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09/11/2009

INGRESA A ESCENA NACHO TEDESCO

TRIBUNALICIO QUE DEVINO PROFESOR (TQDP?)





Alberto,

Soy de aquellos que tiene poco tiempo para estar en internet. Cada tanto, claro está, miro las cosas que vas haciendo desde tu blog. Los avisos que mandás, también ayudan mucho como para no colgarse y mirar cómo va avanzando todo lo que hacés.

Ya los otros días me hizo pensar el tema de los abogados (hoy luego de todo ví lo que escribiste como editor). Mas hoy al leer el tema de los jueces sentí que tenía que escribirte un par de palabras. No sé si con ánimo de debatir en público. Al menos, compartir una reflexión con alguien como vos que siento real aprecio.

Sin lugar a dudas Martín Böhmer puede ser que tenga mucho más que razón. Ojalá todos pudiéramos ser profesores y nada más. Que pudiéramos vivir de la academia y listo. Es más, como adjunto regular y con el plus de los añitos de antigüedad y el porcentual por ser doctor en derecho, este mes recibí una suma bastante graciosa: $1.111,11 (todos unos…). Obviamente, con eso no puedo comprar sino apenas algunos libros y nada más… Vivir, ni cerca.

Lo gracioso es que las universidades privadas (sacando muy contadas excepciones) hasta pueden llegar a pagar menos. Es más, la Universidad de Palermo, por ej., en el nivel de posgrado le paga a uno como profesor la mitad de lo que uno recibe como profesor en el posgrado de la UBA (tomando como base un curso de 30 alumnos). Y los alumnos del posgrado de Palermo pagan el doble o el triple.

O sea que ni siquiera esta cuestión que alguien podría sentir como un ataque a ciertos profesores que tienen otra calidad, es una cuestión que tiene que ver con un ataque a la Universidad Pública (esto es, tratar de dar la posibilidad a que la Universidad genere mayores posibilidades de inclusión social y no de exclusión). En algún momento pensaba, claro, el autor de estas reflexiones que dispararon este debate tiene la capacidad de no ser aquello que critica. Seguramente de vivir académicamente. Ojo, y es alguien a quien respeto mucho. Es que sentía, inicialmente, que sus palabras tenían que ver con un problema de modelo de universidad. Y claro, si el Departamento de Derecho Penal de la UBA tiene que contar al menos con 100 profesores (entre adjuntos, asociados y titulares) para abastecer alrededor de 8.000 alumnos que cursan por cuatrimestre, cómo hacer para pagarles como para que vivan dignamente, de forma tal que no sólo vivan, sino que compren libros, estudien, etc., etcétera.

Pero luego me dí cuenta de que no es así. Que las universidades privadas a pesar de tener capacidad de financiamiento propia, no es que retribuyen a sus profesores (el primer gran capital que necesita una universidad para tener cierto nivel de excelencia; el otro son las bibliotecas —mejor ni hablar de ello—) de una manera acorde. Insisto, donde uno puede comparar (en la actividad privada de la enseñanza que se da en el nivel de posgrado donde tanto la Universidad pública como al privada tarifan dicha enseñanza), la universidad privada se enriquece en mayor medida que la pública. Esto es, su nivel de plusvalía es mayor.

El problema siento que puede ser otro. No pasa por si yo soy abogado, juez o defensor (ya que me imagino que no sólo la última nota de Martín Böhmer opinaría lo mismo no sólo de los jueces sino también del resto de los actores centrales del sistema penal), sino pasa por la dignidad con la cual ejercemos nuestras funciones en la vida.

Al leer la nota, inmediatamente me vino el modelo de juez que me tocó vivir: Edmundo Hendler. Su tribunal es célebre por resolver cada uno de sus casos al quinto día hábil (día más o día menos). Jamás tuvo una demora. Es un juez que está siempre en su despacho (todos los días). Que todas sus sentencias pasan por su escritorio. Que el mismo escribe sus votos. Pero, a la par, es una persona que por más que podría jubilarse de todo, sigue estudiando, sigue enseñando sea en sus clases, sea con lo que escribe. No falta a ninguna de sus obligaciones. Más allá de mi cariño hacia él, no tengo duda de que es un ejemplo para muchos.

En mi caso, sólo algún problema muy drástico puede hacer que no esté dentro de mi aula, con mis alumnos. Es más, todos pueden llevar adelante su curso también fuera del aula. Las herramientas electrónicas nos brindaron otras vías de llevar adelante nuestra docencia. Y hay algo que tengo en claro: jamás dejé que un defendido mío, que alguien que fue seleccionado por el sistema penal, no tuviera lo mejor de mi persona. Que mi defensa lo fuera hasta las últimas consecuencias. Siempre he sentido que las dos cosas se pueden llevar adelante con igual pasión.

¿Sacrificios? Obvio. Muchos. Hacer ello genera que el día sea mucho más largo e intenso. Está claro. Es más, por ej., este año tomé un mes y medio de mis vacaciones “tribunalicias” para llevar adelante mi actividad académica en otro país. Es más, uno también trata de combinar todo esto con su vida personal, con su vida familiar. Es que uno no es en la vida simplemente un profesor, un abogado, un editor o un juez. Uno es muchas más cosas.

