te lo advertimos...

7/11/2006

Ya falta poco... preparen el equipo de gimnasia

Cuando, con algún grado de exageración, le dije a Roberto Saba que la política sanitaria coactiva impuesta por la ley antitabaco cuando no se afectan derechos de terceros no estaba muy lejos a que nos obliguen a ser vegetarianos —o, en ese caso, a no comer milanesas—, pensaba que la las dos medidas eran consistentes en su racionalidad que se puede resumir en el lema "salud o muerte!", pero no imaginé que un absurdo como éste podía llegar a suceder.

Nuevamente, estamos ante una política perfeccionista y autoritaria que pretende obligarnos a ser saludables. A mí personalmente me gusta comer carne, milanesa con papas fritas, huevos fritos, pocas verduras y postres de chocolate. También me gusta fumar tabaco y beber ron, vodka y gin. Obviamente, sé que esa combinación, junto a una vida sedentaria y la falta de toda actividad física seguramente provocará mi muerte antes del momento en que esto ocurriría si no bebiera, no fumara, no comiera chocolates, no comiera carnes, etcétera, etcétera. El tema es, ¿quién quiere una vida así? Y lo que es más importante, ¿de dónde saca el Estado la idea de que tiene la facultad de imponernos modelos de vida que a algún funcionario fundamentalista —a quien habría que hacerle un psicodiagnóstico coactivo para determinar si no tiene alguna alteración psicológica que merezca una intervención terapéutica forzada— le parezcan correctos?

Para comprender el verdadero sentido de la Ley 1.799 basta con leer el texto de su art. 4, inc. 1, que dispone:

Artículo 4º.- A los efectos del adecuado cumplimiento de la presente ley se tendrán en consideración los siguientes objetivos:

1. La realización de campañas de información y esclarecimiento en establecimientos educacionales acerca de los riesgos que implica el consumo del tabaco, promoviendo estilos de vida y conducta saludables; (destacado agregado).

Según el Diccionario de Uso del Español de María MOLINER (Ed. Gredos, Madris, 2002, 2ª ed., t. II, p. 787), todos los distintos usos del término promover implican la consecución conciente de un resultado. Así, por ejemplo:

Hacer que principie cierta acción [legal]… Activar una acción que se encuentra paralizada o amortiguada: ‘Promover la tramitación de la causa’… Producir cierto suceso que lleva en sí agitación o movimiento…

Ello significa que la Legislatura de la Ciudad no está tratando de proteger la salud de los fumadores pasivos, sino que está imponiendo coactivamente un plan de vida y estilo de conducta “saludable” a, entre otras, personas adultas que han decidido voluntariamente fumar tabaco esporádica o habitualmente.

Para hacer esto, ha dictado la Ley 1.799, plagada de mandatos perfeccionistas que pretenden imponer un plan de vida “saludable” —si esto fuera legítimo, el Estado también podría obligarnos a todos los habitantes a convertirnos en vegetarianos, y, a muy poca distancia, a levantarnos a las siete de la mañana para obligarnos a hacer gimnasia porque es “saludable”—.
En este sentido no hay que ser anarquista para sostener que el Estado no puede interferir en el ámbito de autonomía de los adultos para imponernos estilos de vida “saludables” o “virtuosos” o como se los quiera denominar. Así, NINO señala:

… el liberalismo que inspira imperfectamente nuestra práctica constitucional y debe guiar su reconstrucción está comprometido con el principio de autonomía de la persona que valora la libre elección de planes de vida e ideales de excelencia humana y veda la interferencia con esa libre elección sobre la base de que el plan de vida o el ideal al que responde una acción es inaceptable... (NINO, Carlos S., Fundamentos de derecho constitucional, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1992, p. 306).

