivos: determinada cantidad de materias aprobadas y promedio no inferior a ocho. El trabajo de quienes seguimos la orientación en derecho penal se nota si se tiene en cuenta el contenido de los distintos números en los que participamos, donde se publicaron, entre otros, artículos de HASSEMER, JAKOBS, BACIGALUPO y ZAFFARONI.

Cuando estábamos en los últimos tramos de nuestra carrera, Mary BELOFF, Marcelo SGRO y yo, junto con un equipo de estudiantes y graduados jóvenes independientes, y sin apoyo alguno, fundamos la Revista “No Hay Derecho”, que tuvo gran repercusión en el ámbito de las ciencias sociales y especialmente en círculos académicos latinoamericanos y europeos.

A través de esa revista difundimos ideas y discusiones que en ese momento no tenían cabida en las revistas jurídicas tradicionales. Entre otros autores, publicamos trabajos de PAVARINI, NOVOA MONREAL, ZAFFARONI, FOUCAULT, BARATTA, SAVATER, MARÍ, NINO, BERGALLI, BINDER, DWORKIN, MAIER, BOBBIO, CHRISTIE, DE SOUSA SANTOS, SMAUS, MALAMUD GOTI, GARCÍA MÉNDEZ, PINTO, SABSAY, LUHMAN, ANDRÉS IBÁÑEZ, BACQUÉ, HABERMAS y MÉNDEZ. Tampoco se hizo mención a esta publicación.

Finalmente, el jurado también omitió considerar que BELOFF, BERTONI, GUARIGLIA, PASTOR, RUSCONI, SALT y yo fuimos quienes fundamos la Revista “Nueva Doctrina Penal” en 1996, bajo la dirección del Prof. MAIER. Esto es, todos los concursantes que pertenecemos a la cátedra de MAIER —con excepción de DÍAZ CANTÓN— nos vimos perjudicados por la absoluta falta de consideración de nuestros antecedentes editoriales. La omisión, en este caso, también alcanzó a HARFUCH, quien pertenece a la cátedra del Prof. BAIGÚN.

VI. La irrelevancia del derecho comparado no alemán. Por último, la selección de los temas y los enfoques que fueron utilizados para evaluar nuestras aptitudes docentes no sólo ignoró el derecho procesal penal sino que, además, sólo dio cabida para que resulten evaluada positivamente la dogmática desarrollada por los alemanes.

El Prof. MAIER siempre ha incentivado la diversidad de enfoques en el contexto de nuestro trabajo académico y, más allá de que su actitud es una expresión de su vocación democrática, con ello ha generado condiciones para que cada uno de quienes trabajamos con él nos enriquezcamos intelectualmente con la formación de los demás. Sin embargo, la sensación que yo sentí en el concurso fue la de haber sido castigado por no dedicar todo mi tiempo a leer autores alemanes.


4. LA EVALUACIÓN DE LA OPOSICIÓN
En primer término, debo manifestar mi desacuerdo con los aspectos formales de la oposición. A título personal, debo señalar que a pesar de toda mi experiencia docente, y de haber dado conferencias, cursos y seminarios en una amplia variedad de circunstancias diferentes, la manera en que debimos exponer no se asimilaba a ninguna que yo hubiera vivido anteriormente. No se trataba de una clase, ni de una conferencia, ni de nada semejante a las tareas que desarrollamos en nuestra vida académica. Teníamos tres personas sentadas —entre las cuales había una que no sabíamos si nos escuchaba—, público atrás nuestro al que se suponía que debíamos ignorar, y ninguna consigna clara sobre qué se esperaba de nosotros.

En un ambiente tal, por otra parte, y en mi caso particular, cuando estaba cerrando mi exposición para cumplir con precisión el tiempo que se nos había otorgado, presenté la segunda filmina que utilicé en mi oposición. La primera de ellas, que esquematizaba el desarrollo de las consecuencias de la ubicación sistemática del consentimiento en la teoría de la imputación, fue proyectada todo el tiempo que me dediqué a exponer sobre esas cuestiones.

La segunda filmina era un cuadro mucho más complejo que detallaba todas las modificaciones recientes en relación a la víctima en el derecho penal y procesal penal. Sólo iba a ser utilizada para que el jurado apreciara visualmente el contexto de las nuevas tendencias favorables a la víctima —sin oponerse a los derechos del imputado—, que iba a describir oralmente de manera sintética, para cerrar afirmando que la posición interpretativa que yo defendía como correcta resultaba otra expresión consistente con esa tendencia político-criminal.

Antes de saber qué iba a hacer yo con las filminas, Terragni me interrumpió de forma abrupta —asumiendo que yo iba a continuar, y antes de que lo hiciera—, lo que me descolocó por completo, y no sólo me puse nervioso sino que estuve casi hasta violento. Afortunadamente, logré recomponerme para la entrevista, pero el cierre de mi exposición se vio afectado negativamente.

Hasta el día de hoy no he comprendido las razones por las cuales obtuvimos el puntaje que obtuvimos los concursantes en cada uno de los rubros.


5. CONCLUSIONES
El concurso al que hago referencia tuvo lugar hace varios años. Sin embargo, creo que igual tengo derecho a exponer mis preocupaciones. Me dedico a la carrera académica por vocación, y, hasta esa oportunidad, creí que me desempeñaba como profesor en un ámbito lejano a la arbitrariedad.

Sin embargo, considero que el concurso de marras sufrió graves irregularidades e injusticias que no puedo callar. No pretendo que nadie conteste esta nota, pero lo menos que podía hacer era transmitir mis preocupaciones por un episodio que viví como una suma de injusticias.



SALUDOS,

ABOVINO

24 nov. 2009

CSI LATINA AMÉRICA RESUELVE RÁPIDAMENT EL CRIMEN DEL TESTIGO...