Por otra parte, pienso y me pregunto (más de una vez lo he hecho): si el mundo fuese de profesores que sólo fuesen profesores, ¿cómo sería ese mundo? ¿Es el modelo a seguir? Me lo he preguntado para mí mismo en más de una oportunidad: ¿cambiaría mi opción de vida para vivir sólo como profesor? Siempre me salta una duda que termina siendo una respuesta: de hacerlo, perdería contacto con la realidad, con la materialidad de lo que estudiamos, del conflicto en sí mismo, del drama humano que se esconde en cada causa, en cada persona acusada a los fines de imponerle un castigo que ni es el de la víctima, sino el del Estado. Siento una enorme suerte de compartir ambas realidades.

Si todo el mundo fuese así, otros serían los peligros que se desatarían: que generemos una casta de “sabios” que analizaran con absoluta profundidad a las normas procesales armando grandes teorías sobre las formas, personas que a la par sean (en nuestro modelo de comprensión del derecho penal) grandes dogmáticos que puedan decirnos que es una “prohibición de regreso”. Mientras tanto, otro mundo, allá abajo estaría ocurriendo: el absolutamente terrenal y material, el del verdadero conflicto, aquél que hizo que el derecho termine existiendo. A la larga, dos mundos en el que uno no conversarían con el otro.

Todas estas palabras simplemente para decir que siento que lo que se trata es de otra cosa. No se trata de si un abogado, un juez, o cualquier otro integrante del sistema penal da clases, sino que se trata con la dignidad que lo está haciendo. Ser profesor no es un tema de ser de dedicación exclusiva, ni simple. Sino llevarlo con honestidad, con dignidad.

En definitiva, creo que las palabras de Martín Böhmer, en realidad, toda esta cuestión, tendría que cambiar el sujeto. No se trata simplemente de que jueces o abogados den clases. Sino de que las universidades hagan que sus profesores realicen su tarea de la docencia de manera digna y con los mayores estándares de excelencia. Y no importa si las Universidades son ricas o son pobres. La dignidad puede estar en todas.

Las palabras de Böhmer pueden ser ciertas. Pero tengo la sensación que sería mejor que se cambiara el sujeto.

Gracias Alberto por permitir estas reflexiones. Son escritas a bocajarro sabiendo que apenas uno tiene mucho más tiempo.

Con un fuerte abrazo, Nacho

(Ignacio F. Tedesco, un tribunalicio que devino profesor; o un profesor que no puede dejar de ser un tribunalicio).

6 comentarios:

Nicolas dijo...

Creo que Nacho dio en la tecla, el tema es la dignidad y la responsabilidad con la que se desempeñan y se combinan la actividad academica y el ejercicio de la profesion (se este en el rol que se este dentro del proceso). Sino -si nos vamos al tema de la dedicacon exclusiva- se corre el riesgo de caer en lo que Abramovich llamo "El complejo de Rock Hudson".

Saludos, Nico

Agustín Eugenio Acuña dijo...

Coincido con lo de Nacho, lo de Nicolás y lo de Abramovich.

Me dijeron que en USA, si bien todos los profes son full time, todos dirigen clínicas jurídicas, que así no se alejan de la realidad...

Habría que ver...

Anónimo dijo...

No todos los docentes, al menos en la universidad en la que yo estudié, trabajan en las clínicas. Pero el mejor profesor que tuve en Columbia fue un fiscal en funciones (Schechman), que daba el curso (teórico) de Evidence, y no era faculty (es decir, full time).

El año anterior había sido elegido por los estudiantes como el mejor profesor de la "School of Law", y los faculty estaban que trinaban.

Saludos,

AB

Agustín Eugenio Acuña dijo...

Mirá vos AB... no sabía que había tb esa distinción en full, semi y simple dedicación.

Yo hablo de bocón nomás que soy, eso me contaron...

Juan Pablo Iriarte dijo...

Que buena esta bola que se armó. Me parece que hay que traer a debate voces de quienes son críticos con la situación a que llega la docencia hoy en la UBA y en las facutlades privadas; con la fina distinción que hace Tedesco y esos agregados que puso Bruzzone sobre los términos contractuales.
Es saludable para todos que se dé esta discusión que inició y sigue motorizando las agudas críticas de Bohmer y las reacciones que cosechó.
Tenemos esa entrevista a Maier sobre el modo en que fueron organizados los prosgrados en la UBA. ¿Podemos lograr algunas líneas del maestro Hendler? Debemos, necesariamente, incorporar la voz de aquellos cuadros de la UBA que hoy son scholars full-time (Gargarella, Ferrante, etc.).
Para mí va tomando forma esto de la potencia de los scholars full time (¿para cuando un post sobre bibliotecas?), y al mismo tiempo la necesidad de quienes "meten las patas en el barro" día a día.
Como el subte, por debajo, está el modelo de enseñanza superior y la formación de la dirigencia del país; hacer despegar y mantener esa discusión debe ser el norte.

Anónimo dijo...

Nacho... un maestro. De lo mejor que tuve en la facu, por no decir el mejor.
Fernando Sicilia

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