El modelo intrumentado por el legislador porteño en la Ley 1.799 [y por esta nueva norma de política saitariacse corresponde perfectamente con el modelo de lo que SAVATER ha denominado el “Estado Clínico”:

El empeño fundamental del Estado Clínico es conservar, pulir y dar esplendor a la salud pública. En esta mágica noción de “salud pública” se potencian los contenidos pastoriles con la legitimación instrumental de la gestión eficaz, y se amanceban lo utilitario y lo teológico, el rendimiento productivo y la moralina. No hay noción más ideológica que ésta y por eso se presenta disfrazada de obviedad de sentido común… Quizá sea provechoso intentar una definición de salud pública en cuanto obligación primordial del gobierno moderno. Propongo ésta: “El Estado ha de impedir que nadie, sea por accidente o propia voluntad, disminuya su capacidad productiva o la de otros, requiera superfluos gastos de reparación o acorte sin permiso de la superioridad la duración de su servicio activo” … el tabaco es un vicio a erradicar, pero no el uso de automóviles (anque provoque muchos más muertos y lesionados) o la minería, pese a la silicosis…

De modo que, si no me equivoco, en esto consiste la salud pública que el Estado Clínico tiene como obligación no ya garantizar sino imponer. Supongo que no es difícil captar el fuerte matiz diferencial existente entre “garantizar” e “imponer”. Imaginemos que hubiera otro modelo de salud, al que llamaremos “salud de los ciudadanos”. Respecto de ella, la obigación del Estado sería algo parecido a esto: “el Estado se compromete a asistir a aquellas personas que lo soliciten para ayudarles a suprimir o paliar sufrimientos de índole física o psíquica, por los que se sientan agobiados y disminuidos, aasí como a colaborar por medio de una información veraz y de una educación sanitaria preventiva a que cada ciudadano pueda hacer de su cuerpo el uso que crea más conveniente” (SAVATER, Fernando, El Estado Clínico, en “No Hay Derecho”, Buenos Aires, s./ed., 1992, nº 8, p. 32).

Hasta luego, me voy a comprar un yogurt lights, colesterol free, low fat...

2 comentarios:

Dieguistico! dijo...

Excelente artículo, es preocupante ver como el perfeccionismo y el autoritarismo avanzan cada vez más sobre las libertades elementales de las personas, y para colmo disfrazadas de un falso "progresismo".

Coincido plenamente en que cada quien debe tener derecho a vivir su propia vida por más que su proyecto de vida les parezca aborrecible a algunos (o aún todos) sus congéneres siempre y cuando no afecte legítimos derechos de terceros (y derechos en sentido "fuerte", no meras preferencias o caprichos).

Después de todo, quizá una vida sin cigarrillo y sin asados los domingos sea más prolongada, pero el fumador y el sibarita tienen derecho a preferir una vida más corta pero que les produce placeres más intensos.

Por otra parte, sería un placer contactarme con tan distinguido colega, le dejo mi dirección de email: diegogoldman@datafull.com

Gustavo Arballo dijo...

"Campañas de información y esclarecimiento": bien entendido, no es más que eso. Que alguien sepa qué significa fumar, a largo plazo, y que después haga lo que quiera.

Esto no significa "campañas de adoctrinamiento" ni "campañas de persecución". Informar (no me voy a buscar el DRAE) es sólo eso, informar, eventualmente "esclarecer" si una calificatoria de cigarrillo tipo "light" significa más o menos nicotina, etc. etc.

Uno podría objetar que esas campañas tengan métodos "terroristas", pero en principio es sólo saber para decidir.

En ese aspecto, me parece que el principio del argumento se parece a lo que manifiestan quienes sugieren que las campañas de "educación sexual" van a convertir a todos en degenerados promiscuos.

En realidad, lo que van a hacer es darte los elementos para decidir. Eso no es perfeccionismo anti-autonómico, porque una de las precondiciones de la autonomía es la posibilidad de comprender las consecuencias de una decisión, algo que Nino siempre decía, no?

Hasta ahí mis salvedades, pero son parciales.

¿Qué parte de todo eso es verdad? Bueno, lo dicho, el peligro de que en el envase de la "información" neutral se contrabandeen estereotipos de estilos de vida "preferibles". Pero ojo, que ese es un problema que vas a tener siempre que hagas "educación para la salud" ... o -tal vez- siempre que hagas educación en general.

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