 


¡GRACIAS AL IDENTIKIT...!



DE VUELTA AL CONVENTO... Final - parte 4

CÓMO LLEGAR AL CONVENTO Y NO MORIR EN EL CAMINO...






La Tercera parte aquí 

4:30 AM. Ciudad de Guatemala, Av. Reforma y Novena Calle. Estuve a punto de tirarme en la cama y dejarme desmayar, y que a las 10 AM hablara Montoto sobre la pena de muerte. Afortunadamente apareció mi conciencia y me obligó a preparar un traje, camisa y corbata, para poder llegar a Antigua listo para la charla.


4:33 AM. Puse el despertador como a dos metros de la cama y después sí, hasta llegué a desvestirme antes de desplomarme en la cama como una bolsa de papas.


4:35 AM en adelante… Dormía y soñaba. Soñaba que estaba en una celda y que quería salir, pero nadie me escuchaba ni me veía... solo faltaban el juez y el psiquiátrico para que mi profecía se autorrealizara... Desde la pequeña ventanita enrejada que tenía la mugrosa celda en la que había entrado por mi propia voluntad, se escuchaba la alarma que se le pone a los carros para que los ladrones queden medio sordos...


Había calculado, antes de acostarme, que el viaje hasta Antigua demoraría alrededor de una hora. Así, para salir bañado, trajeado y desayunado tenía que levantarme a las 9 AM.


9:35 AM. En mi sueño, la maldita alarma seguía sonando y… ¡¡¡estaba en un 8º piso, y el parqueo de mi edificio quedaba del lado contrario al de mi departamento!!! ¡No había auto con alarma! Como de costumbre, había incorporado el insoportable sonido del despertador a mi sueño y por ello lo dejé sonar… abro los ojos y veo que el reloj marcaba las 9:35, y ahí me dio un ataque de pánico. Celular no tenía, mi notebook estaba en Antigua, en el convento, y yo no tenía el número de teléfono de la madre superiora.


9:40 AM. Prescindí de pegarme una ducha, y mientras saltaba en una pierna e intentaba ponerme la media en la otra, en dirección a la cocina, me caí como el boludo que era, volví a acordarme de la madre superiora, y asumí mi condición masculina. Sólo las mujeres pueden hacer más de una cosa a la vez, nosotros somos mucho más limitados en ese aspecto.


9:47 AM. Hice “Ooooommmmmm!”, me puse la media, me levanté como si tuviera dos horas antes de salir. El intervalo lúcido me duró treinta segundos, corrí a la cocina, tiré al piso todo lo que encontré camino a la cafetera… y no había ni un filtro de café.


9: 49 AM. No sabía si llorar o ir a Antigua a ahorcar a la madre superiora, conquistar el convento, destrozar todos los relojes y declarar, como primer acto de gobierno laico, el anti-toque de queda: que todas las monjitas entraran y salieran borrachas y a la hora que les diera la gana.


9:50 AM. ¡El taxi! Todavía no pedí el taxi… “¡No pido ni mierda!”, me dije. Bajo, y si no encuentro taxi, le diré a la madre superiora que los designios del Señor son misteriosos, que no sé por qué razón Él no me quería en Antigua.


9:55 AM. Subo a un taxi que manejaba a ritmo local. Primero quedé como un terrible maleducado, pues allí pedir las cosas como las pedimos los argentinos es una tremenda falta de respeto. Después me descubrió y se convenció de que en realidad era un enajenado. Eso fue cuando empecé a gritar que acelere o que recaería sobre ambos la ira divina y, sobre todo, la ira de la madre superiora.


10:35 AM. Llegamos en tiempo record. El taxista aún se está recuperando del pánico que le provocó el viaje y mi locura. Dicen que cuando anda solo por la calle, mira por encima del hombro para asegurarse de que no lo persigue la madre superiora…


10:36 AM. Me tiro del taxi, me olvidé de pagarle a este pobre buen hombre, vuelvo corriendo, le tiro los dos o tres billetes que habíamos pactado, giro de 180 º y vuelta a la carrera. Llegó a la puerta del convento, giro el picaporte, todo esto sin detenerme ni a respirar. Y la madera de la puerta me detuvo, que para eso estaba allí. Empecé a tocar el timbre, la campanita o lo que sea que hacía las veces de timbre.


10:37 AM. Miré al cielo y le dije a Él: “sabés que como no creo en vos nunca te jodo ni te pido nada… pero facilitame alguna!”. Y allí terminó mi monólogo con este Señor.


10:38 AM. Se abre la puerta y me dirijo a mi cuarto como una exhalación. Lo que me detuvo esta vez fue una panza más grande que la mía. ¿A quién me habría chocado? ¡Al mismísimo jefe minuguo, el buen juez Lorenzo! Miré para arriba indignado con Él y Lorenzo me empezó a decir que había estado preocupado, que a dónde andaba, que qué me había pasado, y otras huevadas que no eran asunto de su competencia.


10:38 AM. Sin pensarlo, y extrañando frenos inhibitorios que nunca tuve, conté toda la historia —solo me me ahorré lo del puticlub…—. Lorenzo me miraba, y jamás comprendí su expresión… Hasta que otro amigo uruguayo intervino y quebró el silencio:


- Bovino, no te creo ni una palabra…


- Decime una cosa, ¿vos creés que a esta hora del día me da la cabeza para inventar una historia tan absurda?



THE END



Epílogo. Ese día hice la exposición con lentes negros puestos. Afortunadamente, tenía la charla bien preparada, así que logré darla razonablemente. Eso sí, se me hizo interminable. Y mis amigos minuguos, cual castigo divino, me hicieron muchísimas preguntas que debí contestar.

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